Hay que sostener las “Columnas de Hércules”
Capítulo I
Gibraltar: la puerta occidental del Mare Nostrum
En Las Puertas del Mare Nostrum partíamos de una constatación geográfica que es, al mismo tiempo, histórica y geopolítica: el Mediterráneo es un mar casi cerrado y su relación con el resto del mundo depende de un reducido número de pasos estratégicos. Ormuz y Bab el-Mandeb se encuentran físicamente fuera de él, pero condicionan la ruta que desemboca en Suez; Bósforo y Dardanelos comunican el Mediterráneo con el mar Negro; y Gibraltar constituye su única salida natural hacia el Atlántico.
La geografía no determina necesariamente la política, pero impone límites que la política no puede ignorar. Y pocas geografías son tan elocuentes como la del Estrecho de Gibraltar.
Las Columnas de Hércules
Europa y África quedan separadas en el Estrecho por apenas unos catorce kilómetros en su punto más angosto. Al norte se encuentra España; al sur, Marruecos; en la costa septentrional aparece además Gibraltar, territorio británico. Ceuta, por su parte, proporciona a España una posición territorial en la costa africana del entorno del Estrecho.
No estamos, por tanto, ante una simple vía marítima.
Estamos ante la intersección de dos continentes, dos océanos y dos grandes espacios estratégicos: el Atlántico y el Mediterráneo.
Durante siglos fueron las Columnas de Hércules, el confín del mundo mediterráneo. Después se transformaron en el Plus Ultra: el punto desde el cual las potencias ibéricas salieron al Atlántico.
Hoy cumplen una función distinta, pero su importancia no ha desaparecido. La Estrategia Nacional de Seguridad Marítima española de 2024 señala que más de 100.000 buques atraviesan anualmente el Estrecho y advierte que un incidente que afectase ese tráfico podría tener consecuencias graves para la economía mundial.
La definición que empleábamos en Las Puertas del Mare Nostrum conserva así todo su sentido: Gibraltar es la puerta occidental del Mediterráneo.
Pero nuestro objeto ahora es ir un paso más allá.
Queremos preguntarnos qué representa Ceuta dentro de ese sistema y qué ocurriría si, en nuestra hipótesis de trabajo, dejara de estar bajo soberanía española.
España en las dos orillas
Hay una característica geográfica española que suele pasar inadvertida cuando se observa un mapa político convencional.
España no se encuentra únicamente al norte del Estrecho.
Está presente en sus dos orillas.
La península ocupa la ribera europea y Ceuta proporciona presencia territorial española en la costa africana. El propio Ministerio de Defensa ha destacado recientemente esa circunstancia: un documento de visión geoestratégica española señala que Ceuta, junto con la costa norte del Estrecho, contribuye a la protección del tráfico marítimo y considera la presencia española en ambas orillas un activo estratégico.
Esto requiere una precisión.
España no controla unilateralmente el Estrecho.
La costa meridional pertenece fundamentalmente a Marruecos; Gibraltar introduce al Reino Unido en la ecuación; existen aguas sujetas a diferentes jurisdicciones y, sobre todo, el Derecho Internacional establece un régimen especial para los estrechos utilizados para la navegación internacional.
Pero poseer territorio en las dos orillas proporciona algo diferente del dominio jurídico del paso.
Proporciona posición estratégica.
Y posición estratégica significa capacidad de observación, despliegue, vigilancia, logística, inteligencia y reacción.
Ésta será una distinción fundamental a lo largo de todo nuestro análisis: controlar jurídicamente una vía marítima y disponer de una posición estratégica privilegiada sobre ella son dos cosas diferentes.
España posee actualmente la segunda.
El Estrecho no puede simplemente “cerrarse”
Aquí debemos introducir desde el comienzo una corrección importante a cualquier escenario demasiado simplificado.
Supongamos que mañana, por las circunstancias políticas que fueran, Ceuta pasara a soberanía marroquí.
¿Significaría eso que Marruecos podría cerrar el Estrecho?
No.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece el régimen de paso en tránsito para los estrechos utilizados para la navegación internacional.
Su artículo 38 reconoce ese derecho a buques y aeronaves, mientras que el artículo 44 establece que los Estados ribereños no deben obstaculizarlo y que no puede suspenderse el paso en tránsito.
Es un dato decisivo porque nos obliga a abandonar una interpretación demasiado elemental de la geopolítica.
La cuestión no consiste en imaginar una barrera colocada en Gibraltar.
La verdadera pregunta es otra:
¿Qué Estado dispondría de qué capacidades alrededor del Estrecho en una situación de crisis?
Ahí comienza la geopolítica propiamente dicha.
Del dominio del paso al dominio de la información
En el siglo XVI dominar un estrecho significaba colocar fortalezas y cañones sobre sus costas.
En el XXI significa mucho más.
Significa radares, satélites, sensores submarinos, guerra electrónica, drones, aviación, vigilancia de superficie, inteligencia, bases navales, capacidad antisubmarina, sistemas de defensa aérea, comunicaciones y control de infraestructuras críticas.
Incluso el fondo del mar importa.
Por el entorno del Estrecho pasan cables submarinos y otras conexiones estratégicas; un estudio de la Universidad de Navarra sobre su geopolítica incluye precisamente las comunicaciones submarinas entre los elementos que convierten este espacio en un nodo de importancia internacional.
Por eso la pregunta del siglo XXI no es solamente:
¿quién puede impedir que pase un barco?
Es también:
¿quién sabe qué barco está pasando, hacia dónde se dirige, qué características tiene y qué puede hacer frente a él?
La información se ha convertido en una forma de poder marítimo.
Ceuta cambia de dimensión
Desde esta perspectiva, Ceuta deja de ser exclusivamente una ciudad de unos pocos kilómetros cuadrados cuya importancia se mide por su población, superficie o actividad económica.
Su valor procede también de dónde está.
La importancia estratégica de determinados territorios nunca ha guardado relación directa con su tamaño.
Gibraltar es minúsculo.
Singapur también lo es comparado con los grandes Estados asiáticos.
Y numerosos islotes han provocado durante siglos conflictos entre potencias precisamente porque su posición valía mucho más que su superficie.
Ceuta debe observarse con esa misma lógica.
Si nuestra hipótesis consiste en transferirla a Marruecos, no estaríamos simplemente modificando una frontera terrestre.
Estaríamos alterando la geometría estratégica del Estrecho.
Qué cambiaría y qué no
Conviene establecer desde ahora dos columnas conceptuales.
No cambiarían la libertad internacional de navegación, el régimen jurídico fundamental del Estrecho, la soberanía española sobre la costa peninsular, la presencia británica en Gibraltar, la importancia de Algeciras ni la presencia militar estadounidense en territorio español.
Pero sí cambiarían la distribución territorial en la orilla africana, la posición española en el entorno inmediato del Estrecho y la profundidad estratégica marroquí alrededor de él.
La diferencia es enorme.
Y evita caer en la afirmación exagerada de que la pérdida hipotética de Ceuta entregaría automáticamente a Marruecos “el control de Gibraltar”.
No sería así.
Lo que Marruecos obtendría sería una posición estratégica adicional en uno de los principales puntos de estrangulamiento marítimo del planeta.
Y España perdería una posición que actualmente posee.
Algeciras, Gibraltar, Ceuta y Tánger Med
Hay otra característica extraordinaria.
Alrededor de muy pocos kilómetros encontramos varios nodos portuarios y estratégicos.
En la orilla europea tenemos Algeciras y Gibraltar.
En la africana, Ceuta y Tánger Med.
Y esto convierte el área en algo más complejo que un estrecho marítimo: constituye un auténtico sistema logístico transcontinental.
Algeciras continúa siendo uno de los grandes nodos españoles: entre enero y agosto de 2026 había movido unos 67,5 millones de toneladas de mercancías y más de 3,15 millones de TEU.
Tánger Med, por su parte, representa la extraordinaria apuesta marroquí por convertir la costa septentrional del país en plataforma logística, industrial y comercial.
Por eso una hipotética transferencia de Ceuta tendría una dimensión adicional que tendremos que estudiar posteriormente: no solamente modificaría una posición militar, sino la relación entre los grandes nodos logísticos de ambas orillas.
La competencia Algeciras–Tánger Med adquiriría entonces una dimensión geopolítica todavía mayor.
El triángulo estratégico
Podemos reducir inicialmente el escenario a tres vértices:
España – Marruecos – Reino Unido.
Pero inmediatamente aparece un cuarto actor:
Estados Unidos.
Y detrás de él:
la OTAN.
Así, un espacio marítimo de apenas unas decenas de kilómetros se encuentra conectado directamente con la arquitectura de seguridad atlántica.
Por eso resulta insuficiente interpretar una hipotética crisis de Ceuta exclusivamente como un problema bilateral entre Madrid y Rabat.
La pregunta sería inmediatamente:
¿cómo afecta al dispositivo occidental del Mediterráneo?
Y esa pregunta inevitablemente interesa a Washington, Londres, Bruselas y a la Alianza Atlántica.
La gran paradoja de Gibraltar
Aquí llegamos a uno de los puntos centrales de nuestra investigación.
Durante décadas Europa pudo contemplar Gibraltar fundamentalmente como una ruta comercial estable.
Pero imaginemos un escenario internacional diferente.
Ormuz sometido a conflicto.
Bab el-Mandeb amenazado.
El mar Rojo convertido en espacio de operaciones militares.
Suez funcionando bajo presión.
Las rutas marítimas desviándose alrededor de África.
Entonces ocurre algo aparentemente paradójico.
Cuanto más insegura se vuelve la entrada oriental del sistema mediterráneo, mayor importancia adquiere su entrada occidental.
Los barcos que evitan Suez y rodean el Cabo de Buena Esperanza regresan hacia Europa por el Atlántico.
Gibraltar pasa entonces de ser solamente el extremo occidental de la ruta Suez–Mediterráneo a convertirse también en punto de redistribución entre el Atlántico, Europa occidental y el Mediterráneo.
De ahí surge nuestra tesis.
Las puertas no son independientes
En Las Puertas del Mare Nostrum describíamos Ormuz como uno de los principales puntos de estrangulamiento energético mundial y Bab el-Mandeb como la conexión indispensable entre el océano Índico, el mar Rojo y Suez.
Pero ahora debemos contemplarlos juntos.
Podemos visualizar la gran arteria:
Golfo Pérsico
↓
Estrecho de Ormuz
↓
Océano Índico
↓
Bab el-Mandeb
↓
Mar Rojo
↓
Canal de Suez
↓
Mediterráneo
↓
Estrecho de Gibraltar
↓
Atlántico
Desde esta perspectiva, Gibraltar deja de ser un problema local.
Es el último eslabón occidental de una cadena intercontinental.
Si uno de esos puntos falla, el tráfico busca alternativas.
Si fallan dos simultáneamente, la arquitectura logística mundial empieza a modificarse.
Y si al mismo tiempo se produce una transformación estratégica en Gibraltar, entonces ya no estamos hablando de tres crisis regionales.
Estamos hablando de una crisis del sistema marítimo que comunica Europa con Asia y Oriente Medio.
Una hipótesis, no una predicción
Conviene dejarlo perfectamente establecido desde el comienzo del trabajo.
No estamos afirmando que España vaya a transferir Ceuta a Marruecos.
Tampoco estamos afirmando que Marruecos pudiera cerrar Gibraltar si recibiera Ceuta.
Nuestro ejercicio consiste en algo distinto.
Tomamos una modificación territorial hipotética y preguntamos:
¿Qué consecuencias produciría sobre el equilibrio estratégico de uno de los principales pasos marítimos mundiales?
Y colocamos esa hipótesis dentro de un escenario internacional en el que otras grandes vías marítimas están sometidas a tensiones.
Esto permite transformar el problema.
Ya no se trata de:
España contra Marruecos por Ceuta.
Se trata de:
Europa, África, Atlántico y Mediterráneo ante una eventual modificación del equilibrio estratégico de Gibraltar.
Y entonces Ceuta adquiere una dimensión muy diferente.
Primera conclusión
La primera conclusión de nuestro estudio puede formularse con bastante precisión:
Una hipotética transferencia de Ceuta a Marruecos no entregaría a Rabat el control jurídico del Estrecho de Gibraltar ni le permitiría suspender unilateralmente la navegación internacional. Pero alteraría la distribución territorial y estratégica en torno al Estrecho, reduciría la presencia española en su ribera africana y aumentaría el peso geopolítico marroquí en la puerta occidental del Mediterráneo.
Y esa modificación tendría consecuencias que excederían ampliamente las relaciones hispano-marroquíes.
Porque Gibraltar no es solamente español, marroquí o británico.
Gibraltar es atlántico.
Gibraltar es mediterráneo.
Gibraltar es europeo.
Y Gibraltar es global.
El paso siguiente será, por tanto, abandonar momentáneamente la política y mirar exclusivamente el mapa.
Capítulo II — “La geografía manda: Ceuta, Gibraltar, Algeciras y Tánger Med” nos permitirá reconstruir el Estrecho como si fuera un tablero estratégico: distancias, costas, puertos, bases militares, rutas marítimas y posiciones relativas. Sólo después podremos medir con precisión qué cambiaría en nuestra hipótesis.
Capítulo II
La geografía manda: Ceuta, Gibraltar, Algeciras y Tánger Med
Si en el capítulo anterior establecimos que una hipotética transferencia de Ceuta a Marruecos no supondría automáticamente el control marroquí del Estrecho, ahora debemos observar el territorio con mayor detenimiento. Porque, antes que las alianzas, los tratados y los gobiernos, existe una realidad que ninguno de ellos puede modificar:
la geografía.
El Estrecho de Gibraltar constituye un escenario excepcionalmente pequeño para la cantidad de intereses que concentra. Europa y África se aproximan hasta quedar separadas por unos catorce kilómetros; el Atlántico se encuentra con el Mediterráneo; las rutas procedentes de América y África occidental convergen con las que llegan de Suez; y alrededor de ese reducido espacio aparecen España, Marruecos y Reino Unido, junto con importantes instalaciones militares occidentales.
Nuestro propio punto de partida ya señalaba esa singularidad: el Estrecho es la única comunicación natural entre Atlántico y Mediterráneo y por él transitan buques comerciales, petroleros, unidades militares y submarinos.
Pero para comprender qué significaría modificar la soberanía de Ceuta debemos reconstruir el tablero.
- El tablero del Estrecho
Si trazamos una línea imaginaria de norte a sur y de oeste a este encontramos cuatro grandes piezas:
Algeciras — Gibraltar — Ceuta — Tánger Med.
No están alineadas exactamente de ese modo sobre el mapa, pero constituyen los principales puntos de referencia para nuestro análisis.
A ellos debemos añadir una quinta pieza, algo más alejada pero militarmente fundamental:
Rota.
Y todavía una sexta:
Morón.
Esto permite comprender algo esencial. El Estrecho no debe imaginarse como dos Estados situados frente a frente.
Su configuración es mucho más compleja.
En la orilla norte encontramos territorio español y Gibraltar bajo soberanía británica. En la costa africana aparecen Marruecos y Ceuta bajo soberanía española. Hacia el Atlántico se encuentra la gran infraestructura hispano-estadounidense de Rota.
Por tanto, sobre unas pocas decenas de kilómetros se superponen intereses de España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la OTAN.
Ésa es la primera singularidad estratégica.
- Ceuta: pequeña superficie, enorme posición
Cuando un territorio se estudia exclusivamente por su extensión, Ceuta parece diminuta.
Pero la geopolítica no funciona por kilómetros cuadrados.
Funciona por posición.
El Ministerio de Defensa proporciona un ejemplo particularmente revelador. La Comandancia Naval de Ceuta tiene entre sus cometidos el conocimiento del entorno marítimo, la vigilancia y la seguridad marítima y dispone de la Estación de Vigilancia del Estrecho de Ceuta.
No estamos hablando, por tanto, de una importancia meramente teórica.
En marzo de 2026 el patrullero Isla de León, precisamente con puerto base en Ceuta, realizó una operación de presencia, vigilancia y disuasión en aguas del Estrecho y del mar de Alborán. El propio Ministerio de Defensa describió Ceuta como un enclave estratégico debido a la estrechez de Gibraltar.
Aquí aparece el primer elemento concreto de nuestra hipótesis.
Si Ceuta cambiara de soberanía, España no perdería solamente territorio.
Perdería también una posición desde la que actualmente realiza vigilancia marítima sobre el entorno del Estrecho.
Eso es mensurable.
- Ver el Estrecho
Uno de los grandes cambios de la guerra moderna consiste en que controlar no significa necesariamente ocupar.
Muchas veces significa ver.
Saber qué nave entra.
Saber qué nave sale.
Identificarla.
Seguir su trayectoria.
Relacionarla con información procedente de otros sensores.
Compartir esa información con centros de mando.
Las Fuerzas Armadas españolas llevan años integrando radares, sensores y cámaras para mantener conocimiento en tiempo real del tráfico marítimo del Estrecho. La Armada ha explicado públicamente la utilización conjunta de las Estaciones de Vigilancia del Estrecho y del Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima para construir esa imagen marítima.
Y aquí podemos formular una primera consecuencia muy concreta de nuestra hipótesis:
la transferencia de Ceuta obligaría a España a reconstruir parte de su arquitectura de vigilancia del Estrecho desde posiciones exclusivamente peninsulares o desde otros medios navales, aéreos y espaciales.
Eso no significa que España quedara ciega.
Ni mucho menos.
Dispone de medios peninsulares, navales, aéreos, espaciales y aliados.
Pero perdería una posición geográfica que actualmente forma parte del sistema.
- Algeciras: la dimensión económica
Frente a la cuestión militar aparece la comercial.
El Estrecho no es únicamente una vía por la que circulan barcos.
Es también un gigantesco centro de distribución de mercancías.
Y en la orilla española encontramos uno de sus grandes protagonistas:
el puerto de Algeciras.
Su importancia procede de una combinación difícil de reproducir: proximidad inmediata a las rutas del Estrecho, conexión con el Mediterráneo y el Atlántico y capacidad para actuar como centro de transbordo.
Por eso Algeciras no puede separarse de nuestra hipótesis sobre Ceuta.
Pero tampoco puede estudiarse aisladamente.
Porque justo enfrente ha aparecido durante las últimas décadas un competidor extraordinario.
- Tánger Med: Marruecos entra en la gran logística mundial
Probablemente uno de los elementos más importantes para comprender el Marruecos contemporáneo sea Tánger Med.
No es simplemente un puerto.
Es una estrategia nacional.
El complejo se encuentra integrado con amplias zonas industriales y logísticas, y el propio grupo Tanger Med declara gestionar más de 3.000 hectáreas de zonas de actividad económica que albergan más de 1.500 empresas.
Los números permiten apreciar su dimensión.
En 2024 el complejo superó por primera vez los 10 millones de contenedores, con 10.241.392 TEU manipulados, un crecimiento del 18,8 % respecto del año anterior.
El dato tiene una enorme importancia para nuestro trabajo.
Porque demuestra que Marruecos no se limita a ocupar geográficamente la ribera sur.
Está construyendo allí capacidad logística.
Y poder logístico y poder geopolítico no son sinónimos, pero frecuentemente se refuerzan.
- Algeciras–Tánger Med: competencia y complementariedad
Podría resultar tentador describir la situación simplemente como:
España contra Marruecos.
Pero sería demasiado elemental.
Algeciras y Tánger Med compiten por tráficos, inversiones y transbordos, pero simultáneamente forman parte del mismo sistema económico del Estrecho.
Una fábrica europea puede utilizar componentes producidos en Marruecos.
Una mercancía asiática puede ser transbordada en cualquiera de ambas orillas.
Los ferris comunican constantemente los dos continentes.
Las cadenas industriales cruzan el Estrecho.
Por eso el Estrecho presenta una paradoja característica de la globalización:
es simultáneamente frontera y puente.
Es espacio de competencia y espacio de integración.
Precisamente por eso cualquier crisis política grave alrededor del Estrecho tendría consecuencias económicas mucho mayores que las que sugeriría la dimensión del territorio disputado.
- Gibraltar: el tercer actor
Hasta ahora hemos hablado de España y Marruecos.
Pero entre ambos aparece un tercer protagonista que impide cualquier interpretación bilateral sencilla:
Reino Unido.
Gibraltar proporciona a Londres una posición en la entrada del Mediterráneo.
Por eso nuestra hipótesis genera una paradoja particularmente interesante.
Si España perdiera Ceuta, Gibraltar aumentaría relativamente su importancia dentro del dispositivo occidental del Estrecho.
No porque hubiera cambiado de tamaño.
No porque Reino Unido hubiera adquirido nuevos derechos.
Sino porque habría desaparecido una de las posiciones españolas situadas en la orilla africana.
La relación estratégica relativa entre los puntos del tablero habría cambiado.
Esto nos obliga a introducir un concepto que utilizaremos repetidamente:
El valor relativo de una posición
El valor estratégico de un territorio no depende solamente de lo que ese territorio posee.
Depende también de qué poseen los demás.
Si desaparece una pieza del tablero, las restantes pueden aumentar de importancia sin haberse movido.
- Rota: Estados Unidos entra en escena
Debemos alejarnos ahora aproximadamente un centenar de kilómetros del núcleo del Estrecho.
En la bahía de Cádiz encontramos la Base Naval de Rota.
Aquí cambia completamente la escala del problema.
Rota constituye uno de los principales centros logísticos y operativos de la Armada española y alberga también una importante presencia estadounidense. El Ministerio de Defensa señalaba en 2024 que trabajaban allí aproximadamente 5.800 españoles y 3.700 estadounidenses, entre personal militar y civil, y que estaban basados destructores estadounidenses integrados en el sistema de defensa contra misiles balísticos de la OTAN.
Rota introduce así directamente a Estados Unidos en nuestro tablero.
Un estudio del Ministerio de Defensa resume perfectamente su valor: su posición permite proyectarse sobre Gibraltar, el Mediterráneo occidental y el norte de África, además de apoyar el control de líneas marítimas y operaciones aliadas.
Por eso nuestra hipótesis comienza a adquirir una dimensión diferente.
Una modificación importante del equilibrio alrededor de Gibraltar no sería observada exclusivamente desde Madrid y Rabat.
Sería observada también desde Washington y Londres.
- Un Estrecho occidental
Podemos representar el dispositivo occidental simplificándolo así:
ATLÁNTICO
Rota
↓
Cádiz
↓
Algeciras — Gibraltar
↓
ESTRECHO
↓
Tánger Med — Ceuta
↓
Marruecos / Mediterráneo occidental
El gráfico es deliberadamente esquemático.
Lo importante es comprender la concentración.
España posee actualmente posiciones en la península y en Ceuta.
Marruecos posee la mayor parte de la costa meridional y Tánger Med.
Reino Unido posee Gibraltar.
Estados Unidos mantiene una importante presencia en Rota mediante los acuerdos con España.
Y las estructuras militares de la OTAN se superponen sobre buena parte de ese espacio.
No existe, por tanto, un dueño del Estrecho.
Existe un equilibrio.
Y ésa es precisamente la palabra que necesitamos.
- La hipótesis: desaparece una pieza española
Ahora ejecutemos mentalmente nuestra hipótesis.
No movemos Gibraltar.
No movemos Algeciras.
No modificamos Rota.
No alteramos el Derecho del Mar.
No cerramos el Estrecho.
Hacemos una sola cosa:
Ceuta pasa de España a Marruecos.
El mapa cambia inmediatamente.
España:
Península + Algeciras + Rota.
Marruecos:
costa meridional + Tánger Med + Ceuta.
Reino Unido:
Gibraltar.
La modificación parece pequeña sobre un mapa mundial.
Pero es muy significativa sobre un mapa del Estrecho.
España dejaría de poseer su posición territorial en la costa africana del área inmediata.
Marruecos añadiría esa posición a la extensa costa que ya controla en el sur.
Y el eje Tánger Med–Ceuta quedaría bajo una única soberanía.
Ésa sería probablemente la transformación geográfica más importante.
- La continuidad territorial marroquí
Aquí encontramos uno de los puntos que debemos estudiar con mayor atención.
Actualmente Ceuta constituye una discontinuidad política dentro de la costa septentrional africana.
En nuestra hipótesis esa discontinuidad desaparecería.
Marruecos obtendría continuidad territorial alrededor de la costa.
Eso facilitaría potencialmente la planificación integrada de carreteras, puertos, telecomunicaciones, instalaciones logísticas, vigilancia costera y eventualmente infraestructuras militares.
No significa que todas fueran construidas.
Eso sería especulación.
Significa que la geografía permitiría planificarlas bajo una misma soberanía.
Y ésa sí es una consecuencia objetiva de nuestra hipótesis.
- Melilla es diferente
Este capítulo también nos permite confirmar algo adelantado anteriormente.
Ceuta y Melilla no tienen el mismo valor respecto de Gibraltar.
Melilla está situada considerablemente más al este, sobre el mar de Alborán.
Su hipotética transferencia tendría enorme significado político y estratégico, pero no modificaría de manera comparable la geometría inmediata del Estrecho.
Por eso debemos evitar hablar permanentemente de:
“Ceuta y Melilla”
como si fueran una única pieza.
Para nuestro objeto concreto:
Ceuta es Estrecho.
Melilla es Mediterráneo occidental y mar de Alborán.
Ambas importan.
Pero importan de manera diferente.
- ¿Y Canarias?
Más diferente todavía es Canarias.
El archipiélago pertenece a otra dimensión estratégica.
Canarias se encuentra en el Atlántico y proporciona a España profundidad hacia África occidental, las rutas atlánticas y el acceso hacia el Cabo de Buena Esperanza.
Precisamente por eso resultará especialmente importante cuando estudiemos las consecuencias de una crisis simultánea en Ormuz y Bab el-Mandeb.
Si los barcos abandonan Suez y rodean África:
Canarias aumenta de importancia.
No disminuye.
La ruta:
Asia → Índico → Cabo de Buena Esperanza → costa occidental africana → Europa
sitúa al archipiélago en un espacio de creciente valor logístico y estratégico.
Por ello no debemos mezclar Canarias con Ceuta.
En nuestro estudio constituirá una pieza independiente.
- El Estrecho visto como sistema
Llegamos entonces a una conclusión más amplia.
No debemos pensar Gibraltar como una línea de catorce kilómetros.
Debemos concebirlo como un sistema estratégico regional.
Ese sistema incluye:
Rota — Cádiz — Algeciras — Gibraltar — Ceuta — Tánger Med — costa septentrional marroquí — mar de Alborán.
Y por encima de ese territorio circulan:
aviones,
satélites,
drones,
radares,
información,
comunicaciones.
Por debajo:
cables,
submarinos,
infraestructuras de comunicación.
Y sobre el agua:
portacontenedores,
petroleros,
gaseros,
ferris,
buques militares.
Eso es Gibraltar en el siglo XXI.
No simplemente una franja azul entre dos continentes.
- La verdadera cuestión estratégica
Podemos ahora reformular completamente la pregunta inicial.
No debemos preguntar:
¿Marruecos controlaría Gibraltar si obtuviera Ceuta?
La respuesta sería demasiado sencilla:
No.
La pregunta verdaderamente interesante es:
¿Cuánto aumentaría la capacidad relativa de Marruecos para influir sobre el entorno estratégico del Estrecho y cuánto disminuiría la de España al perder su posición territorial en la costa africana?
Ésa es una pregunta mucho más compleja.
Y nos lleva directamente al próximo capítulo.
Porque hasta ahora hemos movido solamente una frontera sobre el mapa.
Todavía no hemos introducido ejércitos, alianzas, bases, tratados ni potencias exteriores.
Cuando lo hagamos, el escenario cambiará nuevamente.
Segunda conclusión
Podemos formularla así:
La importancia estratégica de Ceuta no procede fundamentalmente de su extensión territorial, sino de su posición. Su hipotética transferencia a Marruecos no modificaría el régimen internacional de navegación por Gibraltar, pero sí alteraría la geometría estratégica del Estrecho: España perdería su posición territorial en la costa africana inmediata; Marruecos obtendría continuidad territorial y reforzaría el eje Tánger–Tánger Med–Ceuta; Gibraltar incrementaría relativamente su importancia para Reino Unido y Occidente, y Rota adquiriría todavía mayor relevancia para España, Estados Unidos y la OTAN.
Pero hemos dejado deliberadamente fuera una cuestión.
Probablemente la más importante de todas:
¿Qué ocurriría militarmente?
Porque una cosa es disponer de territorio.
Otra muy distinta es disponer de aliados.
Y aquí aparece una singularidad extraordinaria: España y Marruecos mantienen una estrecha relación con Estados Unidos; España pertenece a la OTAN; Marruecos no pertenece a la Alianza, aunque es un socio relevante de Washington; Reino Unido es miembro de la OTAN; y Estados Unidos dispone de presencia militar en la región.
Eso transforma completamente nuestro ejercicio.
El Capítulo III — “El Estrecho militar: España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la OTAN” debe analizar precisamente esa superposición de alianzas y preguntarse algo decisivo: en nuestra hipótesis, ¿una alteración de la soberanía de Ceuta cambiaría solamente el mapa político o también la arquitectura militar del Mediterráneo occidental?
Capítulo III
El Estrecho militar: España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la OTAN
Hasta ahora hemos estudiado la geografía. Hemos movido sobre el mapa una sola pieza —Ceuta— y comprobado que su hipotético cambio de soberanía alteraría la distribución territorial alrededor del Estrecho sin modificar por sí mismo la libertad internacional de navegación.
Pero los mapas políticos no explican completamente el poder.
Hay que colocar ahora sobre ese mapa bases militares, alianzas, buques, radares, aeronaves, sistemas de defensa y compromisos internacionales.
Y cuando lo hacemos aparece una circunstancia singular: los dos Estados que ocupan las costas principales del Estrecho, España y Marruecos, mantienen relaciones de seguridad muy importantes con Estados Unidos, pero solamente uno de ellos —España— pertenece a la OTAN. Reino Unido, además, mantiene su propia posición militar en Gibraltar y es también miembro de la Alianza.
Por eso un enfrentamiento alrededor de Ceuta sería muy diferente de una confrontación convencional entre dos países pertenecientes a bloques militares opuestos.
En Gibraltar se superponen aliados, socios y competidores.
España: el territorio aliado
España ingresó en la OTAN en 1982 y su posición geográfica la convierte en el principal territorio aliado situado entre el Atlántico oriental y el Mediterráneo occidental.
El Tratado del Atlántico Norte establece en su artículo 5 que un ataque armado contra uno o varios aliados en Europa o América del Norte será considerado un ataque contra todos. Pero el artículo 6 delimita geográficamente el ámbito de aplicación de esa garantía.
Aquí aparece inmediatamente la cuestión de Ceuta y Melilla.
Durante la cumbre de Madrid de 2022, el entonces secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, fue preguntado específicamente por ambas ciudades. Su respuesta fue deliberadamente prudente: recordó que el artículo 6 define el ámbito geográfico de la defensa colectiva y señaló que una eventual invocación del artículo 5 constituye finalmente una decisión política que debe adoptarse por consenso de los aliados.
Días después volvió sobre la cuestión afirmando que la OTAN existe para proteger a todos sus aliados frente a amenazas, pero reiterando que la aplicación del artículo 5 es, en último término, una decisión política.
Esto resulta fundamental para nuestro análisis.
No sería riguroso afirmar simplemente:
“Ceuta está fuera de la OTAN”.
Pero tampoco sería correcto sostener que su defensa colectiva opera exactamente igual que la de Madrid, París o Berlín.
Existe una singularidad jurídica y política.
Y precisamente esa ambigüedad adquiere enorme importancia en cualquier hipótesis de crisis.
Marruecos: aliado de Estados Unidos, pero no aliado OTAN
Al otro lado encontramos una situación igualmente interesante.
Marruecos no pertenece a la OTAN.
Pero tampoco es un Estado estratégicamente distante de Occidente.
Estados Unidos designó a Marruecos Major Non-NATO Ally en 2004. Washington y Rabat mantienen cooperación militar, ejercicios conjuntos y colaboración antiterrorista; Marruecos alberga tradicionalmente además el ejercicio multinacional African Lion.
La expresión puede inducir a error si se interpreta literalmente.
Ser Major Non-NATO Ally no convierte a Marruecos en miembro de la Alianza Atlántica ni le concede las garantías del artículo 5.
Significa que Washington considera a Marruecos un socio importante en materia de defensa y seguridad.
Tenemos entonces una configuración peculiar:
España → aliado OTAN de Estados Unidos.
Reino Unido → aliado OTAN de Estados Unidos.
Marruecos → socio militar privilegiado de Estados Unidos, pero no miembro de la OTAN.
Estados Unidos se encuentra relacionado militarmente con los tres protagonistas principales de nuestro escenario.
Esto constituye una de las claves del problema.
Rota: la gran retaguardia occidental
Si Ceuta constituye una avanzada española en África, Rota representa algo completamente distinto.
Representa profundidad estratégica.
La propia Marina estadounidense describe a España como un aliado especialmente importante para la proyección militar hacia el Mediterráneo, África del Norte y Oriente Medio y señala que las marinas española y estadounidense comparten instalaciones en Rota bajo el Acuerdo de Cooperación para la Defensa.
La dimensión militar actual es significativa.
En 2026 hay cinco destructores estadounidenses Arleigh Burke desplegados permanentemente en Rota, integrados en las Forward-Deployed Naval Forces-Europe.
No son simples buques de presencia.
Estos destructores disponen de capacidades de defensa aérea, antimisiles, antisubmarina y de guerra de superficie. En junio de 2026, por ejemplo, el USS Bulkeley regresó a Rota después de una patrulla de cuatro meses durante la cual realizó misiones de defensa antisubmarina de la OTAN y defensa contra misiles balísticos.
Otro de ellos, el USS Roosevelt, partió en mayo de 2026 para operar en aguas europeas y africanas; la Marina estadounidense señala expresamente que los destructores de Rota apoyan la arquitectura integrada de defensa aérea y antimisiles de la OTAN.
Rota debe entenderse, por tanto, como mucho más que una base naval española utilizada por Estados Unidos.
Es uno de los grandes nodos que conectan:
Atlántico → Mediterráneo → África → Oriente Medio.
Y se encuentra inmediatamente al oeste de Gibraltar.
Gibraltar: la posición británica
Al tercer vértice del triángulo encontramos Reino Unido.
Gibraltar mantiene instalaciones militares británicas permanentes. El Ministerio de Defensa británico enumera entre ellas el puerto militar, el aeródromo, el Royal Navy Gibraltar Squadron y el Royal Gibraltar Regiment.
Su valor es evidente.
Desde Gibraltar puede observarse y operar sobre uno de los principales corredores marítimos mundiales.
Pero para nuestro ejercicio aparece algo todavía más interesante.
Si España perdiera hipotéticamente su posición en Ceuta, la importancia relativa de Gibraltar dentro de la arquitectura militar occidental aumentaría.
No porque Reino Unido adquiriera territorio.
Sino porque desaparecería una posición española situada en la ribera africana.
Volvemos así al concepto presentado en el capítulo anterior:
el valor estratégico de una posición depende también de las posiciones que poseen los demás.
El tablero militar resultante
Podemos representarlo esquemáticamente:
ATLÁNTICO
Rota
España / Estados Unidos / OTAN
↓
Algeciras — Gibraltar
España — Reino Unido / OTAN
↓
ESTRECHO
↓
Ceuta — Tánger Med — costa marroquí
↓
MARRUECOS
Socio militar privilegiado de Estados Unidos, no miembro de la OTAN
Esta disposición explica por qué cualquier crisis grave sería extremadamente incómoda para Washington.
Estados Unidos no estaría observando un conflicto entre un aliado y un adversario estratégico.
Estaría contemplando una crisis entre un aliado OTAN y uno de sus principales socios norteafricanos.
La paradoja norteamericana
Aquí encontramos una de las cuestiones geopolíticas más interesantes de todo nuestro trabajo.
Washington necesita a España.
Rota constituye una pieza importante de su despliegue naval europeo y mediterráneo.
