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Solo unos meses atrás, escribíamos en varios medios recordando el convulsionado Mayo francés de 1968, tan violento, que las décadas pasadas no han podido borrarlo de las mentes de los que lo vivimos, ni de aquellos que lo han estudiado en todo texto de historia o política reciente.

Hoy, a diez días de iniciada otra revuelta masiva en París y buena parte de Francia -que todo indica que continuará- se nos impone comentarles a los lectores, qué de común tienen estos hechos, pese al tiempo transcurrido y el distinto contexto global.

Las protestas deben tener un móvil, un sustrato de gente -joven es mejor- y un gobierno timorato que contiene la represión, además de una población pacata y estática, sin perjuicio de alguna excepción inorgánica e inactiva.

 

COMPAREMOS PRIMA FACIE LAS CAUSAS Y ACCIONES DE AMBAS MANIFESTACIONES

En 1968: plena guerra fría, pruebas nucleares, guerras inútiles (Vietnam), apartheid, hambre en el mundo, libertad sexual, reacción al autoritarismo en las universidades y tantos etcéteras, pero con el estudiantado en una posición, si no cómoda, al menos no dramática en lo social y lo económico.

Estudiantes universitarios, luego también obreros en las calles y mezcla de intelectualidad (“La imaginación al poder”) y violencia desmedida («La barricada cierra la calle, pero abre el camino”) eran los slogans de las paredes pintadas y también el espíritu de las acciones rebeldes.

Pero en este 2026, donde muchos de aquellos postulados los tomaron los Estados como propios (inclusión, género, ambiente) y se han tomado, por estos jóvenes díscolos, banderas de insatisfacción como el costo de vida, las carencias en la enseñanza secundaria y la polémica ardiente de la inmigración.

En este dispar contexto de medio siglo de tiempo, también la respuesta del Estado es distinta.

Las ‘barricadas’ de antaño, no se excedían mucho más de eso y la policía acudía a pie a dispersar manifestantes y arrestar a los más desacatados. Los grupos callejeros eran en su mayoría estudiantes genuinos y su espacio de acción estaba circunscripto al ‘barrio latino’ que frecuentaban en sus estudios.

Los sucesos presentes pintan otra realidad. Son miles de jóvenes -muchos menores- que salen a las calles en ‘tren de batalla’: vestimenta, protección, pasamontañas, palos, piedras, verdaderas formaciones de ataque y repliegue y un desenfrenado ímpetu de destrucción de bienes públicos urbanos, vehículos y un generalizado asalto a la propiedad privada, robando bienes de los comercios, destruyéndolos e incendiándolos.

 

 

 

 

¡Qué panorama!

Es obvio que la respuesta de le represión de las fuerzas del orden es mucho mayor y violenta, usando otro equipamiento personal, gases lacrimógenos y pimienta, balas de goma y bastones a todo título, arrestando por centenas cada vez.

Otro factor que incide en la velocidad de difusión de los fenómenos entre los barrios de la capital y entre ciudades distantes unas de otras en el país, es que el “boca a boca”, los panfletos, los teléfonos públicos y alguna emisora de radio, que eran las vías de comunicación de nuestros estudiantes del ’68, hoy ven allanado el camino de las comunicaciones con el auge de internet, las redes sociales -verdaderas plataformas políticas- y el apoyo del GPS y los drones.

 

ANTE EL AMPLIO CRISOL DE POSTULADOS DE PROTESTA: ¿CUÁL PENSAMOS QUE TIENE REAL VALOR Y PRIORIDAD?

Si tomamos como primero y difundido problema de los estudiantes de secundaria, nos encontramos con protestas por los cupos no cubiertos de profesores, la superpoblación de las aulas (¡30 alumnos!) e insólitamente, la incomodidad de los salones, sin calefacción ni aire acondicionado.

Se me ocurre pensar -y no sesgo tanto el partido que se juega- que al ser muy jóvenes -aun no universitarios- no han chocado todavía con dificultades más serias como costo de vida, alquiler, combustible y varios otros ítems que sus mayores seguramente al vivir solos, o querer hacerlo, sufren bastante más que el calor del verano en la clase.

Entonces cabe analizar los otros factores de protesta esgrimidos.

La suba del combustible fósil, dadas las guerras (Kiev, Ormuz), la dificultad de suministro y el encarecimiento de sus fletes es importante y no se detiene.

Algunos deben pensar cuando -no hace mucho- sus manifestaciones eran en contra de las centrales energéticas nucleares, ya muchas cerradas, que hoy traerían un alivio a la situación internacional. La propia Europa se debate en qué hubiera sido mejor.

 

El costo de vida obedece mayoritariamente al gran endeudamiento en el que se han sumergido las economías europeas en estas décadas, sin darse cuenta de la pérdida de competitividad ante China y parte de Asia, los aranceles de Trump y un problema de mano de obra, que falta demográficamente en primer lugar, al seguir las políticas estatales y de la ONU, reduciendo población sin piedad alguna. A eso se suma que la gente que les viene por añadidura, a propósito de sus políticas de “arrepentimiento colonial” primero, y “apertura humanitaria” después, no solo no es idónea para ciertos trabajos, sino que les representa un gasto por inmigrante nada despreciable (sanidad, vivienda, celular, seguro de desempleo, asignación por hijo, etc., etc.)

Nada indica que mejorará sustancialmente la situación económica de la UE y sus satélites, cuando cierran fábricas, crece el paro, emigran cerebros, suben las cuotas de rearme y contribución a Ucrania.

Existen estados -un ejemplo claro es Francia- hiperdimensionados y burocráticos, con jubilaciones en pirámide invertida, que generan un gasto púbico cada vez menos sustentable.

 

¿ARDE PARÍS?  HOY SE PRENDIÓ LA MECHA, DEPENDERÁ DE LA SUCESIÓN PRÓXIMA DE LOS RESULTADOS ELECTORALES

En efecto, los países más comprometidos con las revueltas, y sus inestables situaciones políticas (se exceptuaría Italia) encaran elecciones en estas semanas y meses, más las de medio término en EE.UU., y el nuevo equilibrio que surja -si surge- de la distribución de fuerzas derivadas de pactos entre partidos y políticos cada vez más radicales, nos darán la pauta de los próximos años que apuntaban a una pomposa y deificada “Agenda 2030” que parecería tener que esperar un rato más en ‘la cola’.

Abrigamos la esperanza -no sin una cuota de escepticismo- de que, aunque sea por una suerte de “conveniencia global” entre las potencias dominantes económicamente, se avance hacia un equilibrio de fuerzas, que seguro obligarán a concesiones y renuncias, para transitar -si lento, que sea seguro- hacia un planeta primero que nada en paz, para partir de ahí a alianzas políticas y comerciales que den un respiro a las naciones empobrecidas y puedan retener sus poblaciones en casa.

Roberto Mezzera Ingeniero

Roberto Mezzera Raggi

Ingeniero Agrónomo

Maestro del Lavoro

Montevideo, Uruguay

 

27/10/2026