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Primera parte

Ante el batacazo del mamarracho de los dos decretos sobre la destrucción de la vivienda en España y el posible adelanto electoral que resulte de la “reflexión” del profundamente enamorado de la Moncloa de este fin de semana, conviene analizar el fenómeno de la acampada para hacer previsiones sobre las perspectivas con que podemos encontrarnos el 29 de noviembre, fecha que ya pontificó la prensa nacional, aunque, yo confieso que tengo serias dudas que se produzca una disolución de las Cámara anticipada.

La acampada de Sol no parece sociológicamente homogénea, ni puede identificarse sin más con el Sindicato de Inquilinas. Hay un núcleo organizador relativamente pequeño y experimentado, una segunda corona de activistas de otros movimientos y una masa mucho más amplia y heterogénea que se ha incorporado después. Esa distinción será fundamental para responder la pregunta sobre quién está realmente detrás y quién simplemente se suma.

  1. El punto de partida: el Sindicato de Inquilinas

El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid nace en 2017, conectado con el ecosistema de movimientos por la vivienda surgidos después del 15-M y de la PAH. Formalmente funciona como asociación de consumidores, tiene organización asamblearia, afiliación y cuotas y, según sus datos, pretende intervenir tanto en conflictos concretos de alquiler como en la legislación sobre vivienda.

Hay aquí un primer dato relevante para nuestra investigación: no estamos ante una agrupación espontánea creada por el caso Maricarmen. Existe una organización previa, profesionalizada y con experiencia en comunicación, movilización, asesoramiento jurídico y acción política.

Sus dos caras más visibles actualmente son Alicia del Río, 33 años, psicóloga y orientadora de Secundaria, vinculada anteriormente a movilizaciones docentes y al entorno del 15-M, y Valeria Racu, 31 años, que tuvo experiencia sindical universitaria, estudió fuera de España con una beca de la Fundación La Caixa y regresó a Madrid en 2020.

Por tanto, al menos en la dirección visible encontramos un perfil que merece señalarse: jóvenes adultos, con estudios superiores, capacidad de comunicación y experiencia activista previa. Eso no coincide demasiado con la imagen de una protesta compuesta únicamente por personas marginalizadas o sin recursos.

 

¿Quién lo financia?

No se ha encontrado evidencia documental de financiación del PSOE, Sumar o Podemos al Sindicato de Inquilinas de Madrid.

Según los datos publicados por la propia organización y recogidos por RTVE y otros medios, aproximadamente el 87 % de sus ingresos procede de cuotas, alrededor del 10,8 % de servicios, charlas y talleres y aproximadamente el 2 % de donaciones. El Sindicato afirma expresamente que no recibe subvenciones públicas.

Esto no demuestra que carezca de relaciones políticas; simplemente significa que debemos diferenciar financiación, afinidad ideológica, relaciones personales y coordinación política, porque son cosas distintas.

Y relaciones políticas sí existen. Por ejemplo, Alejandra Jacinto, integrante de la comisión jurídica del Sindicato, fue portavoz de Podemos y candidata de Podemos-IU-Alianza Verde a la Comunidad de Madrid en 2023.

Eso constituye un vínculo político concreto, pero no permite concluir que Podemos controle el Sindicato.

 

  1. ¿Quién inició realmente la acampada?

Aquí la investigación empieza a ponerse interesante.

La acampada no fue completamente espontánea.

Miembros del Sindicato habían acudido a la manifestación del sábado 26 de septiembre llevando tiendas de campaña. También habían contactado previamente con organizaciones como Greenpeace para obtener material. La intención de acampar se mantuvo inicialmente dentro de un círculo reducido y después comenzó a difundirse por WhatsApp entre activistas y organizaciones próximas.

Uno de los primeros participantes identificados por la prensa fue Pablo Rochela, militante de Anticapitalistas Aragón, llegado desde Zaragoza.

Por tanto: manifestación espontánea, no exactamente. Movilización social auténtica, existen numerosos indicios de que sí y operación previamente organizada por activistas, también. Las tres cosas pueden coexistir.

  1. Primer esbozo sociológico de Sol

Con los testimonios publicados hasta ahora podemos empezar a distinguir al menos cuatro grupos.

  1. Núcleo militante profesionalizado

Sindicato de Inquilinas, PAH, Anticapitalistas, colectivos de vivienda de barrios, activistas procedentes del 15-M y organizaciones semejantes. Son quienes poseen experiencia organizativa, contactos, infraestructura y capacidad de comunicación. El núcleo verdaderamente activo del Sindicato sería considerablemente menor que la multitud congregada: una información publicada estos días sitúa entre 60 y 70 personas su núcleo más activo.

  1. Jóvenes afectados realmente por la vivienda

Aquí encontramos algo diferente.

RTVE entrevistó, por ejemplo, a Oriol, 28 años, que afirma dedicar una parte importante de su salario al alquiler y considera que, de mantenerse los precios actuales, tendrá que compartir vivienda indefinidamente. Pero Oriol tampoco es políticamente virgen: ya había participado en Acampada por Palestina en la Universidad Complutense.

Otro ejemplo es Irene, 21 años, miembro del Sindicato y participante también en acciones anteriores contra desahucios.

Aquí empieza a aparecer un perfil que tendremos que estudiar mucho más: joven, formado o estudiante, situación laboral no necesariamente marginal, pero con enormes dificultades de emancipación y alquiler, y simultáneamente socializado en movimientos políticos de izquierda.

