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Getafe se vistió este fin de semana de azul para dar el pistoletazo de salida al curso político del Partido Popular de Madrid. Más de un millar de militantes llenaron el recinto elegido en el sur de la región para arropar a Alberto Núñez Feijóo, a Isabel Díaz Ayuso y al candidato local, Antonio José Mesa, en un acto que fue mucho más que un simple arranque de temporada: fue una declaración de intenciones y una llamada explícita a la movilización de la militancia de cara a un 2027 en el que España vivirá, en apenas unos meses, tres citas con las urnas, municipales, autonómicas y generales que el PP ya señala como el momento del relevo definitivo.

No fue casualidad que se eligiera Getafe. La ciudad, cuna de la aviación española y centro geográfico de la Península Ibérica, con diócesis propia, hospital universitario de referencia y una universidad por la que ha de pasar incluso la Princesa de Asturias, fue presentada por Antonio José Mesa como el ejemplo perfecto de un potencial frenado por once años de gestión municipal socialista. El candidato popular, que aspira a convertirse en el próximo alcalde, no escatimó dureza contra la regidora Sara Hernández, a quien acusó de no haber promovido «cero viviendas públicas» en más de una década de mandato, frente a las del Plan Vive impulsado por el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. A ese diagnóstico sumó un dato que, según recordó, procede de fuentes del Ministerio del Interior: Getafe encabeza los rankings de inseguridad del sur de Madrid, una realidad que Mesa prometió revertir convirtiendo la seguridad ciudadana en su «prioridad absoluta» desde el primer día de gobierno.

El candidato getafense fue más allá y trasladó al escenario acusaciones de corrupción y de un presunto espionaje municipal que, según denunció, ya tienen recorrido judicial: la imputación de un concejal del equipo de Sara Hernández por el acceso indebido a una plataforma de datos restringida a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, a raíz de una denuncia presentada por el propio PP de Getafe. A ese cuadro añadió referencias a la trama vinculada a Santos Cerdán en la adjudicación de las pantallas acústicas de la Alhóndiga y a supuestos sobresueldos en empresas públicas y mandos policiales, para concluir que Getafe «no tiene legado» tras once años de gobierno municipal, mientras las grandes inversiones, la prolongación de la Línea 3 de Metro, el complejo acuático San Isidro o la reapertura del Teatro Madrid, llegan de la mano de la Comunidad de Madrid, en contraste con el abandono que, a su juicio, sufre Cercanías bajo la responsabilidad del Gobierno central.

El acto sirvió también para reivindicar la movilización ciudadana en apoyo a Ceuta vivida días antes en plazas de toda España, incluida la propia Getafe, donde según relató Mesa la plaza del Ayuntamiento se llenó «a rebosar». No escatimó crítica hacia la alcaldesa por su ausencia en esa concentración, a la que contrapuso la consigna coreada aquella jornada: «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende». Con ese contexto de fondo, Mesa cerró su intervención marcando el calendario: quedan nueve meses para ganar la alcaldía de Getafe, con el horizonte puesto en el 23 de mayo de 2027, y pidió a los militantes ser «el corazón que bombea y la gasolina que empuja» de un proyecto que, dijo, responde a «una obligación moral».

Isabel Díaz Ayuso tomó después la palabra para presentar a la Comunidad de Madrid como el contra modelo frente a lo que definió como el «proyecto totalitario» del Gobierno de Pedro Sánchez, al que llegó a comparar con una reedición del Frente Popular. La presidenta madrileña repasó los datos que sostienen su relato de éxito, la región que más empleo crea, la que más autónomos incorpora, los salarios más altos en el mercado más paritario, nueve millones de turistas internacionales hasta junio y la inminente llegada del Gran Premio de España de Fórmula 1, con un impacto anual estimado en 460 millones de euros, para después cargar con dureza contra la gestión de la crisis de Ceuta, que atribuyó a una acción «perfectamente coordinada» por los servicios secretos marroquíes ante la que, denunció, el Ejecutivo central respondió con desidia y con acusaciones de racismo hacia los propios ceutíes.

Ayuso denunció además el nuevo modelo de financiación autonómica aprobado esta semana en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, para sufragar la factura del independentismo catalán. «Esto no va de dinero, va de España», resumió, antes de anunciar la inminente comparecencia mediática del Gobierno y de enumerar los frentes judiciales que, avisó, se acercan al entorno del presidente.

Ayuso cerró su intervención convocando a los suyos al próximo Debate del Estado de la Región y reivindicando el papel de su Gobierno en la respuesta a los incendios de la Sierra Oeste, con visitas a los diecisiete municipios afectados y la promesa de «una recuperación inédita».

El cierre correspondió a Alberto Núñez Feijóo, que llegó a Getafe tras un acto en Málaga y antes de viajar al noroeste de España, subrayando así la dimensión nacional de la cita. El presidente del PP definió el nuevo curso como decisivo y pidió a la militancia no paciencia, sino «fuerza cada día», advirtiendo contra cualquier tentación de confianza: «no podemos pensar que todo caerá como una fruta podrida».

Feijóo encadenó una batería de acusaciones contra el Gobierno socialista, manipulación de instituciones como el CIS, la Guardia Civil o la SEPI, injerencia en Televisión Española y Correos, la condena al Fiscal General del Estado y lo que calificó de «pactos encapuchados» y «negocios turbios» y situó la crisis de Ceuta como la prueba máxima de lo que definió como la doctrina del Ejecutivo: «hostil con los invadidos y dócil con los invasores». Exigió además que la ministra de Defensa permita la comparecencia de la directora del CNI ante la Comisión de Secretos Oficiales para esclarecer lo ocurrido.

Frente a ese diagnóstico, Feijóo ofreció el modelo de gestión autonómica y municipal del PP, con Madrid como bandera, como la alternativa de gobierno real, con un objetivo que quiso dejar grabado en la militancia: no basta con ganar las elecciones, hay que hacerlo con un resultado tan contundente que resulte imposible cualquier maniobra de recomposición del sanchismo tras la derrota.

Bajo esa consigna emplazó a los suyos a las tres batallas electorales que se avecinan, municipales, autonómicas y generales, sellando entre risas, un pacto simbólico con Almeida y Ayuso: ellos derrotarán a los ministros que se presenten como candidatos, él derrotará al propio presidente del Gobierno.

El acto de Getafe se cerró así con la militancia en pie, con la consigna de trabajar «sin descanso» hasta la triple cita electoral de 2027 y con una frase que resumió el espíritu de la jornada: «Vamos a ganar con ganas».