Pero Washington también valora considerablemente su relación con Marruecos por razones africanas, mediterráneas, antiterroristas y regionales.
Por ello, ante una crisis hispano-marroquí, la primera preferencia estratégica estadounidense previsiblemente sería evitar la confrontación y favorecer su resolución diplomática, antes que verse obligado a escoger entre dos socios importantes. Esto es una inferencia estratégica basada en la estructura de alianzas, no una predicción sobre cómo actuaría una futura Administración estadounidense.
Pero nuestro supuesto es todavía más complejo.
No imaginamos solamente una crisis.
Imaginamos que la crisis termina produciendo una modificación de soberanía.
Y entonces Washington tendría que preguntarse:
¿cómo modifica eso el equilibrio militar de Gibraltar?
La diferencia entre Marruecos y España
Aquí conviene introducir una distinción decisiva.
Que Marruecos sea socio militar de Estados Unidos no significa que sus intereses sean siempre idénticos.
Lo mismo puede decirse de cualquier relación internacional.
Los Estados cooperan cuando sus intereses coinciden y discrepan cuando divergen.
Por ello, una eventual expansión territorial marroquí hasta incorporar Ceuta tendría que ser evaluada por Washington no sólo desde su relación bilateral con Rabat, sino desde sus consecuencias para:
la seguridad de España,
la OTAN,
Gibraltar,
Rota,
la navegación internacional,
el Mediterráneo occidental,
y el norte de África.
Ceuta dejaría así de ser un problema exclusivamente español.
¿Qué ocurriría con las instalaciones militares españolas de Ceuta?
Llegamos a un problema que muchas veces se omite en las discusiones territoriales.
Los territorios no están vacíos.
Ceuta alberga actualmente unidades e instalaciones de las Fuerzas Armadas españolas y, como vimos, participa en la vigilancia marítima del Estrecho.
Una transferencia pacífica de soberanía exigiría necesariamente resolver qué ocurre con ellas.
En nuestro escenario hipotético, lo lógico sería su retirada.
Pero entonces surge inmediatamente otra pregunta:
¿qué ocurriría posteriormente con esas instalaciones y emplazamientos?
Podrían quedar destinados a usos civiles.
Podrían utilizarse por las Fuerzas Armadas marroquíes.
Podrían transformarse.
Nada permite afirmar de antemano cuál sería su destino.
Pero estratégicamente existe una cuestión todavía más sensible:
¿podría Marruecos permitir en el futuro el acceso de fuerzas de terceros países?
La pregunta que preocupa a cualquier Estado Mayor
Éste es uno de los puntos donde debemos ser especialmente rigurosos.
No existe fundamento para afirmar que una hipotética Ceuta marroquí albergaría automáticamente fuerzas chinas, rusas, estadounidenses o de cualquier otra potencia.
Sería especulación.
Pero cualquier planificación militar responsable tendría que contemplar esa posibilidad porque la soberanía territorial incluye una amplia capacidad para decidir qué acuerdos militares celebrar.
Y aquí la cuestión cambia completamente.
El problema ya no sería:
España pierde Ceuta.
Sería:
¿quién podría utilizar Ceuta dentro de veinte o treinta años?
Ésa es la perspectiva con la que trabajan las potencias.
China entra indirectamente en el análisis
China no necesita poseer un territorio para obtener influencia estratégica.
Su expansión internacional se ha apoyado ampliamente en inversiones, infraestructuras, puertos, comercio y financiación.
Marruecos mantiene importantes relaciones económicas con China.
Eso no convierte automáticamente esas relaciones en una alianza militar.
Hay que insistir en ello.
Pero desde el punto de vista occidental, cualquier aumento significativo de la influencia de una potencia exterior en la ribera sur del Estrecho sería observado cuidadosamente.
La experiencia de Yibuti demuestra por qué.
Allí, en las proximidades de Bab el-Mandeb, varias potencias mantienen instalaciones militares en un espacio muy reducido.
Su propio trabajo original ya destacaba la extraordinaria concentración de bases extranjeras en Yibuti, incluidas las de Estados Unidos, Francia, China, Italia y Japón.
La lección es evidente:
los estrechos atraen potencias.
Porque quien está cerca de un chokepoint observa, protege, disuade y obtiene información.
Gibraltar podría convertirse en un segundo Yibuti
No en sentido literal.
Las circunstancias políticas son completamente diferentes.
Pero la comparación sirve conceptualmente.
Bab el-Mandeb concentra presencia militar internacional porque constituye un corredor crítico.
Gibraltar posee exactamente esa característica.
La diferencia es que actualmente su entorno se encuentra fundamentalmente dentro de una arquitectura occidental:
España.
Reino Unido.
Estados Unidos.
OTAN.
Marruecos coopera estrechamente con Occidente.
Por tanto, existe una relativa coherencia estratégica.
Una alteración territorial no destruiría necesariamente esa coherencia.
Pero introduciría una nueva variable.
Y las grandes potencias planifican precisamente pensando en variables futuras.
Ceuta y el artículo 5: el problema desaparece si cambia la soberanía
Aquí surge una paradoja jurídica.
Mientras Ceuta sea española, existe el debate que acabamos de describir sobre el alcance territorial preciso de la defensa colectiva de la OTAN.
Pero en nuestra hipótesis, si Ceuta pasara pacíficamente y mediante acuerdo a Marruecos, esa cuestión desaparecería.
Ceuta dejaría de ser territorio de un Estado miembro.
Por tanto, cualquier presencia militar marroquí posterior en ella sería simplemente el ejercicio de soberanía de Marruecos sobre su territorio.
La OTAN no tendría título para objetarla por el mero hecho de existir.
Eso modifica profundamente el problema.
El Estrecho después de Ceuta
Imaginemos ahora el día siguiente a nuestra transferencia hipotética.
No ocurre ninguna guerra.
No se cierra Gibraltar.
No aparecen tropas extranjeras.
Los barcos continúan navegando.
Aparentemente nada ha cambiado.
Pero militarmente el mapa sí ha cambiado.
España ha retirado una posición avanzada.
Marruecos la ha incorporado.
Reino Unido conserva Gibraltar.
Estados Unidos conserva su presencia en Rota mediante sus acuerdos con España.
La OTAN conserva su arquitectura mediterránea.
Pero el equilibrio territorial alrededor del Estrecho ya no es exactamente el mismo.
Ese cambio puede parecer pequeño en tiempos de paz.
La verdadera importancia de las posiciones estratégicas aparece, sin embargo, durante las crisis.
Introduzcamos ahora Ormuz
Supongamos que simultáneamente el Estrecho de Ormuz se encuentra sometido a una confrontación militar grave.
Parte de la energía mundial queda amenazada.
Aumenta la presencia naval estadounidense.
Los petroleros modifican sus operaciones.
Suben seguros y fletes.
Las fuerzas navales occidentales deben concentrar recursos en el Golfo y el océano Índico.
Entonces Gibraltar empieza a adquirir mayor importancia.
Pero añadamos otra pieza.
Bab el-Mandeb también entra en crisis
Los hutíes intensifican los ataques.
La navegación comercial evita el mar Rojo.
Parte de los buques abandona Suez.
La ruta alternativa se convierte en:
Índico → Cabo de Buena Esperanza → Atlántico → Europa.
Entonces ocurre algo decisivo.
El eje estratégico se desplaza hacia el oeste.
África occidental gana importancia.
Canarias gana importancia.
Rota gana importancia.
Y Gibraltar gana importancia para todos los tráficos que deben acceder desde el Atlántico al Mediterráneo.
Aquí nuestra hipótesis sobre Ceuta deja definitivamente de ser local.
Tres estrechos, una sola crisis
Podemos representar el sistema:
ORMUZ
energía
↓
BAB EL-MANDEB
tránsito
↓
SUEZ
conexión Asia–Europa
↓
GIBRALTAR
conexión Mediterráneo–Atlántico
Cuando funciona normalmente, cada punto parece independiente.
Pero si dos comienzan a fallar simultáneamente, el tercero adquiere valor adicional.
Y aquí encontramos posiblemente la tesis geopolítica central de todo nuestro ensayo:
el valor estratégico de Gibraltar no es constante; aumenta cuando disminuye la seguridad de las rutas orientales del Mediterráneo.
Eso significa que una modificación territorial alrededor del Estrecho que en otro momento podría considerarse esencialmente bilateral adquiere una dimensión completamente diferente cuando coincide con una crisis de Ormuz, Bab el-Mandeb o Suez.
La dimensión militar de la hipótesis
Podemos formular entonces nuestra tercera conclusión:
Una hipotética transferencia pacífica de Ceuta a Marruecos no expulsaría a Occidente del Estrecho ni otorgaría a Marruecos superioridad militar sobre él. España conservaría importantes capacidades peninsulares; Reino Unido mantendría Gibraltar; Estados Unidos y España conservarían Rota, y la OTAN seguiría disponiendo de una poderosa arquitectura militar en el Mediterráneo occidental.
Pero existe una segunda parte:
Sí modificaría la distribución territorial de esa arquitectura. España perdería una posición militar y de vigilancia en la ribera africana; Marruecos la incorporaría a su territorio; Gibraltar y Rota aumentarían relativamente de importancia y cualquier futura utilización militar de Ceuta pasaría a depender de las decisiones soberanas de Rabat.
Y finalmente aparece la variable que transforma todo:
Si esa modificación coincidiera con crisis simultáneas en Ormuz y Bab el-Mandeb, el valor estratégico del Estrecho aumentaría precisamente en el momento en que España habría reducido su presencia territorial alrededor de él.
Ése es el punto que debemos desarrollar ahora.
Porque hemos estudiado Gibraltar primero como geografía y después como dispositivo militar.
Nos falta contemplarlo como arteria económica mundial.
Y allí los números son todavía más reveladores.
El Capítulo IV — “Cuando se cierran las puertas de Oriente: Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez” debería abandonar momentáneamente Ceuta y reconstruir el recorrido de un petrolero, un gasero y un portacontenedores desde Asia y el Golfo hasta Europa. Veremos qué ocurre con distancias, tiempos, costes, energía y rutas cuando esas puertas se vuelven inseguras, para después regresar a Gibraltar y comprender por qué la crisis oriental puede multiplicar el valor de la puerta occidental.
Capítulo IV
Cuando se cierran las puertas de Oriente: Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez
Hasta ahora hemos contemplado Gibraltar desde Occidente. Hemos estudiado su geografía, Ceuta, Algeciras, Tánger Med, Gibraltar y Rota; después colocamos sobre ese tablero las fuerzas militares y las alianzas.
Ahora debemos invertir completamente nuestra perspectiva.
Viajemos varios miles de kilómetros hacia Oriente y sigamos el recorrido de las mercancías y de la energía que abastecen Europa.
Porque para comprender el verdadero valor estratégico de Gibraltar hay que entender primero qué ocurre en Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez.
En Las Puertas del Mare Nostrum señalábamos precisamente esta interdependencia: Ormuz constituye un punto fundamental del tráfico energético mundial, mientras que Bab el-Mandeb permite acceder desde el océano Índico al mar Rojo y, desde allí, al Canal de Suez.
Lo que entonces describíamos como vulnerabilidad potencial se ha convertido en 2026 en un problema extraordinariamente concreto.
- Ormuz: donde comienza el problema
El Estrecho de Ormuz separa Irán de la península de Musandam y constituye la única salida marítima del Golfo Pérsico.
Su importancia resulta difícil de exagerar.
Los últimos datos consolidados de la Administración de Información Energética estadounidense indican que por Ormuz circulaba más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo y derivados. Además, alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado atravesaba también el Estrecho.
Por tanto, Ormuz no es simplemente una ruta marítima.
Es una válvula energética mundial.
Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak, Qatar e Irán dependen en distinto grado de ese corredor para colocar sus hidrocarburos en los mercados internacionales.
Y Europa, Asia y la economía mundial dependen de que puedan hacerlo.
- El problema de Ormuz es diferente del de Suez
Hay una diferencia fundamental entre ambos.
Si Suez deja de utilizarse, existe una alternativa marítima.
Es muy larga y costosa, pero existe:
rodear África por el Cabo de Buena Esperanza.
Ormuz presenta un problema diferente.
Un petrolero que se encuentra dentro del Golfo Pérsico no puede rodear Ormuz.
No existe una segunda salida marítima.
Algunos productores poseen oleoductos que permiten trasladar parte del petróleo hasta terminales situadas fuera del Estrecho, pero su capacidad no sustituye completamente el enorme volumen que normalmente circula por él.
Por eso debemos diferenciar dos conceptos:
interrupción de una ruta
y
encerramiento de una fuente de suministro.
Suez pertenece fundamentalmente al primer problema.
Ormuz puede provocar el segundo.
- Y en septiembre de 2026 ya no estamos ante una abstracción
La situación actual demuestra la magnitud del riesgo.
El 16 de septiembre Reuters informaba que los cruces detectados por Ormuz habían caído a sólo cuatro buques en un día, frente a una media de 18 durante los diez días anteriores. Ninguno de los cuatro era un gran petrolero VLCC ni un metanero de GNL. La información advertía, naturalmente, que algunos buques podían navegar con sus transpondedores apagados y escapar así al recuento.
No significa que Ormuz esté herméticamente cerrado.
Pero demuestra algo mucho más importante para nuestro ensayo:
un estrecho no necesita estar físicamente bloqueado para dejar de funcionar normalmente.
Basta que el riesgo sea suficientemente alto.
Los armadores deciden no pasar.
Las aseguradoras modifican sus primas.
Los fletadores cambian rutas.
Los capitanes reciben nuevas instrucciones.
Y el resultado económico comienza a parecerse parcialmente al de un bloqueo.
- Primera lección: un chokepoint puede cerrarse sin cerrarse
Esta idea será importante cuando regresemos a Gibraltar.
No debemos imaginar siempre los estrechos como fortalezas medievales.
En el siglo XXI un estrecho puede permanecer jurídicamente abierto y, sin embargo, convertirse en comercialmente peligroso.
El Derecho del Mar puede garantizar la navegación.
Pero el Derecho Internacional no puede garantizar que un misil no alcance un petrolero.
Y los mercados reaccionan ante el riesgo, no solamente ante los tratados.
- Bab el-Mandeb: la segunda puerta
Supongamos ahora que el petróleo consigue salir de Ormuz.
Todavía queda otro problema.
Si se dirige hacia Europa por la ruta tradicional deberá atravesar:
Mar Arábigo → Golfo de Adén → Bab el-Mandeb → Mar Rojo → Suez.
Bab el-Mandeb significa literalmente la Puerta de las Lágrimas.
El nombre parece escrito para nuestro estudio.
El estrecho separa Yemen del Cuerno de África y constituye la entrada meridional del mar Rojo.
En nuestro trabajo anterior destacábamos que su importancia no deriva únicamente del petróleo, sino de todo el comercio Asia–Europa que utiliza Suez.
Y aquí aparece la segunda vulnerabilidad.
Un barco puede haber atravesado Ormuz y, sin embargo, encontrar cerrada o demasiado peligrosa la siguiente puerta.
- Ormuz y Bab el-Mandeb no son dos crisis independientes
Ésta es una de las claves del presente trabajo.
Imaginemos que Ormuz funciona parcialmente.
Algunos petroleros consiguen salir.
Pero Bab el-Mandeb se vuelve demasiado peligroso.
Entonces esos barcos no pueden continuar normalmente hacia Suez.
Deben cambiar de dirección.
En lugar de entrar al mar Rojo:
bajan hacia el sur.
Y comienza el gran rodeo africano.
- El Cabo de Buena Esperanza vuelve a la historia
Antes de 1869 ésta era la gran ruta marítima entre Europa y Asia.
La apertura del Canal de Suez modificó la geografía económica mundial porque permitió evitar el rodeo completo de África.
Más de siglo y medio después, la historia ha regresado.
UNCTAD constató durante la crisis del mar Rojo que buques de todos los segmentos del comercio Asia–Europa y Asia–Atlántico comenzaron a desviarse por el Cabo de Buena Esperanza.
Y el coste geográfico es enorme.
Para un viaje Shanghái–Rotterdam, una investigación académica calcula que evitar Suez y rodear África añade aproximadamente 4.575 millas náuticas y unos doce días adicionales, suponiendo una velocidad media de 16 nudos.
Otros cálculos, dependiendo del buque y de la ruta, sitúan la penalización habitual en aproximadamente dos semanas.
No existe una cifra única.
Depende del puerto de origen, destino, velocidad, tipo de buque y condiciones meteorológicas.
Pero el principio es siempre el mismo:
más distancia = más tiempo = más combustible = más barcos necesarios para transportar la misma cantidad anual de mercancía.
- El efecto invisible: desaparece capacidad de transporte
Este último elemento es especialmente importante.
Supongamos una naviera que dispone de diez barcos.
Si cada viaje dura treinta días, esos barcos pueden realizar determinado número de viajes al año.
Si cada viaje necesita quince días adicionales, la empresa sigue teniendo diez barcos.
Pero su capacidad efectiva anual disminuye.
Los barcos pasan más tiempo navegando.
Por tanto, para transportar el mismo volumen anual hacen falta más buques.
Esto explica por qué una crisis de estrechos puede generar escasez de capacidad marítima aunque no se haya hundido un solo barco.
La flota mundial sigue siendo la misma.
Pero está más tiempo ocupada.
- El ejemplo del petróleo resulta todavía más dramático
Los cálculos realizados durante la actual crisis permiten observar la magnitud.
Reuters estimó en julio que determinadas rutas alternativas para petroleros podían prolongar un viaje de 19 a 48 días, mientras que el coste de combustible podía aumentar aproximadamente de 1,26 millones a 2,87 millones de dólares por viaje.
Es decir:
casi un mes adicional en el mar,
más combustible,
más salarios,
más mantenimiento,
mayor inmovilización del barco,
mayores seguros,
y menor disponibilidad de petroleros.
La crisis energética se transforma así también en una crisis logística.
- Suez: la tercera puerta
Llegamos finalmente al Canal de Suez.
A diferencia de Ormuz y Bab el-Mandeb, Suez no es un estrecho natural.
Es una construcción humana.
Pero geopolíticamente cumple exactamente la misma función: concentra enormes flujos comerciales en un espacio extremadamente reducido.
Nuestro texto original recordaba cómo el Ever Given consiguió demostrar accidentalmente esa vulnerabilidad en 2021 al bloquear durante seis días una de las principales arterias comerciales del planeta.
Pero ahora el problema no está necesariamente dentro del canal.
Está antes de llegar a él.
Si Bab el-Mandeb se vuelve inseguro, Suez puede encontrarse perfectamente operativo y, sin embargo, perder buena parte de su tráfico.
Es otra paradoja de los chokepoints.
Una puerta puede estar abierta y quedar parcialmente inutilizada porque la puerta anterior está cerrada.
- Esto es exactamente lo que ha ocurrido
La crisis del mar Rojo produjo enormes desviaciones de tráfico.
UNCTAD llegó a registrar reducciones del tonelaje que transitaba por el Golfo de Adén y Suez del 76 % y 70 % respectivamente frente a los niveles anteriores a la gran perturbación, mientras la capacidad que llegaba por la ruta del Cabo aumentaba un 89 %.
El sistema mundial reaccionó.
No detuvo el comercio.
Lo reorganizó.
Y ésa es probablemente una de las características más extraordinarias de la economía marítima mundial.
Cuando una puerta se cierra, busca otra.
Pero la alternativa tiene un precio.
- Septiembre de 2026: una situación contradictoria
La actualidad ofrece además un ejemplo particularmente interesante.
Algunas grandes navieras están comenzando nuevamente a utilizar Suez.
El 14 de septiembre Maersk y Hapag-Lloyd anunciaron que cuatro servicios conjuntos adicionales volverían a transitar por el canal, después de haber iniciado previamente una recuperación gradual de esa ruta. Ambas compañías dejaron claro, sin embargo, que las decisiones futuras seguirían dependiendo de la estabilidad regional.
Es decir, observamos simultáneamente dos movimientos:
retorno parcial a Suez
y
persistencia de una elevada amenaza regional.
Esto demuestra que las rutas marítimas no funcionan mediante interruptores:
abierto / cerrado.
Funcionan mediante gradaciones de riesgo.
- El factor hutí
Y en Bab el-Mandeb esa gradación puede cambiar muy rápidamente.
Los ataques hutíes han demostrado que un actor no estatal —aunque respaldado materialmente por una potencia regional— puede alterar las rutas del comercio mundial.
No necesita poseer una gran marina oceánica.
Necesita capacidad suficiente para amenazar barcos en un punto donde éstos están obligados a concentrarse.
Misiles.
Drones.
Información.
Proximidad geográfica.
Y voluntad política.
El resultado puede ser extraordinariamente desproporcionado respecto del tamaño del actor.
Ésta es la esencia estratégica de un chokepoint:
el estrecho multiplica el poder de quien puede amenazarlo.
- Las tres puertas orientales forman una sola cadena
Ahora podemos representar correctamente el sistema:
GOLFO PÉRSICO
↓
ORMUZ
¿Puede salir la energía?
↓
OCÉANO ÍNDICO
↓
BAB EL-MANDEB
¿Puede entrar el tráfico al mar Rojo?
↓
MAR ROJO
↓
SUEZ
¿Puede entrar al Mediterráneo?
↓
MEDITERRÁNEO
La pregunta fundamental es que cada puerta depende parcialmente de la anterior.
Suez puede estar abierto.
Pero si Bab el-Mandeb está cerrado, pierde gran parte de su utilidad para la ruta Asia–Europa.
Bab el-Mandeb puede estar abierto.
Pero si Ormuz está bloqueado, parte de la energía del Golfo ni siquiera consigue llegar hasta allí.
Por tanto:
Ormuz + Bab el-Mandeb + Suez constituyen un sistema.
- Y ahora ocurre algo extraordinario
Si ese sistema oriental falla, parecería lógico pensar que Gibraltar pierde importancia.
Al fin y al cabo, menos barcos procedentes de Suez significan menos barcos atravesando el Mediterráneo.
Pero ocurre simultáneamente el fenómeno contrario.
El comercio no desaparece.
Se desplaza.
Los barcos rodean África.
Y entonces reaparece el Atlántico.
- El gran giro africano
La nueva ruta pasa a ser:
ASIA
↓
OCÉANO ÍNDICO
↓
CABO DE BUENA ESPERANZA
↓
ATLÁNTICO SUR
↓
COSTA OCCIDENTAL AFRICANA
↓
CANARIAS
↓
ATLÁNTICO NORTE / GIBRALTAR
Y aquí nuestro estudio vuelve a España.
Una parte de ese tráfico continuará hacia Rotterdam, Amberes, Hamburgo o los puertos británicos.
Pero cualquier mercancía destinada al Mediterráneo occidental, Francia mediterránea, Italia, Adriático o Mediterráneo oriental deberá entrar nuevamente al Mare Nostrum.
¿Y por dónde?
Por Gibraltar.
- La gran paradoja
Llegamos así al fenómeno que adelantábamos en los capítulos anteriores.
Cuando Suez funciona normalmente:
Gibraltar es la salida occidental de la gran ruta mediterránea.
Cuando Suez falla y los barcos rodean África:
Gibraltar se convierte además en la entrada occidental alternativa para los tráficos destinados al Mediterráneo.
Es una transformación conceptual enorme.
En el primer escenario:
Suez → Mediterráneo → Gibraltar → Atlántico.
En el segundo:
Cabo de Buena Esperanza → Atlántico → Gibraltar → Mediterráneo.
El sentido del tráfico estratégico se invierte.
Pero Gibraltar continúa siendo imprescindible.
- Canarias aparece en el tablero
Y ahora comprendemos por qué anteriormente decidimos separar Canarias de Ceuta y Melilla.
Canarias no pertenece geográficamente al sistema inmediato del Estrecho.
Pero sí pertenece al sistema alternativo del Cabo.
Cuando el comercio abandona Suez y rodea África, el archipiélago español aparece sobre la ruta atlántica que conecta África austral con Europa.
Por tanto, en un escenario de crisis prolongada en el mar Rojo:
Canarias gana valor estratégico.
Y después:
Gibraltar gana valor estratégico.
Tenemos entonces dos posiciones españolas consecutivas sobre la ruta alternativa.
- Y aquí vuelve Ceuta
Ahora regresemos finalmente a nuestra hipótesis.
Supongamos simultáneamente:
Ormuz bajo fuerte presión.
Bab el-Mandeb amenazado.
Suez funcionando por debajo de su potencial.
Tráfico desviado por el Cabo.
Y, al mismo tiempo:
Ceuta deja de estar bajo soberanía española.
Individualmente son cuatro acontecimientos diferentes.
Geopolíticamente comienzan a formar un único escenario.
Precisamente cuando aumenta el valor estratégico del Atlántico africano y de Gibraltar, España habría reducido su posición territorial en la ribera africana del Estrecho.
Ésa es la coincidencia que convierte nuestra hipótesis en un problema mucho mayor que una disputa territorial.
- El Mare Nostrum cambia de orientación
Durante más de siglo y medio hemos concebido el Mediterráneo moderno mirando hacia Oriente.
Europa → Suez → Asia.
La crisis de los chokepoints puede obligarnos a mirarlo nuevamente hacia Occidente.
Europa → Gibraltar → Atlántico → África → Índico → Asia.
En cierto sentido, regresaríamos temporalmente a la geografía anterior a Ferdinand de Lesseps.
Antes de 1869, el Cabo era inevitable.
Después de 1869, Suez convirtió el Mediterráneo en la gran autopista hacia Asia.
Una crisis prolongada podría devolver parcialmente al Atlántico la función que había perdido.
- Las cuatro puertas
Podemos ahora reformular la tesis original de Las Puertas del Mare Nostrum.
Para nuestro problema actual existen cuatro puntos encadenados:
ORMUZ
la energía
BAB EL-MANDEB
la seguridad del mar Rojo
SUEZ
la conexión Asia–Mediterráneo
GIBRALTAR
la conexión Mediterráneo–Atlántico
No poseen la misma naturaleza.
No cumplen exactamente la misma función.
Pero forman parte de una misma arquitectura marítima.
Y cuanto más frágiles se vuelven las tres primeras, más valiosa resulta la cuarta.
Cuarta conclusión
Podemos formularla así:
La vulnerabilidad simultánea de Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez no aislaría necesariamente a Europa del comercio asiático, porque existe la alternativa del Cabo de Buena Esperanza. Pero esa alternativa multiplica distancias, tiempos, costes y necesidades de flota y desplaza hacia el Atlántico el centro de gravedad de una parte importante del tráfico marítimo.
Y de ello deriva una segunda conclusión mucho más directamente relacionada con nuestro trabajo:
Cuando la ruta oriental del Mare Nostrum se debilita, Gibraltar no pierde importancia: cambia de función y aumenta su valor como puerta occidental de acceso al Mediterráneo.
Entonces aparece la pregunta decisiva.
Si los barcos rodean África, ¿qué territorios encuentran en su camino hacia Europa?
África austral.
La costa occidental africana.
El Golfo de Guinea.
Canarias.
Marruecos.
Gibraltar.
Y Europa.
Nuestro siguiente capítulo debe, por tanto, abandonar momentáneamente el Estrecho y mirar todo el continente africano desde el mar.
Porque la crisis de Ormuz y del mar Rojo puede estar produciendo algo de mayor alcance: el regreso estratégico de la ruta del Cabo.
El Capítulo V — “El regreso del Cabo: Canarias, África occidental y la nueva ruta hacia Europa” permitirá analizar una consecuencia especialmente importante para nuestra hipótesis: por qué el debilitamiento de Suez puede trasladar parte del centro de gravedad marítimo hacia el Atlántico africano y, paradójicamente, aumentar simultáneamente el valor de Canarias y Gibraltar.
Capítulo V
El regreso del Cabo: Canarias, África occidental y la nueva ruta hacia Europa
Durante más de siglo y medio, el Canal de Suez acostumbró a Europa a mirar hacia Oriente.
La apertura del canal en 1869 alteró profundamente la geografía económica del mundo. El Mediterráneo dejó de ser un mar que terminaba frente a Egipto y pasó a convertirse en el corredor más corto entre Europa y el océano Índico. La antigua ruta portuguesa alrededor del Cabo de Buena Esperanza quedó relegada, aunque nunca desapareció.
Las crisis del mar Rojo y del Golfo Pérsico nos obligan ahora a recuperar aquel mapa anterior a Ferdinand de Lesseps.
Cuando Bab el-Mandeb se vuelve inseguro, Suez puede seguir perfectamente abierto y, sin embargo, una parte del tráfico mundial vuelve a realizar el gigantesco recorrido alrededor de África. Ese fenómeno ya no es meramente hipotético: los desvíos han incrementado la actividad de los centros africanos de suministro de combustible y han obligado a navieras a reconsiderar sus redes logísticas.
Nuestro problema, entonces, cambia de escala.
Ya no debemos mirar solamente el Mediterráneo.
Debemos mirar África entera.
- África vuelve a quedar en medio
Durante décadas, el mapa mental del comercio Europa–Asia podía resumirse así:
Europa → Mediterráneo → Suez → Índico → Asia.
El continente africano quedaba, por decirlo de alguna manera, al margen de la gran autopista.
Cuando Suez deja de ser atractivo, el mapa se transforma:
Asia → Índico → Cabo de Buena Esperanza → Atlántico africano → Europa.
África vuelve a quedar literalmente en medio de la ruta.
Y eso modifica el valor relativo de sus costas, puertos e instalaciones.
Sudáfrica.
Namibia.
Angola.
Golfo de Guinea.
Senegal.
Mauritania.
Canarias.
Marruecos.
Gibraltar.
Todos ellos adquieren una nueva relevancia.
No necesariamente porque los barcos deban entrar en sus puertos, sino porque la gran arteria comercial se desplaza hacia sus proximidades.
- El regreso del Cabo no es gratuito
La expresión “rodear África” puede producir la impresión de una sencilla línea alternativa trazada sobre el mapa.
En realidad significa miles de kilómetros adicionales.
Más combustible.
Más días de navegación.
Mayor utilización de tripulaciones.
Más mantenimiento.
Mayor exposición meteorológica.
Más seguros.
Más tiempo de inmovilización del capital.
Y, como vimos en el capítulo anterior, una reducción de la capacidad efectiva de la flota mundial.
Por eso el retorno parcial al Cabo no constituye simplemente una desviación geográfica.
Es una reorganización económica del transporte marítimo.
Y esa reorganización genera ganadores y perdedores.
- Aparece una necesidad elemental: combustible
Un barco que navega durante diez o quince días adicionales consume combustible durante diez o quince días adicionales.
Esto parece una obviedad.
Pero tiene enormes consecuencias estratégicas.
Los barcos que rodean África necesitan:
combustible,
lubricantes,
repuestos,
agua,
provisiones,
cambio de tripulaciones,
mantenimiento,
reparaciones,
servicios portuarios.
Y necesitan esos servicios en lugares adecuados de la ruta.
Aquí aparece un concepto fundamental:
bunkering.
Es decir, el suministro de combustible a los buques.
Los desvíos por el Cabo han incrementado precisamente la demanda en distintos puntos africanos de abastecimiento marítimo. Reuters describía en marzo de 2026 cómo la nueva ruta estaba favoreciendo centros de bunkering en las costas africanas y atrayendo inversiones de importantes operadores energéticos.
La geopolítica vuelve así a encontrarse con algo tan elemental como llenar un depósito.
- Y Canarias aparece sobre el mapa
Sigamos ahora un barco que viene desde Asia.
Ha cruzado el Índico.
Ha doblado el Cabo de Buena Esperanza.
Ha comenzado a subir por el Atlántico.
Su siguiente gran destino es Europa.
Y entonces encuentra una posición geográfica excepcional:
las Islas Canarias.
Canarias se encuentra frente a la costa noroccidental africana y sobre las grandes rutas marítimas del Atlántico oriental.
La propia Comisión Europea acaba de dar un paso significativo en septiembre de 2026 al definir las regiones ultraperiféricas como “puestos estratégicos” de la Unión que extienden su presencia global. Canarias es la única región española incluida en ese grupo.
Esta definición europea resulta extraordinariamente oportuna para nuestro estudio.
Porque permite dejar de contemplar Canarias exclusivamente como:
turismo,
playas,
insularidad,
lejanía.
Y empezar a contemplarla como:
posición atlántica europea.
- De ultraperiferia a avanzada
Aquí aparece una paradoja lingüística y geopolítica fascinante.
La Unión Europea denomina a Canarias:
región ultraperiférica.
Vista desde Bruselas, está lejos.
Pero vista desde el Atlántico oriental, ocurre exactamente lo contrario.
Está en el centro de una enorme zona marítima.
La propia Comisión reconoce que estas regiones poseen un potencial singular precisamente por su localización, su dimensión marítima y su proximidad a otros continentes.
Por tanto, “periferia” depende del punto desde el que se observa.
Desde Europa continental:
Canarias está lejos.
Desde las rutas marítimas africanas:
Canarias está en el camino.
Y ésta es una distinción esencial.
- Las Palmas: mucho más que un puerto insular
El Puerto de Las Palmas adquiere aquí especial importancia.
Históricamente ha desempeñado funciones de escala, abastecimiento y reparación para los buques que navegan entre Europa, África y América.
En diciembre de 2025 se amplió el Muelle de la Esfinge precisamente para incrementar su capacidad de operar grandes buques energéticos y reforzar su papel en tráficos de graneles líquidos, bunkering y tránsito marítimo internacional.
Durante 2026, la Autoridad Portuaria y el sector privado han seguido trabajando para consolidar Las Palmas como centro de suministro de combustible del Atlántico medio.
Esto significa que Canarias no constituye solamente una posición geográfica potencial.
Dispone ya de infraestructura marítima.
Y la diferencia es fundamental.
Una isla situada estratégicamente pero sin puertos adecuados tiene un determinado valor.
Una isla estratégicamente situada con instalaciones portuarias, combustible, talleres, comunicaciones y conexiones internacionales posee otro muy distinto.
- La crisis ya está poniendo a prueba esa capacidad
Pero aquí debemos evitar idealizaciones.
Una oportunidad logística puede convertirse también en un problema.
El enorme desvío de buques alrededor del Cabo ha ejercido presión sobre los centros de suministro de la costa africana y sobre Canarias. Informaciones sectoriales de abril señalaban dificultades de disponibilidad y mayores plazos para determinados suministros de combustible en Las Palmas como consecuencia de la fuerte demanda generada por los desvíos.
Esto resulta muy ilustrativo.
El aumento del tráfico puede producir:
más negocio,
pero también
saturación.
La importancia estratégica exige infraestructura capaz de absorberla.
Puertos.
Depósitos.
Terminales.
Reparaciones.
Remolcadores.
Personal.
Seguridad.
Por eso el retorno del Cabo no convierte automáticamente a Canarias en beneficiaria.
Le proporciona una oportunidad estratégica cuya explotación depende de su capacidad.
- Canarias como estación intermedia
Volvamos a nuestro barco imaginario.
Después de doblar el Cabo tiene diferentes posibilidades.
Puede continuar directamente hacia Rotterdam.
Puede dirigirse a Reino Unido.
Puede entrar hacia el Mediterráneo.
Puede detenerse en África occidental.
Puede abastecerse en Canarias.
No todos los barcos necesitan hacerlo.
Pero disponer de un gran centro de servicios sobre la ruta proporciona algo extremadamente valioso:
opcionalidad.
Y en logística la opcionalidad tiene valor.
Cuantas más rutas se desvíen hacia el Atlántico africano, mayor será potencialmente la utilidad de instalaciones capaces de prestar servicios sobre ese corredor.
- El eje Cabo–Canarias–Gibraltar
Ahora podemos dibujar la nueva arteria que nos interesa:
CABO DE BUENA ESPERANZA
↓
Namibia / Angola
↓
Golfo de Guinea
↓
África occidental
↓
CANARIAS
↓
Marruecos / Península Ibérica
↓
GIBRALTAR
↓
MEDITERRÁNEO
Aquí aparece una relación que normalmente no contemplamos:
Canarias y Gibraltar forman dos posiciones sucesivas sobre la ruta atlántica alternativa hacia el Mediterráneo.
