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Las urnas y la mayoría absoluta

La situación política de España es “delirante”, el gobierno en estado de pánico, por la catarata de juicios que se le vienen encima, más el procesamiento de la mujer del presidente del gobierno.

Se suman los escándalos que van surgiendo en el Tribunal Supremo, en el primer juicio a la trama, con las declaraciones de prostitutas “colegiadas”, “enchufes” que no van a trabajar para dedicarse a leer sobre trenes en la biblioteca de Gijon, dejando para la posteridad un “escándalo mundial”.

Los ministros insultando a la oposición y faltando el respeto a las víctimas de la Dana y los muertos de lo que fue la “Alta Velocidad Española”.

Un estado donde nada funciona, que lanza alegremente un decreto, que no pasó ni pasará por el Congreso, regularizando según la policía más de un millón de ilegales.

Antes de todo esto, la ciudadanía tenía una presunción y una certeza sobre el presidente y sus ministros, hoy la misma ciudadanía tiene una presunción y dos certezas.

La presunción es que del primero al último son corruptos, estando ya algunos procesados y en juicio oral y otros en “lista de espera prioritaria”.

La anterior certeza se centraba en que eran todos unos inútiles, lo que tocan lo rompen.

Pero desde que vimos la sesión de control del 15 de abril en el Congreso, surge otra certeza son unos “miserables”.

Caen en la peor de las bajezas para defender lo indefendible, para mantener en la Moncloa al socio preferente de los ayatolas iranies, y otros terroristas internacionales, considerado hoy, un traidor a Europa.

Pero si a algunos siempre les quedará Paris, a los españoles nos quedan las urnas y la necesidad de una mayoría absoluta, pues viendo las últimas actuaciones, VOX no es de confiar.