Las cuatro palabras setenteras de “no a la guerra” de Sánchez, desnudan el verdadero plan iniciado el 11M, el del cambio de régimen.
La izquierda europea hace tiempo que se quedó sin argumentos, no cumplió con nadie y traicionó a todos, el comunismo derrotado por Juan Pablo II y Ronald Reagan, fracasado en su lucha de clases, abrazó una nueva religión, la lucha de sexos, la pacha mama ecolojeta y el wokismo universitario estadounidense, con sacrificios rituales: el asesinato de los niños en los vientres de sus madres y la eliminación de los ancianos, bajo el nombre de “progresismo”.
La izquierda española, luego de falsificar resultados electorales y asesinar curas, monjas y creyentes perdió la guerra civil, queriendo hoy una segunda guerra civil para ganarla por lo menos con el relato.
Pedro Sánchez, el peor y más dañino presidente de la democracia, rodeado de una corrupción estructural, que está estrangulando la infraestructura, la economía y la moral española, no tiene intenciones de dejar el poder, a él no le vale la alternancia democrática y como sabe que de haber unas elecciones libres las perdería y su partido pasaría a la irrelevancia total, lo que busca es un cambio de régimen, contaminando las elecciones generales con un plebiscito sobre la monarquía y la independencia de Cataluña y el País Vasco.
Para ello encontró la excusa ideal, convertirse en el adalid de la lucha contra Trump, explotando el sentimiento antinorteamericano que flota sobre un importante sector de la población española.
Un dualismo simplista e infantil “Sánchez o Trump”, flota hoy en toda la prensa sobornada y dependiente de la Moncloa, que es en muchos casos la única forma de informarse de determinados sectores de la sociedad, con una derecha secuestrada en parte por el mesianismo de VOX, resultando en una pinza que puede estrangular la única alternancia al neocomunismo bolivariano, financiado y alabado por el terrorismo chiita del PSOE/SUMAR, que es el Partido Popular, corriendo el riesgo que, entre Sánchez y Abascal se “lleven puesta España”.
El caos que rodea al gobierno tiene inspiración en el origen prostibulario de la carrera política del yerno de Don Sabiniano, consolidado por las costumbres sexuales de sus ministros y asesores, siendo una imagen muy parecida a la decadente Roma Imperial.
El ex ministro de transportes se dedicaba a organizar orgías en la principal cadena hotelera del estado, a los oídos sordos de otra ministra, sus famosas sobrinas gozando de sueldos públicos, mientras se deterioraba la infraestructura ferroviaria, culminando con 46 muertos en el AVE, nuestra joya de la corona, apagándose la luz en todo el territorio por la incapacidad de su gestión, y muriéndose más de 200 valencianos por el “hermano yuyo”.
