Compartir y opinar

“MAYO DEL ‘68”

LOS LODOS SE FUERON DESVANECIENDO…

 

RECORDEMOS EL CONTEXTO SOCIAL Y POLÍTICO QUE PREPARÓ Y LANZÓ EL FENÓMENO PARISINO DE TANTA REPERCUSIÓN

Con este título icónico “Mayo del ‘68”, pretendemos indicar el inicio del amplio y fermental período de vida que tuvo nuestro mundo en los finales de los años sesenta.

En la nota veremos qué pasó con lo de “Aquellos polvos, trajeron estos

lodos…”

Así vamos a ir mencionando, analizando e interpretando lo que dejaron en limpio -a medio siglo de los hechos- los sucesos que tuvieron como

epicentro el movimiento de rebelión estudiantil en París en mayo de 1968.

Es un modo de situar un mojón de comienzo a las transformaciones en un mundo que, entre la finalización de la Segunda Guerra mundial y el reparto de Yalta, demoró poco en participar de la llamada “guerra fría” entre dos antagónicas concepciones doctrinarias, económicas y sociales, que estaban representadas -simplificando- por Estados Unidos de América liderando a Occidente y la URSS haciendo lo propio con Europa oriental y parte de Asia. A China la solíamos omitir.

Como enunciado , debemos considerar que para un mundo que se

acostumbraba a la paz, al progreso de la postguerra, y a un status quo de bienestar, aunque sea como comparación con un pasado belicoso, con su crisis “del 29” y sus subdivisiones y reunificaciones de naciones en países por doquier, el hecho de leer en la prensa y ver en los informativos de la TV, las pintadas en las calles de la cité lumière con “La imaginación al poder” o “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, no dejaba de poner nervioso a más de uno, en especial aser la gente madura, ya que los jóvenes, naturalmente y con rápido contagio, asimilaron y difundieron profusamente esa idea trasgresora.

Mayo del 68

Pero había que descifrar a qué respondía esa reacción, que enseguida, de pintoresca y pintando leyendas en los muros, pasó a ser violenta, quemando cubiertas y arrojando adoquines.

Debemos de recordar qué era lo que habían estado leyendo y estudiando los docentes y alumnos universitarios del momento previo, e incluso qué oían de sus líderes los sindicalistas de movimientos obreros tan fuertes como el francés o el italiano.

“LA IMAGINACIÓN AL PODER”: ¿QUÉ SE IMAGINABAN LOS INTELECTUALES INFLUYENTES EN AQUELLA JUVENTUD?

Leyeron y leían a los pensadores y filósofos de su actualidad:

Para citar a los más influyentes, comencemos por Jean-Paul Sartre, como

una referencia obligada. Fue de los intelectuales más acreditados y manifestó particular simpatía por los estudiantes parisinos. Su

existencialismo sentenciaba que el ser humano estaba condenado a ser libre y construir su existencia con criterio propio. ¿Qué más podían desear sus acólitos?

O bien inspirados en Herbert Marcuse, “El padre de la nueva izquierda”, que condenaba la sociedad industrial y consumista. Clarividente: fue lo que lo derrotó luego conceptualmente.

Otro tanto enseñaban el filo-anarquista Albert Camus y el comunista

italiano Antonio Gramsci, alentando a la rebelión -no la revolución- uno, y bregando por una hegemonía cultural el otro.

No faltó Simone de Beauvoir, la pionera líder feminista del momento, que buen eco tuvo en esos inicios de emancipación de la mujer.

Wilhelm Reich se sumó con sus ideas de libertad sexual, que aún eran tabú en esos años.

Como vemos -y la lista es larga- la materia prima intelectual o sustrato de ideas que esos jóvenes estudiantes y obreros asimilaban en las asambleas de las universidades y los talleres de las fábricas, estaba más que canalizada a una concepción revolucionaria para el momento que se vivía, pero una revolución materialista -marxista- y, cuando trascendente o racional, era ultraliberal, negando la verdad absoluta y cuando moral, sepultaba profundo los principios permanentes más básicos.

Imaginemos esos años de avance y evolución de tales ideas y sus lógicas consecuencias en el plano moral, ético y filosófico de la generación que se estaba formando.

