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UN COMPROMISO TRANSCONTINENTAL E HISTÓRICO

Aceptar la invitación a colaborar en la redacción del portal-web de mi gran amigo y compadre Ramón de Isequilla y sentir bullir la adrenalina, visceral, nacional, hispánica, católica e identitaria fue solo uno.

Es que tantas décadas unidos en una sana amistad allende el Plata primero, yo en Montevideo y él en Buenos Aires y ahora, Atlántico por medio, en Madrid, no forjaron otra realidad -bella, por cierto- que cimentar una manera de pensar coherente con el orden natural de las cosas y un sentido común, al servicio del bien común.

Hemos vivido “a caballo” de dos siglos de transformaciones fermentales para este mundo que, cada tanto, se sacude en sus pensamientos y doctrinas junto a la forma de vivirlos.

ALGO DE HISTORIA PREVIA

Todos conocemos el período postguerra del pasado siglo XX, con sus planes Marshall, la guerra fría -o tibia-, el mayo del ’68, Vietnam, los hippies, el Concilio Vaticano II, los radicales marxistas o existencialistas, la prosperidad económica -pero ya unida a la pobreza endémica-, la ONU inoperante desde su origen, y ya entrados en el actual siglo XXI, hablamos y oímos sobre la globalización, y atrás o delante de ella, la Agenda 2030, el cambio climático, las crisis de las “burbujas” explotadas, las catástrofes -de prueba mediante- tipo Covid 19, y la triste debilidad de Occidente que facilita la fuerza del Oriente.

Con ese panorama retrospectivo y el que se nos encima a pasos veloces y agigantados, coincidimos con Isequilla que mi primera contribución debía encarar un argumento trascendente para nuestro modus vivendi a futuro próximo.

PROPUESTA INEXORABLE

Pensamos que se debe retomar el tema de la Hispanidad ‘de 600 años’ al decir de mi colega, pues nos pareció clave, estratégico y necesario, en vez de alimentar teorías negativas, bastante oscuras e intencionales, que buscan quebrar y enterrar un concepto geopolítico, trascendente, ancestral y planetario con España.

No es precisamente la intención que nos anima. Nos impulsa lo contrario: alentarlo, renovarlo, actualizarlo, divulgarlo en ambas grandes componentes del todo como son España e Hispanoamérica.

Fundamentar nuestras razones de peso: historia, idioma, costumbres, estilo, integración, comercio, educación, turismo, radicación en una orilla u otra del océano, armonía, paz, solidaridad…

AL RESCATE DE LA HISPANIDAD

Pensemos entonces en una Hispanidad dinámica, no anclada en 1492, sino abierta y en movimiento evolutivo hasta nuestros días. Este concepto lo tienen muy claro las naciones hispanoamericanas -aunque divididas por intereses no hispanos- cómo no se advierte hoy día en la propia España y el mismísimo Madrid.

Todo empieza con el hallazgo del insigne genovés y sus logros, tan confusos como reales geográfica y culturalmente, de modo de dar por descubierto un nuevo continente.

Los viajeros navegantes primero y los funcionarios peninsulares después -ya con atribuciones y retribuciones- fueron aquilatando que se estaba realmente ante el Nuevo Mundo.

Lo básico fue la tónica del descubrimiento y la conquista: persuasión, instrucción, disciplina, buenas costumbres, evangelización, respeto a las creencias ancestrales, lengua nativa y hábitos de convivencia. Una suerte de fusión cultural a cargo de los conquistadores y su “ejército pacífico y silencioso” que los acompañaba, como fueron las órdenes religiosas, entre las que sobresalieron los Jesuitas, discípulos del soldado de Loyola.

Orden, trabajo agrícola, obras civiles, hábitos cultos, música, canto, escritura, artes plásticas y respeto a la autoridad vigilante. Así se conforma en las tres Américas, a influjo de los adelantados españoles, de los gobernadores y virreyes después, una gran nación de raíces hispanas amalgamadas a los pueblos nativos de cada comarca, según su idiosincrasia, pero con parámetros comunes cristianos y solidarios. Debemos destacar que la Corona española consideraba a los indígenas súbditos con derechos, y prohibió su esclavitud.

