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La política se cuela en el peregrinaje

La llegada del Papa León XIV a España, primera visita pontificia en quince años, debería ser ocasión de encuentro espiritual y civismo. En cambio, varios actores de la vida política española han convertido estos días en un laboratorio de maniobras, agravios y exhibicionismos que dicen mucho sobre el estado de nuestra democracia y de sus partidos. Desde La Moncloa hasta las calles de Barcelona, pasando por el muelle de Arguineguín, el viaje apostólico ha sido asediado por intereses que poco tienen que ver con la fe.

I: El gobierno: La visita como cortina de humo

El Ejecutivo de Pedro Sánchez llegó a la visita con el agua al cuello. El sumario del llamado “caso Zapatero”, que involucra presuntos negocios irregulares del expresidente en Venezuela y movimientos de fondos ligados a sus hijas, dominaba la agenda informativa en las semanas previas, sumado en el “destape” en las últimas horas de la cloaca del PSOE y su injerencia en la cúpula de la Guardia Civil y en la Fiscalía General del Estado. Fuentes citadas por El Español describieron con claridad la estrategia de Moncloa: confiar en que la presencia del Papa y sus mensajes pudieran “tapar el escándalo”. El miércoles de la semana de la llegada de León XIV, Sánchez no acudió siquiera a la sesión de control en el Congreso.

A eso se añadió un episodio de protocolo que trascendió como síntoma de la cultura política del Ejecutivo. Según informaciones de medios especializados, el ministro Félix Bolaños intentó de forma insistente que el Santo Padre acudiese a la sede del Gobierno para reunirse con Sánchez, invirtiendo el orden que marca el protocolo internacional: es el presidente quien visita al Pontífice, no al revés. El Vaticano rechazó la pretensión de forma tajante, acogiéndose a las estrictas normas de precedencia. El lunes 8 de junio, el encuentro tendrá lugar conforme a lo establecido: Sánchez acudirá a la Nunciatura Apostólica.

La presencia de Sánchez en al menos cinco actos de la visita, aeropuerto, Nunciatura, Congreso, Sagrada Familia y Arguineguín ha sido ampliamente subrayada por los medios. También la circunstancia de que León XIV sea el primer Papa en dirigirse al Parlamento español, un hito histórico del que el Gobierno ha querido apropiarse como logro de su gestión diplomática.

  1. Canarias: Políticos en un acto sin políticos

El encuentro con migrantes en el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, fue concebido por el Vaticano como un acto de marcado carácter pastoral y humanitario, en línea con la doctrina de León XIV sobre la ‘absoluta dignidad’ de quienes cruzan el Atlántico en patera. El obispo de Canarias, José Mazuelos, lo describió como el cierre simbólico del ‘triángulo de la muerte’ abierto por Francisco en Lampedusa y Lesbos.

Pese al espíritu del acto, el Gobierno desplegó una nutrida representación institucional: el propio Sánchez, el ministro Bolaños, el ministro Torres y la ministra Elma Saiz. La imagen de cuatro miembros del Ejecutivo en un encuentro concebido como apolítico resultó, cuando menos, llamativa. Fuentes del entorno eclesial habían subrayado que la cita debía estar centrada en los protagonistas reales: los migrantes, los voluntarios y los profesionales de Salvamento Marítimo.

III. El independentismo: El escrache a las puertas de la Sagrada Familia

La etapa barcelonesa de la visita, centrada en la bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia y la misa del centenario de la muerte de Gaudí, se convirtió en escenario de una ofensiva separatista de manual. El detonante: el misal oficial de la Santa Sede contemplaba la bendición de la torre íntegramente en castellano, con el catalán presente en otros momentos de la liturgia.

La respuesta del independentismo fue inmediata y desproporcionada. Junts, con Puigdemont a la cabeza, advirtió que ‘tomamos nota y no lo olvidamos’. La Asamblea Nacional Catalana, Òmnium Cultural, el Consell per la República y Municipis per la Independència convocaron una concentración de protesta en las inmediaciones de la Sagrada Familia, invitando a acudir con esteladas y banderas. La prensa catalana afín al soberanismo publicó un manifiesto a toda página firmado, entre otros, por la condenada por el Tribunal Supremo Carmen Forcadell.

