Cayetana Álvarez de Toledo alerta sobre el peligro que sobrevuela la democracia española.
Lo presenta no como una certeza sino como una posibilidad que hay que tener en el radar, y lo hace con bastante detalle.
La tesis es la siguiente: si Sánchez no puede ganar unas elecciones en clave de gestión o de programa, puede intentar cambiar el terreno de juego. En lugar de que los ciudadanos elijan entre dos modelos de gobierno, convertir las generales en una pregunta existencial sobre el régimen: monarquía parlamentaria del 78 frente a una república plurinacional. Ella lo llama la «bala de plata» o la «bomba nuclear» del tablero político.
¿Por qué lo considera una amenaza real?
El mecanismo que describe tiene cierta lógica interna. Si introduces en el debate algo novedoso y emocionalmente cargado, con un punto de vértigo histórico («¿y si escribimos una página nueva?»), puedes movilizar a sectores que normalmente no se mueven, desactivar el debate sobre corrupción o gestión, y reencuadrar a la derecha no como alternativa de gobierno sino como defensora de un régimen viejo. Ella llama a esto «la tentación del abismo», ese impulso colectivo que a veces tienen las sociedades de apostar por un salto hacia lo desconocido.
Lo que añade como ingrediente preocupante es que hay sectores dentro de la propia derecha que están empezando a cuestionar a la corona, ya sea por frustración con el rey emérito o por otras razones. Eso podría, involuntariamente, hacer el juego a quienes buscan desestabilizar el símbolo más visible del orden constitucional.
Ya se ha visto el uso creciente de la palabra «régimen» para referirse al sistema del 78, y el entorno de Podemos lleva años sembrando esa narrativa.
Más allá de si el escenario concreto se materializa, es el patrón de fondo: el gobierno ha demostrado disposición a hacer cosas que hace cinco años parecían impensables. La amnistía, los acuerdos con Bildu, los pinganillos en el Congreso. Eso obliga a no descartar nada de antemano. La narrativa de que el sistema del 78 es ilegítimo ya está sembrada, y no hace falta un referéndum formal para que esa siembra produzca efectos electorales.
Finalmente propone: no obsesionarse con el escenario pero tampoco ignorarlo, y construir desde ya una defensa del orden constitucional que no sea meramente defensiva sino propositiva. Una derecha que defienda la monarquía por inercia es mucho más vulnerable que una derecha que explique por qué el sistema constitucional del 78, con todos sus defectos, sigue siendo el mejor marco para vivir juntos que hemos tenido en siglos.
En resumen: el riesgo no es tanto que Sánchez convoque un referéndum formal, sino que logre que las próximas generales se perciban como una votación sobre el modelo de país, desplazando del centro del debate la gestión, la corrupción y la economía doméstica. Ahí está la amenaza real, y no es desdeñable.
Asimismo, resalta que existen otros tres peligros latentes que completan las cuatro estrategias sanchistas.
Dividir el centroderecha subiendo a VOX y bajando al PP
Esta es probablemente la más inmediata y operativa de las cuatro. La lógica es sencilla: si el PP obtiene una mayoría suficiente para gobernar solo o casi solo, Sánchez pierde el poder sin remedio. Pero si VOX crece a costa del PP, ninguno de los dos alcanza por sí solo una mayoría clara, la negociación se complica, y el bloque de la derecha se vuelve más frágil e internamente conflictivo.
¿Cómo se ejecuta esto? Básicamente radicalizando el discurso público, forzando situaciones que obliguen al PP a posicionarse en temas identitarios donde cualquier respuesta le cuesta votos en algún segmento.
Lo que hace esto especialmente peligroso es que no requiere una acción concreta y visible. Se ejecuta a través del clima político general, de los medios afines, de las declaraciones que fuerzan al PP a responder, y de la gestión de los tiempos parlamentarios para que ciertos debates estén siempre encima de la mesa.
Socavar al poder judicial, especialmente el Tribunal Supremo y la Fiscalía Anticorrupción
Esta es quizás la más estructural de las cuatro, y la que tiene consecuencias más duraderas independientemente de quién gane las próximas elecciones.