No desempeñan la misma función.
Pero se complementan.
Canarias:
escala atlántica.
Gibraltar:
puerta mediterránea.
- Y reaparece Marruecos
Pero entre ambas posiciones encontramos Marruecos.
Y ésta es precisamente la razón por la cual nuestro ejercicio sobre Ceuta adquiere ahora mayor profundidad.
Marruecos no se encuentra únicamente al sur del Estrecho.
Posee una extensa fachada atlántica.
Tánger Med, aunque ubicado en el entorno del Estrecho, se beneficia precisamente de su posición en la intersección entre las rutas atlánticas y mediterráneas.
Durante las grandes desviaciones de 2026, el propio puerto marroquí se preparó para recibir mayor tráfico derivado del rodeo africano. Reuters señalaba que los desvíos podían añadir entre diez y catorce días a determinados trayectos y que Tánger Med esperaba beneficiarse de una parte de ese movimiento adicional.
Esto significa que España y Marruecos aparecen nuevamente compitiendo y cooperando alrededor del mismo fenómeno.
- Una nueva fachada estratégica
Si la inestabilidad oriental persistiera durante años, podría producirse algo más profundo que un simple desvío temporal.
Las empresas empezarían a tomar decisiones permanentes.
Nuevos depósitos.
Nuevas terminales.
Nuevos contratos.
Nuevos centros de mantenimiento.
Nuevas rutas regulares.
Nuevas inversiones portuarias.
En otras palabras:
la emergencia puede terminar creando infraestructura.
Y cuando aparece infraestructura, el cambio temporal puede convertirse parcialmente en estructural.
No significa que Suez vaya a perder definitivamente su posición. Su ventaja de distancia continúa siendo enorme, como demuestra el regreso parcial de servicios de Maersk y Hapag-Lloyd en septiembre de 2026.
Pero las empresas han aprendido una lección:
necesitan alternativas.
- La redundancia se convierte en estrategia
Hasta hace pocos años, utilizar el Cabo podía considerarse principalmente una solución de emergencia.
Ahora puede comenzar a contemplarse también como una ruta de respaldo.
La diferencia conceptual es importante.
Una economía global que ha sufrido:
pandemia,
Ever Given,
guerra en Ucrania,
ataques en el mar Rojo,
crisis en Ormuz,
ha aprendido el significado de una palabra:
resiliencia.
La ruta más corta ya no es necesariamente la única variable.
También importa:
¿qué ocurre si deja de funcionar?
Y entonces tener dos rutas vale más que tener una.
- Europa redescubre sus territorios alejados
Aquí la política europea de 2026 resulta especialmente significativa.
La nueva estrategia de la Comisión para las regiones ultraperiféricas sostiene expresamente que el aumento de las tensiones geopolíticas incrementa su importancia como posiciones estratégicas de la Unión.
Esto incluye:
Canarias,
Madeira,
Azores.
Obsérvese el mapa.
Los tres archipiélagos ibéricos forman una extraordinaria proyección europea sobre el Atlántico.
Canarias al sur.
Madeira más al norte.
Azores en medio del océano.
No constituyen una cadena militar en sentido estricto.
Pero geográficamente proyectan territorio de la Unión Europea sobre una enorme extensión atlántica.
- El Atlántico ibérico
Esto nos permite ampliar aún más nuestra perspectiva.
España y Portugal poseen conjuntamente una posición geográfica excepcional:
Península Ibérica
Canarias
Madeira
Azores
y, en el caso español que nos ocupa,
Ceuta y Melilla.
Esa distribución convierte a la Península Ibérica en algo más que el extremo occidental de Europa.
La convierte en el punto de encuentro entre:
Europa,
Mediterráneo,
Atlántico,
África,
y las rutas hacia América.
Por eso la seguridad de Gibraltar adquiere una dimensión europea mucho mayor de lo que su tamaño físico sugiere.
- La cuestión energética
El regreso del Cabo tiene otra consecuencia.
Los grandes petroleros procedentes de otras regiones productoras pueden utilizar rutas atlánticas para compensar parcialmente alteraciones del suministro oriental.
Estados Unidos.
Brasil.
Guyana.
África occidental.
Todas estas fuentes adquieren relativamente mayor importancia para Europa cuando el Golfo Pérsico se vuelve más inseguro.
El mapa energético europeo se desplaza entonces parcialmente hacia el Atlántico.
Y eso vuelve a aumentar la importancia de:
puertos atlánticos,
terminales,
refinerías,
almacenamiento,
gasoductos,
interconexiones.
La crisis marítima termina transformándose en una cuestión de seguridad energética europea.
- Canarias no sustituye a Suez
Conviene introducir aquí una limitación importante.
Canarias no puede sustituir a Suez.
Ni Gibraltar puede sustituir a Ormuz.
Ni el Cabo puede reproducir la eficiencia del canal.
No estamos buscando reemplazos equivalentes.
Estamos estudiando rutas alternativas y redistribuciones de importancia estratégica.
Ésa es una diferencia esencial para mantener rigor.
El sistema mundial no sustituye una puerta por otra.
Se adapta.
Y esa adaptación modifica el valor de determinados territorios.
- Regresemos a nuestra hipótesis
Ahora reunamos nuevamente las piezas.
Tenemos:
crisis en Ormuz;
inseguridad en Bab el-Mandeb;
menor utilización de Suez;
desvío por el Cabo;
aumento del tráfico por el Atlántico africano;
mayor importancia de Canarias;
mayor importancia de Gibraltar.
Y añadimos nuestra hipótesis:
Ceuta pasa a soberanía marroquí.
Entonces aparece una situación paradójica.
España conservaría dos extraordinarias posiciones:
Canarias y la costa peninsular del Estrecho.
Pero habría perdido la tercera:
Ceuta.
Mientras Marruecos reforzaría simultáneamente:
su fachada atlántica,
Tánger Med,
su costa del Estrecho,
y Ceuta.
- La verdadera importancia de Canarias
Esto nos permite corregir una cuestión planteada al comienzo de nuestro trabajo.
No debemos estudiar Canarias principalmente como posible siguiente objeto de una disputa territorial.
Eso desviaría el análisis hacia una hipótesis distinta y mucho más especulativa.
Para nuestro estudio actual, Canarias importa por otra razón:
si las puertas orientales del Mare Nostrum fallan, Canarias se convierte en una de las principales posiciones españolas y europeas sobre la gran ruta marítima alternativa que rodea África.
Ésta es una conclusión mucho más sólida.
Y estratégicamente quizá más importante.
- Dos anclas españolas
En nuestro escenario España conservaría entonces dos grandes anclas marítimas:
CANARIAS
sobre la ruta atlántica africana.
PENÍNSULA / ALGECIRAS / ROTA
sobre Gibraltar.
Entre ambas se extiende la costa marroquí.
Esto genera una nueva geometría.
Ya no estamos hablando únicamente del Estrecho.
Estamos hablando del espacio:
Canarias – Marruecos – Gibraltar – Península Ibérica.
Un auténtico cuadrilátero estratégico.
- El cuadrilátero
Podemos representarlo:
PENÍNSULA IBÉRICA / ROTA
↕
GIBRALTAR
↕
MARRUECOS
↙︎ ↘︎
CANARIAS MEDITERRÁNEO
Esta imagen permite comprender la transformación.
Canarias proyecta España hacia el Atlántico africano.
Gibraltar conecta ese Atlántico con el Mediterráneo.
Marruecos se encuentra geográficamente entre ambos espacios.
Y Ceuta se encuentra exactamente en uno de los puntos de contacto más sensibles.
- De la geografía comercial a la geopolítica
El comercio crea infraestructura.
La infraestructura genera intereses.
Los intereses necesitan protección.
La protección genera presencia.
Y la presencia termina produciendo geopolítica.
Ésta es una secuencia histórica que se ha repetido innumerables veces.
Por eso debemos observar cuidadosamente el regreso de la ruta del Cabo.
Si es temporal, producirá principalmente efectos económicos.
Si se prolonga, puede producir efectos logísticos.
Y si genera infraestructura permanente, terminará produciendo consecuencias estratégicas.
Quinta conclusión
Podemos formularla así:
La crisis de las rutas orientales está devolviendo importancia al corredor marítimo que rodea África por el Cabo de Buena Esperanza. Ese desplazamiento aumenta el valor relativo de las costas africanas, de sus centros de abastecimiento y de las posiciones europeas situadas sobre el Atlántico oriental. Entre ellas, Canarias ocupa una posición especialmente significativa como territorio español y europeo próximo a África y dotado de infraestructura portuaria.
Pero existe una segunda consecuencia:
El regreso del Cabo no disminuye la importancia de Gibraltar. La aumenta para todos los tráficos que, después de rodear África, necesiten acceder al Mediterráneo. Canarias y Gibraltar pasan así a formar dos posiciones sucesivas españolas sobre la ruta alternativa: una en el Atlántico africano y otra en la puerta del Mare Nostrum.
Y aquí nuestro ejercicio alcanza un punto decisivo.
Ya conocemos la geografía.
Conocemos las bases.
Conocemos las rutas.
Conocemos los estrechos.
Ahora debemos hacer lo que todavía hemos evitado deliberadamente:
ejecutar completamente nuestra hipótesis.
No estudiar qué podría ocurrir durante la negociación.
No discutir si la transferencia sería probable.
Sino aceptar, exclusivamente a efectos del ejercicio geopolítico, que ya ocurrió.
Ceuta ha pasado a soberanía marroquí.
Es el día siguiente.
Los barcos continúan navegando.
Las fronteras han cambiado.
Las fuerzas españolas se han retirado.
La bandera marroquí ondea sobre Ceuta.
Y debemos preguntarnos:
¿Quién ganó qué y quién perdió qué?
Ése será el objeto del Capítulo VI — “El día después: el Estrecho sin una Ceuta española”.
Allí podremos hacer por primera vez un auténtico balance estratégico, sin convertirlo en una valoración política de qué actor “gana” o “pierde” en conjunto: territorio, vigilancia, profundidad estratégica, logística, posiciones militares, relaciones con Gibraltar, Rota, Tánger Med, Canarias y las rutas marítimas. Será el capítulo en el que todas las piezas estudiadas hasta ahora comiencen finalmente a encajar.
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Capítulo VI
El día después: el Estrecho sin una Ceuta española
Hasta ahora hemos trabajado con una hipótesis. En este capítulo vamos a llevarla hasta sus últimas consecuencias.
No preguntaremos cómo se produjo el cambio de soberanía. Tampoco si fue resultado de un tratado, una negociación diplomática o cualquier otro mecanismo. Mucho menos intentaremos predecir que vaya a suceder.
Simplemente estableceremos, como supuesto contrafactual:
Ceuta ha dejado de ser española y ha pasado a soberanía marroquí.
Es el día siguiente.
No hay guerra.
El Estrecho continúa abierto.
Los barcos siguen navegando.
Gibraltar continúa siendo británico.
Rota sigue siendo española y alberga fuerzas estadounidenses.
Tánger Med continúa funcionando.
La OTAN no ha modificado su estructura.
¿Qué ha cambiado realmente?
Mucho menos de lo que sugeriría una lectura catastrofista.
Y, al mismo tiempo, mucho más de lo que indicaría la pequeña superficie de Ceuta.
- Lo primero que no cambiaría: Gibraltar seguiría abierto
Comencemos eliminando la hipótesis más extrema.
El cambio de soberanía de Ceuta no otorgaría a Marruecos el derecho de cerrar el Estrecho ni transformaría Gibraltar en aguas interiores marroquíes.
La navegación internacional continuaría sometida al régimen jurídico que analizamos anteriormente.
Tampoco desaparecerían las capacidades españolas de vigilancia marítima.
De hecho, apenas cinco días antes de escribir estas líneas, el patrullero Tagomago finalizó una operación en el Estrecho y el mar de Alborán en la que recorrió más de 1.000 millas náuticas monitorizando unidades y tráfico marítimo. Las Fuerzas Armadas españolas mantienen operaciones permanentes de presencia, vigilancia y disuasión en esos espacios.
Por tanto, nuestro escenario no puede resumirse como:
España pierde Ceuta = España pierde Gibraltar.
Eso sería incorrecto.
La cuestión es otra.
- España perdería una posición territorial africana
Ésta sería la primera consecuencia objetiva.
España dejaría de estar territorialmente presente en la costa africana del entorno inmediato del Estrecho.
Y esa presencia tiene actualmente una función estratégica reconocida oficialmente.
La Visión Geoestratégica de España, publicada por el Ministerio de Defensa, afirma que Ceuta proporciona una ventaja adicional porque, junto con la costa norte del Estrecho, contribuye a salvaguardar el tráfico marítimo y considera la presencia española en ambas orillas un activo estratégico.
Esto es especialmente importante porque permite separar nuestro análisis de cualquier valoración política.
No somos nosotros quienes necesitamos atribuir a Ceuta una función estratégica hipotética.
El propio Ministerio de Defensa español se la atribuye.
Por tanto, si desaparece la soberanía española sobre Ceuta, desaparece ese activo territorial concreto.
- Desaparecería la Estación de Vigilancia española de Ceuta
Aquí podemos ser todavía más específicos.
Actualmente la Comandancia Naval de Ceuta tiene entre sus misiones el conocimiento del entorno marítimo, la vigilancia y la seguridad marítima y dispone operativamente de la Estación de Vigilancia del Estrecho de Ceuta (EVIEST CEUTA).
En nuestra hipótesis, España tendría que retirarla, trasladarla o sustituir sus funciones mediante otros sistemas.
Éste es un ejemplo perfecto de lo que realmente significa perder una posición estratégica.
España no quedaría ciega.
Podría compensar parcialmente mediante:
radares peninsulares,
buques,
aeronaves,
satélites,
drones,
sensores,
inteligencia aliada.
Pero tendría que compensar algo que actualmente ya posee gracias a la geografía.
Y compensar geografía mediante tecnología suele ser posible, pero no necesariamente equivalente.
- Marruecos obtendría el territorio, no automáticamente las capacidades españolas
La consecuencia inversa también necesita precisión.
Marruecos obtendría Ceuta.
Pero no heredaría automáticamente la arquitectura española de inteligencia, comunicaciones o vigilancia.
Los sistemas sensibles serían previsiblemente retirados por España dentro del supuesto de una transferencia pactada.
Por tanto:
España pierde posición geográfica.
Pero no necesariamente:
Marruecos recibe intactas las capacidades españolas instaladas allí.
Rabat tendría que desarrollar las suyas propias.
Y Marruecos ya posee medios de vigilancia costera y capacidades militares.
La importancia radicaría en que ahora podría desplegarlos desde una nueva posición.
- La continuidad de la costa
Aquí aparece probablemente el cambio geográfico más visible.
Actualmente Ceuta introduce una discontinuidad soberana española en la costa norteafricana.
Después de nuestra transferencia hipotética desaparecería.
Marruecos podría concebir como un único espacio territorial:
Tánger → Tánger Med → entorno del Estrecho → Ceuta → costa mediterránea marroquí.
Eso no significa que inmediatamente construyera nuevas bases, carreteras o instalaciones.
Pero desaparecería la frontera internacional que actualmente separa Ceuta de Marruecos.
Y con ella desaparecerían las restricciones que toda frontera introduce para una planificación territorial integrada.
- Tánger Med y Ceuta bajo una misma soberanía
Ésta sería una transformación particularmente interesante.
Tánger Med ya constituye un formidable complejo portuario, logístico e industrial. El grupo gestiona además extensas zonas económicas con más de 1.500 empresas y una red portuaria que mueve volúmenes muy elevados de mercancías.
En nuestra hipótesis, Ceuta se incorporaría al mismo Estado que controla Tánger Med.
Esto no significa que ambos puertos se fusionaran.
Sus características y funciones son distintas.
Pero Rabat podría planificarlos dentro de una única estrategia nacional sobre el Estrecho.
Y ése sí sería un cambio significativo.
- España conservaría Algeciras
La otra mitad del análisis es igualmente importante.
España conservaría uno de los grandes activos del Estrecho:
Algeciras.
Y conservaría toda la costa septentrional española.
Por tanto, seguiría disponiendo de infraestructura portuaria, logística y naval de enorme importancia.
España no desaparecería como potencia del Estrecho.
Ni siquiera remotamente.
La modificación consistiría en pasar de una configuración:
presencia española en ambas orillas
a otra:
presencia territorial española únicamente en la orilla europea inmediata al Estrecho.
Ésa es la formulación rigurosa.
- Rota aumentaría relativamente de importancia
Aquí reaparece uno de nuestros conceptos fundamentales:
valor relativo.
Rota no se movería.
No crecería territorialmente.
Pero si desapareciera la posición española de Ceuta, Rota adquiriría mayor importancia dentro del dispositivo español y aliado del Mediterráneo occidental.
La propia Marina estadounidense define Naval Station Rota como la “Gateway to the Mediterranean” y como punto estratégico para las fuerzas estadounidenses y aliadas entre Estados Unidos y Asia sudoccidental. Actualmente alberga cinco destructores Arleigh Burke y proporciona apoyo logístico a fuerzas estadounidenses y de la OTAN que operan en Europa, África y Oriente Medio.
En nuestra hipótesis, probablemente España tendría incentivos estratégicos para reforzar todavía más el eje:
Rota – Cádiz – Algeciras – Estrecho.
No afirmamos que necesariamente lo hiciera.
Pero sería una opción evidente de compensación.
- Gibraltar también adquiriría mayor valor relativo
Exactamente el mismo fenómeno ocurriría con Gibraltar.
Reino Unido no obtendría nuevos territorios.
Pero desaparecería una de las posiciones españolas situadas enfrente.
Por tanto, Gibraltar aumentaría relativamente su valor como posición occidental en el Estrecho.
Y aquí aparece una paradoja histórica extraordinaria.
España mantiene desde hace siglos su reclamación sobre Gibraltar.
Sin embargo, en nuestro escenario hipotético, la presencia británica podría adquirir mayor importancia para la arquitectura occidental del Estrecho precisamente después de una pérdida territorial española en África.
La geopolítica produce con frecuencia estas contradicciones.
- El mapa occidental después de la transferencia
Podríamos representarlo:
ORILLA EUROPEA
Rota — Cádiz — Algeciras — Gibraltar
España / Reino Unido / Estados Unidos / OTAN
↓
ESTRECHO
↓
ORILLA AFRICANA
Tánger — Tánger Med — Ceuta
Marruecos
La imagen es simplificada.
Pero permite comprender inmediatamente la transformación.
La costa septentrional estaría integrada fundamentalmente dentro del sistema occidental de alianzas.
La meridional quedaría bajo soberanía marroquí.
Marruecos coopera estrechamente con Occidente, pero no pertenece a la OTAN.
Por tanto aparecería una separación estratégica más nítida entre las dos orillas.
- Pero no habría necesariamente una frontera hostil
Éste es otro punto que debemos subrayar.
Que dos costas pertenezcan a estructuras militares diferentes no significa que sean adversarias.
España y Marruecos podrían continuar cooperando.
Podrían compartir información marítima.
Podrían coordinar salvamento.
Podrían luchar conjuntamente contra terrorismo, narcotráfico e inmigración irregular.
Podrían mantener relaciones militares.
El escenario no implica automáticamente hostilidad.
Pero la soberanía tiene una característica particular:
permanece cuando cambian los gobiernos.
Una política de cooperación puede modificarse.
La geografía no.
Por eso los Estados analizan posiciones estratégicas pensando no solamente en el gobierno actual del vecino, sino en qué podría ocurrir dentro de veinte, treinta o cincuenta años.
- La pregunta no es qué haría Marruecos hoy
Éste es quizá uno de los puntos conceptuales más importantes del capítulo.
Sería un error construir todo el análisis alrededor de:
¿Qué haría el actual Gobierno marroquí?
La pregunta estratégica correcta es:
¿qué posibilidades tendría cualquier Gobierno marroquí futuro gracias a la nueva geografía?
Porque una transferencia de soberanía es permanente salvo otro cambio posterior.
Los gobiernos son temporales.
Los territorios permanecen.
Por eso una base puede ser irrelevante hoy y fundamental dentro de treinta años.
- La posibilidad de terceros
Volvemos así a una cuestión introducida en el capítulo militar.
Una Ceuta bajo soberanía marroquí podría ser utilizada exclusivamente por las fuerzas marroquíes.
Podría mantener funciones predominantemente civiles.
O Marruecos podría, en algún momento futuro, celebrar acuerdos de acceso militar con terceros.
No tenemos base para afirmar cuál de esos escenarios ocurriría.
Pero estratégicamente deben distinguirse.
Una cosa sería:
Ceuta marroquí sin presencia extranjera.
Otra:
Ceuta integrada en cooperación militar occidental.
Y otra completamente distinta:
Ceuta proporcionando acceso significativo a una potencia exterior competidora de la OTAN.
La geografía sería idéntica.
Las consecuencias estratégicas no.
- El escenario chino
China merece atención especial precisamente porque su estrategia exterior combina comercio, inversión, infraestructura y presencia marítima.
Pero debemos evitar un salto lógico.
Inversión china no significa base militar china.
Una cosa no conduce automáticamente a la otra.
Sin embargo, para cualquier planificación occidental sería relevante vigilar el grado de acceso que potencias externas pudieran obtener a infraestructura situada junto a un chokepoint tan importante.
No porque exista necesariamente una amenaza inmediata.
Sino porque la información marítima tiene valor estratégico.
- No hace falta cerrar Gibraltar para influir sobre Gibraltar
Llegamos aquí a una de las conclusiones más importantes de todo el ensayo.
Durante siglos la preocupación consistía en:
¿quién controla el estrecho?
En el siglo XXI la pregunta es mucho más amplia:
¿quién observa el estrecho?
¿quién opera alrededor del estrecho?
¿quién mantiene infraestructura junto al estrecho?
¿quién obtiene información sobre el tráfico?
¿quién puede desplegar rápidamente medios allí?
El poder sobre un chokepoint moderno no consiste necesariamente en cerrarlo.
Puede consistir simplemente en poseer capacidad de influencia sobre su entorno.
- España tendría que compensar
Si nuestro escenario se materializara, España dispondría de numerosas opciones para compensar parcialmente la pérdida estratégica.
Reforzar la vigilancia desde la península.
Incrementar capacidades navales.
Desarrollar sistemas no tripulados.
Fortalecer Algeciras.
Incrementar protección de infraestructuras submarinas.
Profundizar cooperación con Portugal.
Reforzar Rota.
Aumentar coordinación con Reino Unido y OTAN.
Desarrollar Canarias como plataforma atlántica.
Nada de ello requiere afirmar que necesariamente se adoptaría.
Son simplemente opciones estratégicas disponibles.
Pero todas presentan una característica común.
Costarían dinero.
La geografía que antes proporcionaba una posición tendría que ser compensada mediante inversión y tecnología.
- La importancia de las infraestructuras submarinas
Hay además una dimensión que adquiere cada vez mayor importancia.
El fondo del mar.
Cables de telecomunicaciones.
Interconexiones energéticas.
Sistemas de datos.
El Estado Mayor de la Defensa español mantiene actualmente operaciones específicas de vigilancia de infraestructuras submarinas en el mar de Alborán y el entorno del Estrecho.
La razón es evidente.
Las economías modernas dependen de infraestructuras que muchas veces no vemos.
Y los estrechos concentran algunas de ellas.
Por tanto, perder una posición territorial no afecta únicamente a la superficie.
Afecta también al dispositivo desde el cual se protege el dominio submarino.
- Ahora introduzcamos la crisis oriental
Hasta aquí hemos supuesto un mundo relativamente normal.
Pero nuestro ensayo comenzó precisamente porque el mundo no se encuentra en una situación normal.
Añadamos:
Ormuz bajo presión.
Bab el-Mandeb inseguro.
Suez funcionando parcialmente.
Buques rodeando África.
Canarias aumentando su importancia.
Entonces Gibraltar se vuelve todavía más importante.
Y es precisamente en ese momento cuando España, en nuestra hipótesis, habría perdido su posición africana inmediata.
Aquí aparece la verdadera dimensión del problema.
No es solamente una pérdida territorial.
Es una pérdida territorial en un momento de revalorización del espacio en el que se encuentra ese territorio.
- El valor de una casa depende del barrio
Podemos utilizar una comparación sencilla.
Una casa puede valer una determinada cantidad durante décadas.
Pero si junto a ella se construye el principal puerto del país, una gran autopista o un centro financiero, su valor cambia aunque la casa siga siendo exactamente la misma.
Con Ceuta ocurre algo parecido.
Su superficie no cambia.
Su posición tampoco.
Lo que cambia es el sistema internacional alrededor de ella.
Si Ormuz funciona.
Bab el-Mandeb funciona.
Suez funciona.
Europa vive en paz.
El comercio navega normalmente.
Ceuta tiene un determinado valor estratégico.
Si simultáneamente varias rutas mundiales entran en crisis:
el mismo territorio vale estratégicamente más.
- ¿Qué cambiaría para Marruecos?
Podemos sintetizar sin hacer un juicio global de “ganador” o “perdedor”.
Marruecos incorporaría:
territorio adicional sobre el entorno del Estrecho;
continuidad territorial en su costa septentrional;
capacidad para integrar Ceuta en su planificación marítima y logística;
una nueva posición desde la cual desplegar medios propios;
mayor profundidad estratégica alrededor de Tánger Med.
Pero no obtendría automáticamente:
el control de Gibraltar;
capacidad legal para cerrar la navegación;
superioridad militar sobre España;
las capacidades tecnológicas españolas instaladas actualmente en Ceuta;
ni control sobre Gibraltar, Algeciras o Rota.
Ésta es la diferencia entre aumentar posición estratégica y dominar un espacio.
- ¿Qué cambiaría para España?
España dejaría de disponer de:
territorio soberano en esa posición africana;
la actual infraestructura española de vigilancia allí;
la ventaja geográfica de presencia inmediata en ambas orillas.
Pero conservaría:
la costa peninsular;
Algeciras;
Rota;
sus Fuerzas Armadas;
su pertenencia a la OTAN;
su cooperación con Estados Unidos;
Canarias;
Baleares;
y su capacidad tecnológica de vigilancia.
Por tanto tampoco sería correcto describir el escenario como una desaparición estratégica española del Estrecho.
Sería una reducción de posición, no una desaparición.
- El factor que no puede medirse en kilómetros cuadrados
Finalmente existe un elemento intangible:
la percepción estratégica.
Los Estados observan no solamente capacidades, sino tendencias.
Una modificación territorial puede ser interpretada por otros actores como señal de:
cambio del equilibrio regional,
reordenamiento diplomático,
nueva relación de fuerzas,
o simplemente resolución pactada de un viejo conflicto.
La interpretación dependería completamente de las circunstancias en que hubiera ocurrido.
Por eso no podemos determinarla dentro de nuestro supuesto.
Pero sí podemos afirmar algo:
una transferencia de soberanía sobre Ceuta sería observada mucho más allá de España y Marruecos.
Washington.
Londres.
Bruselas.
París.
Lisboa.
Roma.
Pekín.
Moscú.
Las capitales que planifican su seguridad marítima estudiarían las consecuencias.
Porque no estarían mirando solamente Ceuta.
Estarían mirando Gibraltar.
- El día después parecería sorprendentemente normal
Ésta quizá sea la imagen más interesante con la que cerrar el capítulo.
A la mañana siguiente:
los ferris navegarían.
Los contenedores serían descargados.
Los petroleros cruzarían Gibraltar.
Los aviones despegarían.
Las bolsas abrirían.
Nada parecería haber cambiado demasiado.
Y sin embargo, sobre los mapas de los Estados Mayores, todo el dispositivo del Estrecho habría sido recalculado.
Porque la geopolítica no siempre se manifiesta mediante explosiones.
A veces se manifiesta simplemente cambiando un color sobre un mapa.
Sexta conclusión
Nuestro balance contrafactual puede formularse de manera precisa:
Una transferencia de Ceuta a Marruecos no otorgaría a Rabat el dominio del Estrecho ni eliminaría la capacidad española y aliada para garantizar la navegación. Pero sí trasladaría una posición territorial y de vigilancia de un Estado miembro de la OTAN a un Estado que, aunque estrechamente asociado con Occidente, no pertenece a la Alianza. España perdería su presencia territorial en la ribera africana inmediata del Estrecho y Marruecos ampliaría su capacidad de planificación integrada sobre su costa septentrional.
Y existe una segunda conclusión:
La trascendencia del cambio dependería menos de los kilómetros cuadrados transferidos que del contexto internacional en que ocurriera. Cuanto mayor fuera la inseguridad en Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez, mayor sería el valor relativo de Gibraltar y, por tanto, mayor la importancia estratégica de cualquier modificación territorial en sus proximidades.
Con esto llegamos al verdadero núcleo del ensayo.
Ya sabemos qué cambiaría.
Ahora debemos preguntarnos para quién cambiaría.
Porque el nuevo mapa produciría consecuencias diferentes para España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea.
El Capítulo VII — “Cinco actores ante un nuevo Estrecho: España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea” debería examinar esas consecuencias actor por actor, sin establecer vencedores ni vencidos, para después llegar al capítulo final, donde podremos reunir Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez, Canarias y Gibraltar y formular la tesis definitiva de nuestro trabajo: qué significa para Europa que varias de las Puertas del Mare Nostrum puedan encontrarse sometidas simultáneamente a presión.
Continuemos entonces con el capítulo en el que el cambio hipotético de soberanía deja de contemplarse únicamente desde España y Marruecos y pasa a observarse desde las otras capitales implicadas.
Capítulo VII — Cinco actores ante un nuevo Estrecho
CAPÍTULO VII
Cinco actores ante un nuevo Estrecho
España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea
Hemos llegado al momento de cambiar nuevamente la perspectiva.
Hasta ahora hemos preguntado qué ocurriría en el Estrecho si Ceuta dejara de ser española.
Ahora debemos preguntarnos qué significaría ese mismo acontecimiento visto desde:
Madrid, Rabat, Londres, Washington y Bruselas.
La diferencia es fundamental.
Un mismo cambio territorial puede tener significados completamente distintos dependiendo del actor que lo contemple. Para España implicaría la pérdida de una posición territorial; para Marruecos, la incorporación de una nueva posición; para Reino Unido modificaría el valor relativo de Gibraltar; para Estados Unidos alteraría parcialmente la distribución territorial alrededor de una ruta estratégica; y para la Unión Europea supondría que una parte de su frontera exterior dejaría de encontrarse en la costa africana del Estrecho.
No debemos buscar vencedores y vencidos.
Debemos estudiar intereses.
- España: compensar una posición perdida
Comencemos por Madrid.
En nuestro supuesto España ha aceptado —por el procedimiento que sea, porque deliberadamente lo hemos dejado fuera del ejercicio— la transferencia de Ceuta.
La primera consecuencia sería irreversible mientras no hubiera un nuevo cambio de soberanía:
España dejaría de estar territorialmente presente en la costa africana inmediata del Estrecho.
Pero sería un error convertir esta pérdida en una supuesta desaparición estratégica española.
España conservaría una formidable posición geográfica:
la costa norte del Estrecho;
Algeciras;
Cádiz;
Rota;
Canarias;
Baleares;
sus fuerzas navales y aéreas;
su pertenencia a la OTAN;
y sus acuerdos militares con Estados Unidos.
La cuestión española sería, por tanto, otra:
¿cómo sustituir mediante capacidades lo que antes proporcionaba la geografía?
Y aquí probablemente comenzaría una política de compensación.
Más vigilancia.
Más sensores.
Mayor utilización de drones.
Mayor protección submarina.
Mayor capacidad naval.
Mayor coordinación entre Rota y Algeciras.
Mayor atención a Canarias.
Y probablemente una nueva valoración estratégica del Mediterráneo occidental.
No podemos afirmar qué decisiones concretas adoptaría un Gobierno español futuro. Pero sí podemos identificar el problema al que debería responder.
España habría pasado de estar presente territorialmente en ambas orillas a encontrarse únicamente en la europea dentro del espacio inmediato de Gibraltar.
- España descubriría nuevamente el mar
Aquí podría producirse una consecuencia paradójica.
España ha sido históricamente una potencia marítima, pero durante buena parte de su historia contemporánea sus preocupaciones estratégicas han sido fundamentalmente continentales, europeas y mediterráneas.
Nuestro escenario obligaría a reconsiderar simultáneamente:
el Atlántico,
el Mediterráneo,
África occidental,
Canarias,
Gibraltar,
y las rutas energéticas.
Es decir:
obligaría a España a volver a pensar geopolíticamente desde el mar.
Y quizá ésa fuera una de las consecuencias más profundas del cambio.
Porque España posee una geografía esencialmente marítima.
Dos archipiélagos.
Miles de kilómetros de costa.
Acceso al Mediterráneo y al Atlántico.
Proximidad inmediata a África.
Una gran zona marítima.
Y una posición junto a una de las grandes puertas del comercio mundial.
La pérdida de Ceuta no eliminaría esa condición.
Probablemente la haría más visible.
- Marruecos: integrar la nueva posición
Veamos ahora el mapa desde Rabat.
Marruecos obtendría algo muy diferente.
No simplemente una ciudad.
Obtendría la eliminación de una discontinuidad territorial en su costa septentrional y una nueva posición en el entorno oriental del Estrecho.
Eso permitiría integrar territorialmente:
Tánger → Tánger Med → costa del Estrecho → Ceuta → Mediterráneo marroquí.
La consecuencia inmediata sería fundamentalmente política y geográfica.
La estratégica dependería de qué hiciera Marruecos posteriormente.
Podría mantener Ceuta fundamentalmente como ciudad civil y comercial.
Podría integrarla con sus infraestructuras logísticas.
Podría desarrollar instalaciones de vigilancia marítima.
Podría reforzar presencia militar propia.
Todas ellas serían opciones diferentes.
Por eso debemos distinguir siempre:
adquirir una posición
de
militarizar una posición.
Lo primero forma parte de nuestra hipótesis.
Lo segundo no.
- Marruecos tampoco estaría actuando fuera de Occidente
Existe aquí una cuestión que impide interpretar nuestro escenario como un sencillo desplazamiento del Estrecho desde Occidente hacia otra esfera estratégica.
Marruecos mantiene relaciones muy estrechas con las estructuras occidentales.
Forma parte del Diálogo Mediterráneo de la OTAN, junto con otros seis países no miembros. La propia Alianza define ese foro como un instrumento destinado a contribuir a la seguridad y estabilidad mediterráneas.
Además, Estados Unidos designó a Marruecos Major Non-NATO Ally en 2004 y mantiene una cooperación militar prolongada con Rabat. El Departamento de Estado ha descrito esa relación como una cooperación de seguridad que se remonta a finales de los años cincuenta.
Por tanto, nuestro mapa no quedaría dividido en:
OTAN al norte / adversario al sur.
Sería mucho más complejo:
OTAN al norte / socio occidental no OTAN al sur.
Ésa es una diferencia esencial.
- Pero socio no significa aliado
Al mismo tiempo debemos evitar el error contrario.
Marruecos participa en el Diálogo Mediterráneo, pero no pertenece a la OTAN.
La designación estadounidense de Major Non-NATO Ally tampoco equivale a pertenecer a la Alianza Atlántica.
No existe para Marruecos un artículo 5.
Por tanto, en nuestra hipótesis, la ribera africana inmediata del Estrecho quedaría bajo soberanía de un Estado estrechamente vinculado militarmente con Occidente pero situado fuera de la arquitectura de defensa colectiva de la OTAN.
Ésta sería probablemente una de las principales modificaciones estructurales del nuevo mapa.
- Reino Unido: Gibraltar vale relativamente más
Viajemos ahora a Londres.
Para Reino Unido nuestro escenario produciría una consecuencia peculiar.
Nada cambiaría formalmente.
Gibraltar seguiría siendo Gibraltar.
Las instalaciones militares seguirían allí.
La soberanía británica continuaría siendo la misma.