 

 

LOS IDEALES DE LA LUCHA: DERECHOS CIVILES, ANTIAUTORITARISMO, LIBERTAD SEXUAL, ANTICONSUMISMO, “PROHIBIDO PROHIBIR”.

Una vez más, tras el paso de medio siglo de aquel tiempo, con tantas

transformaciones en lo social, lo tecnológico, y la ocurrencia de la llamada

 

globalización nos preguntamos: ¿Qué pasó? ¿Qué cambió? ¿Qué mundo

tenemos?

No vamos a cometer el craso error de negar o minimizar los notorios cambios posteriores al Mayo del ‘68 y los demás sucesos trascendentes, acaecidos en esos años sesenta. Nos haríamos trampas al solitario.

Pero tampoco -sobre todo después de un efecto de derrame en los

sucesivos años 70 y 80- podemos magnificar y sublimar los hechos, como para asignarle, casi seis décadas después, los cambios en la sociedad que se atribuían y atribuyen los protagonistas de aquellos momentos: sean inspirados en las aulas o desparramados en las calles.

Pienso que esa generación de jóvenes pudo sobrevivir y tener su acción, en

muchos casos bien intencionada y con un contenido de rebeldía ante la

injusticia que el mundo de ese momento le ofrecía en materia de derechos civiles; de equidad en oportunidades independiente de edades, sexo o posición social; en reacción ante guerras tan inútiles como desgarradoras; en acceso a la enseñanza gratuita; ni que hablar del tema racial con el apartheid tan vigente como un siglo atrás; o bien bregando por la consideración de la mujer en planos de participación laboral y social.

La lista seguiría, sin dudas, en una enumeración muy larga de los reclamos que, como encendidos por una chispa de la primera molotov del Quartier

Latin, siguieron la explosión en las universidades, los centros de enseñanza media y las organizaciones sociales, tanto sindicales como de acción cristiana y solidaria.

Mayo del 68 Revolución

Nada indicaba cuándo y cómo se iba a detener el torrente rebelde.

Y, sin embargo, los que vivimos en tiempo real todo el proceso y

observamos cómo se desaceleraba, lenta pero inexorablemente con el paso de los años, acompasando a la vez, a un inevitable aburguesamiento general de la sociedad.

“NO HAY MAL QUE DURE CIEN AÑOS”: SE DESENCADENAN FENÓMENOS DE REACCIÓN COMO EN UN DOMINÓ.

 

Es que hubo un factor poderosísimo que fue cercenando aquel impulso

idealista: el consumismo.

El mundo entró en otra revolución -igual o más impactante en sus efectos que la industrial el siglo XVIII- que fue la revolución tecnológica de la segunda mitad del siglo XX.

Comenzaron a inundar el mercado, a precios accesibles, todo tipo de aparato electrónico que facilitaba el trabajo, el estudio, el esparcimiento.

Podíamos fotocopiar los apuntes y libros por monedas; grabar clases y música en una casetera portátil; comunicarnos cada vez mejor con la

telefonía, el télex, el fax; ni que hablar luego con los celulares; tuvimos el cine en casa, los deportes, los conciertos, las transmisiones en directo de los eventos importantes desde cualquier lugar del planeta; se hicieron accesibles los insumos básicos de los jóvenes: alimentación, vestimenta, libros, locomoción, alquiler. O al menos se abrían abanicos de posibilidades que permitían una mejor elección de compra y un acceso al crédito al consumo, tan fácil como tentador y solucionador de aprietos.

Un importante contingente de rebeldes tuvo que reubicarse en la sociedad, que ya no aceptaba con tanto agrado al hippie, al homeless o al

desocupado errante, muchas veces arrastrado al delito o los vicios. Así

pasaron a emplearse e ir haciendo sus carreras, reacios al grupo familiar, fueron viviendo ‘en pareja’ y, así las cosas, siempre libertarias, pero más ordenadas y serenas políticamente.

Una sociedad -o buena parte de ella- fue tomando conciencia de que el mundo seguía girando y lo hacía más rápido, y con unas nuevas pautas, que casi obligaban a subirse al tren, o perderlo.