Cayetana lo enmarca de forma muy directa: Sánchez ha llegado a un punto en que su continuidad en el poder depende de la impunidad. La de su mujer, la de su hermano, la de su entorno más próximo, y la de sus socios de gobierno. En ese contexto, cualquier institución que aplique la ley con independencia se convierte en un obstáculo a eliminar o al menos a deslegitimar.
El mecanismo tiene dos patas:
La primera es la deslegitimación pública. Si logras que amplios sectores de la población perciban a los jueces no como garantes de la ley sino como actores políticos del bando contrario, sus resoluciones pierden autoridad moral, aunque no pierdan validez jurídica. Cada sentencia desfavorable al gobierno se presenta como una maniobra de la «judicatura franquista» o de la «derecha togada». Es un trabajo de zapa lento pero efectivo si no se combate activamente.
La segunda es el control institucional directo. El nombramiento del Fiscal General, la parálisis del CGPJ durante años, la sustitución de fiscales incómodos por perfiles afines: todo eso configura un ecosistema judicial que, sin llegar a ser completamente dócil, se vuelve más cauteloso y menos dispuesto a abrir frentes contra el poder.
Lo que señala Cayetana y merece atención es que esto no es solo un problema para la derecha. Una judicatura debilitada o capturada es un problema para todos los ciudadanos, independientemente de su voto. Y una vez que se deterioran estas instituciones, reconstruirlas lleva generaciones. España tardó décadas en construir una judicatura razonablemente independiente. Desmantelarla es mucho más rápido.
Manipular el censo electoral a través de la ley de nietos
Esta es la más técnica de las cuatro y, como ella misma reconoce, la que menos presencia tiene en los medios pese a ser potencialmente muy significativa.
La llamada «ley de nietos» amplía el derecho al voto a descendientes de emigrantes españoles que nunca han vivido en España ni tienen una vinculación real con la realidad del país. El número potencial de nuevos votantes es muy elevado, con estimaciones que en el documento se sitúan en hasta dos millones y medio de personas.
El problema no es el principio en sí de reconocer vínculos con la diáspora española, que tiene una justificación legítima en muchos contextos. El problema, tal como lo plantea Cayetana, es quién decide en qué circunscripción vota cada uno de esos nuevos electores, en qué condiciones se verifica su identidad y su vínculo real, y qué control existe sobre ese proceso.
Las circunscripciones importan muchísimo en el sistema electoral español porque el reparto de escaños por provincias hace que un voto en Soria tenga un peso muy diferente al de un voto en Madrid. Si se puede orientar la inscripción de nuevos votantes hacia determinadas circunscripciones, el efecto sobre la composición del Congreso puede ser desproporcionado respecto al número absoluto de votos.
Lo que la hace especialmente preocupante es su opacidad. Las otras tres estrategias son visibles y generan debate público. Esta opera en los márgenes administrativos del sistema, en los registros consulares, en los trámites de inscripción, en decisiones burocráticas que raramente llegan a los titulares pero que pueden tener consecuencias electorales concretas y difícilmente reversibles una vez ejecutadas.
Una reflexión de conjunto
Las cuatro estrategias que describe Cayetana tienen algo en común: ninguna requiere ganar el argumento en el debate democrático ordinario. Todas operan lateralmente, alterando las condiciones del juego antes de que se juegue. Y eso es precisamente lo que las hace difíciles de combatir con los instrumentos habituales de la política.
Lo que también comparten es que tres de las cuatro ya están en marcha en alguna medida. No son hipótesis de futuro sino tendencias que se pueden observar hoy. La cuarta, el plebiscito sobre el régimen, es la más especulativa
La respuesta que ella propone es actuar con la misma anticipación: denunciar cada una de estas maniobras antes de que se consoliden, preparar reformas institucionales desde el primer día de un eventual nuevo gobierno, y movilizar a una mayoría social que ya existe pero que necesita liderazgo y horizonte para traducirse en resultado electoral definitivo.
- Encuentro para socios del Club Libertad Digital con Cayetana Álvarez de Toledo e Iván Espinosa de los Monteros celebrado el 18 de mayo de 2026 en la Universidad Francisco Marroquín.