Pero su valor relativo aumentaría.
El Gobierno británico mantiene Gibraltar como una de sus bases operativas conjuntas permanentes. Actualmente funcionan allí el puerto militar, el aeródromo, el Royal Navy Gibraltar Squadron y el Royal Gibraltar Regiment.
La Revisión Estratégica de Defensa británica de 2025 resulta todavía más explícita: define Gibraltar como una posición estratégica en la entrada occidental del Mediterráneo que proporciona apoyo crítico a objetivos militares británicos y aliados.
Y el propio Ejército británico subraya que su ubicación permite observar las rutas marítimas del Estrecho y que sus instalaciones portuarias, aéreas y de comunicaciones le proporcionan importancia para la OTAN.
Por tanto, si desapareciera Ceuta como posición española, Londres no tendría que hacer nada para que Gibraltar adquiriera relativamente más importancia.
La modificación ocurriría automáticamente.
- Una paradoja para España
Esto produciría una situación históricamente fascinante.
España mantendría su reclamación sobre Gibraltar.
Pero simultáneamente, desde el punto de vista de la seguridad occidental, la base británica adquiriría mayor importancia tras desaparecer la posición española en la costa africana.
Madrid tendría entonces dos intereses que no necesariamente coincidirían:
su posición histórica sobre la soberanía de Gibraltar
y
su interés estratégico en mantener un dispositivo occidental robusto alrededor del Estrecho.
No resolveremos esa contradicción.
Nos basta señalarla.
Porque constituye un ejemplo perfecto de cómo la geopolítica puede obligar a convivir con intereses aparentemente contradictorios.
- Estados Unidos: el actor que necesita a todos
Llegamos a Washington.
Probablemente ningún actor contemplaría nuestro escenario desde una perspectiva tan amplia.
Estados Unidos mantiene estrechas relaciones de seguridad con España.
Utiliza Rota mediante los acuerdos bilaterales.
Reino Unido es uno de sus principales aliados.
Marruecos es Major Non-NATO Ally.
Por tanto:
Washington tiene relaciones estratégicas importantes con los tres actores territoriales fundamentales del Estrecho.
Ésta es una posición extraordinariamente cómoda mientras todos cooperan.
Y extraordinariamente incómoda si aparecen conflictos entre ellos.
- ¿Qué interesa realmente a Washington?
Podemos identificar intereses permanentes sin intentar predecir decisiones concretas de una Administración futura.
Estados Unidos necesita:
libertad de navegación;
acceso al Mediterráneo;
seguridad de Rota;
cooperación con España;
cooperación con Reino Unido;
estabilidad en Marruecos;
acceso al norte de África;
seguridad de las rutas hacia Oriente Medio;
y limitar la capacidad de potencias competidoras para adquirir posiciones estratégicas sobre grandes corredores marítimos.
Por tanto, Washington probablemente analizaría nuestra hipotética transferencia menos desde el significado histórico de Ceuta que desde una pregunta mucho más pragmática:
¿modifica esto la seguridad y accesibilidad del Estrecho?
Si la respuesta fuera no, la modificación podría ser administrable.
Si la respuesta comenzara a ser sí, la preocupación estadounidense crecería.
- La línea roja estratégica no sería necesariamente la bandera
Éste es un concepto importante.
Para Washington podría importar menos qué bandera ondeara sobre Ceuta que qué capacidades pudieran instalarse allí y quién tuviera acceso a ellas.
Una Ceuta marroquí integrada dentro de una cooperación occidental estable constituiría un escenario.
Una Ceuta utilizada para vigilancia o instalaciones de una potencia competidora constituiría otro completamente diferente.
La soberanía sería la misma.
La consecuencia estratégica no.
Aquí volvemos al principio central de nuestro trabajo:
el territorio importa por lo que permite hacer desde él.
- El fantasma de China
Y necesariamente aparece China.
No porque debamos suponer que Pekín pretenda instalarse en Ceuta.
No tenemos base para afirmarlo.
Pero cualquier Estado Mayor occidental estudiaría cuidadosamente cualquier presencia significativa de una potencia rival en las proximidades del Estrecho.
China posee ya una base militar en Yibuti, junto a Bab el-Mandeb.
Nuestro artículo original señalaba precisamente la concentración de instalaciones internacionales existente en ese pequeño Estado africano.
Eso proporciona una lección estratégica.
China ha demostrado que está dispuesta a mantener presencia militar permanente junto a una gran ruta marítima cuando considera que sus intereses lo justifican.
Eso no significa que vaya a repetir el modelo en Gibraltar.
Significa simplemente que Washington, Londres, Madrid y Bruselas no podrían ignorar esa posibilidad en su planificación a largo plazo.
- La Unión Europea: aquí cambia completamente la escala
Llegamos finalmente a Bruselas.
Y aquí nuestro escenario adquiere una dimensión diferente.
Ceuta no es solamente territorio español.
Como parte de España, forma parte del espacio de la Unión Europea.
Por tanto, una transferencia a Marruecos implicaría que la Unión perdería una posición territorial situada en la costa africana del entorno de Gibraltar.
La UE continuaría teniendo una poderosa presencia atlántica y mediterránea gracias a España, Portugal, Francia, Italia y sus territorios insulares.
Pero su frontera exterior habría cambiado.
- Marruecos, sin embargo, es también socio estratégico de Europa
Aquí vuelve a aparecer la complejidad.
La relación UE–Marruecos no es marginal.
En enero de 2026, durante el 15.º Consejo de Asociación UE-Marruecos, ambas partes reafirmaron oficialmente el carácter estratégico, privilegiado y multidimensional de su relación y acordaron profundizar la cooperación en seguridad, comercio, inversión, migración y otras áreas.
En abril se volvió a reafirmar el objetivo de profundizar esa asociación estratégica.
Y también en 2026 se abrió un nuevo diálogo digital entre Bruselas y Rabat sobre inteligencia artificial, infraestructuras digitales seguras e interoperabilidad.
Esto significa que tampoco desde Bruselas podría interpretarse nuestro escenario mediante una sencilla oposición:
Europa contra Marruecos.
La realidad sería:
Europa negociando con uno de sus principales socios mediterráneos sobre un espacio estratégico compartido.
- Europa tendría un interés superior: que Gibraltar nunca se convierta en problema
La Unión Europea depende extraordinariamente del comercio marítimo.
Por tanto, su interés estructural sería que Gibraltar continuara siendo:
seguro,
previsible,
abierto,
estable.
Para Bruselas, el problema fundamental no sería necesariamente quién administra Ceuta.
Sería que cualquier cambio territorial no alterase la seguridad de una de las principales conexiones marítimas de Europa.
Y esta preocupación aumentaría exponencialmente si simultáneamente existieran problemas en:
Ormuz,
Bab el-Mandeb,
y Suez.
Europa puede absorber una crisis marítima.
Puede absorber dos.
Pero cuanto mayor sea el número de rutas sometidas simultáneamente a presión, menor será su margen de maniobra.
- La UE descubriría también Canarias
Y aquí reaparece el archipiélago.
En nuestro capítulo anterior vimos que la propia Comisión Europea ha comenzado a definir las regiones ultraperiféricas como posiciones estratégicas.
Si el comercio se desplaza hacia la ruta del Cabo, Canarias deja de parecer simplemente un territorio lejano de Europa.
Se convierte en:
Europa adelantada sobre el Atlántico africano.
En nuestro escenario, la importancia europea de Canarias crecería precisamente cuando desapareciera la posición europea de Ceuta.
Una posición se pierde.
Otra adquiere mayor valor.
La geopolítica vuelve a compensar el tablero.
- Portugal entra silenciosamente en escena
Aunque no figure entre los cinco protagonistas principales del capítulo, no podemos ignorarlo.
Si el centro de gravedad marítimo se desplaza parcialmente hacia el Atlántico, Portugal gana importancia relativa.
Portugal posee:
la fachada atlántica peninsular,
Madeira,
Azores,
y una estrecha integración con España dentro de la UE y la OTAN.
Esto permitiría imaginar un eje estratégico ibérico:
Azores → Madeira → Canarias → Península Ibérica → Gibraltar.
No constituye una cadena militar integrada como tal.
Pero geográficamente es extraordinaria.
Y demuestra nuevamente que la Península Ibérica no es el extremo de Europa.
Es la plataforma europea hacia el Atlántico.
- Cinco actores, cinco perspectivas
Podemos finalmente reunir las piezas.
Para España, el problema sería compensar una posición territorial perdida y reforzar su arquitectura marítima.
Para Marruecos, consistiría en integrar una nueva posición dentro de su territorio, su economía y su dispositivo de seguridad.
Para Reino Unido, Gibraltar adquiriría mayor valor relativo como posición occidental permanente.
Para Estados Unidos, la prioridad sería preservar la estabilidad del Estrecho y la cooperación simultánea con España, Reino Unido y Marruecos.
Para la Unión Europea, el objetivo fundamental sería garantizar que una modificación territorial no debilitara la seguridad de las rutas marítimas ni su relación estratégica con el norte de África.
Ninguno contemplaría exactamente el mismo problema.
Pero todos mirarían el mismo lugar:
Gibraltar.
- Y todos tendrían una preocupación común
Existe, sin embargo, algo que los cinco actores compartirían.
Ninguno tendría interés estructural en que el Estrecho se transformara en una zona permanente de confrontación.
España necesita navegarlo.
Marruecos necesita navegarlo.
Reino Unido necesita navegarlo.
Estados Unidos necesita navegarlo.
Europa necesita navegarlo.
Tánger Med necesita que funcione.
Algeciras necesita que funcione.
Gibraltar necesita que funcione.
El comercio mundial necesita que funcione.
Esto introduce una fuerza estabilizadora extraordinariamente importante.
Cuanto mayor es la importancia estratégica del Estrecho, mayores son también los incentivos de sus principales actores para impedir que deje de funcionar.
La geografía genera rivalidad.
Pero también genera interdependencia.
- El Estrecho como espacio de equilibrio
Podemos entonces corregir una expresión utilizada al principio del ensayo.
Quizá no deberíamos hablar de:
“control del Estrecho”.
Ninguno de sus actores lo controla por completo.
Sería más exacto hablar de:
equilibrio del Estrecho.
España controla posiciones.
Marruecos controla posiciones.
Reino Unido controla Gibraltar.
Estados Unidos proyecta poder mediante sus alianzas y presencia.
La OTAN proporciona una arquitectura de seguridad.
La Unión Europea proporciona una arquitectura económica y política.
Y el Derecho Internacional protege la navegación.
El funcionamiento de Gibraltar depende precisamente de la superposición de todos esos elementos.
- Nuestra hipótesis alteraría el equilibrio, no lo destruiría
Ésta es probablemente la conclusión más importante del capítulo.
Una Ceuta marroquí:
alteraría el equilibrio.
Pero no necesariamente:
rompería el equilibrio.
La diferencia es fundamental.
España perdería una posición.
Marruecos adquiriría una posición.
Gibraltar aumentaría relativamente su valor.
Rota también.
Canarias también.
La cooperación occidental con Marruecos podría continuar.
La navegación podría continuar exactamente igual.
El sistema se reajustaría.
Pero ese reajuste sería observado con enorme atención porque estaría ocurriendo en uno de los puntos geográficos más sensibles del planeta.
- Y entonces aparece la última pregunta
Hasta ahora hemos supuesto que los actores se comportan racionalmente.
Que los acuerdos funcionan.
Que la cooperación continúa.
Que las crisis pueden administrarse.
Pero nuestro trabajo nació precisamente de observar algo diferente:
varias puertas marítimas sometidas simultáneamente a presión.
Ormuz.
Bab el-Mandeb.
Suez.
Y nuestra hipótesis sobre Gibraltar.
Hasta ahora las hemos estudiado separadamente.
Ha llegado el momento de colocarlas todas sobre el mismo mapa.
Séptima conclusión
Podemos formularla así:
Una hipotética transferencia de Ceuta a Marruecos tendría consecuencias diferentes para cada actor, pero no produciría por sí sola una ruptura de la arquitectura occidental del Estrecho. Marruecos mantiene una estrecha asociación con Estados Unidos, participa en el Diálogo Mediterráneo de la OTAN y posee una relación estratégica privilegiada con la Unión Europea.
Sin embargo:
la modificación sería estructural porque trasladaría una posición territorial desde un Estado miembro de la UE y de la OTAN hacia un Estado asociado a ambas estructuras pero perteneciente a ninguna de ellas.
España conservaría Algeciras y Rota.
Reino Unido conservaría Gibraltar.
Estados Unidos conservaría su acceso militar.
Europa conservaría una formidable posición mediterránea y atlántica.
Marruecos reforzaría su presencia territorial en la ribera sur.
Por tanto, el sistema no desaparecería.
Se reequilibraría.
Pero ahora debemos añadir la última variable.
¿Qué ocurre si ese reequilibrio no sucede en un Mediterráneo tranquilo?
¿Qué ocurre si sucede mientras Ormuz está bajo presión, Bab el-Mandeb es inseguro, Suez pierde tráfico y miles de barcos vuelven a rodear África?
Entonces las cuatro puertas dejan de ser problemas regionales independientes.
Se convierten en un único sistema de vulnerabilidad marítima.
Y ése debe ser nuestro capítulo final:
CAPÍTULO VIII
Las cuatro puertas: la nueva geopolítica del Mare Nostrum
Allí reuniremos definitivamente Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez y Gibraltar, incorporaremos Canarias y la ruta del Cabo, y podremos cerrar el ensayo con la tesis que ha ido apareciendo capítulo tras capítulo:
Occidente no depende de una sola puerta. Depende de una cadena de puertas. Y cuando varias se vuelven vulnerables simultáneamente, el valor estratégico de la última que permanece plenamente operativa aumenta de manera extraordinaria.
En nuestro escenario, esa última puerta occidental es Gibraltar.
Reducir la fragmentación telegráficaUnificar la jerarquía de encabezados
Reducir la fragmentación telegráfica
Unificar la jerarquía de encabezados
Reforzar las cautelas hipotéticas
Principio del formulario
Final del formulario
Cerramos entonces el ensayo reuniendo las piezas de los siete capítulos anteriores. Mantengo una distinción importante: los datos sobre Ormuz, mar Rojo y desvíos marítimos son hechos verificables; la transferencia de Ceuta continúa siendo exclusivamente la hipótesis sobre la que construimos el ejercicio.
Capítulo VIII — Las cuatro puertas: la nueva geopolítica del Mare Nostrum
CAPÍTULO VIII
Las cuatro puertas: la nueva geopolítica del Mare Nostrum
Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez y Gibraltar
Comenzamos este trabajo con una ciudad de apenas veinte kilómetros cuadrados.
Ceuta.
Pero cuanto más avanzamos en el análisis, más tuvimos que alejarnos de ella.
Primero contemplamos Gibraltar.
Después Rota, Algeciras y Tánger Med.
Más tarde tuvimos que viajar hasta Suez.
Continuamos hacia Bab el-Mandeb.
Llegamos a Ormuz.
Y cuando aquellas rutas comenzaron a mostrar su vulnerabilidad tuvimos que rodear África, doblar el Cabo de Buena Esperanza, ascender nuevamente por el Atlántico, pasar junto a Canarias y regresar finalmente al lugar donde habíamos comenzado:
Gibraltar.
El viaje no fue un rodeo.
Fue precisamente la demostración de nuestra tesis.
Los estrechos no son problemas locales.
Son piezas de un mismo sistema.
- El mundo depende de puertas
Los océanos cubren la mayor parte del planeta.
Sobre un mapamundi parecen ofrecer infinitas posibilidades de navegación.
Pero el comercio mundial no funciona así.
La geografía obliga a los barcos a concentrarse en determinados puntos.
Canales.
Estrechos.
Cabos.
Entradas.
Salidas.
Son los denominados chokepoints.
UNCTAD los define precisamente por su capacidad para concentrar grandes volúmenes de comercio y por las consecuencias sistémicas que pueden producir sus interrupciones sobre cadenas de suministro, energía, alimentación y economía mundial.
Nuestro trabajo original, Las Puertas del Mare Nostrum, partía exactamente de esa idea al identificar los grandes accesos que condicionan el Mediterráneo y sus conexiones exteriores.
Ahora podemos avanzar un paso más.
No basta con estudiar cada puerta.
Hay que estudiar la relación entre ellas.
- Primera puerta: Ormuz
Ormuz es fundamentalmente la puerta de la energía.
En el primer semestre de 2025 atravesaron el Estrecho aproximadamente 20,9 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, equivalentes a alrededor del 20 % del consumo mundial de líquidos petrolíferos y a una cuarta parte del petróleo comercializado internacionalmente por vía marítima.
Eso explica por qué Ormuz es diferente de muchos otros pasos marítimos.
No es simplemente una ruta más corta.
Para buena parte de la producción del Golfo es la salida natural hacia el océano.
Existen oleoductos alternativos, pero su capacidad solamente puede sustituir una fracción del tráfico marítimo normal.
La crisis de 2026 ha demostrado además que esta vulnerabilidad ya no pertenece exclusivamente a los manuales de geopolítica. La Organización Marítima Internacional señalaba el 28 de agosto que la crisis llevaba seis meses sin resolverse, que miles de marinos permanecían sometidos a condiciones de grave incertidumbre y que hasta 400 barcos con alrededor de 6.000 tripulantes no habían podido abandonar con seguridad el Golfo desde el comienzo del conflicto.
Por tanto:
Ormuz condiciona la salida.
- Segunda puerta: Bab el-Mandeb
Una vez fuera del Golfo aparece el segundo problema.
El barco puede dirigirse hacia Europa utilizando la ruta tradicional:
Índico → Golfo de Adén → Bab el-Mandeb → mar Rojo → Suez.
Bab el-Mandeb es entonces la puerta meridional del sistema.
Los ataques contra la navegación en el mar Rojo demostraron que no es necesario bloquear físicamente un estrecho para modificar el comercio mundial.
Basta con convertirlo en demasiado peligroso.
Las navieras reaccionaron desviando barcos.
UNCTAD constató que los buques de prácticamente todos los segmentos de las rutas Asia–Europa y Asia–Atlántico comenzaron a rodear el Cabo de Buena Esperanza.
Por tanto:
Bab el-Mandeb condiciona el acceso.
- Tercera puerta: Suez
Suez constituye la gran construcción que permitió comprimir el planeta.
El canal eliminó la necesidad de rodear África para conectar Europa y Asia.
Pero precisamente por eso creó una extraordinaria dependencia.
La crisis del mar Rojo mostró hasta qué punto.
A mediados de 2024 el tonelaje que atravesaba el Golfo de Adén había caído un 76 % respecto de finales de 2023 y el que transitaba Suez un 70 %, mientras las llegadas por el Cabo de Buena Esperanza aumentaban un 89 %.
Suez podía continuar físicamente abierto.
Pero si los barcos no llegaban hasta él, su utilidad disminuía.
Ésta fue una de las grandes lecciones de nuestro análisis:
una puerta puede estar abierta y, sin embargo, dejar de funcionar normalmente porque la puerta anterior se ha vuelto insegura.
Por tanto:
Suez condiciona la conexión.
- Y entonces aparece la alternativa
Cuando Bab el-Mandeb y Suez dejan de ser atractivos, el comercio no desaparece.
Busca otro camino.
Asia
↓
Océano Índico
↓
Cabo de Buena Esperanza
↓
Atlántico africano
↓
Europa
Pero la alternativa tiene un precio.
UNCTAD calcula que el desvío por el Cabo puede añadir aproximadamente doce días a una ruta Asia–Europa y producir un incremento cercano al 30 % en determinados tiempos de tránsito. Además, al mantener los barcos ocupados durante más tiempo, reduce la capacidad efectiva disponible de la flota.
Las rutas se alargan.
Aumenta el combustible.
Aumentan los seguros.
Aumentan los salarios.
Aumentan las necesidades de buques.
Aumenta la congestión.
El comercio continúa.
Pero se vuelve más caro y menos eficiente.
- El regreso de África
Entonces sucede algo que durante décadas había quedado oculto por la extraordinaria eficiencia de Suez.
África vuelve a quedar en medio.
Los barcos rodean el continente.
Necesitan combustible.
Reparaciones.
Puertos.
Suministros.
Tripulaciones.
Infraestructura.
UNCTAD ha constatado que los desvíos incrementaron la presión sobre puertos africanos y generaron simultáneamente oportunidades para Estados situados sobre las nuevas rutas marítimas.
La geografía vuelve a imponerse.
Y cuando ascendemos por la fachada atlántica africana aparece:
Canarias.
- Canarias: Europa adelantada
Canarias adquiere en nuestro escenario un significado diferente.
No necesitamos convertirla en objeto de ninguna hipótesis territorial.
Su importancia surge simplemente del mapa.
Está situada sobre el Atlántico africano.
Dispone de infraestructura portuaria.
Forma parte de España.
Forma parte de la Unión Europea.
Cuando la ruta marítima vuelve a rodear África, Canarias deja de ser únicamente una región europea distante.
Se convierte en:
una posición europea sobre la ruta alternativa entre el Índico y Europa.
Esto introduce una consecuencia fundamental.
La crisis oriental aumenta simultáneamente la importancia de dos posiciones españolas:
Canarias
y
Gibraltar.
Una sobre el corredor atlántico africano.
La otra sobre la entrada occidental del Mediterráneo.
- Cuarta puerta: Gibraltar
Y finalmente regresamos a nuestra puerta occidental.
Gibraltar es diferente de las otras tres.
No condiciona la salida del petróleo del Golfo.
No controla la entrada al mar Rojo.
No acorta el camino entre Índico y Mediterráneo.
Su función es otra.
Conecta:
ATLÁNTICO ↔ MEDITERRÁNEO.
Por eso su importancia no desaparece cuando Suez falla.
Cambia.
Cuando Suez funciona normalmente, una gran parte del tráfico utiliza:
Asia → Suez → Mediterráneo → Gibraltar → Atlántico.
Cuando Suez se vuelve inseguro:
Asia → Cabo → Atlántico → Gibraltar → Mediterráneo.
El sentido se invierte.
La puerta permanece.
Ésta es quizá la conclusión geográfica más importante de todo nuestro estudio.
- Gibraltar es una puerta bidireccional
Durante demasiado tiempo hemos pensado Gibraltar fundamentalmente como:
la salida del Mediterráneo.
Pero una crisis prolongada en Suez obliga a pensarlo también como:
la entrada atlántica al Mediterráneo.
Esta distinción modifica completamente nuestra perspectiva.
Un barco procedente de Asia que haya rodeado África y cuyo destino sea Rotterdam no necesita Gibraltar.
Pero uno destinado a:
Barcelona,
Marsella,
Génova,
La Spezia,
Nápoles,
Trieste,
El Pireo,
o cualquier otro puerto mediterráneo,
deberá volver a entrar en el Mare Nostrum.
Y la puerta natural desde el Atlántico es Gibraltar.
- Las cuatro puertas forman una cadena
Ahora podemos dibujar nuestro sistema completo:
ORMUZ
energía
↓
BAB EL-MANDEB
seguridad de acceso
↓
SUEZ
conexión Asia–Mediterráneo
↓
MEDITERRÁNEO
↓
GIBRALTAR
conexión Mediterráneo–Atlántico
Ésta es la ruta normal.
Pero si falla el eje oriental:
ORMUZ
↓
ÍNDICO
↓
CABO DE BUENA ESPERANZA
↓
ATLÁNTICO AFRICANO
↓
CANARIAS
↓
GIBRALTAR
↓
MEDITERRÁNEO
Aparece entonces un sistema alternativo.
Y España está situada en dos de sus puntos relevantes:
Canarias y Gibraltar.
- Ahora introduzcamos por última vez Ceuta
Sólo ahora estamos en condiciones de valorar correctamente nuestra hipótesis.
Ceuta no determina el funcionamiento de Ormuz.
No determina Bab el-Mandeb.
No determina Suez.
Ni siquiera determina por sí sola Gibraltar.
Pero se encuentra en las inmediaciones de la puerta cuyo valor relativo aumenta cuando las otras rutas se vuelven más vulnerables.
Ése es el núcleo del problema.
No:
Ceuta controla Gibraltar.
Sino:
Ceuta se encuentra en un espacio cuya importancia estratégica aumenta cuando las demás puertas marítimas están sometidas a presión.
La diferencia entre ambas afirmaciones es enorme.
Y la segunda es la que nuestro análisis permite sostener.
- La hipótesis adquiere entonces otro significado
Si Ceuta cambiara de soberanía en un mundo perfectamente estable, su importancia estratégica sería una.
Si ocurriera mientras:
Ormuz está sometido a una crisis prolongada;
Bab el-Mandeb permanece amenazado;
Suez funciona por debajo de su capacidad histórica;
y parte del comercio mundial rodea África,
su significado estratégico sería diferente.
El territorio sería exactamente el mismo.
La geografía también.
Lo que habría cambiado sería el valor del sistema en el que se encuentra.
Ésta es una regla fundamental de la geopolítica:
el valor estratégico de un territorio no es absoluto; depende del sistema internacional que lo rodea.
- Marruecos tampoco controlaría Gibraltar
Llegados a este punto debemos volver a establecer claramente los límites de nuestra hipótesis.
Una Ceuta marroquí no convertiría el Estrecho en mar territorial marroquí.
No permitiría a Rabat suspender unilateralmente el tráfico internacional.
No eliminaría Algeciras.
No eliminaría Gibraltar.
No eliminaría Rota.
No eliminaría la presencia naval española.
No eliminaría la presencia estadounidense.
No eliminaría la OTAN.
Y no alteraría por sí sola el principio de paso en tránsito por los estrechos utilizados para navegación internacional, cuya protección volvió a reafirmar la OMI en julio de 2026.
Por tanto, debemos abandonar cualquier formulación que sugiera un supuesto:
“control marroquí del Estrecho”.
No es eso lo que se desprende del análisis.
- Lo que sí cambiaría
Cambiaría algo más sutil.
La distribución territorial del poder alrededor del Estrecho.
España dejaría de poseer una posición territorial en la ribera africana inmediata.
Marruecos incorporaría esa posición.
La costa meridional quedaría territorialmente más integrada bajo soberanía marroquí.
Gibraltar aumentaría relativamente su valor.
Rota aumentaría relativamente su importancia.
Algeciras adquiriría todavía mayor significación para España.
Canarias aumentaría su valor dentro del corredor atlántico.
Y Estados Unidos, Reino Unido, la OTAN y la Unión Europea recalcularían sus respectivos mapas estratégicos.
El Estrecho seguiría abierto.
Pero su equilibrio habría cambiado.
- El concepto central: redundancia
Después de todo nuestro recorrido aparece una palabra que quizá resume mejor que ninguna otra la nueva geopolítica marítima:
REDUNDANCIA.
Durante décadas la globalización buscó:
eficiencia,
velocidad,
menor coste,
inventarios mínimos,
rutas óptimas.
Las sucesivas crisis han introducido otra prioridad:
tener alternativas.
Si falla Suez:
el Cabo.
Si una terminal queda bloqueada:
otra terminal.
Si una ruta energética se interrumpe:
otra fuente.
Si una infraestructura de comunicaciones falla:
otra red.
La redundancia parece ineficiente en tiempos normales.
Pero se vuelve extraordinariamente valiosa durante una crisis.
- La globalización eficiente frente a la globalización resiliente
Aquí encontramos una transformación que supera ampliamente nuestro tema.
La globalización de finales del siglo XX buscaba la máxima eficiencia.
La globalización de las próximas décadas puede verse obligada a buscar:
resiliencia.
Eso significa aceptar:
rutas más largas,
inventarios mayores,
proveedores alternativos,
infraestructura duplicada,
puertos alternativos,
fuentes energéticas diversas.
Todo ello cuesta dinero.
Pero reduce vulnerabilidad.
UNCTAD viene advirtiendo precisamente que las rutas marítimas reconfiguradas, las mayores distancias y la reasignación de capacidad se están convirtiendo en parte de una nueva normalidad del transporte marítimo.
- Europa necesita dos caminos hacia Asia
La conclusión para Europa parece evidente.
Europa no puede depender conceptualmente de una sola ruta:
Mediterráneo → Suez → Índico.
Necesita mantener también plenamente operativa:
Atlántico → Cabo → Índico.
Esto convierte al Mediterráneo y al Atlántico en sistemas complementarios.
Y sitúa a la Península Ibérica en una posición extraordinaria.
Porque España y Portugal se encuentran precisamente donde ambos sistemas se encuentran.
- La Península deja de ser periferia
Vista desde Bruselas, la Península Ibérica se encuentra en el extremo occidental del continente.
Vista desde las rutas marítimas mundiales ocurre algo completamente diferente.
Está situada entre:
Atlántico
y
Mediterráneo.
Entre:
Europa
y
África.
Entre:
la ruta de Suez
y
la ruta del Cabo.
Por tanto, España y Portugal no son necesariamente periferia marítima europea.
Son su bisagra occidental.
Y Gibraltar es el punto donde esa bisagra gira.
- España: tres posiciones
Desde esta perspectiva España posee tres conjuntos geográficos especialmente relevantes:
CANARIAS
Proyección hacia el Atlántico africano.
ROTA–CÁDIZ–ALGECIRAS
Plataforma peninsular sobre el Atlántico y Gibraltar.
BALEARES
Profundidad dentro del Mediterráneo occidental.
En nuestra hipótesis habría desaparecido una cuarta:
CEUTA
Posición territorial sobre la ribera africana inmediata.
La pérdida no eliminaría las otras tres.
Pero modificaría la geometría que forman entre ellas.
- Marruecos: entre Atlántico y Mediterráneo
Marruecos posee una característica geográfica semejante.
Es simultáneamente:
atlántico,
mediterráneo,
africano,
y próximo a Europa.
Tánger Med ha demostrado cómo puede explotarse económicamente esa posición.
En nuestra hipótesis, Ceuta se incorporaría a esa arquitectura.
Esto incrementaría las posibilidades estratégicas de Marruecos.
Pero también incrementaría sus responsabilidades.
Porque cuanto mayor es la importancia de una posición marítima, mayor es el interés internacional en que permanezca:
estable,
segura,
previsible,
y abierta.
- El poder del Estrecho produce también obligaciones
Éste es un aspecto frecuentemente olvidado.
Poseer una posición junto a una gran ruta comercial proporciona influencia.
Pero también crea dependencia.
Marruecos necesita que Gibraltar funcione.
España necesita que Gibraltar funcione.
Reino Unido necesita que Gibraltar funcione.
Tánger Med necesita que funcione.
Algeciras necesita que funcione.
Europa necesita que funcione.
Estados Unidos necesita que funcione.
Por eso la importancia del Estrecho genera simultáneamente:
competencia
e
interdependencia.
Y esa interdependencia constituye probablemente su mayor factor estabilizador.
- El escenario verdaderamente peligroso
La amenaza más seria no sería necesariamente que un Estado intentara cerrar deliberadamente Gibraltar.
Sería una crisis en la que varias rutas mundiales sufrieran simultáneamente:
guerra,
ataques,
sabotaje,
accidentes,
ciberataques,
daños a infraestructuras submarinas,
o graves tensiones políticas.
El problema no sería entonces una puerta.
Sería la pérdida simultánea de redundancia.
Si Ormuz falla, existen algunas alternativas parciales.
Si Bab el-Mandeb falla, existe el Cabo.
Si Suez falla, existe el Cabo.
Pero cuanto más puntos fallan simultáneamente, menos opciones quedan.
Por eso Gibraltar adquiere una importancia extraordinaria dentro del sistema occidental.
- No existe “la última puerta” en sentido absoluto
Debemos introducir aquí una última precisión para evitar convertir una imagen literaria en una afirmación geográfica excesiva.
Gibraltar no es literalmente la última ruta marítima disponible para Occidente.
El comercio atlántico puede dirigirse directamente al norte de Europa.
Existen múltiples puertos y rutas.
Pero para la conexión:
ATLÁNTICO ↔ MEDITERRÁNEO
Gibraltar sí constituye la puerta natural fundamental.
Ése es el sentido exacto de nuestra expresión:
La última puerta occidental del Mare Nostrum.
- Volvemos al principio
Nuestro artículo original terminaba señalando que estas puertas marítimas son puntos de acceso extremadamente valiosos y, precisamente por ello, vulnerables.
Después de recorrer miles de kilómetros podemos ampliar aquella conclusión.
Las puertas no son importantes solamente individualmente.
Su verdadera importancia aparece cuando las contemplamos como sistema.
Una puerta puede fallar.
El sistema se adapta.
Dos puertas pueden fallar.
El sistema se encarece.
Tres puertas sometidas simultáneamente a presión comienzan a modificar la geografía económica.
Y entonces cualquier alteración alrededor de la cuarta adquiere una importancia que anteriormente podía no tener.
CONCLUSIÓN GENERAL
La hipótesis que dio origen a este ensayo era sencilla:
¿qué consecuencias geopolíticas tendría una eventual transferencia de Ceuta a Marruecos en un momento de grave inestabilidad en Ormuz y en las rutas del mar Rojo?
Después de nuestro recorrido podemos responder con mayor precisión.
No significaría que Marruecos pasara a controlar Gibraltar.
No significaría que España dejara de ser un actor fundamental del Estrecho.
No significaría que la OTAN perdiera el Mediterráneo occidental.
No significaría que la navegación internacional pudiera ser suspendida unilateralmente.
Pero sí significaría algo estratégicamente relevante:
España perdería una posición territorial en la ribera africana precisamente cuando la vulnerabilidad de las rutas orientales estaría aumentando el valor relativo de la conexión atlántica del Mediterráneo.
Marruecos incorporaría esa posición.
España conservaría Algeciras y Rota.
Reino Unido conservaría Gibraltar.
Estados Unidos mantendría su presencia en Rota.
La OTAN conservaría su arquitectura militar occidental.
Canarias adquiriría mayor importancia sobre la ruta africana alternativa.
Por tanto, no asistiríamos a un cambio de propietario del Estrecho.
Asistiríamos a un:
reequilibrio estratégico del Estrecho.
EPÍLOGO
La geografía siempre espera
Durante décadas podemos olvidar la geografía.
Construimos canales.
Oleoductos.
Puertos.
Ferrocarriles.
Satélites.
Internet.
Creemos haber reducido las distancias.
Creemos incluso haberlas eliminado.
Entonces ocurre una guerra.
Un barco encalla.
Un misil alcanza un mercante.
Una ruta se vuelve insegura.
Y de repente reaparecen:
los cabos,
los estrechos,
las islas,
los puertos,
las distancias.
La tecnología cambia.
Los gobiernos cambian.
Las alianzas cambian.
Los imperios cambian.
Pero Gibraltar continúa allí.
Catorce kilómetros separando dos continentes.
El Atlántico a un lado.
El Mediterráneo al otro.
Y detrás del Mediterráneo:
Suez.
Bab el-Mandeb.
Ormuz.
Cuatro puertas que parecen lejanas entre sí hasta que una crisis demuestra que pertenecen al mismo edificio.
Ésa quizá sea la principal conclusión de este trabajo:
el Mare Nostrum no termina en sus costas. Sus puertas lo conectan con el sistema mundial, y la seguridad de cada una depende cada vez más de lo que ocurre en las demás.
Por eso Gibraltar no puede estudiarse únicamente desde Madrid, Rabat o Londres.
Hay que observarlo también desde Washington y Bruselas.
Desde Suez.
Desde el mar Rojo.
Desde Ormuz.
Desde el Cabo.
Y desde Canarias.
Entonces el pequeño Estrecho recupera su verdadera dimensión.
No es solamente el lugar donde Europa casi toca África.
Es el lugar donde el Mediterráneo se encuentra con el mundo.
Con este capítulo queda cerrada la arquitectura argumental del ensayo: ocho capítulos más conclusión y epílogo, partiendo de su idea de Las Puertas del Mare Nostrum y llevándola hasta la hipótesis Ceuta–Marruecos sin confundir en ningún momento esa hipótesis con un hecho consumado.
