Una crónica de la sucesión Papal, primera parte
Protágoras de Abdera y François-Marie Arouet, dos piezas fundamentales del relativismo, junto a sus partícipes necesarios a lo largo del tiempo, nos legaron la actual pérdida de la Fe en occidente, raíz de la decadencia que ha llevado por el momento a la irrelevancia y próximamente al abismo a nuestro continente.
Europa Cristiana, faro del mundo y cuna de Misioneros que llevaron la “Buena Nueva” a los confines de la tierra, resguardo del conocimiento en sus Monasterios durante un milenio, donde España, “evangelizadora de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio” se convirtió en heredera de los tres pilares de occidente, Atenas, Roma y Jerusalem.
Pero el “maligno” del cual a resultas del relativismo tememos nombrarlo, hasta negar la existencia del purgatorio incluso del infierno, está suelto y lo estará hasta el fin de los tiempos “arrastrándose sobre su vientre y comiendo el polvo hasta que la Reina del Cielo le aplaste la cabeza” y se cumpla la Escritura.
La herejía luterana marcó el camino de la decadencia de occidente, la revolución francesa lo aceleró y mayo del 68 confirmó la perdida de la Fe, teniendo su epitafio en la Constitución de la Unión Europea, al negar su origen cristiano, su verdadero signo de identidad, sin el cual no sería lo que es, dejándonos una sensación de orfandad, donde los europeos se olvidaron de Dios, pero Dios no se olvidó del mundo y hoy nos devuelve la Esperanza con un nuevo sucesor de Pedro, el Papa León XIV.
La simple elección de su nombre nos da una pista de cómo será su pontificado, inspirado en León XIII un Papa que, cuando Inglaterra, Francia y Rusia se preparaban aportando, doctrina, dinero e ideología para establecer la dictadura comunista en 1917, un cuarto de siglo antes, con su encíclica Rerum Novarum, establecía las bases de la “Doctrina Social de la Iglesia”, antídoto contra las dos pestes que azotarían a la clase trabajadora, o sea al “pueblo de Dios”, el capitalismo y el socialismo.
Una época de tribulación, donde Papas valientes se animaban a condenar las obras del “maligno” como el socialismo, la masonería, la esclavitud, el modernismo teológico, el relativismo, el comunismo, y la explotación del hombre por parte del liberalismo de raíz protestante, actitudes muy lejanas al buenismo relativista y cobarde actual, que lejos de ofrecer la otra mejilla, negocia y claudica para lograr la aprobación de los malvados.
El bien y el mal existen, aunque Netflix y el wokismo intenten disimularlo y confundirnos con su anestesia post-moderna pero, “las puertas del infierno no prevalecerán” y la nave de la Iglesia que navega en aguas turbulentas tiene un nuevo capitán cuya mano firme en el timón es sostenida por Jesucristo, el que nunca nos defraudará.

Gracias Ramón en los tiempos que corren, ha sido para mí, un «break» de paz en este día un pelin convulso de noticias. Gracias otra vez. SSKKAALL!!!!