 

COLONIZACIÓN EN PAZ

Por esa unión -pacífica mayoritariamente- se unieron costumbres como la gastronomía, la danza, los rituales funerarios, la ascendencia de los ancianos, sumado -como se dijo- al idioma nativo y sus dialectos aborígenes. Es que España respetó al habitante local, con pruebas sobradamente fehacientes.

No obstante, constan los desvíos a esa conducta y los atropellos a la libertad individual de los nativos, pese a la prohibición expresa de la esclavitud y los malos tratos. En lo material se tradujo en la extracción del oro y la plata que los españoles llevaron a su tierra, esquilmando a sus naturales dueños.

Ante el advenimiento del crecimiento del poderío de Gran Bretaña y luego de su enemiga, pero muchas veces aliada Francia, comienza una nueva invasión y conquista de tierras españolas en América del Norte y, casi al mismo tiempo, una cruel subdivisión artificial de América del Sur en diez repúblicas independientes.

SE CAE EL CASTILLO

La decadencia y posterior caída del imperio sin puesta de sol, ayuda a esa antinatural segmentación que no respeta poblaciones, etnias, geografía y solo piensa en las ventajas comerciales entre este gran jardín del planeta y las islas, tan aisladas como poderosas en diplomacia y guerra.

Con ese panorama, del que se salva solo la hija predilecta de Albión, conformando otro estado-continente cómo Estados Unidos de Norteamérica, se subdivide, en contrario y hasta el absurdo, no solo Centroamérica, si no la formidable Sudamérica hispana tras la usurpación -bula tras bula- del Portugal, creando el actual Brasil gigante.

A ello sumamos años -o décadas- de mucha divergencia ideológica – exacerbada por radicales de ambos grupos doctrinarios y así, inexorablemente, se debilitan hasta casi la extinción, los lazos de unidad entre la Madre Patria y las “Patrias Hijas”.

En suma: volveremos una y otra vez sobre este tema siempre importante y más en estos tiempos de quebrantamiento de las unidades políticas y comerciales, lo que evidencian sus debilidades: la Unión Europea y la OTAN son una muestra evidente.

VOCES DE ESPERANZA

Es que la idea, para citar un ejemplo que me llega hondo por ser uruguayo, es el del escritor y filósofo José Enrique Rodó -en 1900-, reafirmando en su magnífico “Ariel” la unidad espiritual de Iberoamérica y su profunda conexión con la tradición grecolatina y la cultura Ibérica.

Mucho más reciente, pero igual de contundente, es el pensador argentino Marcelo Gullo, quien asevera la realidad de la ‘leyenda negra’ sobre España y desenmascara a los anglosajones como promotores de esa falsedad histórica, así como la de la atomización hispanoamericana, qué tanto peso relativo le quitó al Reino de España en el mundo.

Reafirmamos así -esperemos- con lo expuesto, la importancia mayúscula qué tuvo la colonización de las Américas por parte de España, con su adaptación al medio tan distinto y variado, a los caracteres de los indígenas que la habitaban conformando una nación mestiza, diversa, pero unida por la tolerancia, la hermandad, la justicia de las Leyes de Indias, el fomento de la cultura, la religión, la economía, amalgamado todo con los caracteres propios de los indios locatarios.

UN LLAMADO CONVINCENTE

El llamado es imperativo: volver al origen, a las fuentes, a los puentes de unión entre padres y abuelos con hijos y nietos o mayor ascendencia, pero de identidad reconocida y valorada. Los responsables de los gobiernos, las administraciones, los empresarios, los académicos y los científicos, los trabajadores y sus sindicatos, los jóvenes, deben abrir la mente a cada lado del océano y ver a su hermano, a su amigo o a su socio y proponerse reconstruir lo que no se debió perder nunca.

El mundo se separa hoy en partes, según tantas especulaciones políticas, comerciales o religiosas que influyen en el poder. Lo vemos por donde queramos.

¡Pues entonces, a unirse!

Hay 33 países en Latinoamérica y el Caribe con lazos culturales similares, son 600 millones de hispanoamericanos que deben darse la mano con 50 millones de españoles.

¿Será tan difícil crear esta superpotencia?

Estamos seguros de que no.

Roberto Mezzera Raggi

Roberto Mezzera Raggi

Ingeniero Agrónomo

Maestro del Lavoro (MdL)

Comunicador Social