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Hay que sostener las “Columnas de Hércules”
Capítulo I
Gibraltar: la puerta occidental del Mare Nostrum
En Las Puertas del Mare Nostrum https://ramondeisequilla.com/las-puertas-del-mare-nostrum/ partíamos de una constatación geográfica que es, al mismo tiempo, histórica y geopolítica: el Mediterráneo es un mar casi cerrado y su relación con el resto del mundo depende de un reducido número de pasos estratégicos. Ormuz y Bab el-Mandeb se encuentran físicamente fuera de él, pero condicionan la ruta que desemboca en Suez; Bósforo y Dardanelos comunican el Mediterráneo con el mar Negro; y Gibraltar constituye su única salida natural hacia el Atlántico.
La geografía no determina necesariamente la política, pero impone límites que la política no puede ignorar. Y pocas geografías son tan elocuentes como la del Estrecho de Gibraltar.
Las Columnas de Hércules
Europa y África quedan separadas en el Estrecho por apenas unos catorce kilómetros en su punto más angosto. Al norte se encuentra España; al sur, Marruecos; en la costa septentrional aparece además Gibraltar, territorio británico. Ceuta, por su parte, proporciona a España una posición territorial en la costa africana del entorno del Estrecho.
No estamos, por tanto, ante una simple vía marítima.
Estamos ante la intersección de dos continentes, dos océanos y dos grandes espacios estratégicos: el Atlántico y el Mediterráneo.
Durante siglos fueron las Columnas de Hércules, el confín del mundo mediterráneo. Después se transformaron en el Plus Ultra: el punto desde el cual las potencias ibéricas salieron al Atlántico.
Hoy cumplen una función distinta, pero su importancia no ha desaparecido. La Estrategia Nacional de Seguridad Marítima española de 2024 señala que más de 100.000 buques atraviesan anualmente el Estrecho y advierte que un incidente que afectase ese tráfico podría tener consecuencias graves para la economía mundial.
La definición que empleábamos en Las Puertas del Mare Nostrum conserva así todo su sentido: Gibraltar es la puerta occidental del Mediterráneo.
Pero nuestro objeto ahora es ir un paso más allá.
Queremos preguntarnos qué representa Ceuta dentro de ese sistema y qué ocurriría si, en nuestra hipótesis de trabajo, dejara de estar bajo soberanía española.
España en las dos orillas
Hay una característica geográfica española que suele pasar inadvertida cuando se observa un mapa político convencional.
España no se encuentra únicamente al norte del Estrecho.
Está presente en sus dos orillas.
La península ocupa la ribera europea y Ceuta proporciona presencia territorial española en la costa africana. El propio Ministerio de Defensa ha destacado recientemente esa circunstancia: un documento de visión geoestratégica española señala que Ceuta, junto con la costa norte del Estrecho, contribuye a la protección del tráfico marítimo y considera la presencia española en ambas orillas un activo estratégico.
Esto requiere una precisión.
España no controla unilateralmente el Estrecho.
La costa meridional pertenece fundamentalmente a Marruecos; Gibraltar introduce al Reino Unido en la ecuación; existen aguas sujetas a diferentes jurisdicciones y, sobre todo, el Derecho Internacional establece un régimen especial para los estrechos utilizados para la navegación internacional.
Pero poseer territorio en las dos orillas proporciona algo diferente del dominio jurídico del paso.
Proporciona posición estratégica.
Y posición estratégica significa capacidad de observación, despliegue, vigilancia, logística, inteligencia y reacción.
Ésta será una distinción fundamental a lo largo de todo nuestro análisis: controlar jurídicamente una vía marítima y disponer de una posición estratégica privilegiada sobre ella son dos cosas diferentes.
España posee actualmente la segunda.
El Estrecho no puede simplemente “cerrarse”
Aquí debemos introducir desde el comienzo una corrección importante a cualquier escenario demasiado simplificado.
Supongamos que mañana, por las circunstancias políticas que fueran, Ceuta pasara a soberanía marroquí.
¿Significaría eso que Marruecos podría cerrar el Estrecho?
No.
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece el régimen de paso en tránsito para los estrechos utilizados para la navegación internacional.
Su artículo 38 reconoce ese derecho a buques y aeronaves, mientras que el artículo 44 establece que los Estados ribereños no deben obstaculizarlo y que no puede suspenderse el paso en tránsito.
Es un dato decisivo porque nos obliga a abandonar una interpretación demasiado elemental de la geopolítica.
La cuestión no consiste en imaginar una barrera colocada en Gibraltar.
La verdadera pregunta es otra:
¿Qué Estado dispondría de qué capacidades alrededor del Estrecho en una situación de crisis?
Ahí comienza la geopolítica propiamente dicha.
Del dominio del paso al dominio de la información
En el siglo XVI dominar un estrecho significaba colocar fortalezas y cañones sobre sus costas.
En el XXI significa mucho más.
Significa radares, satélites, sensores submarinos, guerra electrónica, drones, aviación, vigilancia de superficie, inteligencia, bases navales, capacidad antisubmarina, sistemas de defensa aérea, comunicaciones y control de infraestructuras críticas.
Incluso el fondo del mar importa.
Por el entorno del Estrecho pasan cables submarinos y otras conexiones estratégicas; un estudio de la Universidad de Navarra sobre su geopolítica incluye precisamente las comunicaciones submarinas entre los elementos que convierten este espacio en un nodo de importancia internacional.
Por eso la pregunta del siglo XXI no es solamente:
¿quién puede impedir que pase un barco?
Es también:
¿quién sabe qué barco está pasando, hacia dónde se dirige, qué características tiene y qué puede hacer frente a él?
La información se ha convertido en una forma de poder marítimo.
Ceuta cambia de dimensión
Desde esta perspectiva, Ceuta deja de ser exclusivamente una ciudad de unos pocos kilómetros cuadrados cuya importancia se mide por su población, superficie o actividad económica.
Su valor procede también de dónde está.
La importancia estratégica de determinados territorios nunca ha guardado relación directa con su tamaño.
Gibraltar es minúsculo.
Singapur también lo es comparado con los grandes Estados asiáticos.
Y numerosos islotes han provocado durante siglos conflictos entre potencias precisamente porque su posición valía mucho más que su superficie.
Ceuta debe observarse con esa misma lógica.
Si nuestra hipótesis consiste en transferirla a Marruecos, no estaríamos simplemente modificando una frontera terrestre.
Estaríamos alterando la geometría estratégica del Estrecho.
Qué cambiaría y qué no
Conviene establecer desde ahora dos columnas conceptuales.
No cambiarían la libertad internacional de navegación, el régimen jurídico fundamental del Estrecho, la soberanía española sobre la costa peninsular, la presencia británica en Gibraltar, la importancia de Algeciras ni la presencia militar estadounidense en territorio español.
Pero sí cambiarían la distribución territorial en la orilla africana, la posición española en el entorno inmediato del Estrecho y la profundidad estratégica marroquí alrededor de él.
La diferencia es enorme.
Y evita caer en la afirmación exagerada de que la pérdida hipotética de Ceuta entregaría automáticamente a Marruecos “el control de Gibraltar”.
No sería así.
Lo que Marruecos obtendría sería una posición estratégica adicional en uno de los principales puntos de estrangulamiento marítimo del planeta.
Y España perdería una posición que actualmente posee.
Algeciras, Gibraltar, Ceuta y Tánger Med
Hay otra característica extraordinaria.
Alrededor de muy pocos kilómetros encontramos varios nodos portuarios y estratégicos.
En la orilla europea tenemos Algeciras y Gibraltar.
En la africana, Ceuta y Tánger Med.
Y esto convierte el área en algo más complejo que un estrecho marítimo: constituye un auténtico sistema logístico transcontinental.
Algeciras continúa siendo uno de los grandes nodos españoles: entre enero y agosto de 2026 había movido unos 67,5 millones de toneladas de mercancías y más de 3,15 millones de TEU.
Tánger Med, por su parte, representa la extraordinaria apuesta marroquí por convertir la costa septentrional del país en plataforma logística, industrial y comercial.
Por eso una hipotética transferencia de Ceuta tendría una dimensión adicional que tendremos que estudiar posteriormente: no solamente modificaría una posición militar, sino la relación entre los grandes nodos logísticos de ambas orillas.
La competencia Algeciras–Tánger Med adquiriría entonces una dimensión geopolítica todavía mayor.
El triángulo estratégico
Podemos reducir inicialmente el escenario a tres vértices:
España – Marruecos – Reino Unido.
Pero inmediatamente aparece un cuarto actor:
Estados Unidos.
Y detrás de él:
la OTAN.
Así, un espacio marítimo de apenas unas decenas de kilómetros se encuentra conectado directamente con la arquitectura de seguridad atlántica.
Por eso resulta insuficiente interpretar una hipotética crisis de Ceuta exclusivamente como un problema bilateral entre Madrid y Rabat.
La pregunta sería inmediatamente:
¿cómo afecta al dispositivo occidental del Mediterráneo?
Y esa pregunta inevitablemente interesa a Washington, Londres, Bruselas y a la Alianza Atlántica.
La gran paradoja de Gibraltar
Aquí llegamos a uno de los puntos centrales de nuestra investigación.
Durante décadas Europa pudo contemplar Gibraltar fundamentalmente como una ruta comercial estable.
Pero imaginemos un escenario internacional diferente.
Ormuz sometido a conflicto.
Bab el-Mandeb amenazado.
El mar Rojo convertido en espacio de operaciones militares.
Suez funcionando bajo presión.
Las rutas marítimas desviándose alrededor de África.
Entonces ocurre algo aparentemente paradójico.
Cuanto más insegura se vuelve la entrada oriental del sistema mediterráneo, mayor importancia adquiere su entrada occidental.
Los barcos que evitan Suez y rodean el Cabo de Buena Esperanza regresan hacia Europa por el Atlántico.
Gibraltar pasa entonces de ser solamente el extremo occidental de la ruta Suez–Mediterráneo a convertirse también en punto de redistribución entre el Atlántico, Europa occidental y el Mediterráneo.
De ahí surge nuestra tesis.
Las puertas no son independientes
En Las Puertas del Mare Nostrum describíamos Ormuz como uno de los principales puntos de estrangulamiento energético mundial y Bab el-Mandeb como la conexión indispensable entre el océano Índico, el mar Rojo y Suez.
Pero ahora debemos contemplarlos juntos.
Podemos visualizar la gran arteria:
Golfo Pérsico
↓
Estrecho de Ormuz
↓
Océano Índico
↓
Bab el-Mandeb
↓
Mar Rojo
↓
Canal de Suez
↓
Mediterráneo
↓
Estrecho de Gibraltar
↓
Atlántico
Desde esta perspectiva, Gibraltar deja de ser un problema local.
Es el último eslabón occidental de una cadena intercontinental.
Si uno de esos puntos falla, el tráfico busca alternativas.
Si fallan dos simultáneamente, la arquitectura logística mundial empieza a modificarse.
Y si al mismo tiempo se produce una transformación estratégica en Gibraltar, entonces ya no estamos hablando de tres crisis regionales.
Estamos hablando de una crisis del sistema marítimo que comunica Europa con Asia y Oriente Medio.
Una hipótesis, no una predicción
Conviene dejarlo perfectamente establecido desde el comienzo del trabajo.
No estamos afirmando que España vaya a transferir Ceuta a Marruecos.
Tampoco estamos afirmando que Marruecos pudiera cerrar Gibraltar si recibiera Ceuta.
Nuestro ejercicio consiste en algo distinto.
Tomamos una modificación territorial hipotética y preguntamos:
¿Qué consecuencias produciría sobre el equilibrio estratégico de uno de los principales pasos marítimos mundiales?
Y colocamos esa hipótesis dentro de un escenario internacional en el que otras grandes vías marítimas están sometidas a tensiones.
Esto permite transformar el problema.
Ya no se trata de:
España contra Marruecos por Ceuta.
Se trata de:
Europa, África, Atlántico y Mediterráneo ante una eventual modificación del equilibrio estratégico de Gibraltar.
Y entonces Ceuta adquiere una dimensión muy diferente.
Primera conclusión
La primera conclusión de nuestro estudio puede formularse con bastante precisión:
Una hipotética transferencia de Ceuta a Marruecos no entregaría a Rabat el control jurídico del Estrecho de Gibraltar ni le permitiría suspender unilateralmente la navegación internacional. Pero alteraría la distribución territorial y estratégica en torno al Estrecho, reduciría la presencia española en su ribera africana y aumentaría el peso geopolítico marroquí en la puerta occidental del Mediterráneo.
Y esa modificación tendría consecuencias que excederían ampliamente las relaciones hispano-marroquíes.
Porque Gibraltar no es solamente español, marroquí o británico.
Gibraltar es atlántico.
Gibraltar es mediterráneo.
Gibraltar es europeo.
Y Gibraltar es global.
El paso siguiente será, por tanto, abandonar momentáneamente la política y mirar exclusivamente el mapa.
Capítulo II — “La geografía manda: Ceuta, Gibraltar, Algeciras y Tánger Med” nos permitirá reconstruir el Estrecho como si fuera un tablero estratégico: distancias, costas, puertos, bases militares, rutas marítimas y posiciones relativas. Sólo después podremos medir con precisión qué cambiaría en nuestra hipótesis.
Capítulo II
La geografía manda: Ceuta, Gibraltar, Algeciras y Tánger Med
Si en el capítulo anterior establecimos que una hipotética transferencia de Ceuta a Marruecos no supondría automáticamente el control marroquí del Estrecho, ahora debemos observar el territorio con mayor detenimiento. Porque, antes que las alianzas, los tratados y los gobiernos, existe una realidad que ninguno de ellos puede modificar:
la geografía.
El Estrecho de Gibraltar constituye un escenario excepcionalmente pequeño para la cantidad de intereses que concentra. Europa y África se aproximan hasta quedar separadas por unos catorce kilómetros; el Atlántico se encuentra con el Mediterráneo; las rutas procedentes de América y África occidental convergen con las que llegan de Suez; y alrededor de ese reducido espacio aparecen España, Marruecos y Reino Unido, junto con importantes instalaciones militares occidentales.
Nuestro propio punto de partida ya señalaba esa singularidad: el Estrecho es la única comunicación natural entre Atlántico y Mediterráneo y por él transitan buques comerciales, petroleros, unidades militares y submarinos.
Pero para comprender qué significaría modificar la soberanía de Ceuta debemos reconstruir el tablero.
- El tablero del Estrecho
Si trazamos una línea imaginaria de norte a sur y de oeste a este encontramos cuatro grandes piezas:
Algeciras — Gibraltar — Ceuta — Tánger Med.
No están alineadas exactamente de ese modo sobre el mapa, pero constituyen los principales puntos de referencia para nuestro análisis.
A ellos debemos añadir una quinta pieza, algo más alejada pero militarmente fundamental:
Rota.
Y todavía una sexta:
Morón.
Esto permite comprender algo esencial. El Estrecho no debe imaginarse como dos Estados situados frente a frente.
Su configuración es mucho más compleja.
En la orilla norte encontramos territorio español y Gibraltar bajo soberanía británica. En la costa africana aparecen Marruecos y Ceuta bajo soberanía española. Hacia el Atlántico se encuentra la gran infraestructura hispano-estadounidense de Rota.
Por tanto, sobre unas pocas decenas de kilómetros se superponen intereses de España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la OTAN.
Ésa es la primera singularidad estratégica.
- Ceuta: pequeña superficie, enorme posición
Cuando un territorio se estudia exclusivamente por su extensión, Ceuta parece diminuta.
Pero la geopolítica no funciona por kilómetros cuadrados.
Funciona por posición.
El Ministerio de Defensa proporciona un ejemplo particularmente revelador. La Comandancia Naval de Ceuta tiene entre sus cometidos el conocimiento del entorno marítimo, la vigilancia y la seguridad marítima y dispone de la Estación de Vigilancia del Estrecho de Ceuta.
No estamos hablando, por tanto, de una importancia meramente teórica.
En marzo de 2026 el patrullero Isla de León, precisamente con puerto base en Ceuta, realizó una operación de presencia, vigilancia y disuasión en aguas del Estrecho y del mar de Alborán. El propio Ministerio de Defensa describió Ceuta como un enclave estratégico debido a la estrechez de Gibraltar.
Aquí aparece el primer elemento concreto de nuestra hipótesis.
Si Ceuta cambiara de soberanía, España no perdería solamente territorio.
Perdería también una posición desde la que actualmente realiza vigilancia marítima sobre el entorno del Estrecho.
Eso es mensurable.
- Ver el Estrecho
Uno de los grandes cambios de la guerra moderna consiste en que controlar no significa necesariamente ocupar.
Muchas veces significa ver.
Saber qué nave entra.
Saber qué nave sale.
Identificarla.
Seguir su trayectoria.
Relacionarla con información procedente de otros sensores.
Compartir esa información con centros de mando.
Las Fuerzas Armadas españolas llevan años integrando radares, sensores y cámaras para mantener conocimiento en tiempo real del tráfico marítimo del Estrecho. La Armada ha explicado públicamente la utilización conjunta de las Estaciones de Vigilancia del Estrecho y del Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima para construir esa imagen marítima.
Y aquí podemos formular una primera consecuencia muy concreta de nuestra hipótesis:
la transferencia de Ceuta obligaría a España a reconstruir parte de su arquitectura de vigilancia del Estrecho desde posiciones exclusivamente peninsulares o desde otros medios navales, aéreos y espaciales.
Eso no significa que España quedara ciega.
Ni mucho menos.
Dispone de medios peninsulares, navales, aéreos, espaciales y aliados.
Pero perdería una posición geográfica que actualmente forma parte del sistema.
- Algeciras: la dimensión económica
Frente a la cuestión militar aparece la comercial.
El Estrecho no es únicamente una vía por la que circulan barcos.
Es también un gigantesco centro de distribución de mercancías.
Y en la orilla española encontramos uno de sus grandes protagonistas:
el puerto de Algeciras.
Su importancia procede de una combinación difícil de reproducir: proximidad inmediata a las rutas del Estrecho, conexión con el Mediterráneo y el Atlántico y capacidad para actuar como centro de transbordo.
Por eso Algeciras no puede separarse de nuestra hipótesis sobre Ceuta.
Pero tampoco puede estudiarse aisladamente.
Porque justo enfrente ha aparecido durante las últimas décadas un competidor extraordinario.
- Tánger Med: Marruecos entra en la gran logística mundial
Probablemente uno de los elementos más importantes para comprender el Marruecos contemporáneo sea Tánger Med.
No es simplemente un puerto.
Es una estrategia nacional.
El complejo se encuentra integrado con amplias zonas industriales y logísticas, y el propio grupo Tanger Med declara gestionar más de 3.000 hectáreas de zonas de actividad económica que albergan más de 1.500 empresas.
Los números permiten apreciar su dimensión.
En 2024 el complejo superó por primera vez los 10 millones de contenedores, con 10.241.392 TEU manipulados, un crecimiento del 18,8 % respecto del año anterior.
El dato tiene una enorme importancia para nuestro trabajo.
Porque demuestra que Marruecos no se limita a ocupar geográficamente la ribera sur.
Está construyendo allí capacidad logística.
Y poder logístico y poder geopolítico no son sinónimos, pero frecuentemente se refuerzan.
- Algeciras–Tánger Med: competencia y complementariedad
Podría resultar tentador describir la situación simplemente como:
España contra Marruecos.
Pero sería demasiado elemental.
Algeciras y Tánger Med compiten por tráficos, inversiones y transbordos, pero simultáneamente forman parte del mismo sistema económico del Estrecho.
Una fábrica europea puede utilizar componentes producidos en Marruecos.
Una mercancía asiática puede ser transbordada en cualquiera de ambas orillas.
Los ferris comunican constantemente los dos continentes.
Las cadenas industriales cruzan el Estrecho.
Por eso el Estrecho presenta una paradoja característica de la globalización:
es simultáneamente frontera y puente.
Es espacio de competencia y espacio de integración.
Precisamente por eso cualquier crisis política grave alrededor del Estrecho tendría consecuencias económicas mucho mayores que las que sugeriría la dimensión del territorio disputado.
- Gibraltar: el tercer actor
Hasta ahora hemos hablado de España y Marruecos.
Pero entre ambos aparece un tercer protagonista que impide cualquier interpretación bilateral sencilla:
Reino Unido.
Gibraltar proporciona a Londres una posición en la entrada del Mediterráneo.
Por eso nuestra hipótesis genera una paradoja particularmente interesante.
Si España perdiera Ceuta, Gibraltar aumentaría relativamente su importancia dentro del dispositivo occidental del Estrecho.
No porque hubiera cambiado de tamaño.
No porque Reino Unido hubiera adquirido nuevos derechos.
Sino porque habría desaparecido una de las posiciones españolas situadas en la orilla africana.
La relación estratégica relativa entre los puntos del tablero habría cambiado.
Esto nos obliga a introducir un concepto que utilizaremos repetidamente:
El valor relativo de una posición
El valor estratégico de un territorio no depende solamente de lo que ese territorio posee.
Depende también de qué poseen los demás.
Si desaparece una pieza del tablero, las restantes pueden aumentar de importancia sin haberse movido.
- Rota: Estados Unidos entra en escena
Debemos alejarnos ahora aproximadamente un centenar de kilómetros del núcleo del Estrecho.
En la bahía de Cádiz encontramos la Base Naval de Rota.
Aquí cambia completamente la escala del problema.
Rota constituye uno de los principales centros logísticos y operativos de la Armada española y alberga también una importante presencia estadounidense. El Ministerio de Defensa señalaba en 2024 que trabajaban allí aproximadamente 5.800 españoles y 3.700 estadounidenses, entre personal militar y civil, y que estaban basados destructores estadounidenses integrados en el sistema de defensa contra misiles balísticos de la OTAN.
Rota introduce así directamente a Estados Unidos en nuestro tablero.
Un estudio del Ministerio de Defensa resume perfectamente su valor: su posición permite proyectarse sobre Gibraltar, el Mediterráneo occidental y el norte de África, además de apoyar el control de líneas marítimas y operaciones aliadas.
Por eso nuestra hipótesis comienza a adquirir una dimensión diferente.
Una modificación importante del equilibrio alrededor de Gibraltar no sería observada exclusivamente desde Madrid y Rabat.
Sería observada también desde Washington y Londres.
- Un Estrecho occidental
Podemos representar el dispositivo occidental simplificándolo así:
ATLÁNTICO
Rota
↓
Cádiz
↓
Algeciras — Gibraltar
↓
ESTRECHO
↓
Tánger Med — Ceuta
↓
Marruecos / Mediterráneo occidental
El gráfico es deliberadamente esquemático.
Lo importante es comprender la concentración.
España posee actualmente posiciones en la península y en Ceuta.
Marruecos posee la mayor parte de la costa meridional y Tánger Med.
Reino Unido posee Gibraltar.
Estados Unidos mantiene una importante presencia en Rota mediante los acuerdos con España.
Y las estructuras militares de la OTAN se superponen sobre buena parte de ese espacio.
No existe, por tanto, un dueño del Estrecho.
Existe un equilibrio.
Y ésa es precisamente la palabra que necesitamos.
- La hipótesis: desaparece una pieza española
Ahora ejecutemos mentalmente nuestra hipótesis.
No movemos Gibraltar.
No movemos Algeciras.
No modificamos Rota.
No alteramos el Derecho del Mar.
No cerramos el Estrecho.
Hacemos una sola cosa:
Ceuta pasa de España a Marruecos.
El mapa cambia inmediatamente.
España:
Península + Algeciras + Rota.
Marruecos:
costa meridional + Tánger Med + Ceuta.
Reino Unido:
Gibraltar.
La modificación parece pequeña sobre un mapa mundial.
Pero es muy significativa sobre un mapa del Estrecho.
España dejaría de poseer su posición territorial en la costa africana del área inmediata.
Marruecos añadiría esa posición a la extensa costa que ya controla en el sur.
Y el eje Tánger Med–Ceuta quedaría bajo una única soberanía.
Ésa sería probablemente la transformación geográfica más importante.
- La continuidad territorial marroquí
Aquí encontramos uno de los puntos que debemos estudiar con mayor atención.
Actualmente Ceuta constituye una discontinuidad política dentro de la costa septentrional africana.
En nuestra hipótesis esa discontinuidad desaparecería.
Marruecos obtendría continuidad territorial alrededor de la costa.
Eso facilitaría potencialmente la planificación integrada de carreteras, puertos, telecomunicaciones, instalaciones logísticas, vigilancia costera y eventualmente infraestructuras militares.
No significa que todas fueran construidas.
Eso sería especulación.
Significa que la geografía permitiría planificarlas bajo una misma soberanía.
Y ésa sí es una consecuencia objetiva de nuestra hipótesis.
- Melilla es diferente
Este capítulo también nos permite confirmar algo adelantado anteriormente.
Ceuta y Melilla no tienen el mismo valor respecto de Gibraltar.
Melilla está situada considerablemente más al este, sobre el mar de Alborán.
Su hipotética transferencia tendría enorme significado político y estratégico, pero no modificaría de manera comparable la geometría inmediata del Estrecho.
Por eso debemos evitar hablar permanentemente de:
“Ceuta y Melilla”
como si fueran una única pieza.
Para nuestro objeto concreto:
Ceuta es Estrecho.
Melilla es Mediterráneo occidental y mar de Alborán.
Ambas importan.
Pero importan de manera diferente.
- ¿Y Canarias?
Más diferente todavía es Canarias.
El archipiélago pertenece a otra dimensión estratégica.
Canarias se encuentra en el Atlántico y proporciona a España profundidad hacia África occidental, las rutas atlánticas y el acceso hacia el Cabo de Buena Esperanza.
Precisamente por eso resultará especialmente importante cuando estudiemos las consecuencias de una crisis simultánea en Ormuz y Bab el-Mandeb.
Si los barcos abandonan Suez y rodean África:
Canarias aumenta de importancia.
No disminuye.
La ruta:
Asia → Índico → Cabo de Buena Esperanza → costa occidental africana → Europa
sitúa al archipiélago en un espacio de creciente valor logístico y estratégico.
Por ello no debemos mezclar Canarias con Ceuta.
En nuestro estudio constituirá una pieza independiente.
- El Estrecho visto como sistema
Llegamos entonces a una conclusión más amplia.
No debemos pensar Gibraltar como una línea de catorce kilómetros.
Debemos concebirlo como un sistema estratégico regional.
Ese sistema incluye:
Rota — Cádiz — Algeciras — Gibraltar — Ceuta — Tánger Med — costa septentrional marroquí — mar de Alborán.
Y por encima de ese territorio circulan:
aviones,
satélites,
drones,
radares,
información,
comunicaciones.
Por debajo:
cables,
submarinos,
infraestructuras de comunicación.
Y sobre el agua:
portacontenedores,
petroleros,
gaseros,
ferris,
buques militares.
Eso es Gibraltar en el siglo XXI.
No simplemente una franja azul entre dos continentes.
- La verdadera cuestión estratégica
Podemos ahora reformular completamente la pregunta inicial.
No debemos preguntar:
¿Marruecos controlaría Gibraltar si obtuviera Ceuta?
La respuesta sería demasiado sencilla:
No.
La pregunta verdaderamente interesante es:
¿Cuánto aumentaría la capacidad relativa de Marruecos para influir sobre el entorno estratégico del Estrecho y cuánto disminuiría la de España al perder su posición territorial en la costa africana?
Ésa es una pregunta mucho más compleja.
Y nos lleva directamente al próximo capítulo.
Porque hasta ahora hemos movido solamente una frontera sobre el mapa.
Todavía no hemos introducido ejércitos, alianzas, bases, tratados ni potencias exteriores.
Cuando lo hagamos, el escenario cambiará nuevamente.
Segunda conclusión
Podemos formularla así:
La importancia estratégica de Ceuta no procede fundamentalmente de su extensión territorial, sino de su posición. Su hipotética transferencia a Marruecos no modificaría el régimen internacional de navegación por Gibraltar, pero sí alteraría la geometría estratégica del Estrecho: España perdería su posición territorial en la costa africana inmediata; Marruecos obtendría continuidad territorial y reforzaría el eje Tánger–Tánger Med–Ceuta; Gibraltar incrementaría relativamente su importancia para Reino Unido y Occidente, y Rota adquiriría todavía mayor relevancia para España, Estados Unidos y la OTAN.
Pero hemos dejado deliberadamente fuera una cuestión.
Probablemente la más importante de todas:
¿Qué ocurriría militarmente?
Porque una cosa es disponer de territorio.
Otra muy distinta es disponer de aliados.
Y aquí aparece una singularidad extraordinaria: España y Marruecos mantienen una estrecha relación con Estados Unidos; España pertenece a la OTAN; Marruecos no pertenece a la Alianza, aunque es un socio relevante de Washington; Reino Unido es miembro de la OTAN; y Estados Unidos dispone de presencia militar en la región.
Eso transforma completamente nuestro ejercicio.
El Capítulo III — “El Estrecho militar: España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la OTAN” debe analizar precisamente esa superposición de alianzas y preguntarse algo decisivo: en nuestra hipótesis, ¿una alteración de la soberanía de Ceuta cambiaría solamente el mapa político o también la arquitectura militar del Mediterráneo occidental?
Capítulo III
El Estrecho militar: España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la OTAN
Hasta ahora hemos estudiado la geografía. Hemos movido sobre el mapa una sola pieza —Ceuta— y comprobado que su hipotético cambio de soberanía alteraría la distribución territorial alrededor del Estrecho sin modificar por sí mismo la libertad internacional de navegación.
Pero los mapas políticos no explican completamente el poder.
Hay que colocar ahora sobre ese mapa bases militares, alianzas, buques, radares, aeronaves, sistemas de defensa y compromisos internacionales.
Y cuando lo hacemos aparece una circunstancia singular: los dos Estados que ocupan las costas principales del Estrecho, España y Marruecos, mantienen relaciones de seguridad muy importantes con Estados Unidos, pero solamente uno de ellos —España— pertenece a la OTAN. Reino Unido, además, mantiene su propia posición militar en Gibraltar y es también miembro de la Alianza.
Por eso un enfrentamiento alrededor de Ceuta sería muy diferente de una confrontación convencional entre dos países pertenecientes a bloques militares opuestos.
En Gibraltar se superponen aliados, socios y competidores.
España: el territorio aliado
España ingresó en la OTAN en 1982 y su posición geográfica la convierte en el principal territorio aliado situado entre el Atlántico oriental y el Mediterráneo occidental.
El Tratado del Atlántico Norte establece en su artículo 5 que un ataque armado contra uno o varios aliados en Europa o América del Norte será considerado un ataque contra todos. Pero el artículo 6 delimita geográficamente el ámbito de aplicación de esa garantía.
Aquí aparece inmediatamente la cuestión de Ceuta y Melilla.
Durante la cumbre de Madrid de 2022, el entonces secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, fue preguntado específicamente por ambas ciudades. Su respuesta fue deliberadamente prudente: recordó que el artículo 6 define el ámbito geográfico de la defensa colectiva y señaló que una eventual invocación del artículo 5 constituye finalmente una decisión política que debe adoptarse por consenso de los aliados.
Días después volvió sobre la cuestión afirmando que la OTAN existe para proteger a todos sus aliados frente a amenazas, pero reiterando que la aplicación del artículo 5 es, en último término, una decisión política.
Esto resulta fundamental para nuestro análisis.
No sería riguroso afirmar simplemente:
“Ceuta está fuera de la OTAN”.
Pero tampoco sería correcto sostener que su defensa colectiva opera exactamente igual que la de Madrid, París o Berlín.
Existe una singularidad jurídica y política.
Y precisamente esa ambigüedad adquiere enorme importancia en cualquier hipótesis de crisis.
Marruecos: aliado de Estados Unidos, pero no aliado OTAN
Al otro lado encontramos una situación igualmente interesante.
Marruecos no pertenece a la OTAN.
Pero tampoco es un Estado estratégicamente distante de Occidente.
Estados Unidos designó a Marruecos Major Non-NATO Ally en 2004. Washington y Rabat mantienen cooperación militar, ejercicios conjuntos y colaboración antiterrorista; Marruecos alberga tradicionalmente además el ejercicio multinacional African Lion.
La expresión puede inducir a error si se interpreta literalmente.
Ser Major Non-NATO Ally no convierte a Marruecos en miembro de la Alianza Atlántica ni le concede las garantías del artículo 5.
Significa que Washington considera a Marruecos un socio importante en materia de defensa y seguridad.
Tenemos entonces una configuración peculiar:
España → aliado OTAN de Estados Unidos.
Reino Unido → aliado OTAN de Estados Unidos.
Marruecos → socio militar privilegiado de Estados Unidos, pero no miembro de la OTAN.
Estados Unidos se encuentra relacionado militarmente con los tres protagonistas principales de nuestro escenario.
Esto constituye una de las claves del problema.
Rota: la gran retaguardia occidental
Si Ceuta constituye una avanzada española en África, Rota representa algo completamente distinto.
Representa profundidad estratégica.
La propia Marina estadounidense describe a España como un aliado especialmente importante para la proyección militar hacia el Mediterráneo, África del Norte y Oriente Medio y señala que las marinas española y estadounidense comparten instalaciones en Rota bajo el Acuerdo de Cooperación para la Defensa.
La dimensión militar actual es significativa.
En 2026 hay cinco destructores estadounidenses Arleigh Burke desplegados permanentemente en Rota, integrados en las Forward-Deployed Naval Forces-Europe.
No son simples buques de presencia.
Estos destructores disponen de capacidades de defensa aérea, antimisiles, antisubmarina y de guerra de superficie. En junio de 2026, por ejemplo, el USS Bulkeley regresó a Rota después de una patrulla de cuatro meses durante la cual realizó misiones de defensa antisubmarina de la OTAN y defensa contra misiles balísticos.
Otro de ellos, el USS Roosevelt, partió en mayo de 2026 para operar en aguas europeas y africanas; la Marina estadounidense señala expresamente que los destructores de Rota apoyan la arquitectura integrada de defensa aérea y antimisiles de la OTAN.
Rota debe entenderse, por tanto, como mucho más que una base naval española utilizada por Estados Unidos.
Es uno de los grandes nodos que conectan:
Atlántico → Mediterráneo → África → Oriente Medio.
Y se encuentra inmediatamente al oeste de Gibraltar.
Gibraltar: la posición británica
Al tercer vértice del triángulo encontramos Reino Unido.
Gibraltar mantiene instalaciones militares británicas permanentes. El Ministerio de Defensa británico enumera entre ellas el puerto militar, el aeródromo, el Royal Navy Gibraltar Squadron y el Royal Gibraltar Regiment.
Su valor es evidente.
Desde Gibraltar puede observarse y operar sobre uno de los principales corredores marítimos mundiales.
Pero para nuestro ejercicio aparece algo todavía más interesante.
Si España perdiera hipotéticamente su posición en Ceuta, la importancia relativa de Gibraltar dentro de la arquitectura militar occidental aumentaría.
No porque Reino Unido adquiriera territorio.
Sino porque desaparecería una posición española situada en la ribera africana.
Volvemos así al concepto presentado en el capítulo anterior:
el valor estratégico de una posición depende también de las posiciones que poseen los demás.
El tablero militar resultante
Podemos representarlo esquemáticamente:
ATLÁNTICO
Rota
España / Estados Unidos / OTAN
↓
Algeciras — Gibraltar
España — Reino Unido / OTAN
↓
ESTRECHO
↓
Ceuta — Tánger Med — costa marroquí
↓
MARRUECOS
Socio militar privilegiado de Estados Unidos, no miembro de la OTAN
Esta disposición explica por qué cualquier crisis grave sería extremadamente incómoda para Washington.
Estados Unidos no estaría observando un conflicto entre un aliado y un adversario estratégico.
Estaría contemplando una crisis entre un aliado OTAN y uno de sus principales socios norteafricanos.
La paradoja norteamericana
Aquí encontramos una de las cuestiones geopolíticas más interesantes de todo nuestro trabajo.
Washington necesita a España.
Rota constituye una pieza importante de su despliegue naval europeo y mediterráneo.
