Querido compatriota:
Te escribo desde Madrid de forma personal. Formo parte de un grupo de argentinos y de hispanoamericanos de muchos orígenes que un día llegamos a España, la elegimos como hogar y hoy somos españoles de pleno derecho.
Nos llamamos Nuevos Madrileños, y dentro del Partido Popular trabajamos para que quienes llegan de fuera se integren con voz propia, con criterio y con libertad. Por eso te escribo: porque estás a punto de vivir lo mismo que vivimos nosotros, y quiero que lo hagas con los ojos bien abiertos.
Estás tramitando, o vas a obtener, la nacionalidad española por la «ley de nietos». Es tu derecho, por sangre y por historia. Y aquí va lo primero y más importante: tu nacionalidad no es un favor de ningún partido. Es tuya, porque tu abuelo o tu bisabuelo fueron españoles. No se la debes al Gobierno de Pedro Sánchez ni a nadie. Una ley aprobada por las Cortes no es un regalo personal de quien manda.
Te lo digo porque hay un mensaje que se está repartiendo con insistencia entre la militancia socialista en Argentina: que obtienes el pasaporte «gracias» a este Gobierno y que, por tanto, le debes tu voto. Eso no es gratitud: es intentar comprar tu papeleta antes incluso de que pises un colegio electoral.
Conviene que sepas a qué país te incorporas. El Gobierno que hoy preside España gobierna sin Presupuestos aprobados desde hace años, pierde una elección autonómica tras otra y vive rodeado de causas judiciales que cercan a su entorno.
Es un Ejecutivo débil dentro de España que busca compensar su desgaste por otras vías. Una de ellas es el voto exterior, y Argentina es, desde siempre, su principal granero fuera de nuestras fronteras.
Por eso veo con preocupación las prisas extraordinarias por nacionalizar a cientos de miles de personas justo antes de unas elecciones generales. Estoy convencido de que en esas prisas no hay solo voluntad reparadora: hay un cálculo. Se busca sumar votos agradecidos de personas que nunca han vivido aquí y orientarlos en una dirección concreta.
Te pido exactamente lo contrario: que tu voto sea libre, informado y tuyo.
Por eso te pido algo muy concreto: difunde esta carta.
Reenvíala a tu familia, a tus amigos, a tus grupos. Que llegue a cada argentino que esté esperando su nacionalidad. Cópiala, compártela, léela en voz alta si hace falta. La verdad no necesita consulado ni sello oficial: necesita gente que la cuente. Cuantos más seamos los que sepamos que nuestra nacionalidad no se vota a cambio de nada, menos posibilidades tendrá nadie de convertir un derecho histórico en un voto cautivo.
Recíbela con orgullo. Compártela con convicción. Y cuando llegue el día, vota libre.
Bienvenido a España. Bienvenido a una ciudadanía que ya es tuya.
Comparte esta carta. Que no se pierda en un cajón: que viaje.
Ramón de Isequilla Real de Azúa
