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Dieter, te seguiremos escuchando, aunque sea en sueños

La radio conecta y desconecta, sirve para enterarse sobre qué está pasando y el escuchar el análisis de los comentaristas, nos ayuda a sacar nuestras propias conclusiones, pero también nos sirve para distraernos y tener un sosiego en momentos de tensión.

Nada se puede comparar a la radio, ni el cine, ni la televisión, ni el teatro ni Netflix llegan a equiparar su magia y su poder de comunicación.

Ignacio Camacho en el ABC nos decía: “El Siglo de Oro ese período sin el cual resulta imposible entender lo que los españoles somos. Esto es, una mezcla no siempre afortunada de dioses y demonios. De hidalguía y de mezquindad, de egoísmo y de entrega, de nobleza y de materialismo, de cicatería moral y de grandeza épica. Capaces de arruinar el país a base de sangrientas querellas internas y al tiempo de levantar toda una civilización de nueva planta en América. Inquisitoriales y generosos, creativos en las artes y destructivos en la convivencia. Y casi siempre empeñados en dar al traste con los logros colectivos de nuestras mejores épocas”, una reflexión que me llevó a elucubrar no sin cierta audacia que, aunque los influencers y otros idiotas se espanten, este siglo XXI, es el siglo de oro de la radiodifusión y Dieter nuestro Francisco de Quevedo.

Cuando los actuales mamarrachos tertulianos de la telebasura pública y de la privada, inventada por Soraya, e instrumentalizada por la izquierda, para socavar la democracia, nos inundan de estiércol mediático, no nos queda otra alternativa que abrazarnos a las ondas de radio para poder respirar el oxígeno de la sana discrepancia.

Cuando el siglo XX se batía en retirada, comencé una estrecha relación mediática con la península, a raíz de un curso que realicé en Santiago de Compostela, que al volver a mi Rio de la Plata no pude abandonar.

Mis primeros contactos con los medios peninsulares fueron con el programa de televisión «El gato al agua» de Intereconomía conducido en distintos momentos por Antonio Jiménez y por Javier Algarra, pecado de juventud, que comenzó a interiorizarme con los distintos matices de la política española.

Tiempo después encontré en Trece TV El Cascabel, plena referencia a un gato que de tanto ir al agua, parece que hace un par de años se ahogó con un yunque atado al cuello.

Finalmente, los domingos de noche disfrutaba de La Marimorena presentado por un brillante Carlos Cuesta, resultando que el formato televisivo me resultaba un poco esclavizante, no se habían inventado las plataformas de Streaming, debiendo depender de la presencia puntual frente al horrible televisor del hostal donde me alojaba, por lo cual desempolvé mi vieja Spika y volví a mi primer amor, la radio, siendo atrapado por el inigualable Federico Jiménez Losantos.

La mañana de Federico, que luego gracias a internet, escuchaba desde Uruguay a mis dos de la madrugada, se convirtió en altamente adictivo y en 2016 cuando me instalé definitivamente en Madrid, pude administrar mejor mis horarios de escucha radiofónica.

Como los vicios tienden a ir a más, continué con la noche de EsRadio que conducía Luis Herrero, pero llegó un momento que ese programa se transformó en “La Noche de Dieter” un joven, pero experimentado periodista, que cambió durante cinco años mi rutina nocturna, ninguna actividad pudo apartarme de mi firme presencia a las ocho de la noche abrazado al transistor.

Esto me llevó a hacerme socio del Club de Amigos de Libertad Digital, siendo un salvavidas para sobrevivir los oscuros tiempos de la pandemia, pues todo “pasaba por Dieter” y todo “pasaba por Esme”, inolvidables noches escuchando a todos los tertulianos, apoyados por un equipo maravilloso, que no nombro para no olvidar a ninguno, pero que pueden sintetizarse con la figura de “Los Cayetanos”.

Este viernes esa maravillosa historia llegó a su fin, ante lo cual, si bien seguiremos atentos a la “Noche de Cuesta”, con el fin de la “Noche de Dieter” termina una etapa de nuestra vida.

Haciendo votos para una pronta recuperación de la salud de Dieter Brandau, estoy a la espera de la noticia sobre la fecha en que lo volveremos a escuchar en un nuevo formato, por el momento lo haremos sólo en sueños, querido Dieter, hasta pronto.