Pero Washington también valora considerablemente su relación con Marruecos por razones africanas, mediterráneas, antiterroristas y regionales.
Por ello, ante una crisis hispano-marroquí, la primera preferencia estratégica estadounidense previsiblemente sería evitar la confrontación y favorecer su resolución diplomática, antes que verse obligado a escoger entre dos socios importantes. Esto es una inferencia estratégica basada en la estructura de alianzas, no una predicción sobre cómo actuaría una futura Administración estadounidense.
Pero nuestro supuesto es todavía más complejo.
No imaginamos solamente una crisis.
Imaginamos que la crisis termina produciendo una modificación de soberanía.
Y entonces Washington tendría que preguntarse:
¿cómo modifica eso el equilibrio militar de Gibraltar?
La diferencia entre Marruecos y España
Aquí conviene introducir una distinción decisiva.
Que Marruecos sea socio militar de Estados Unidos no significa que sus intereses sean siempre idénticos.
Lo mismo puede decirse de cualquier relación internacional.
Los Estados cooperan cuando sus intereses coinciden y discrepan cuando divergen.
Por ello, una eventual expansión territorial marroquí hasta incorporar Ceuta tendría que ser evaluada por Washington no sólo desde su relación bilateral con Rabat, sino desde sus consecuencias para:
la seguridad de España,
la OTAN,
Gibraltar,
Rota,
la navegación internacional,
el Mediterráneo occidental,
y el norte de África.
Ceuta dejaría así de ser un problema exclusivamente español.
¿Qué ocurriría con las instalaciones militares españolas de Ceuta?
Llegamos a un problema que muchas veces se omite en las discusiones territoriales.
Los territorios no están vacíos.
Ceuta alberga actualmente unidades e instalaciones de las Fuerzas Armadas españolas y, como vimos, participa en la vigilancia marítima del Estrecho.
Una transferencia pacífica de soberanía exigiría necesariamente resolver qué ocurre con ellas.
En nuestro escenario hipotético, lo lógico sería su retirada.
Pero entonces surge inmediatamente otra pregunta:
¿qué ocurriría posteriormente con esas instalaciones y emplazamientos?
Podrían quedar destinados a usos civiles.
Podrían utilizarse por las Fuerzas Armadas marroquíes.
Podrían transformarse.
Nada permite afirmar de antemano cuál sería su destino.
Pero estratégicamente existe una cuestión todavía más sensible:
¿podría Marruecos permitir en el futuro el acceso de fuerzas de terceros países?
La pregunta que preocupa a cualquier Estado Mayor
Éste es uno de los puntos donde debemos ser especialmente rigurosos.
No existe fundamento para afirmar que una hipotética Ceuta marroquí albergaría automáticamente fuerzas chinas, rusas, estadounidenses o de cualquier otra potencia.
Sería especulación.
Pero cualquier planificación militar responsable tendría que contemplar esa posibilidad porque la soberanía territorial incluye una amplia capacidad para decidir qué acuerdos militares celebrar.
Y aquí la cuestión cambia completamente.
El problema ya no sería:
España pierde Ceuta.
Sería:
¿quién podría utilizar Ceuta dentro de veinte o treinta años?
Ésa es la perspectiva con la que trabajan las potencias.
China entra indirectamente en el análisis
China no necesita poseer un territorio para obtener influencia estratégica.
Su expansión internacional se ha apoyado ampliamente en inversiones, infraestructuras, puertos, comercio y financiación.
Marruecos mantiene importantes relaciones económicas con China.
Eso no convierte automáticamente esas relaciones en una alianza militar.
Hay que insistir en ello.
Pero desde el punto de vista occidental, cualquier aumento significativo de la influencia de una potencia exterior en la ribera sur del Estrecho sería observado cuidadosamente.
La experiencia de Yibuti demuestra por qué.
Allí, en las proximidades de Bab el-Mandeb, varias potencias mantienen instalaciones militares en un espacio muy reducido.
Su propio trabajo original ya destacaba la extraordinaria concentración de bases extranjeras en Yibuti, incluidas las de Estados Unidos, Francia, China, Italia y Japón.
La lección es evidente:
los estrechos atraen potencias.
Porque quien está cerca de un chokepoint observa, protege, disuade y obtiene información.
Gibraltar podría convertirse en un segundo Yibuti
No en sentido literal.
Las circunstancias políticas son completamente diferentes.
Pero la comparación sirve conceptualmente.
Bab el-Mandeb concentra presencia militar internacional porque constituye un corredor crítico.
Gibraltar posee exactamente esa característica.
La diferencia es que actualmente su entorno se encuentra fundamentalmente dentro de una arquitectura occidental:
España.
Reino Unido.
Estados Unidos.
OTAN.
Marruecos coopera estrechamente con Occidente.
Por tanto, existe una relativa coherencia estratégica.
Una alteración territorial no destruiría necesariamente esa coherencia.
Pero introduciría una nueva variable.
Y las grandes potencias planifican precisamente pensando en variables futuras.
Ceuta y el artículo 5: el problema desaparece si cambia la soberanía
Aquí surge una paradoja jurídica.
Mientras Ceuta sea española, existe el debate que acabamos de describir sobre el alcance territorial preciso de la defensa colectiva de la OTAN.
Pero en nuestra hipótesis, si Ceuta pasara pacíficamente y mediante acuerdo a Marruecos, esa cuestión desaparecería.
Ceuta dejaría de ser territorio de un Estado miembro.
Por tanto, cualquier presencia militar marroquí posterior en ella sería simplemente el ejercicio de soberanía de Marruecos sobre su territorio.
La OTAN no tendría título para objetarla por el mero hecho de existir.
Eso modifica profundamente el problema.
El Estrecho después de Ceuta
Imaginemos ahora el día siguiente a nuestra transferencia hipotética.
No ocurre ninguna guerra.
No se cierra Gibraltar.
No aparecen tropas extranjeras.
Los barcos continúan navegando.
Aparentemente nada ha cambiado.
Pero militarmente el mapa sí ha cambiado.
España ha retirado una posición avanzada.
Marruecos la ha incorporado.
Reino Unido conserva Gibraltar.
Estados Unidos conserva su presencia en Rota mediante sus acuerdos con España.
La OTAN conserva su arquitectura mediterránea.
Pero el equilibrio territorial alrededor del Estrecho ya no es exactamente el mismo.
Ese cambio puede parecer pequeño en tiempos de paz.
La verdadera importancia de las posiciones estratégicas aparece, sin embargo, durante las crisis.
Introduzcamos ahora Ormuz
Supongamos que simultáneamente el Estrecho de Ormuz se encuentra sometido a una confrontación militar grave.
Parte de la energía mundial queda amenazada.
Aumenta la presencia naval estadounidense.
Los petroleros modifican sus operaciones.
Suben seguros y fletes.
Las fuerzas navales occidentales deben concentrar recursos en el Golfo y el océano Índico.
Entonces Gibraltar empieza a adquirir mayor importancia.
Pero añadamos otra pieza.
Bab el-Mandeb también entra en crisis
Los hutíes intensifican los ataques.
La navegación comercial evita el mar Rojo.
Parte de los buques abandona Suez.
La ruta alternativa se convierte en:
Índico → Cabo de Buena Esperanza → Atlántico → Europa.
Entonces ocurre algo decisivo.
El eje estratégico se desplaza hacia el oeste.
África occidental gana importancia.
Canarias gana importancia.
Rota gana importancia.
Y Gibraltar gana importancia para todos los tráficos que deben acceder desde el Atlántico al Mediterráneo.
Aquí nuestra hipótesis sobre Ceuta deja definitivamente de ser local.
Tres estrechos, una sola crisis
Podemos representar el sistema:
ORMUZ
energía
↓
BAB EL-MANDEB
tránsito
↓
SUEZ
conexión Asia–Europa
↓
GIBRALTAR
conexión Mediterráneo–Atlántico
Cuando funciona normalmente, cada punto parece independiente.
Pero si dos comienzan a fallar simultáneamente, el tercero adquiere valor adicional.
Y aquí encontramos posiblemente la tesis geopolítica central de todo nuestro ensayo:
el valor estratégico de Gibraltar no es constante; aumenta cuando disminuye la seguridad de las rutas orientales del Mediterráneo.
Eso significa que una modificación territorial alrededor del Estrecho que en otro momento podría considerarse esencialmente bilateral adquiere una dimensión completamente diferente cuando coincide con una crisis de Ormuz, Bab el-Mandeb o Suez.
La dimensión militar de la hipótesis
Podemos formular entonces nuestra tercera conclusión:
Una hipotética transferencia pacífica de Ceuta a Marruecos no expulsaría a Occidente del Estrecho ni otorgaría a Marruecos superioridad militar sobre él. España conservaría importantes capacidades peninsulares; Reino Unido mantendría Gibraltar; Estados Unidos y España conservarían Rota, y la OTAN seguiría disponiendo de una poderosa arquitectura militar en el Mediterráneo occidental.
Pero existe una segunda parte:
Sí modificaría la distribución territorial de esa arquitectura. España perdería una posición militar y de vigilancia en la ribera africana; Marruecos la incorporaría a su territorio; Gibraltar y Rota aumentarían relativamente de importancia y cualquier futura utilización militar de Ceuta pasaría a depender de las decisiones soberanas de Rabat.
Y finalmente aparece la variable que transforma todo:
Si esa modificación coincidiera con crisis simultáneas en Ormuz y Bab el-Mandeb, el valor estratégico del Estrecho aumentaría precisamente en el momento en que España habría reducido su presencia territorial alrededor de él.
Ése es el punto que debemos desarrollar ahora.
Porque hemos estudiado Gibraltar primero como geografía y después como dispositivo militar.
Nos falta contemplarlo como arteria económica mundial.
Y allí los números son todavía más reveladores.
El Capítulo IV — “Cuando se cierran las puertas de Oriente: Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez” debería abandonar momentáneamente Ceuta y reconstruir el recorrido de un petrolero, un gasero y un portacontenedores desde Asia y el Golfo hasta Europa. Veremos qué ocurre con distancias, tiempos, costes, energía y rutas cuando esas puertas se vuelven inseguras, para después regresar a Gibraltar y comprender por qué la crisis oriental puede multiplicar el valor de la puerta occidental.
Capítulo IV
Cuando se cierran las puertas de Oriente: Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez
Hasta ahora hemos contemplado Gibraltar desde Occidente. Hemos estudiado su geografía, Ceuta, Algeciras, Tánger Med, Gibraltar y Rota; después colocamos sobre ese tablero las fuerzas militares y las alianzas.
Ahora debemos invertir completamente nuestra perspectiva.
Viajemos varios miles de kilómetros hacia Oriente y sigamos el recorrido de las mercancías y de la energía que abastecen Europa.
Porque para comprender el verdadero valor estratégico de Gibraltar hay que entender primero qué ocurre en Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez.
En Las Puertas del Mare Nostrum señalábamos precisamente esta interdependencia: Ormuz constituye un punto fundamental del tráfico energético mundial, mientras que Bab el-Mandeb permite acceder desde el océano Índico al mar Rojo y, desde allí, al Canal de Suez.
Lo que entonces describíamos como vulnerabilidad potencial se ha convertido en 2026 en un problema extraordinariamente concreto.
- Ormuz: donde comienza el problema
El Estrecho de Ormuz separa Irán de la península de Musandam y constituye la única salida marítima del Golfo Pérsico.
Su importancia resulta difícil de exagerar.
Los últimos datos consolidados de la Administración de Información Energética estadounidense indican que por Ormuz circulaba más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo y derivados. Además, alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado atravesaba también el Estrecho.
Por tanto, Ormuz no es simplemente una ruta marítima.
Es una válvula energética mundial.
Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak, Qatar e Irán dependen en distinto grado de ese corredor para colocar sus hidrocarburos en los mercados internacionales.
Y Europa, Asia y la economía mundial dependen de que puedan hacerlo.
- El problema de Ormuz es diferente del de Suez
Hay una diferencia fundamental entre ambos.
Si Suez deja de utilizarse, existe una alternativa marítima.
Es muy larga y costosa, pero existe:
rodear África por el Cabo de Buena Esperanza.
Ormuz presenta un problema diferente.
Un petrolero que se encuentra dentro del Golfo Pérsico no puede rodear Ormuz.
No existe una segunda salida marítima.
Algunos productores poseen oleoductos que permiten trasladar parte del petróleo hasta terminales situadas fuera del Estrecho, pero su capacidad no sustituye completamente el enorme volumen que normalmente circula por él.
Por eso debemos diferenciar dos conceptos:
interrupción de una ruta
y
encerramiento de una fuente de suministro.
Suez pertenece fundamentalmente al primer problema.
Ormuz puede provocar el segundo.
- Y en septiembre de 2026 ya no estamos ante una abstracción
La situación actual demuestra la magnitud del riesgo.
El 16 de septiembre Reuters informaba que los cruces detectados por Ormuz habían caído a sólo cuatro buques en un día, frente a una media de 18 durante los diez días anteriores. Ninguno de los cuatro era un gran petrolero VLCC ni un metanero de GNL. La información advertía, naturalmente, que algunos buques podían navegar con sus transpondedores apagados y escapar así al recuento.
No significa que Ormuz esté herméticamente cerrado.
Pero demuestra algo mucho más importante para nuestro ensayo:
un estrecho no necesita estar físicamente bloqueado para dejar de funcionar normalmente.
Basta que el riesgo sea suficientemente alto.
Los armadores deciden no pasar.
Las aseguradoras modifican sus primas.
Los fletadores cambian rutas.
Los capitanes reciben nuevas instrucciones.
Y el resultado económico comienza a parecerse parcialmente al de un bloqueo.
- Primera lección: un chokepoint puede cerrarse sin cerrarse
Esta idea será importante cuando regresemos a Gibraltar.
No debemos imaginar siempre los estrechos como fortalezas medievales.
En el siglo XXI un estrecho puede permanecer jurídicamente abierto y, sin embargo, convertirse en comercialmente peligroso.
El Derecho del Mar puede garantizar la navegación.
Pero el Derecho Internacional no puede garantizar que un misil no alcance un petrolero.
Y los mercados reaccionan ante el riesgo, no solamente ante los tratados.
- Bab el-Mandeb: la segunda puerta
Supongamos ahora que el petróleo consigue salir de Ormuz.
Todavía queda otro problema.
Si se dirige hacia Europa por la ruta tradicional deberá atravesar:
Mar Arábigo → Golfo de Adén → Bab el-Mandeb → Mar Rojo → Suez.
Bab el-Mandeb significa literalmente la Puerta de las Lágrimas.
El nombre parece escrito para nuestro estudio.
El estrecho separa Yemen del Cuerno de África y constituye la entrada meridional del mar Rojo.
En nuestro trabajo anterior destacábamos que su importancia no deriva únicamente del petróleo, sino de todo el comercio Asia–Europa que utiliza Suez.
Y aquí aparece la segunda vulnerabilidad.
Un barco puede haber atravesado Ormuz y, sin embargo, encontrar cerrada o demasiado peligrosa la siguiente puerta.
- Ormuz y Bab el-Mandeb no son dos crisis independientes
Ésta es una de las claves del presente trabajo.
Imaginemos que Ormuz funciona parcialmente.
Algunos petroleros consiguen salir.
Pero Bab el-Mandeb se vuelve demasiado peligroso.
Entonces esos barcos no pueden continuar normalmente hacia Suez.
Deben cambiar de dirección.
En lugar de entrar al mar Rojo:
bajan hacia el sur.
Y comienza el gran rodeo africano.
- El Cabo de Buena Esperanza vuelve a la historia
Antes de 1869 ésta era la gran ruta marítima entre Europa y Asia.
La apertura del Canal de Suez modificó la geografía económica mundial porque permitió evitar el rodeo completo de África.
Más de siglo y medio después, la historia ha regresado.
UNCTAD constató durante la crisis del mar Rojo que buques de todos los segmentos del comercio Asia–Europa y Asia–Atlántico comenzaron a desviarse por el Cabo de Buena Esperanza.
Y el coste geográfico es enorme.
Para un viaje Shanghái–Rotterdam, una investigación académica calcula que evitar Suez y rodear África añade aproximadamente 4.575 millas náuticas y unos doce días adicionales, suponiendo una velocidad media de 16 nudos.
Otros cálculos, dependiendo del buque y de la ruta, sitúan la penalización habitual en aproximadamente dos semanas.
No existe una cifra única.
Depende del puerto de origen, destino, velocidad, tipo de buque y condiciones meteorológicas.
Pero el principio es siempre el mismo:
más distancia = más tiempo = más combustible = más barcos necesarios para transportar la misma cantidad anual de mercancía.
- El efecto invisible: desaparece capacidad de transporte
Este último elemento es especialmente importante.
Supongamos una naviera que dispone de diez barcos.
Si cada viaje dura treinta días, esos barcos pueden realizar determinado número de viajes al año.
Si cada viaje necesita quince días adicionales, la empresa sigue teniendo diez barcos.
Pero su capacidad efectiva anual disminuye.
Los barcos pasan más tiempo navegando.
Por tanto, para transportar el mismo volumen anual hacen falta más buques.
Esto explica por qué una crisis de estrechos puede generar escasez de capacidad marítima aunque no se haya hundido un solo barco.
La flota mundial sigue siendo la misma.
Pero está más tiempo ocupada.
- El ejemplo del petróleo resulta todavía más dramático
Los cálculos realizados durante la actual crisis permiten observar la magnitud.
Reuters estimó en julio que determinadas rutas alternativas para petroleros podían prolongar un viaje de 19 a 48 días, mientras que el coste de combustible podía aumentar aproximadamente de 1,26 millones a 2,87 millones de dólares por viaje.
Es decir:
casi un mes adicional en el mar,
más combustible,
más salarios,
más mantenimiento,
mayor inmovilización del barco,
mayores seguros,
y menor disponibilidad de petroleros.
La crisis energética se transforma así también en una crisis logística.
- Suez: la tercera puerta
Llegamos finalmente al Canal de Suez.
A diferencia de Ormuz y Bab el-Mandeb, Suez no es un estrecho natural.
Es una construcción humana.
Pero geopolíticamente cumple exactamente la misma función: concentra enormes flujos comerciales en un espacio extremadamente reducido.
Nuestro texto original recordaba cómo el Ever Given consiguió demostrar accidentalmente esa vulnerabilidad en 2021 al bloquear durante seis días una de las principales arterias comerciales del planeta.
Pero ahora el problema no está necesariamente dentro del canal.
Está antes de llegar a él.
Si Bab el-Mandeb se vuelve inseguro, Suez puede encontrarse perfectamente operativo y, sin embargo, perder buena parte de su tráfico.
Es otra paradoja de los chokepoints.
Una puerta puede estar abierta y quedar parcialmente inutilizada porque la puerta anterior está cerrada.
- Esto es exactamente lo que ha ocurrido
La crisis del mar Rojo produjo enormes desviaciones de tráfico.
UNCTAD llegó a registrar reducciones del tonelaje que transitaba por el Golfo de Adén y Suez del 76 % y 70 % respectivamente frente a los niveles anteriores a la gran perturbación, mientras la capacidad que llegaba por la ruta del Cabo aumentaba un 89 %.
El sistema mundial reaccionó.
No detuvo el comercio.
Lo reorganizó.
Y ésa es probablemente una de las características más extraordinarias de la economía marítima mundial.
Cuando una puerta se cierra, busca otra.
Pero la alternativa tiene un precio.
- Septiembre de 2026: una situación contradictoria
La actualidad ofrece además un ejemplo particularmente interesante.
Algunas grandes navieras están comenzando nuevamente a utilizar Suez.
El 14 de septiembre Maersk y Hapag-Lloyd anunciaron que cuatro servicios conjuntos adicionales volverían a transitar por el canal, después de haber iniciado previamente una recuperación gradual de esa ruta. Ambas compañías dejaron claro, sin embargo, que las decisiones futuras seguirían dependiendo de la estabilidad regional.
Es decir, observamos simultáneamente dos movimientos:
retorno parcial a Suez
y
persistencia de una elevada amenaza regional.
Esto demuestra que las rutas marítimas no funcionan mediante interruptores:
abierto / cerrado.
Funcionan mediante gradaciones de riesgo.
- El factor hutí
Y en Bab el-Mandeb esa gradación puede cambiar muy rápidamente.
Los ataques hutíes han demostrado que un actor no estatal —aunque respaldado materialmente por una potencia regional— puede alterar las rutas del comercio mundial.
No necesita poseer una gran marina oceánica.
Necesita capacidad suficiente para amenazar barcos en un punto donde éstos están obligados a concentrarse.
Misiles.
Drones.
Información.
Proximidad geográfica.
Y voluntad política.
El resultado puede ser extraordinariamente desproporcionado respecto del tamaño del actor.
Ésta es la esencia estratégica de un chokepoint:
el estrecho multiplica el poder de quien puede amenazarlo.
- Las tres puertas orientales forman una sola cadena
Ahora podemos representar correctamente el sistema:
GOLFO PÉRSICO
↓
ORMUZ
¿Puede salir la energía?
↓
OCÉANO ÍNDICO
↓
BAB EL-MANDEB
¿Puede entrar el tráfico al mar Rojo?
↓
MAR ROJO
↓
SUEZ
¿Puede entrar al Mediterráneo?
↓
MEDITERRÁNEO
La pregunta fundamental es que cada puerta depende parcialmente de la anterior.
Suez puede estar abierto.
Pero si Bab el-Mandeb está cerrado, pierde gran parte de su utilidad para la ruta Asia–Europa.
Bab el-Mandeb puede estar abierto.
Pero si Ormuz está bloqueado, parte de la energía del Golfo ni siquiera consigue llegar hasta allí.
Por tanto:
Ormuz + Bab el-Mandeb + Suez constituyen un sistema.
- Y ahora ocurre algo extraordinario
Si ese sistema oriental falla, parecería lógico pensar que Gibraltar pierde importancia.
Al fin y al cabo, menos barcos procedentes de Suez significan menos barcos atravesando el Mediterráneo.
Pero ocurre simultáneamente el fenómeno contrario.
El comercio no desaparece.
Se desplaza.
Los barcos rodean África.
Y entonces reaparece el Atlántico.
- El gran giro africano
La nueva ruta pasa a ser:
ASIA
↓
OCÉANO ÍNDICO
↓
CABO DE BUENA ESPERANZA
↓
ATLÁNTICO SUR
↓
COSTA OCCIDENTAL AFRICANA
↓
CANARIAS
↓
ATLÁNTICO NORTE / GIBRALTAR
Y aquí nuestro estudio vuelve a España.
Una parte de ese tráfico continuará hacia Rotterdam, Amberes, Hamburgo o los puertos británicos.
Pero cualquier mercancía destinada al Mediterráneo occidental, Francia mediterránea, Italia, Adriático o Mediterráneo oriental deberá entrar nuevamente al Mare Nostrum.
¿Y por dónde?
Por Gibraltar.
- La gran paradoja
Llegamos así al fenómeno que adelantábamos en los capítulos anteriores.
Cuando Suez funciona normalmente:
Gibraltar es la salida occidental de la gran ruta mediterránea.
Cuando Suez falla y los barcos rodean África:
Gibraltar se convierte además en la entrada occidental alternativa para los tráficos destinados al Mediterráneo.
Es una transformación conceptual enorme.
En el primer escenario:
Suez → Mediterráneo → Gibraltar → Atlántico.
En el segundo:
Cabo de Buena Esperanza → Atlántico → Gibraltar → Mediterráneo.
El sentido del tráfico estratégico se invierte.
Pero Gibraltar continúa siendo imprescindible.
- Canarias aparece en el tablero
Y ahora comprendemos por qué anteriormente decidimos separar Canarias de Ceuta y Melilla.
Canarias no pertenece geográficamente al sistema inmediato del Estrecho.
Pero sí pertenece al sistema alternativo del Cabo.
Cuando el comercio abandona Suez y rodea África, el archipiélago español aparece sobre la ruta atlántica que conecta África austral con Europa.
Por tanto, en un escenario de crisis prolongada en el mar Rojo:
Canarias gana valor estratégico.
Y después:
Gibraltar gana valor estratégico.
Tenemos entonces dos posiciones españolas consecutivas sobre la ruta alternativa.
- Y aquí vuelve Ceuta
Ahora regresemos finalmente a nuestra hipótesis.
Supongamos simultáneamente:
Ormuz bajo fuerte presión.
Bab el-Mandeb amenazado.
Suez funcionando por debajo de su potencial.
Tráfico desviado por el Cabo.
Y, al mismo tiempo:
Ceuta deja de estar bajo soberanía española.
Individualmente son cuatro acontecimientos diferentes.
Geopolíticamente comienzan a formar un único escenario.
Precisamente cuando aumenta el valor estratégico del Atlántico africano y de Gibraltar, España habría reducido su posición territorial en la ribera africana del Estrecho.
Ésa es la coincidencia que convierte nuestra hipótesis en un problema mucho mayor que una disputa territorial.
- El Mare Nostrum cambia de orientación
Durante más de siglo y medio hemos concebido el Mediterráneo moderno mirando hacia Oriente.
Europa → Suez → Asia.
La crisis de los chokepoints puede obligarnos a mirarlo nuevamente hacia Occidente.
Europa → Gibraltar → Atlántico → África → Índico → Asia.
En cierto sentido, regresaríamos temporalmente a la geografía anterior a Ferdinand de Lesseps.
Antes de 1869, el Cabo era inevitable.
Después de 1869, Suez convirtió el Mediterráneo en la gran autopista hacia Asia.
Una crisis prolongada podría devolver parcialmente al Atlántico la función que había perdido.
- Las cuatro puertas
Podemos ahora reformular la tesis original de Las Puertas del Mare Nostrum.
Para nuestro problema actual existen cuatro puntos encadenados:
ORMUZ
la energía
BAB EL-MANDEB
la seguridad del mar Rojo
SUEZ
la conexión Asia–Mediterráneo
GIBRALTAR
la conexión Mediterráneo–Atlántico
No poseen la misma naturaleza.
No cumplen exactamente la misma función.
Pero forman parte de una misma arquitectura marítima.
Y cuanto más frágiles se vuelven las tres primeras, más valiosa resulta la cuarta.
Cuarta conclusión
Podemos formularla así:
La vulnerabilidad simultánea de Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez no aislaría necesariamente a Europa del comercio asiático, porque existe la alternativa del Cabo de Buena Esperanza. Pero esa alternativa multiplica distancias, tiempos, costes y necesidades de flota y desplaza hacia el Atlántico el centro de gravedad de una parte importante del tráfico marítimo.
Y de ello deriva una segunda conclusión mucho más directamente relacionada con nuestro trabajo:
Cuando la ruta oriental del Mare Nostrum se debilita, Gibraltar no pierde importancia: cambia de función y aumenta su valor como puerta occidental de acceso al Mediterráneo.
Entonces aparece la pregunta decisiva.
Si los barcos rodean África, ¿qué territorios encuentran en su camino hacia Europa?
África austral.
La costa occidental africana.
El Golfo de Guinea.
Canarias.
Marruecos.
Gibraltar.
Y Europa.
Nuestro siguiente capítulo debe, por tanto, abandonar momentáneamente el Estrecho y mirar todo el continente africano desde el mar.
Porque la crisis de Ormuz y del mar Rojo puede estar produciendo algo de mayor alcance: el regreso estratégico de la ruta del Cabo.
El Capítulo V — “El regreso del Cabo: Canarias, África occidental y la nueva ruta hacia Europa” permitirá analizar una consecuencia especialmente importante para nuestra hipótesis: por qué el debilitamiento de Suez puede trasladar parte del centro de gravedad marítimo hacia el Atlántico africano y, paradójicamente, aumentar simultáneamente el valor de Canarias y Gibraltar.
Capítulo V
El regreso del Cabo: Canarias, África occidental y la nueva ruta hacia Europa
Durante más de siglo y medio, el Canal de Suez acostumbró a Europa a mirar hacia Oriente.
La apertura del canal en 1869 alteró profundamente la geografía económica del mundo. El Mediterráneo dejó de ser un mar que terminaba frente a Egipto y pasó a convertirse en el corredor más corto entre Europa y el océano Índico. La antigua ruta portuguesa alrededor del Cabo de Buena Esperanza quedó relegada, aunque nunca desapareció.
Las crisis del mar Rojo y del Golfo Pérsico nos obligan ahora a recuperar aquel mapa anterior a Ferdinand de Lesseps.
Cuando Bab el-Mandeb se vuelve inseguro, Suez puede seguir perfectamente abierto y, sin embargo, una parte del tráfico mundial vuelve a realizar el gigantesco recorrido alrededor de África. Ese fenómeno ya no es meramente hipotético: los desvíos han incrementado la actividad de los centros africanos de suministro de combustible y han obligado a navieras a reconsiderar sus redes logísticas.
Nuestro problema, entonces, cambia de escala.
Ya no debemos mirar solamente el Mediterráneo.
Debemos mirar África entera.
- África vuelve a quedar en medio
Durante décadas, el mapa mental del comercio Europa–Asia podía resumirse así:
Europa → Mediterráneo → Suez → Índico → Asia.
El continente africano quedaba, por decirlo de alguna manera, al margen de la gran autopista.
Cuando Suez deja de ser atractivo, el mapa se transforma:
Asia → Índico → Cabo de Buena Esperanza → Atlántico africano → Europa.
África vuelve a quedar literalmente en medio de la ruta.
Y eso modifica el valor relativo de sus costas, puertos e instalaciones.
Sudáfrica.
Namibia.
Angola.
Golfo de Guinea.
Senegal.
Mauritania.
Canarias.
Marruecos.
Gibraltar.
Todos ellos adquieren una nueva relevancia.
No necesariamente porque los barcos deban entrar en sus puertos, sino porque la gran arteria comercial se desplaza hacia sus proximidades.
- El regreso del Cabo no es gratuito
La expresión “rodear África” puede producir la impresión de una sencilla línea alternativa trazada sobre el mapa.
En realidad significa miles de kilómetros adicionales.
Más combustible.
Más días de navegación.
Mayor utilización de tripulaciones.
Más mantenimiento.
Mayor exposición meteorológica.
Más seguros.
Más tiempo de inmovilización del capital.
Y, como vimos en el capítulo anterior, una reducción de la capacidad efectiva de la flota mundial.
Por eso el retorno parcial al Cabo no constituye simplemente una desviación geográfica.
Es una reorganización económica del transporte marítimo.
Y esa reorganización genera ganadores y perdedores.
- Aparece una necesidad elemental: combustible
Un barco que navega durante diez o quince días adicionales consume combustible durante diez o quince días adicionales.
Esto parece una obviedad.
Pero tiene enormes consecuencias estratégicas.
Los barcos que rodean África necesitan:
combustible,
lubricantes,
repuestos,
agua,
provisiones,
cambio de tripulaciones,
mantenimiento,
reparaciones,
servicios portuarios.
Y necesitan esos servicios en lugares adecuados de la ruta.
Aquí aparece un concepto fundamental:
bunkering.
Es decir, el suministro de combustible a los buques.
Los desvíos por el Cabo han incrementado precisamente la demanda en distintos puntos africanos de abastecimiento marítimo. Reuters describía en marzo de 2026 cómo la nueva ruta estaba favoreciendo centros de bunkering en las costas africanas y atrayendo inversiones de importantes operadores energéticos.
La geopolítica vuelve así a encontrarse con algo tan elemental como llenar un depósito.
- Y Canarias aparece sobre el mapa
Sigamos ahora un barco que viene desde Asia.
Ha cruzado el Índico.
Ha doblado el Cabo de Buena Esperanza.
Ha comenzado a subir por el Atlántico.
Su siguiente gran destino es Europa.
Y entonces encuentra una posición geográfica excepcional:
las Islas Canarias.
Canarias se encuentra frente a la costa noroccidental africana y sobre las grandes rutas marítimas del Atlántico oriental.
La propia Comisión Europea acaba de dar un paso significativo en septiembre de 2026 al definir las regiones ultraperiféricas como “puestos estratégicos” de la Unión que extienden su presencia global. Canarias es la única región española incluida en ese grupo.
Esta definición europea resulta extraordinariamente oportuna para nuestro estudio.
Porque permite dejar de contemplar Canarias exclusivamente como:
turismo,
playas,
insularidad,
lejanía.
Y empezar a contemplarla como:
posición atlántica europea.
- De ultraperiferia a avanzada
Aquí aparece una paradoja lingüística y geopolítica fascinante.
La Unión Europea denomina a Canarias:
región ultraperiférica.
Vista desde Bruselas, está lejos.
Pero vista desde el Atlántico oriental, ocurre exactamente lo contrario.
Está en el centro de una enorme zona marítima.
La propia Comisión reconoce que estas regiones poseen un potencial singular precisamente por su localización, su dimensión marítima y su proximidad a otros continentes.
Por tanto, “periferia” depende del punto desde el que se observa.
Desde Europa continental:
Canarias está lejos.
Desde las rutas marítimas africanas:
Canarias está en el camino.
Y ésta es una distinción esencial.
- Las Palmas: mucho más que un puerto insular
El Puerto de Las Palmas adquiere aquí especial importancia.
Históricamente ha desempeñado funciones de escala, abastecimiento y reparación para los buques que navegan entre Europa, África y América.
En diciembre de 2025 se amplió el Muelle de la Esfinge precisamente para incrementar su capacidad de operar grandes buques energéticos y reforzar su papel en tráficos de graneles líquidos, bunkering y tránsito marítimo internacional.
Durante 2026, la Autoridad Portuaria y el sector privado han seguido trabajando para consolidar Las Palmas como centro de suministro de combustible del Atlántico medio.
Esto significa que Canarias no constituye solamente una posición geográfica potencial.
Dispone ya de infraestructura marítima.
Y la diferencia es fundamental.
Una isla situada estratégicamente pero sin puertos adecuados tiene un determinado valor.
Una isla estratégicamente situada con instalaciones portuarias, combustible, talleres, comunicaciones y conexiones internacionales posee otro muy distinto.
- La crisis ya está poniendo a prueba esa capacidad
Pero aquí debemos evitar idealizaciones.
Una oportunidad logística puede convertirse también en un problema.
El enorme desvío de buques alrededor del Cabo ha ejercido presión sobre los centros de suministro de la costa africana y sobre Canarias. Informaciones sectoriales de abril señalaban dificultades de disponibilidad y mayores plazos para determinados suministros de combustible en Las Palmas como consecuencia de la fuerte demanda generada por los desvíos.
Esto resulta muy ilustrativo.
El aumento del tráfico puede producir:
más negocio,
pero también
saturación.
La importancia estratégica exige infraestructura capaz de absorberla.
Puertos.
Depósitos.
Terminales.
Reparaciones.
Remolcadores.
Personal.
Seguridad.
Por eso el retorno del Cabo no convierte automáticamente a Canarias en beneficiaria.
Le proporciona una oportunidad estratégica cuya explotación depende de su capacidad.
- Canarias como estación intermedia
Volvamos a nuestro barco imaginario.
Después de doblar el Cabo tiene diferentes posibilidades.
Puede continuar directamente hacia Rotterdam.
Puede dirigirse a Reino Unido.
Puede entrar hacia el Mediterráneo.
Puede detenerse en África occidental.
Puede abastecerse en Canarias.
No todos los barcos necesitan hacerlo.
Pero disponer de un gran centro de servicios sobre la ruta proporciona algo extremadamente valioso:
opcionalidad.
Y en logística la opcionalidad tiene valor.
Cuantas más rutas se desvíen hacia el Atlántico africano, mayor será potencialmente la utilidad de instalaciones capaces de prestar servicios sobre ese corredor.
- El eje Cabo–Canarias–Gibraltar
Ahora podemos dibujar la nueva arteria que nos interesa:
CABO DE BUENA ESPERANZA
↓
Namibia / Angola
↓
Golfo de Guinea
↓
África occidental
↓
CANARIAS
↓
Marruecos / Península Ibérica
↓
GIBRALTAR
↓
MEDITERRÁNEO
Aquí aparece una relación que normalmente no contemplamos:
Canarias y Gibraltar forman dos posiciones sucesivas sobre la ruta atlántica alternativa hacia el Mediterráneo.