  1. Personas realmente vulnerables

También existen y sería incorrecto ignorarlas. El ejemplo más visible es Paca Blanco, 77 años, pensionista, con un procedimiento de desahucio pendiente y una larga trayectoria activista en movimientos ecologistas y de vivienda.

Habrá que distinguir precisamente entre afectados que se convierten en activistas y activistas que adoptan el problema de los afectados.

  1. Participantes atraídos por la experiencia colectiva

Probablemente es el grupo más difícil de cuantificar. La investigación publicada sobre el campamento señala que la mayoría de quienes están allí no pertenece al Sindicato, aunque muchos mantienen alguna conexión indirecta con él. Es justamente aquí donde podremos estudiar la hipótesis del componente de aventura generacional o identidad revolucionaria.

Pero todavía no tenemos datos suficientes para afirmar qué porcentaje responde a eso.

  1. ¿Por qué aparecen Palestina, feminismo, aborto, veganismo, etc.?

Este punto resulta sociológicamente muy interesante. Una protesta nacida alrededor de la vivienda ha incorporado rápidamente otras causas, se han celebrado o anunciado actividades relacionadas con Palestina, feminismo, aborto, veganismo y otras reivindicaciones.

Además, dentro del campamento existen espacios denominados “Plaza de Gaza” y “Calle Palestina”. Según uno de los organizadores, fueron bautizados así por jóvenes gazatíes presentes en la acampada y el Oso y el Madroño llegó a aparecer cubierto con una bandera palestina, además de pegatinas de CGT, Liberar Madrid y Feminismo Socialista y Libertario.

Esto permite formular una hipótesis de trabajo bastante sólida: Sol parece estar evolucionando desde una protesta monotemática por la vivienda hacia un espacio de convergencia de movimientos de izquierda y extrema izquierda, eso no significa necesariamente que todos los acampados compartan esas posiciones.

De hecho, una información publicada hoy identifica cuatro corrientes distintas dentro de la propia acampada: Sindicato de Inquilinas, Proyecto Unitario de Colectivos de Vivienda de Madrid, sindicatos barriales de vivienda y el centro social Eko Carabanchel, con diferencias importantes entre ellos sobre negociación institucional, migración, propiedad y relación con el Gobierno.

  1. ¿PSOE, Sumar o Podemos detrás de la acampada?

Aquí debemos avanzar con especial precisión, hay conexiones políticas demostrables. Podemos se ha reunido con la Confederación de Sindicatos de Inquilinas y ha anunciado que votará los decretos de vivienda atendiendo también a su petición. IU ha pedido públicamente mantener la movilización, y dirigentes de Más Madrid han defendido la protesta frente a las peticiones de desalojo.  También hay antiguos dirigentes de Podemos relacionados profesionalmente con el Sindicato, como Alejandra Jacinto.

Pero eso todavía no acredita infiltración ni dirección clandestina por PSOE, Sumar o Podemos, de hecho, hay un dato que complica esa hipótesis: el Sindicato ha ejercido una presión considerable contra el propio Gobierno PSOE-Sumar, exigiéndole medidas que inicialmente no estaban incluidas en sus decretos.

La clasificación provisional sería:

Afinidad ideológica: evidente en numerosos sectores.

Relaciones personales y organizativas: documentadas.

Coincidencia táctica con partidos de izquierda: documentada.

Financiación gubernamental: no acreditada hasta ahora.

Organización de la acampada desde Moncloa/PSOE/Sumar/Podemos: no acreditada hasta ahora.

Eso último merece una investigación específica.

 

  1. Palestina y la hipótesis yihadista

Aquí conviene ser especialmente rigurosos porque una bandera palestina no constituye evidencia de vinculación yihadista. He buscado precisamente esa conexión y, por ahora, no encuentro información fiable que vincule la organización de la acampada con organizaciones yihadistas.

Sí encontramos presencia de gazatíes, antiguos participantes de acampadas universitarias propalestinas y abundante simbología palestina, pero son fenómenos distintos: solidaridad con Palestina no es exactamente igual a islamismo político ni a yihadismo, no creo en las brujas pero que las hay las hay.

Para investigar seriamente esta posibilidad se deben buscar nombres concretos de asociaciones participantes, financiación, convocantes, portavoces y posibles conexiones organizativas. Si aparece algún vínculo, podremos documentarlo; si no aparece, también habrá que decirlo en su momento.

  1. La pregunta central: ¿necesitados o “revolucionarios de fin de semana”?

Creo que formularla como una dicotomía nos haría perder precisamente lo más interesante. Los primeros datos apuntan a una combinación de problema material real más activismo político organizado más fenómeno generacional.

La vivienda proporciona una causa objetiva poderosa: jóvenes trabajadores que no consiguen emanciparse, salarios que soportan alquileres elevados, precariedad contractual y temor a perder la vivienda. Sobre ese malestar real se instala una infraestructura activista previamente existente.

Y alrededor de ambas cosas aparece un tercer fenómeno: la experiencia comunitaria de Sol, dormir en tiendas, las asambleas, las consignas, las banderas, las actividades culturales, la estética contestataria y la evocación consciente o inconsciente del 15-M.

Ahí puede encontrarse precisamente el fenómeno que queremos estudiar: personas que quizá no están en una situación económica extrema, pero encuentran en la protesta identidad, comunidad, protagonismo y la sensación de participar en un acontecimiento histórico. Eso es sociológicamente mucho más interesante que llamarlos simplemente “niñatos” como me pide el cuerpo.

CONTINUARÁ