La ironía del episodio es elocuente: cuando el cardenal Juan José Omella confirmó que León XIV realizaría parte de la bendición en catalán, el independentismo no lo celebró, sino que desplazó inmediatamente la demanda: ahora exigía una señera gigante en las torres de la basílica. La Conferencia Episcopal denegó la propuesta alegando el protocolo y el carácter litúrgico del acto. El independentismo, como en episodios anteriores, buscaba convertir una ceremonia religiosa en un plebiscito sobre la identidad nacional, sin importar el objeto de disputa.

  1. VOX: La incomodidad de atacar a la Iglesia y recibir al Papa

Vox llega a la visita papal en una posición de notable incomodidad. En meses previos, el partido había atacado con dureza a la jerarquía eclesiástica española por su apoyo a la regularización de inmigrantes indocumentados. Responsables de la Conferencia Episcopal habían respaldado la propuesta del Gobierno para regularizar a cerca de medio millón de personas en situación irregular, lo que desató críticas feroces de la formación de Abascal, que llegó a cuestionar abiertamente si la Iglesia no había derivado hacia posiciones de izquierda.

La tensión fue tal que trascendió al plano internacional: fuentes eclesiásticas tuvieron que desmentir que el Papa hubiera mencionado explícitamente a Vox por su nombre en una audiencia con obispos españoles, aunque sí habría advertido sobre los riesgos de que “la extrema derecha utilice a los creyentes para sus propios fines”. Ahora, con León XIV en suelo español, Vox se ve forzado a moderar su tono hacia una institución que ha atacado sistemáticamente, sin renunciar a su discurso de fondo sobre inmigración, que choca frontalmente con los mensajes esperados del Pontífice en Canarias y Barcelona.

  1. La izquierda radical y BILDU: Entre el anticlericalismo y el oportunismo

La respuesta más resonante de la izquierda rupturista llegó de Ione Belarra. La secretaria general de Podemos anunció que su grupo no acudiría al discurso del Papa en el Congreso de los Diputados y lo justificó con una comparación de efecto calculado: ‘¿Qué pensaría la gente si, en vez del Papa, fuera un ayatolá quien diera un discurso en el Congreso?’. El argumento, envuelto en lenguaje constitucional y laicista, no deja de ser un ejercicio de provocación: equiparar al Sumo Pontífice con la figura de un líder teocrático de régimen autoritario es, en el mejor de los casos, un despropósito retórico.

La propia Belarra introdujo, sin embargo, una matización significativa: reconoció compartir la agenda de León XIV en materia migratoria y elogió su postura frente a Donald Trump. Esta ambivalencia revela la verdadera naturaleza de la crítica: no hay oposición de fondo al Pontífice como tal, sino rédito político en el rechazo a la institución. El BNG también anunció su ausencia del acto parlamentario.

En cuanto a Bildu, su posición pública ante la visita no ha alcanzado aún la visibilidad de otros actores, aunque su historial de relación con la simbología religiosa y las instituciones del Estado hace prever una actitud de distancia calculada, ni hostilidad abierta que le cueste votos en Navarra y el País Vasco, ni participación que legitime una institución con la que mantiene históricas tensiones.

Conclusión: El Papa que nadie deja en paz

León XIV llega a una España polarizada que, según quienes han preparado su visita, convierte en campo de batalla todo aquello que toca. Rafael Rubio, responsable de comunicación del viaje apostólico, lo formuló con precisión: existe “una voluntad de distintos actores de apropiarse de la visita del Papa”. El reto del Pontificado es que su mensaje llegue a todos y sea para todos.

Lo que revelan estas jornadas es, en el fondo, una verdad más incómoda: la debilidad de los actores que intentan instrumentalizar la visita es inversamente proporcional al ruido que generan. El Gobierno necesita tapar escándalos. El independentismo necesita una causa. Vox necesita esconder contradicciones. La izquierda radical necesita visibilidad. El Papa, mientras tanto, viene a hablar de paz, de migrantes, de diálogo y de la dignidad humana. Que esos mensajes logren imponerse sobre el barullo político será la verdadera medida del éxito de este viaje apostólico.