No desempeñan la misma función.
Pero se complementan.
Canarias:
escala atlántica.
Gibraltar:
puerta mediterránea.
- Y reaparece Marruecos
Pero entre ambas posiciones encontramos Marruecos.
Y ésta es precisamente la razón por la cual nuestro ejercicio sobre Ceuta adquiere ahora mayor profundidad.
Marruecos no se encuentra únicamente al sur del Estrecho.
Posee una extensa fachada atlántica.
Tánger Med, aunque ubicado en el entorno del Estrecho, se beneficia precisamente de su posición en la intersección entre las rutas atlánticas y mediterráneas.
Durante las grandes desviaciones de 2026, el propio puerto marroquí se preparó para recibir mayor tráfico derivado del rodeo africano. Reuters señalaba que los desvíos podían añadir entre diez y catorce días a determinados trayectos y que Tánger Med esperaba beneficiarse de una parte de ese movimiento adicional.
Esto significa que España y Marruecos aparecen nuevamente compitiendo y cooperando alrededor del mismo fenómeno.
- Una nueva fachada estratégica
Si la inestabilidad oriental persistiera durante años, podría producirse algo más profundo que un simple desvío temporal.
Las empresas empezarían a tomar decisiones permanentes.
Nuevos depósitos.
Nuevas terminales.
Nuevos contratos.
Nuevos centros de mantenimiento.
Nuevas rutas regulares.
Nuevas inversiones portuarias.
En otras palabras:
la emergencia puede terminar creando infraestructura.
Y cuando aparece infraestructura, el cambio temporal puede convertirse parcialmente en estructural.
No significa que Suez vaya a perder definitivamente su posición. Su ventaja de distancia continúa siendo enorme, como demuestra el regreso parcial de servicios de Maersk y Hapag-Lloyd en septiembre de 2026.
Pero las empresas han aprendido una lección:
necesitan alternativas.
- La redundancia se convierte en estrategia
Hasta hace pocos años, utilizar el Cabo podía considerarse principalmente una solución de emergencia.
Ahora puede comenzar a contemplarse también como una ruta de respaldo.
La diferencia conceptual es importante.
Una economía global que ha sufrido:
pandemia,
Ever Given,
guerra en Ucrania,
ataques en el mar Rojo,
crisis en Ormuz,
ha aprendido el significado de una palabra:
resiliencia.
La ruta más corta ya no es necesariamente la única variable.
También importa:
¿qué ocurre si deja de funcionar?
Y entonces tener dos rutas vale más que tener una.
- Europa redescubre sus territorios alejados
Aquí la política europea de 2026 resulta especialmente significativa.
La nueva estrategia de la Comisión para las regiones ultraperiféricas sostiene expresamente que el aumento de las tensiones geopolíticas incrementa su importancia como posiciones estratégicas de la Unión.
Esto incluye:
Canarias,
Madeira,
Azores.
Obsérvese el mapa.
Los tres archipiélagos ibéricos forman una extraordinaria proyección europea sobre el Atlántico.
Canarias al sur.
Madeira más al norte.
Azores en medio del océano.
No constituyen una cadena militar en sentido estricto.
Pero geográficamente proyectan territorio de la Unión Europea sobre una enorme extensión atlántica.
- El Atlántico ibérico
Esto nos permite ampliar aún más nuestra perspectiva.
España y Portugal poseen conjuntamente una posición geográfica excepcional:
Península Ibérica
Canarias
Madeira
Azores
y, en el caso español que nos ocupa,
Ceuta y Melilla.
Esa distribución convierte a la Península Ibérica en algo más que el extremo occidental de Europa.
La convierte en el punto de encuentro entre:
Europa,
Mediterráneo,
Atlántico,
África,
y las rutas hacia América.
Por eso la seguridad de Gibraltar adquiere una dimensión europea mucho mayor de lo que su tamaño físico sugiere.
- La cuestión energética
El regreso del Cabo tiene otra consecuencia.
Los grandes petroleros procedentes de otras regiones productoras pueden utilizar rutas atlánticas para compensar parcialmente alteraciones del suministro oriental.
Estados Unidos.
Brasil.
Guyana.
África occidental.
Todas estas fuentes adquieren relativamente mayor importancia para Europa cuando el Golfo Pérsico se vuelve más inseguro.
El mapa energético europeo se desplaza entonces parcialmente hacia el Atlántico.
Y eso vuelve a aumentar la importancia de:
puertos atlánticos,
terminales,
refinerías,
almacenamiento,
gasoductos,
interconexiones.
La crisis marítima termina transformándose en una cuestión de seguridad energética europea.
- Canarias no sustituye a Suez
Conviene introducir aquí una limitación importante.
Canarias no puede sustituir a Suez.
Ni Gibraltar puede sustituir a Ormuz.
Ni el Cabo puede reproducir la eficiencia del canal.
No estamos buscando reemplazos equivalentes.
Estamos estudiando rutas alternativas y redistribuciones de importancia estratégica.
Ésa es una diferencia esencial para mantener rigor.
El sistema mundial no sustituye una puerta por otra.
Se adapta.
Y esa adaptación modifica el valor de determinados territorios.
- Regresemos a nuestra hipótesis
Ahora reunamos nuevamente las piezas.
Tenemos:
crisis en Ormuz;
inseguridad en Bab el-Mandeb;
menor utilización de Suez;
desvío por el Cabo;
aumento del tráfico por el Atlántico africano;
mayor importancia de Canarias;
mayor importancia de Gibraltar.
Y añadimos nuestra hipótesis:
Ceuta pasa a soberanía marroquí.
Entonces aparece una situación paradójica.
España conservaría dos extraordinarias posiciones:
Canarias y la costa peninsular del Estrecho.
Pero habría perdido la tercera:
Ceuta.
Mientras Marruecos reforzaría simultáneamente:
su fachada atlántica,
Tánger Med,
su costa del Estrecho,
y Ceuta.
- La verdadera importancia de Canarias
Esto nos permite corregir una cuestión planteada al comienzo de nuestro trabajo.
No debemos estudiar Canarias principalmente como posible siguiente objeto de una disputa territorial.
Eso desviaría el análisis hacia una hipótesis distinta y mucho más especulativa.
Para nuestro estudio actual, Canarias importa por otra razón:
si las puertas orientales del Mare Nostrum fallan, Canarias se convierte en una de las principales posiciones españolas y europeas sobre la gran ruta marítima alternativa que rodea África.
Ésta es una conclusión mucho más sólida.
Y estratégicamente quizá más importante.
- Dos anclas españolas
En nuestro escenario España conservaría entonces dos grandes anclas marítimas:
CANARIAS
sobre la ruta atlántica africana.
PENÍNSULA / ALGECIRAS / ROTA
sobre Gibraltar.
Entre ambas se extiende la costa marroquí.
Esto genera una nueva geometría.
Ya no estamos hablando únicamente del Estrecho.
Estamos hablando del espacio:
Canarias – Marruecos – Gibraltar – Península Ibérica.
Un auténtico cuadrilátero estratégico.
- El cuadrilátero
Podemos representarlo:
PENÍNSULA IBÉRICA / ROTA
↕
GIBRALTAR
↕
MARRUECOS
↙︎ ↘︎
CANARIAS MEDITERRÁNEO
Esta imagen permite comprender la transformación.
Canarias proyecta España hacia el Atlántico africano.
Gibraltar conecta ese Atlántico con el Mediterráneo.
Marruecos se encuentra geográficamente entre ambos espacios.
Y Ceuta se encuentra exactamente en uno de los puntos de contacto más sensibles.
- De la geografía comercial a la geopolítica
El comercio crea infraestructura.
La infraestructura genera intereses.
Los intereses necesitan protección.
La protección genera presencia.
Y la presencia termina produciendo geopolítica.
Ésta es una secuencia histórica que se ha repetido innumerables veces.
Por eso debemos observar cuidadosamente el regreso de la ruta del Cabo.
Si es temporal, producirá principalmente efectos económicos.
Si se prolonga, puede producir efectos logísticos.
Y si genera infraestructura permanente, terminará produciendo consecuencias estratégicas.
Quinta conclusión
Podemos formularla así:
La crisis de las rutas orientales está devolviendo importancia al corredor marítimo que rodea África por el Cabo de Buena Esperanza. Ese desplazamiento aumenta el valor relativo de las costas africanas, de sus centros de abastecimiento y de las posiciones europeas situadas sobre el Atlántico oriental. Entre ellas, Canarias ocupa una posición especialmente significativa como territorio español y europeo próximo a África y dotado de infraestructura portuaria.
Pero existe una segunda consecuencia:
El regreso del Cabo no disminuye la importancia de Gibraltar. La aumenta para todos los tráficos que, después de rodear África, necesiten acceder al Mediterráneo. Canarias y Gibraltar pasan así a formar dos posiciones sucesivas españolas sobre la ruta alternativa: una en el Atlántico africano y otra en la puerta del Mare Nostrum.
Y aquí nuestro ejercicio alcanza un punto decisivo.
Ya conocemos la geografía.
Conocemos las bases.
Conocemos las rutas.
Conocemos los estrechos.
Ahora debemos hacer lo que todavía hemos evitado deliberadamente:
ejecutar completamente nuestra hipótesis.
No estudiar qué podría ocurrir durante la negociación.
No discutir si la transferencia sería probable.
Sino aceptar, exclusivamente a efectos del ejercicio geopolítico, que ya ocurrió.
Ceuta ha pasado a soberanía marroquí.
Es el día siguiente.
Los barcos continúan navegando.
Las fronteras han cambiado.
Las fuerzas españolas se han retirado.
La bandera marroquí ondea sobre Ceuta.
Y debemos preguntarnos:
¿Quién ganó qué y quién perdió qué?
Ése será el objeto del Capítulo VI — “El día después: el Estrecho sin una Ceuta española”.
Allí podremos hacer por primera vez un auténtico balance estratégico, sin convertirlo en una valoración política de qué actor “gana” o “pierde” en conjunto: territorio, vigilancia, profundidad estratégica, logística, posiciones militares, relaciones con Gibraltar, Rota, Tánger Med, Canarias y las rutas marítimas. Será el capítulo en el que todas las piezas estudiadas hasta ahora comiencen finalmente a encajar.
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Capítulo VI
El día después: el Estrecho sin una Ceuta española
Hasta ahora hemos trabajado con una hipótesis. En este capítulo vamos a llevarla hasta sus últimas consecuencias.
No preguntaremos cómo se produjo el cambio de soberanía. Tampoco si fue resultado de un tratado, una negociación diplomática o cualquier otro mecanismo. Mucho menos intentaremos predecir que vaya a suceder.
Simplemente estableceremos, como supuesto contrafactual:
Ceuta ha dejado de ser española y ha pasado a soberanía marroquí.
Es el día siguiente.
No hay guerra.
El Estrecho continúa abierto.
Los barcos siguen navegando.
Gibraltar continúa siendo británico.
Rota sigue siendo española y alberga fuerzas estadounidenses.
Tánger Med continúa funcionando.
La OTAN no ha modificado su estructura.
¿Qué ha cambiado realmente?
Mucho menos de lo que sugeriría una lectura catastrofista.
Y, al mismo tiempo, mucho más de lo que indicaría la pequeña superficie de Ceuta.
- Lo primero que no cambiaría: Gibraltar seguiría abierto
Comencemos eliminando la hipótesis más extrema.
El cambio de soberanía de Ceuta no otorgaría a Marruecos el derecho de cerrar el Estrecho ni transformaría Gibraltar en aguas interiores marroquíes.
La navegación internacional continuaría sometida al régimen jurídico que analizamos anteriormente.
Tampoco desaparecerían las capacidades españolas de vigilancia marítima.
De hecho, apenas cinco días antes de escribir estas líneas, el patrullero Tagomago finalizó una operación en el Estrecho y el mar de Alborán en la que recorrió más de 1.000 millas náuticas monitorizando unidades y tráfico marítimo. Las Fuerzas Armadas españolas mantienen operaciones permanentes de presencia, vigilancia y disuasión en esos espacios.
Por tanto, nuestro escenario no puede resumirse como:
España pierde Ceuta = España pierde Gibraltar.
Eso sería incorrecto.
La cuestión es otra.
- España perdería una posición territorial africana
Ésta sería la primera consecuencia objetiva.
España dejaría de estar territorialmente presente en la costa africana del entorno inmediato del Estrecho.
Y esa presencia tiene actualmente una función estratégica reconocida oficialmente.
La Visión Geoestratégica de España, publicada por el Ministerio de Defensa, afirma que Ceuta proporciona una ventaja adicional porque, junto con la costa norte del Estrecho, contribuye a salvaguardar el tráfico marítimo y considera la presencia española en ambas orillas un activo estratégico.
Esto es especialmente importante porque permite separar nuestro análisis de cualquier valoración política.
No somos nosotros quienes necesitamos atribuir a Ceuta una función estratégica hipotética.
El propio Ministerio de Defensa español se la atribuye.
Por tanto, si desaparece la soberanía española sobre Ceuta, desaparece ese activo territorial concreto.
- Desaparecería la Estación de Vigilancia española de Ceuta
Aquí podemos ser todavía más específicos.
Actualmente la Comandancia Naval de Ceuta tiene entre sus misiones el conocimiento del entorno marítimo, la vigilancia y la seguridad marítima y dispone operativamente de la Estación de Vigilancia del Estrecho de Ceuta (EVIEST CEUTA).
En nuestra hipótesis, España tendría que retirarla, trasladarla o sustituir sus funciones mediante otros sistemas.
Éste es un ejemplo perfecto de lo que realmente significa perder una posición estratégica.
España no quedaría ciega.
Podría compensar parcialmente mediante:
radares peninsulares,
buques,
aeronaves,
satélites,
drones,
sensores,
inteligencia aliada.
Pero tendría que compensar algo que actualmente ya posee gracias a la geografía.
Y compensar geografía mediante tecnología suele ser posible, pero no necesariamente equivalente.
- Marruecos obtendría el territorio, no automáticamente las capacidades españolas
La consecuencia inversa también necesita precisión.
Marruecos obtendría Ceuta.
Pero no heredaría automáticamente la arquitectura española de inteligencia, comunicaciones o vigilancia.
Los sistemas sensibles serían previsiblemente retirados por España dentro del supuesto de una transferencia pactada.
Por tanto:
España pierde posición geográfica.
Pero no necesariamente:
Marruecos recibe intactas las capacidades españolas instaladas allí.
Rabat tendría que desarrollar las suyas propias.
Y Marruecos ya posee medios de vigilancia costera y capacidades militares.
La importancia radicaría en que ahora podría desplegarlos desde una nueva posición.
- La continuidad de la costa
Aquí aparece probablemente el cambio geográfico más visible.
Actualmente Ceuta introduce una discontinuidad soberana española en la costa norteafricana.
Después de nuestra transferencia hipotética desaparecería.
Marruecos podría concebir como un único espacio territorial:
Tánger → Tánger Med → entorno del Estrecho → Ceuta → costa mediterránea marroquí.
Eso no significa que inmediatamente construyera nuevas bases, carreteras o instalaciones.
Pero desaparecería la frontera internacional que actualmente separa Ceuta de Marruecos.
Y con ella desaparecerían las restricciones que toda frontera introduce para una planificación territorial integrada.
- Tánger Med y Ceuta bajo una misma soberanía
Ésta sería una transformación particularmente interesante.
Tánger Med ya constituye un formidable complejo portuario, logístico e industrial. El grupo gestiona además extensas zonas económicas con más de 1.500 empresas y una red portuaria que mueve volúmenes muy elevados de mercancías.
En nuestra hipótesis, Ceuta se incorporaría al mismo Estado que controla Tánger Med.
Esto no significa que ambos puertos se fusionaran.
Sus características y funciones son distintas.
Pero Rabat podría planificarlos dentro de una única estrategia nacional sobre el Estrecho.
Y ése sí sería un cambio significativo.
- España conservaría Algeciras
La otra mitad del análisis es igualmente importante.
España conservaría uno de los grandes activos del Estrecho:
Algeciras.
Y conservaría toda la costa septentrional española.
Por tanto, seguiría disponiendo de infraestructura portuaria, logística y naval de enorme importancia.
España no desaparecería como potencia del Estrecho.
Ni siquiera remotamente.
La modificación consistiría en pasar de una configuración:
presencia española en ambas orillas
a otra:
presencia territorial española únicamente en la orilla europea inmediata al Estrecho.
Ésa es la formulación rigurosa.
- Rota aumentaría relativamente de importancia
Aquí reaparece uno de nuestros conceptos fundamentales:
valor relativo.
Rota no se movería.
No crecería territorialmente.
Pero si desapareciera la posición española de Ceuta, Rota adquiriría mayor importancia dentro del dispositivo español y aliado del Mediterráneo occidental.
La propia Marina estadounidense define Naval Station Rota como la “Gateway to the Mediterranean” y como punto estratégico para las fuerzas estadounidenses y aliadas entre Estados Unidos y Asia sudoccidental. Actualmente alberga cinco destructores Arleigh Burke y proporciona apoyo logístico a fuerzas estadounidenses y de la OTAN que operan en Europa, África y Oriente Medio.
En nuestra hipótesis, probablemente España tendría incentivos estratégicos para reforzar todavía más el eje:
Rota – Cádiz – Algeciras – Estrecho.
No afirmamos que necesariamente lo hiciera.
Pero sería una opción evidente de compensación.
- Gibraltar también adquiriría mayor valor relativo
Exactamente el mismo fenómeno ocurriría con Gibraltar.
Reino Unido no obtendría nuevos territorios.
Pero desaparecería una de las posiciones españolas situadas enfrente.
Por tanto, Gibraltar aumentaría relativamente su valor como posición occidental en el Estrecho.
Y aquí aparece una paradoja histórica extraordinaria.
España mantiene desde hace siglos su reclamación sobre Gibraltar.
Sin embargo, en nuestro escenario hipotético, la presencia británica podría adquirir mayor importancia para la arquitectura occidental del Estrecho precisamente después de una pérdida territorial española en África.
La geopolítica produce con frecuencia estas contradicciones.
- El mapa occidental después de la transferencia
Podríamos representarlo:
ORILLA EUROPEA
Rota — Cádiz — Algeciras — Gibraltar
España / Reino Unido / Estados Unidos / OTAN
↓
ESTRECHO
↓
ORILLA AFRICANA
Tánger — Tánger Med — Ceuta
Marruecos
La imagen es simplificada.
Pero permite comprender inmediatamente la transformación.
La costa septentrional estaría integrada fundamentalmente dentro del sistema occidental de alianzas.
La meridional quedaría bajo soberanía marroquí.
Marruecos coopera estrechamente con Occidente, pero no pertenece a la OTAN.
Por tanto aparecería una separación estratégica más nítida entre las dos orillas.
- Pero no habría necesariamente una frontera hostil
Éste es otro punto que debemos subrayar.
Que dos costas pertenezcan a estructuras militares diferentes no significa que sean adversarias.
España y Marruecos podrían continuar cooperando.
Podrían compartir información marítima.
Podrían coordinar salvamento.
Podrían luchar conjuntamente contra terrorismo, narcotráfico e inmigración irregular.
Podrían mantener relaciones militares.
El escenario no implica automáticamente hostilidad.
Pero la soberanía tiene una característica particular:
permanece cuando cambian los gobiernos.
Una política de cooperación puede modificarse.
La geografía no.
Por eso los Estados analizan posiciones estratégicas pensando no solamente en el gobierno actual del vecino, sino en qué podría ocurrir dentro de veinte, treinta o cincuenta años.
- La pregunta no es qué haría Marruecos hoy
Éste es quizá uno de los puntos conceptuales más importantes del capítulo.
Sería un error construir todo el análisis alrededor de:
¿Qué haría el actual Gobierno marroquí?
La pregunta estratégica correcta es:
¿qué posibilidades tendría cualquier Gobierno marroquí futuro gracias a la nueva geografía?
Porque una transferencia de soberanía es permanente salvo otro cambio posterior.
Los gobiernos son temporales.
Los territorios permanecen.
Por eso una base puede ser irrelevante hoy y fundamental dentro de treinta años.
- La posibilidad de terceros
Volvemos así a una cuestión introducida en el capítulo militar.
Una Ceuta bajo soberanía marroquí podría ser utilizada exclusivamente por las fuerzas marroquíes.
Podría mantener funciones predominantemente civiles.
O Marruecos podría, en algún momento futuro, celebrar acuerdos de acceso militar con terceros.
No tenemos base para afirmar cuál de esos escenarios ocurriría.
Pero estratégicamente deben distinguirse.
Una cosa sería:
Ceuta marroquí sin presencia extranjera.
Otra:
Ceuta integrada en cooperación militar occidental.
Y otra completamente distinta:
Ceuta proporcionando acceso significativo a una potencia exterior competidora de la OTAN.
La geografía sería idéntica.
Las consecuencias estratégicas no.
- El escenario chino
China merece atención especial precisamente porque su estrategia exterior combina comercio, inversión, infraestructura y presencia marítima.
Pero debemos evitar un salto lógico.
Inversión china no significa base militar china.
Una cosa no conduce automáticamente a la otra.
Sin embargo, para cualquier planificación occidental sería relevante vigilar el grado de acceso que potencias externas pudieran obtener a infraestructura situada junto a un chokepoint tan importante.
No porque exista necesariamente una amenaza inmediata.
Sino porque la información marítima tiene valor estratégico.
- No hace falta cerrar Gibraltar para influir sobre Gibraltar
Llegamos aquí a una de las conclusiones más importantes de todo el ensayo.
Durante siglos la preocupación consistía en:
¿quién controla el estrecho?
En el siglo XXI la pregunta es mucho más amplia:
¿quién observa el estrecho?
¿quién opera alrededor del estrecho?
¿quién mantiene infraestructura junto al estrecho?
¿quién obtiene información sobre el tráfico?
¿quién puede desplegar rápidamente medios allí?
El poder sobre un chokepoint moderno no consiste necesariamente en cerrarlo.
Puede consistir simplemente en poseer capacidad de influencia sobre su entorno.
- España tendría que compensar
Si nuestro escenario se materializara, España dispondría de numerosas opciones para compensar parcialmente la pérdida estratégica.
Reforzar la vigilancia desde la península.
Incrementar capacidades navales.
Desarrollar sistemas no tripulados.
Fortalecer Algeciras.
Incrementar protección de infraestructuras submarinas.
Profundizar cooperación con Portugal.
Reforzar Rota.
Aumentar coordinación con Reino Unido y OTAN.
Desarrollar Canarias como plataforma atlántica.
Nada de ello requiere afirmar que necesariamente se adoptaría.
Son simplemente opciones estratégicas disponibles.
Pero todas presentan una característica común.
Costarían dinero.
La geografía que antes proporcionaba una posición tendría que ser compensada mediante inversión y tecnología.
- La importancia de las infraestructuras submarinas
Hay además una dimensión que adquiere cada vez mayor importancia.
El fondo del mar.
Cables de telecomunicaciones.
Interconexiones energéticas.
Sistemas de datos.
El Estado Mayor de la Defensa español mantiene actualmente operaciones específicas de vigilancia de infraestructuras submarinas en el mar de Alborán y el entorno del Estrecho.
La razón es evidente.
Las economías modernas dependen de infraestructuras que muchas veces no vemos.
Y los estrechos concentran algunas de ellas.
Por tanto, perder una posición territorial no afecta únicamente a la superficie.
Afecta también al dispositivo desde el cual se protege el dominio submarino.
- Ahora introduzcamos la crisis oriental
Hasta aquí hemos supuesto un mundo relativamente normal.
Pero nuestro ensayo comenzó precisamente porque el mundo no se encuentra en una situación normal.
Añadamos:
Ormuz bajo presión.
Bab el-Mandeb inseguro.
Suez funcionando parcialmente.
Buques rodeando África.
Canarias aumentando su importancia.
Entonces Gibraltar se vuelve todavía más importante.
Y es precisamente en ese momento cuando España, en nuestra hipótesis, habría perdido su posición africana inmediata.
Aquí aparece la verdadera dimensión del problema.
No es solamente una pérdida territorial.
Es una pérdida territorial en un momento de revalorización del espacio en el que se encuentra ese territorio.
- El valor de una casa depende del barrio
Podemos utilizar una comparación sencilla.
Una casa puede valer una determinada cantidad durante décadas.
Pero si junto a ella se construye el principal puerto del país, una gran autopista o un centro financiero, su valor cambia aunque la casa siga siendo exactamente la misma.
Con Ceuta ocurre algo parecido.
Su superficie no cambia.
Su posición tampoco.
Lo que cambia es el sistema internacional alrededor de ella.
Si Ormuz funciona.
Bab el-Mandeb funciona.
Suez funciona.
Europa vive en paz.
El comercio navega normalmente.
Ceuta tiene un determinado valor estratégico.
Si simultáneamente varias rutas mundiales entran en crisis:
el mismo territorio vale estratégicamente más.
- ¿Qué cambiaría para Marruecos?
Podemos sintetizar sin hacer un juicio global de “ganador” o “perdedor”.
Marruecos incorporaría:
territorio adicional sobre el entorno del Estrecho;
continuidad territorial en su costa septentrional;
capacidad para integrar Ceuta en su planificación marítima y logística;
una nueva posición desde la cual desplegar medios propios;
mayor profundidad estratégica alrededor de Tánger Med.
Pero no obtendría automáticamente:
el control de Gibraltar;
capacidad legal para cerrar la navegación;
superioridad militar sobre España;
las capacidades tecnológicas españolas instaladas actualmente en Ceuta;
ni control sobre Gibraltar, Algeciras o Rota.
Ésta es la diferencia entre aumentar posición estratégica y dominar un espacio.
- ¿Qué cambiaría para España?
España dejaría de disponer de:
territorio soberano en esa posición africana;
la actual infraestructura española de vigilancia allí;
la ventaja geográfica de presencia inmediata en ambas orillas.
Pero conservaría:
la costa peninsular;
Algeciras;
Rota;
sus Fuerzas Armadas;
su pertenencia a la OTAN;
su cooperación con Estados Unidos;
Canarias;
Baleares;
y su capacidad tecnológica de vigilancia.
Por tanto tampoco sería correcto describir el escenario como una desaparición estratégica española del Estrecho.
Sería una reducción de posición, no una desaparición.
- El factor que no puede medirse en kilómetros cuadrados
Finalmente existe un elemento intangible:
la percepción estratégica.
Los Estados observan no solamente capacidades, sino tendencias.
Una modificación territorial puede ser interpretada por otros actores como señal de:
cambio del equilibrio regional,
reordenamiento diplomático,
nueva relación de fuerzas,
o simplemente resolución pactada de un viejo conflicto.
La interpretación dependería completamente de las circunstancias en que hubiera ocurrido.
Por eso no podemos determinarla dentro de nuestro supuesto.
Pero sí podemos afirmar algo:
una transferencia de soberanía sobre Ceuta sería observada mucho más allá de España y Marruecos.
Washington.
Londres.
Bruselas.
París.
Lisboa.
Roma.
Pekín.
Moscú.
Las capitales que planifican su seguridad marítima estudiarían las consecuencias.
Porque no estarían mirando solamente Ceuta.
Estarían mirando Gibraltar.
- El día después parecería sorprendentemente normal
Ésta quizá sea la imagen más interesante con la que cerrar el capítulo.
A la mañana siguiente:
los ferris navegarían.
Los contenedores serían descargados.
Los petroleros cruzarían Gibraltar.
Los aviones despegarían.
Las bolsas abrirían.
Nada parecería haber cambiado demasiado.
Y sin embargo, sobre los mapas de los Estados Mayores, todo el dispositivo del Estrecho habría sido recalculado.
Porque la geopolítica no siempre se manifiesta mediante explosiones.
A veces se manifiesta simplemente cambiando un color sobre un mapa.
Sexta conclusión
Nuestro balance contrafactual puede formularse de manera precisa:
Una transferencia de Ceuta a Marruecos no otorgaría a Rabat el dominio del Estrecho ni eliminaría la capacidad española y aliada para garantizar la navegación. Pero sí trasladaría una posición territorial y de vigilancia de un Estado miembro de la OTAN a un Estado que, aunque estrechamente asociado con Occidente, no pertenece a la Alianza. España perdería su presencia territorial en la ribera africana inmediata del Estrecho y Marruecos ampliaría su capacidad de planificación integrada sobre su costa septentrional.
Y existe una segunda conclusión:
La trascendencia del cambio dependería menos de los kilómetros cuadrados transferidos que del contexto internacional en que ocurriera. Cuanto mayor fuera la inseguridad en Ormuz, Bab el-Mandeb y Suez, mayor sería el valor relativo de Gibraltar y, por tanto, mayor la importancia estratégica de cualquier modificación territorial en sus proximidades.
Con esto llegamos al verdadero núcleo del ensayo.
Ya sabemos qué cambiaría.
Ahora debemos preguntarnos para quién cambiaría.
Porque el nuevo mapa produciría consecuencias diferentes para España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea.
El Capítulo VII — “Cinco actores ante un nuevo Estrecho: España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea” debería examinar esas consecuencias actor por actor, sin establecer vencedores ni vencidos, para después llegar al capítulo final, donde podremos reunir Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez, Canarias y Gibraltar y formular la tesis definitiva de nuestro trabajo: qué significa para Europa que varias de las Puertas del Mare Nostrum puedan encontrarse sometidas simultáneamente a presión.
Continuemos entonces con el capítulo en el que el cambio hipotético de soberanía deja de contemplarse únicamente desde España y Marruecos y pasa a observarse desde las otras capitales implicadas.
Capítulo VII — Cinco actores ante un nuevo Estrecho
CAPÍTULO VII
Cinco actores ante un nuevo Estrecho
España, Marruecos, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea
Hemos llegado al momento de cambiar nuevamente la perspectiva.
Hasta ahora hemos preguntado qué ocurriría en el Estrecho si Ceuta dejara de ser española.
Ahora debemos preguntarnos qué significaría ese mismo acontecimiento visto desde:
Madrid, Rabat, Londres, Washington y Bruselas.
La diferencia es fundamental.
Un mismo cambio territorial puede tener significados completamente distintos dependiendo del actor que lo contemple. Para España implicaría la pérdida de una posición territorial; para Marruecos, la incorporación de una nueva posición; para Reino Unido modificaría el valor relativo de Gibraltar; para Estados Unidos alteraría parcialmente la distribución territorial alrededor de una ruta estratégica; y para la Unión Europea supondría que una parte de su frontera exterior dejaría de encontrarse en la costa africana del Estrecho.
No debemos buscar vencedores y vencidos.
Debemos estudiar intereses.
- España: compensar una posición perdida
Comencemos por Madrid.
En nuestro supuesto España ha aceptado —por el procedimiento que sea, porque deliberadamente lo hemos dejado fuera del ejercicio— la transferencia de Ceuta.
La primera consecuencia sería irreversible mientras no hubiera un nuevo cambio de soberanía:
España dejaría de estar territorialmente presente en la costa africana inmediata del Estrecho.
Pero sería un error convertir esta pérdida en una supuesta desaparición estratégica española.
España conservaría una formidable posición geográfica:
la costa norte del Estrecho;
Algeciras;
Cádiz;
Rota;
Canarias;
Baleares;
sus fuerzas navales y aéreas;
su pertenencia a la OTAN;
y sus acuerdos militares con Estados Unidos.
La cuestión española sería, por tanto, otra:
¿cómo sustituir mediante capacidades lo que antes proporcionaba la geografía?
Y aquí probablemente comenzaría una política de compensación.
Más vigilancia.
Más sensores.
Mayor utilización de drones.
Mayor protección submarina.
Mayor capacidad naval.
Mayor coordinación entre Rota y Algeciras.
Mayor atención a Canarias.
Y probablemente una nueva valoración estratégica del Mediterráneo occidental.
No podemos afirmar qué decisiones concretas adoptaría un Gobierno español futuro. Pero sí podemos identificar el problema al que debería responder.
España habría pasado de estar presente territorialmente en ambas orillas a encontrarse únicamente en la europea dentro del espacio inmediato de Gibraltar.
- España descubriría nuevamente el mar
Aquí podría producirse una consecuencia paradójica.
España ha sido históricamente una potencia marítima, pero durante buena parte de su historia contemporánea sus preocupaciones estratégicas han sido fundamentalmente continentales, europeas y mediterráneas.
Nuestro escenario obligaría a reconsiderar simultáneamente:
el Atlántico,
el Mediterráneo,
África occidental,
Canarias,
Gibraltar,
y las rutas energéticas.
Es decir:
obligaría a España a volver a pensar geopolíticamente desde el mar.
Y quizá ésa fuera una de las consecuencias más profundas del cambio.
Porque España posee una geografía esencialmente marítima.
Dos archipiélagos.
Miles de kilómetros de costa.
Acceso al Mediterráneo y al Atlántico.
Proximidad inmediata a África.
Una gran zona marítima.
Y una posición junto a una de las grandes puertas del comercio mundial.
La pérdida de Ceuta no eliminaría esa condición.
Probablemente la haría más visible.
- Marruecos: integrar la nueva posición
Veamos ahora el mapa desde Rabat.
Marruecos obtendría algo muy diferente.
No simplemente una ciudad.
Obtendría la eliminación de una discontinuidad territorial en su costa septentrional y una nueva posición en el entorno oriental del Estrecho.
Eso permitiría integrar territorialmente:
Tánger → Tánger Med → costa del Estrecho → Ceuta → Mediterráneo marroquí.
La consecuencia inmediata sería fundamentalmente política y geográfica.
La estratégica dependería de qué hiciera Marruecos posteriormente.
Podría mantener Ceuta fundamentalmente como ciudad civil y comercial.
Podría integrarla con sus infraestructuras logísticas.
Podría desarrollar instalaciones de vigilancia marítima.
Podría reforzar presencia militar propia.
Todas ellas serían opciones diferentes.
Por eso debemos distinguir siempre:
adquirir una posición
de
militarizar una posición.
Lo primero forma parte de nuestra hipótesis.
Lo segundo no.
- Marruecos tampoco estaría actuando fuera de Occidente
Existe aquí una cuestión que impide interpretar nuestro escenario como un sencillo desplazamiento del Estrecho desde Occidente hacia otra esfera estratégica.
Marruecos mantiene relaciones muy estrechas con las estructuras occidentales.
Forma parte del Diálogo Mediterráneo de la OTAN, junto con otros seis países no miembros. La propia Alianza define ese foro como un instrumento destinado a contribuir a la seguridad y estabilidad mediterráneas.
Además, Estados Unidos designó a Marruecos Major Non-NATO Ally en 2004 y mantiene una cooperación militar prolongada con Rabat. El Departamento de Estado ha descrito esa relación como una cooperación de seguridad que se remonta a finales de los años cincuenta.
Por tanto, nuestro mapa no quedaría dividido en:
OTAN al norte / adversario al sur.
Sería mucho más complejo:
OTAN al norte / socio occidental no OTAN al sur.
Ésa es una diferencia esencial.
- Pero socio no significa aliado
Al mismo tiempo debemos evitar el error contrario.
Marruecos participa en el Diálogo Mediterráneo, pero no pertenece a la OTAN.
La designación estadounidense de Major Non-NATO Ally tampoco equivale a pertenecer a la Alianza Atlántica.
No existe para Marruecos un artículo 5.
Por tanto, en nuestra hipótesis, la ribera africana inmediata del Estrecho quedaría bajo soberanía de un Estado estrechamente vinculado militarmente con Occidente pero situado fuera de la arquitectura de defensa colectiva de la OTAN.
Ésta sería probablemente una de las principales modificaciones estructurales del nuevo mapa.
- Reino Unido: Gibraltar vale relativamente más
Viajemos ahora a Londres.
Para Reino Unido nuestro escenario produciría una consecuencia peculiar.
Nada cambiaría formalmente.
Gibraltar seguiría siendo Gibraltar.
Las instalaciones militares seguirían allí.
La soberanía británica continuaría siendo la misma.
Pero su valor relativo aumentaría.
El Gobierno británico mantiene Gibraltar como una de sus bases operativas conjuntas permanentes. Actualmente funcionan allí el puerto militar, el aeródromo, el Royal Navy Gibraltar Squadron y el Royal Gibraltar Regiment.
La Revisión Estratégica de Defensa británica de 2025 resulta todavía más explícita: define Gibraltar como una posición estratégica en la entrada occidental del Mediterráneo que proporciona apoyo crítico a objetivos militares británicos y aliados.
Y el propio Ejército británico subraya que su ubicación permite observar las rutas marítimas del Estrecho y que sus instalaciones portuarias, aéreas y de comunicaciones le proporcionan importancia para la OTAN.
Por tanto, si desapareciera Ceuta como posición española, Londres no tendría que hacer nada para que Gibraltar adquiriera relativamente más importancia.
La modificación ocurriría automáticamente.
- Una paradoja para España
Esto produciría una situación históricamente fascinante.
España mantendría su reclamación sobre Gibraltar.
Pero simultáneamente, desde el punto de vista de la seguridad occidental, la base británica adquiriría mayor importancia tras desaparecer la posición española en la costa africana.
Madrid tendría entonces dos intereses que no necesariamente coincidirían:
su posición histórica sobre la soberanía de Gibraltar
y
su interés estratégico en mantener un dispositivo occidental robusto alrededor del Estrecho.
No resolveremos esa contradicción.
Nos basta señalarla.
Porque constituye un ejemplo perfecto de cómo la geopolítica puede obligar a convivir con intereses aparentemente contradictorios.
- Estados Unidos: el actor que necesita a todos
Llegamos a Washington.
Probablemente ningún actor contemplaría nuestro escenario desde una perspectiva tan amplia.
Estados Unidos mantiene estrechas relaciones de seguridad con España.
Utiliza Rota mediante los acuerdos bilaterales.
Reino Unido es uno de sus principales aliados.
Marruecos es Major Non-NATO Ally.
Por tanto:
Washington tiene relaciones estratégicas importantes con los tres actores territoriales fundamentales del Estrecho.
Ésta es una posición extraordinariamente cómoda mientras todos cooperan.
Y extraordinariamente incómoda si aparecen conflictos entre ellos.
- ¿Qué interesa realmente a Washington?
Podemos identificar intereses permanentes sin intentar predecir decisiones concretas de una Administración futura.
Estados Unidos necesita:
libertad de navegación;
acceso al Mediterráneo;
seguridad de Rota;
cooperación con España;
cooperación con Reino Unido;
estabilidad en Marruecos;
acceso al norte de África;
seguridad de las rutas hacia Oriente Medio;
y limitar la capacidad de potencias competidoras para adquirir posiciones estratégicas sobre grandes corredores marítimos.
Por tanto, Washington probablemente analizaría nuestra hipotética transferencia menos desde el significado histórico de Ceuta que desde una pregunta mucho más pragmática:
¿modifica esto la seguridad y accesibilidad del Estrecho?
Si la respuesta fuera no, la modificación podría ser administrable.
Si la respuesta comenzara a ser sí, la preocupación estadounidense crecería.
- La línea roja estratégica no sería necesariamente la bandera
Éste es un concepto importante.
Para Washington podría importar menos qué bandera ondeara sobre Ceuta que qué capacidades pudieran instalarse allí y quién tuviera acceso a ellas.
Una Ceuta marroquí integrada dentro de una cooperación occidental estable constituiría un escenario.
Una Ceuta utilizada para vigilancia o instalaciones de una potencia competidora constituiría otro completamente diferente.
La soberanía sería la misma.
La consecuencia estratégica no.
Aquí volvemos al principio central de nuestro trabajo:
el territorio importa por lo que permite hacer desde él.
- El fantasma de China
Y necesariamente aparece China.
No porque debamos suponer que Pekín pretenda instalarse en Ceuta.
No tenemos base para afirmarlo.
Pero cualquier Estado Mayor occidental estudiaría cuidadosamente cualquier presencia significativa de una potencia rival en las proximidades del Estrecho.
China posee ya una base militar en Yibuti, junto a Bab el-Mandeb.
Nuestro artículo original señalaba precisamente la concentración de instalaciones internacionales existente en ese pequeño Estado africano.
Eso proporciona una lección estratégica.
China ha demostrado que está dispuesta a mantener presencia militar permanente junto a una gran ruta marítima cuando considera que sus intereses lo justifican.
Eso no significa que vaya a repetir el modelo en Gibraltar.
Significa simplemente que Washington, Londres, Madrid y Bruselas no podrían ignorar esa posibilidad en su planificación a largo plazo.
- La Unión Europea: aquí cambia completamente la escala
Llegamos finalmente a Bruselas.
Y aquí nuestro escenario adquiere una dimensión diferente.
Ceuta no es solamente territorio español.
Como parte de España, forma parte del espacio de la Unión Europea.
Por tanto, una transferencia a Marruecos implicaría que la Unión perdería una posición territorial situada en la costa africana del entorno de Gibraltar.
La UE continuaría teniendo una poderosa presencia atlántica y mediterránea gracias a España, Portugal, Francia, Italia y sus territorios insulares.
Pero su frontera exterior habría cambiado.
- Marruecos, sin embargo, es también socio estratégico de Europa
Aquí vuelve a aparecer la complejidad.
La relación UE–Marruecos no es marginal.
En enero de 2026, durante el 15.º Consejo de Asociación UE-Marruecos, ambas partes reafirmaron oficialmente el carácter estratégico, privilegiado y multidimensional de su relación y acordaron profundizar la cooperación en seguridad, comercio, inversión, migración y otras áreas.
En abril se volvió a reafirmar el objetivo de profundizar esa asociación estratégica.
Y también en 2026 se abrió un nuevo diálogo digital entre Bruselas y Rabat sobre inteligencia artificial, infraestructuras digitales seguras e interoperabilidad.
Esto significa que tampoco desde Bruselas podría interpretarse nuestro escenario mediante una sencilla oposición:
Europa contra Marruecos.
La realidad sería:
Europa negociando con uno de sus principales socios mediterráneos sobre un espacio estratégico compartido.
- Europa tendría un interés superior: que Gibraltar nunca se convierta en problema
La Unión Europea depende extraordinariamente del comercio marítimo.
Por tanto, su interés estructural sería que Gibraltar continuara siendo:
seguro,
previsible,
abierto,
estable.
Para Bruselas, el problema fundamental no sería necesariamente quién administra Ceuta.
Sería que cualquier cambio territorial no alterase la seguridad de una de las principales conexiones marítimas de Europa.
Y esta preocupación aumentaría exponencialmente si simultáneamente existieran problemas en:
Ormuz,
Bab el-Mandeb,
y Suez.
Europa puede absorber una crisis marítima.
Puede absorber dos.
Pero cuanto mayor sea el número de rutas sometidas simultáneamente a presión, menor será su margen de maniobra.
- La UE descubriría también Canarias
Y aquí reaparece el archipiélago.
En nuestro capítulo anterior vimos que la propia Comisión Europea ha comenzado a definir las regiones ultraperiféricas como posiciones estratégicas.
Si el comercio se desplaza hacia la ruta del Cabo, Canarias deja de parecer simplemente un territorio lejano de Europa.
Se convierte en:
Europa adelantada sobre el Atlántico africano.
En nuestro escenario, la importancia europea de Canarias crecería precisamente cuando desapareciera la posición europea de Ceuta.
Una posición se pierde.
Otra adquiere mayor valor.
La geopolítica vuelve a compensar el tablero.
- Portugal entra silenciosamente en escena
Aunque no figure entre los cinco protagonistas principales del capítulo, no podemos ignorarlo.
Si el centro de gravedad marítimo se desplaza parcialmente hacia el Atlántico, Portugal gana importancia relativa.
Portugal posee:
la fachada atlántica peninsular,
Madeira,
Azores,
y una estrecha integración con España dentro de la UE y la OTAN.
Esto permitiría imaginar un eje estratégico ibérico:
Azores → Madeira → Canarias → Península Ibérica → Gibraltar.
No constituye una cadena militar integrada como tal.
Pero geográficamente es extraordinaria.
Y demuestra nuevamente que la Península Ibérica no es el extremo de Europa.
Es la plataforma europea hacia el Atlántico.
- Cinco actores, cinco perspectivas
Podemos finalmente reunir las piezas.
Para España, el problema sería compensar una posición territorial perdida y reforzar su arquitectura marítima.
Para Marruecos, consistiría en integrar una nueva posición dentro de su territorio, su economía y su dispositivo de seguridad.
Para Reino Unido, Gibraltar adquiriría mayor valor relativo como posición occidental permanente.
Para Estados Unidos, la prioridad sería preservar la estabilidad del Estrecho y la cooperación simultánea con España, Reino Unido y Marruecos.
Para la Unión Europea, el objetivo fundamental sería garantizar que una modificación territorial no debilitara la seguridad de las rutas marítimas ni su relación estratégica con el norte de África.
Ninguno contemplaría exactamente el mismo problema.
Pero todos mirarían el mismo lugar:
Gibraltar.
- Y todos tendrían una preocupación común
Existe, sin embargo, algo que los cinco actores compartirían.
Ninguno tendría interés estructural en que el Estrecho se transformara en una zona permanente de confrontación.
España necesita navegarlo.
Marruecos necesita navegarlo.
Reino Unido necesita navegarlo.
Estados Unidos necesita navegarlo.
Europa necesita navegarlo.
Tánger Med necesita que funcione.
Algeciras necesita que funcione.
Gibraltar necesita que funcione.
El comercio mundial necesita que funcione.
Esto introduce una fuerza estabilizadora extraordinariamente importante.
Cuanto mayor es la importancia estratégica del Estrecho, mayores son también los incentivos de sus principales actores para impedir que deje de funcionar.
La geografía genera rivalidad.
Pero también genera interdependencia.
- El Estrecho como espacio de equilibrio
Podemos entonces corregir una expresión utilizada al principio del ensayo.
Quizá no deberíamos hablar de:
“control del Estrecho”.
Ninguno de sus actores lo controla por completo.
Sería más exacto hablar de:
equilibrio del Estrecho.
España controla posiciones.
Marruecos controla posiciones.
Reino Unido controla Gibraltar.
Estados Unidos proyecta poder mediante sus alianzas y presencia.
La OTAN proporciona una arquitectura de seguridad.
La Unión Europea proporciona una arquitectura económica y política.
Y el Derecho Internacional protege la navegación.
El funcionamiento de Gibraltar depende precisamente de la superposición de todos esos elementos.
- Nuestra hipótesis alteraría el equilibrio, no lo destruiría
Ésta es probablemente la conclusión más importante del capítulo.
Una Ceuta marroquí:
alteraría el equilibrio.
Pero no necesariamente:
rompería el equilibrio.
La diferencia es fundamental.
España perdería una posición.
Marruecos adquiriría una posición.
Gibraltar aumentaría relativamente su valor.
Rota también.
Canarias también.
La cooperación occidental con Marruecos podría continuar.
La navegación podría continuar exactamente igual.
El sistema se reajustaría.
Pero ese reajuste sería observado con enorme atención porque estaría ocurriendo en uno de los puntos geográficos más sensibles del planeta.
- Y entonces aparece la última pregunta
Hasta ahora hemos supuesto que los actores se comportan racionalmente.
Que los acuerdos funcionan.
Que la cooperación continúa.
Que las crisis pueden administrarse.
Pero nuestro trabajo nació precisamente de observar algo diferente:
varias puertas marítimas sometidas simultáneamente a presión.
Ormuz.
Bab el-Mandeb.
Suez.
Y nuestra hipótesis sobre Gibraltar.
Hasta ahora las hemos estudiado separadamente.
Ha llegado el momento de colocarlas todas sobre el mismo mapa.
Séptima conclusión
Podemos formularla así:
Una hipotética transferencia de Ceuta a Marruecos tendría consecuencias diferentes para cada actor, pero no produciría por sí sola una ruptura de la arquitectura occidental del Estrecho. Marruecos mantiene una estrecha asociación con Estados Unidos, participa en el Diálogo Mediterráneo de la OTAN y posee una relación estratégica privilegiada con la Unión Europea.
Sin embargo:
la modificación sería estructural porque trasladaría una posición territorial desde un Estado miembro de la UE y de la OTAN hacia un Estado asociado a ambas estructuras pero perteneciente a ninguna de ellas.
España conservaría Algeciras y Rota.
Reino Unido conservaría Gibraltar.
Estados Unidos conservaría su acceso militar.
Europa conservaría una formidable posición mediterránea y atlántica.
Marruecos reforzaría su presencia territorial en la ribera sur.
Por tanto, el sistema no desaparecería.
Se reequilibraría.
Pero ahora debemos añadir la última variable.
¿Qué ocurre si ese reequilibrio no sucede en un Mediterráneo tranquilo?
¿Qué ocurre si sucede mientras Ormuz está bajo presión, Bab el-Mandeb es inseguro, Suez pierde tráfico y miles de barcos vuelven a rodear África?
Entonces las cuatro puertas dejan de ser problemas regionales independientes.
Se convierten en un único sistema de vulnerabilidad marítima.
Y ése debe ser nuestro capítulo final:
CAPÍTULO VIII
Las cuatro puertas: la nueva geopolítica del Mare Nostrum
Allí reuniremos definitivamente Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez y Gibraltar, incorporaremos Canarias y la ruta del Cabo, y podremos cerrar el ensayo con la tesis que ha ido apareciendo capítulo tras capítulo:
Occidente no depende de una sola puerta. Depende de una cadena de puertas. Y cuando varias se vuelven vulnerables simultáneamente, el valor estratégico de la última que permanece plenamente operativa aumenta de manera extraordinaria.
En nuestro escenario, esa última puerta occidental es Gibraltar.
Reducir la fragmentación telegráficaUnificar la jerarquía de encabezados
Reducir la fragmentación telegráfica
Unificar la jerarquía de encabezados
Reforzar las cautelas hipotéticas
Principio del formulario
Final del formulario
Cerramos entonces el ensayo reuniendo las piezas de los siete capítulos anteriores. Mantengo una distinción importante: los datos sobre Ormuz, mar Rojo y desvíos marítimos son hechos verificables; la transferencia de Ceuta continúa siendo exclusivamente la hipótesis sobre la que construimos el ejercicio.
Capítulo VIII — Las cuatro puertas: la nueva geopolítica del Mare Nostrum
CAPÍTULO VIII
Las cuatro puertas: la nueva geopolítica del Mare Nostrum
Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez y Gibraltar
Comenzamos este trabajo con una ciudad de apenas veinte kilómetros cuadrados.
Ceuta.
Pero cuanto más avanzamos en el análisis, más tuvimos que alejarnos de ella.
Primero contemplamos Gibraltar.
Después Rota, Algeciras y Tánger Med.
Más tarde tuvimos que viajar hasta Suez.
Continuamos hacia Bab el-Mandeb.
Llegamos a Ormuz.
Y cuando aquellas rutas comenzaron a mostrar su vulnerabilidad tuvimos que rodear África, doblar el Cabo de Buena Esperanza, ascender nuevamente por el Atlántico, pasar junto a Canarias y regresar finalmente al lugar donde habíamos comenzado:
Gibraltar.
El viaje no fue un rodeo.
Fue precisamente la demostración de nuestra tesis.
Los estrechos no son problemas locales.
Son piezas de un mismo sistema.
- El mundo depende de puertas
Los océanos cubren la mayor parte del planeta.
Sobre un mapamundi parecen ofrecer infinitas posibilidades de navegación.
Pero el comercio mundial no funciona así.
La geografía obliga a los barcos a concentrarse en determinados puntos.
Canales.
Estrechos.
Cabos.
Entradas.
Salidas.
Son los denominados chokepoints.
UNCTAD los define precisamente por su capacidad para concentrar grandes volúmenes de comercio y por las consecuencias sistémicas que pueden producir sus interrupciones sobre cadenas de suministro, energía, alimentación y economía mundial.
Nuestro trabajo original, Las Puertas del Mare Nostrum, partía exactamente de esa idea al identificar los grandes accesos que condicionan el Mediterráneo y sus conexiones exteriores.
Ahora podemos avanzar un paso más.
No basta con estudiar cada puerta.
Hay que estudiar la relación entre ellas.
- Primera puerta: Ormuz
Ormuz es fundamentalmente la puerta de la energía.
En el primer semestre de 2025 atravesaron el Estrecho aproximadamente 20,9 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, equivalentes a alrededor del 20 % del consumo mundial de líquidos petrolíferos y a una cuarta parte del petróleo comercializado internacionalmente por vía marítima.
Eso explica por qué Ormuz es diferente de muchos otros pasos marítimos.
No es simplemente una ruta más corta.
Para buena parte de la producción del Golfo es la salida natural hacia el océano.
Existen oleoductos alternativos, pero su capacidad solamente puede sustituir una fracción del tráfico marítimo normal.
La crisis de 2026 ha demostrado además que esta vulnerabilidad ya no pertenece exclusivamente a los manuales de geopolítica. La Organización Marítima Internacional señalaba el 28 de agosto que la crisis llevaba seis meses sin resolverse, que miles de marinos permanecían sometidos a condiciones de grave incertidumbre y que hasta 400 barcos con alrededor de 6.000 tripulantes no habían podido abandonar con seguridad el Golfo desde el comienzo del conflicto.
Por tanto:
Ormuz condiciona la salida.
- Segunda puerta: Bab el-Mandeb
Una vez fuera del Golfo aparece el segundo problema.
El barco puede dirigirse hacia Europa utilizando la ruta tradicional:
Índico → Golfo de Adén → Bab el-Mandeb → mar Rojo → Suez.
Bab el-Mandeb es entonces la puerta meridional del sistema.
Los ataques contra la navegación en el mar Rojo demostraron que no es necesario bloquear físicamente un estrecho para modificar el comercio mundial.
Basta con convertirlo en demasiado peligroso.
Las navieras reaccionaron desviando barcos.
UNCTAD constató que los buques de prácticamente todos los segmentos de las rutas Asia–Europa y Asia–Atlántico comenzaron a rodear el Cabo de Buena Esperanza.
Por tanto:
Bab el-Mandeb condiciona el acceso.
- Tercera puerta: Suez
Suez constituye la gran construcción que permitió comprimir el planeta.
El canal eliminó la necesidad de rodear África para conectar Europa y Asia.
Pero precisamente por eso creó una extraordinaria dependencia.
La crisis del mar Rojo mostró hasta qué punto.
A mediados de 2024 el tonelaje que atravesaba el Golfo de Adén había caído un 76 % respecto de finales de 2023 y el que transitaba Suez un 70 %, mientras las llegadas por el Cabo de Buena Esperanza aumentaban un 89 %.
Suez podía continuar físicamente abierto.
Pero si los barcos no llegaban hasta él, su utilidad disminuía.
Ésta fue una de las grandes lecciones de nuestro análisis:
una puerta puede estar abierta y, sin embargo, dejar de funcionar normalmente porque la puerta anterior se ha vuelto insegura.
Por tanto:
Suez condiciona la conexión.
- Y entonces aparece la alternativa
Cuando Bab el-Mandeb y Suez dejan de ser atractivos, el comercio no desaparece.
Busca otro camino.
Asia
↓
Océano Índico
↓
Cabo de Buena Esperanza
↓
Atlántico africano
↓
Europa
Pero la alternativa tiene un precio.
UNCTAD calcula que el desvío por el Cabo puede añadir aproximadamente doce días a una ruta Asia–Europa y producir un incremento cercano al 30 % en determinados tiempos de tránsito. Además, al mantener los barcos ocupados durante más tiempo, reduce la capacidad efectiva disponible de la flota.
Las rutas se alargan.
Aumenta el combustible.
Aumentan los seguros.
Aumentan los salarios.
Aumentan las necesidades de buques.
Aumenta la congestión.
El comercio continúa.
Pero se vuelve más caro y menos eficiente.
- El regreso de África
Entonces sucede algo que durante décadas había quedado oculto por la extraordinaria eficiencia de Suez.
África vuelve a quedar en medio.
Los barcos rodean el continente.
Necesitan combustible.
Reparaciones.
Puertos.
Suministros.
Tripulaciones.
Infraestructura.
UNCTAD ha constatado que los desvíos incrementaron la presión sobre puertos africanos y generaron simultáneamente oportunidades para Estados situados sobre las nuevas rutas marítimas.
La geografía vuelve a imponerse.
Y cuando ascendemos por la fachada atlántica africana aparece:
Canarias.
- Canarias: Europa adelantada
Canarias adquiere en nuestro escenario un significado diferente.
No necesitamos convertirla en objeto de ninguna hipótesis territorial.
Su importancia surge simplemente del mapa.
Está situada sobre el Atlántico africano.
Dispone de infraestructura portuaria.
Forma parte de España.
Forma parte de la Unión Europea.
Cuando la ruta marítima vuelve a rodear África, Canarias deja de ser únicamente una región europea distante.
Se convierte en:
una posición europea sobre la ruta alternativa entre el Índico y Europa.
Esto introduce una consecuencia fundamental.
La crisis oriental aumenta simultáneamente la importancia de dos posiciones españolas:
Canarias
y
Gibraltar.
Una sobre el corredor atlántico africano.
La otra sobre la entrada occidental del Mediterráneo.
- Cuarta puerta: Gibraltar
Y finalmente regresamos a nuestra puerta occidental.
Gibraltar es diferente de las otras tres.
No condiciona la salida del petróleo del Golfo.
No controla la entrada al mar Rojo.
No acorta el camino entre Índico y Mediterráneo.
Su función es otra.
Conecta:
ATLÁNTICO ↔ MEDITERRÁNEO.
Por eso su importancia no desaparece cuando Suez falla.
Cambia.
Cuando Suez funciona normalmente, una gran parte del tráfico utiliza:
Asia → Suez → Mediterráneo → Gibraltar → Atlántico.
Cuando Suez se vuelve inseguro:
Asia → Cabo → Atlántico → Gibraltar → Mediterráneo.
El sentido se invierte.
La puerta permanece.
Ésta es quizá la conclusión geográfica más importante de todo nuestro estudio.
- Gibraltar es una puerta bidireccional
Durante demasiado tiempo hemos pensado Gibraltar fundamentalmente como:
la salida del Mediterráneo.
Pero una crisis prolongada en Suez obliga a pensarlo también como:
la entrada atlántica al Mediterráneo.
Esta distinción modifica completamente nuestra perspectiva.
Un barco procedente de Asia que haya rodeado África y cuyo destino sea Rotterdam no necesita Gibraltar.
Pero uno destinado a:
Barcelona,
Marsella,
Génova,
La Spezia,
Nápoles,
Trieste,
El Pireo,
o cualquier otro puerto mediterráneo,
deberá volver a entrar en el Mare Nostrum.
Y la puerta natural desde el Atlántico es Gibraltar.
- Las cuatro puertas forman una cadena
Ahora podemos dibujar nuestro sistema completo:
ORMUZ
energía
↓
BAB EL-MANDEB
seguridad de acceso
↓
SUEZ
conexión Asia–Mediterráneo
↓
MEDITERRÁNEO
↓
GIBRALTAR
conexión Mediterráneo–Atlántico
Ésta es la ruta normal.
Pero si falla el eje oriental:
ORMUZ
↓
ÍNDICO
↓
CABO DE BUENA ESPERANZA
↓
ATLÁNTICO AFRICANO
↓
CANARIAS
↓
GIBRALTAR
↓
MEDITERRÁNEO
Aparece entonces un sistema alternativo.
Y España está situada en dos de sus puntos relevantes:
Canarias y Gibraltar.
- Ahora introduzcamos por última vez Ceuta
Sólo ahora estamos en condiciones de valorar correctamente nuestra hipótesis.
Ceuta no determina el funcionamiento de Ormuz.
No determina Bab el-Mandeb.
No determina Suez.
Ni siquiera determina por sí sola Gibraltar.
Pero se encuentra en las inmediaciones de la puerta cuyo valor relativo aumenta cuando las otras rutas se vuelven más vulnerables.
Ése es el núcleo del problema.
No:
Ceuta controla Gibraltar.
Sino:
Ceuta se encuentra en un espacio cuya importancia estratégica aumenta cuando las demás puertas marítimas están sometidas a presión.
La diferencia entre ambas afirmaciones es enorme.
Y la segunda es la que nuestro análisis permite sostener.
- La hipótesis adquiere entonces otro significado
Si Ceuta cambiara de soberanía en un mundo perfectamente estable, su importancia estratégica sería una.
Si ocurriera mientras:
Ormuz está sometido a una crisis prolongada;
Bab el-Mandeb permanece amenazado;
Suez funciona por debajo de su capacidad histórica;
y parte del comercio mundial rodea África,
su significado estratégico sería diferente.
El territorio sería exactamente el mismo.
La geografía también.
Lo que habría cambiado sería el valor del sistema en el que se encuentra.
Ésta es una regla fundamental de la geopolítica:
el valor estratégico de un territorio no es absoluto; depende del sistema internacional que lo rodea.
- Marruecos tampoco controlaría Gibraltar
Llegados a este punto debemos volver a establecer claramente los límites de nuestra hipótesis.
Una Ceuta marroquí no convertiría el Estrecho en mar territorial marroquí.
No permitiría a Rabat suspender unilateralmente el tráfico internacional.
No eliminaría Algeciras.
No eliminaría Gibraltar.
No eliminaría Rota.
No eliminaría la presencia naval española.
No eliminaría la presencia estadounidense.
No eliminaría la OTAN.
Y no alteraría por sí sola el principio de paso en tránsito por los estrechos utilizados para navegación internacional, cuya protección volvió a reafirmar la OMI en julio de 2026.
Por tanto, debemos abandonar cualquier formulación que sugiera un supuesto:
“control marroquí del Estrecho”.
No es eso lo que se desprende del análisis.
- Lo que sí cambiaría
Cambiaría algo más sutil.
La distribución territorial del poder alrededor del Estrecho.
España dejaría de poseer una posición territorial en la ribera africana inmediata.
Marruecos incorporaría esa posición.
La costa meridional quedaría territorialmente más integrada bajo soberanía marroquí.
Gibraltar aumentaría relativamente su valor.
Rota aumentaría relativamente su importancia.
Algeciras adquiriría todavía mayor significación para España.
Canarias aumentaría su valor dentro del corredor atlántico.
Y Estados Unidos, Reino Unido, la OTAN y la Unión Europea recalcularían sus respectivos mapas estratégicos.
El Estrecho seguiría abierto.
Pero su equilibrio habría cambiado.
- El concepto central: redundancia
Después de todo nuestro recorrido aparece una palabra que quizá resume mejor que ninguna otra la nueva geopolítica marítima:
REDUNDANCIA.
Durante décadas la globalización buscó:
eficiencia,
velocidad,
menor coste,
inventarios mínimos,
rutas óptimas.
Las sucesivas crisis han introducido otra prioridad:
tener alternativas.
Si falla Suez:
el Cabo.
Si una terminal queda bloqueada:
otra terminal.
Si una ruta energética se interrumpe:
otra fuente.
Si una infraestructura de comunicaciones falla:
otra red.
La redundancia parece ineficiente en tiempos normales.
Pero se vuelve extraordinariamente valiosa durante una crisis.
- La globalización eficiente frente a la globalización resiliente
Aquí encontramos una transformación que supera ampliamente nuestro tema.
La globalización de finales del siglo XX buscaba la máxima eficiencia.
La globalización de las próximas décadas puede verse obligada a buscar:
resiliencia.
Eso significa aceptar:
rutas más largas,
inventarios mayores,
proveedores alternativos,
infraestructura duplicada,
puertos alternativos,
fuentes energéticas diversas.
Todo ello cuesta dinero.
Pero reduce vulnerabilidad.
UNCTAD viene advirtiendo precisamente que las rutas marítimas reconfiguradas, las mayores distancias y la reasignación de capacidad se están convirtiendo en parte de una nueva normalidad del transporte marítimo.
- Europa necesita dos caminos hacia Asia
La conclusión para Europa parece evidente.
Europa no puede depender conceptualmente de una sola ruta:
Mediterráneo → Suez → Índico.
Necesita mantener también plenamente operativa:
Atlántico → Cabo → Índico.
Esto convierte al Mediterráneo y al Atlántico en sistemas complementarios.
Y sitúa a la Península Ibérica en una posición extraordinaria.
Porque España y Portugal se encuentran precisamente donde ambos sistemas se encuentran.
- La Península deja de ser periferia
Vista desde Bruselas, la Península Ibérica se encuentra en el extremo occidental del continente.
Vista desde las rutas marítimas mundiales ocurre algo completamente diferente.
Está situada entre:
Atlántico
y
Mediterráneo.
Entre:
Europa
y
África.
Entre:
la ruta de Suez
y
la ruta del Cabo.
Por tanto, España y Portugal no son necesariamente periferia marítima europea.
Son su bisagra occidental.
Y Gibraltar es el punto donde esa bisagra gira.
- España: tres posiciones
Desde esta perspectiva España posee tres conjuntos geográficos especialmente relevantes:
CANARIAS
Proyección hacia el Atlántico africano.
ROTA–CÁDIZ–ALGECIRAS
Plataforma peninsular sobre el Atlántico y Gibraltar.
BALEARES
Profundidad dentro del Mediterráneo occidental.
En nuestra hipótesis habría desaparecido una cuarta:
CEUTA
Posición territorial sobre la ribera africana inmediata.
La pérdida no eliminaría las otras tres.
Pero modificaría la geometría que forman entre ellas.
- Marruecos: entre Atlántico y Mediterráneo
Marruecos posee una característica geográfica semejante.
Es simultáneamente:
atlántico,
mediterráneo,
africano,
y próximo a Europa.
Tánger Med ha demostrado cómo puede explotarse económicamente esa posición.
En nuestra hipótesis, Ceuta se incorporaría a esa arquitectura.
Esto incrementaría las posibilidades estratégicas de Marruecos.
Pero también incrementaría sus responsabilidades.
Porque cuanto mayor es la importancia de una posición marítima, mayor es el interés internacional en que permanezca:
estable,
segura,
previsible,
y abierta.
- El poder del Estrecho produce también obligaciones
Éste es un aspecto frecuentemente olvidado.
Poseer una posición junto a una gran ruta comercial proporciona influencia.
Pero también crea dependencia.
Marruecos necesita que Gibraltar funcione.
España necesita que Gibraltar funcione.
Reino Unido necesita que Gibraltar funcione.
Tánger Med necesita que funcione.
Algeciras necesita que funcione.
Europa necesita que funcione.
Estados Unidos necesita que funcione.
Por eso la importancia del Estrecho genera simultáneamente:
competencia
e
interdependencia.
Y esa interdependencia constituye probablemente su mayor factor estabilizador.
- El escenario verdaderamente peligroso
La amenaza más seria no sería necesariamente que un Estado intentara cerrar deliberadamente Gibraltar.
Sería una crisis en la que varias rutas mundiales sufrieran simultáneamente:
guerra,
ataques,
sabotaje,
accidentes,
ciberataques,
daños a infraestructuras submarinas,
o graves tensiones políticas.
El problema no sería entonces una puerta.
Sería la pérdida simultánea de redundancia.
Si Ormuz falla, existen algunas alternativas parciales.
Si Bab el-Mandeb falla, existe el Cabo.
Si Suez falla, existe el Cabo.
Pero cuanto más puntos fallan simultáneamente, menos opciones quedan.
Por eso Gibraltar adquiere una importancia extraordinaria dentro del sistema occidental.
- No existe “la última puerta” en sentido absoluto
Debemos introducir aquí una última precisión para evitar convertir una imagen literaria en una afirmación geográfica excesiva.
Gibraltar no es literalmente la última ruta marítima disponible para Occidente.
El comercio atlántico puede dirigirse directamente al norte de Europa.
Existen múltiples puertos y rutas.
Pero para la conexión:
ATLÁNTICO ↔ MEDITERRÁNEO
Gibraltar sí constituye la puerta natural fundamental.
Ése es el sentido exacto de nuestra expresión:
La última puerta occidental del Mare Nostrum.
- Volvemos al principio
Nuestro artículo original terminaba señalando que estas puertas marítimas son puntos de acceso extremadamente valiosos y, precisamente por ello, vulnerables.
Después de recorrer miles de kilómetros podemos ampliar aquella conclusión.
Las puertas no son importantes solamente individualmente.
Su verdadera importancia aparece cuando las contemplamos como sistema.
Una puerta puede fallar.
El sistema se adapta.
Dos puertas pueden fallar.
El sistema se encarece.
Tres puertas sometidas simultáneamente a presión comienzan a modificar la geografía económica.
Y entonces cualquier alteración alrededor de la cuarta adquiere una importancia que anteriormente podía no tener.
CONCLUSIÓN GENERAL
La hipótesis que dio origen a este ensayo era sencilla:
¿qué consecuencias geopolíticas tendría una eventual transferencia de Ceuta a Marruecos en un momento de grave inestabilidad en Ormuz y en las rutas del mar Rojo?
Después de nuestro recorrido podemos responder con mayor precisión.
No significaría que Marruecos pasara a controlar Gibraltar.
No significaría que España dejara de ser un actor fundamental del Estrecho.
No significaría que la OTAN perdiera el Mediterráneo occidental.
No significaría que la navegación internacional pudiera ser suspendida unilateralmente.
Pero sí significaría algo estratégicamente relevante:
España perdería una posición territorial en la ribera africana precisamente cuando la vulnerabilidad de las rutas orientales estaría aumentando el valor relativo de la conexión atlántica del Mediterráneo.
Marruecos incorporaría esa posición.
España conservaría Algeciras y Rota.
Reino Unido conservaría Gibraltar.
Estados Unidos mantendría su presencia en Rota.
La OTAN conservaría su arquitectura militar occidental.
Canarias adquiriría mayor importancia sobre la ruta africana alternativa.
Por tanto, no asistiríamos a un cambio de propietario del Estrecho.
Asistiríamos a un:
reequilibrio estratégico del Estrecho.
EPÍLOGO
La geografía siempre espera
Durante décadas podemos olvidar la geografía.
Construimos canales.
Oleoductos.
Puertos.
Ferrocarriles.
Satélites.
Internet.
Creemos haber reducido las distancias.
Creemos incluso haberlas eliminado.
Entonces ocurre una guerra.
Un barco encalla.
Un misil alcanza un mercante.
Una ruta se vuelve insegura.
Y de repente reaparecen:
los cabos,
los estrechos,
las islas,
los puertos,
las distancias.
La tecnología cambia.
Los gobiernos cambian.
Las alianzas cambian.
Los imperios cambian.
Pero Gibraltar continúa allí.
Catorce kilómetros separando dos continentes.
El Atlántico a un lado.
El Mediterráneo al otro.
Y detrás del Mediterráneo:
Suez.
Bab el-Mandeb.
Ormuz.
Cuatro puertas que parecen lejanas entre sí hasta que una crisis demuestra que pertenecen al mismo edificio.
Ésa quizá sea la principal conclusión de este trabajo:
el Mare Nostrum no termina en sus costas. Sus puertas lo conectan con el sistema mundial, y la seguridad de cada una depende cada vez más de lo que ocurre en las demás.
Por eso Gibraltar no puede estudiarse únicamente desde Madrid, Rabat o Londres.
Hay que observarlo también desde Washington y Bruselas.
Desde Suez.
Desde el mar Rojo.
Desde Ormuz.
Desde el Cabo.
Y desde Canarias.
Entonces el pequeño Estrecho recupera su verdadera dimensión.
No es solamente el lugar donde Europa casi toca África.
Es el lugar donde el Mediterráneo se encuentra con el mundo.
Con este capítulo queda cerrada la arquitectura argumental del ensayo: ocho capítulos más conclusión y epílogo, partiendo de su idea de Las Puertas del Mare Nostrum y llevándola hasta la hipótesis Ceuta–Marruecos sin confundir en ningún momento esa hipótesis con un hecho consumado.