EL DEBILITAMIENTO SE GENERALIZA: A LOS RADICALES LOS CENSURAN, MUCHOS SE QUITAN LAS ETIQUETAS Y LÍDERES AUDACES LE DICEN AL MUNDO QUE “ESO NO VA MÁS”.

Tengamos en cuenta por otra parte, más que trascendente, las ideas y modelos emblemáticos, mayoritariamente de un estrato poblacional que

eran las del mundo socialista de base marxista, que se habían ganado un terreno en la posguerra, se debilitaban a pasos agigantados.

Recordemos a Montesquieu: «Todo hombre que tiene poder se inclina por abusar del mismo». Y este principio tuvo y tiene vigencia meridiana.

En relativo poco tiempo: desde los astilleros del Ganz con la Solidarnosc de Walesa; desde la prédica doctrinaria muy directa del viajero Papa Wojtyła; desde los cambios impuestos por el líder soviético Gorbachov con la Perestroika; surgió una impactante e irreversible transformación.

Surgieron líderes importantes en el globo, por sus posturas realistas y ‘políticamente incorrectas’ para la corriente que vimos quería seguir

ganando terreno, y se plantaron -cada uno desde su rol social o político- a guiar y estimular a la gente confusa y con desasosiego, explicando con

aplomo y solidez, que existían otras formas de conducirse por el mundo, atendiendo a las realidades y necesidades del momento: sociales, éticas y

 

materiales, y no a las utopías tan idealistas como inconducentes que pregonaba ese estamento de sociedad de los “¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!”

Mayo del 68 Juan Pablo Segundo

Fue una sumatoria de acciones, ahora conocidas y difundidas sin tapujos, casi en simultánea con los hechos, que actuó como una voz de alarma, de libertad y de transparencia, para mostrarle al mundo qué había detrás del muro destruido en Berlín, de esa revolución cubana fracasada y de unos

cuantos intelectuales en retirada.

Surgió una “puesta en orden” generalizada, que cambió radicalmente el panorama para aquella generación rebelde, en mayor o menor grado

politizada, muchas veces radicalizada, que ya no tuvo caldo de cultivo

donde operar y menos aún modelo para imitar o al menos idealizar

utópicamente.

Hoy, pasado ya el primer cuarto del siglo XXI, no es fácil, ni oportuno, entrar en comparaciones o competencias de qué época fue “mejor” o “peor”.

La realidad es una: aquello quedó para los nostálgicos: con simpatía unos, con resentimiento otros, pero obsoleto para todos.

No le negamos al proceso de 1968, el enorme e importante efecto

catalizador de emociones, propuestas y actividades manifestadas en

infinitos ámbitos sociales, educativos y laborales a partir de aquel icónico “Mayo francés”, no se tapa el sol con un dedo.

Se cambiaron mentes y corazones, dinamizaron acciones de carácter

revolucionario, pacífico a veces y violento en otros casos, sembraron ideas filosóficas y doctrinarias muy nuevas y audaces para sociedades golpeadas por períodos de pobreza, guerras y formación de noveles estados, que no se permitían mucho tiempo para teorizar.

 

Es decir que París y Woodstock; Cuba y Vietnam; Luther King Jr. y Robert Kennedy; el Concilio Vaticano II y el libro rojo de Mao; la llegada a la Luna y la rebelión de Praga; no caían en vano en esas personalidades

veinteañeras, que, con su natural fuerza y arrogancia, arremetían contra todo lo establecido.

Mayo del 68 Conflictos

Fueron años de gran turbulencia y su cuota transformadora dejó una

marcada impronta en toda una generación, o dos, pero -como fue dicho-otros sucesos y otras transformaciones la fueron cercenando, opacando y neutralizando, hasta quedar casi que exclusivamente estampada en las

camisetas con retratos ya históricos, al punto que los que las usaban, no comprendían muy bien qué lucían en el pecho.

“Sic transit gloria mundi”: Así pasó aquella gloria para muchos, pesar para otros y un proceso fermental intenso que, como la levadura, hizo crecer el pan hasta que en un cierto momento los hambrientos ya no lo apetecían.

 

mayo del 68 Che Gue VaraEL COROLARIO: “AQUELLOS POLVOS TRAJERON ESTOS LODOS…”

Estamos hoy en tiempos difíciles para nuestro planeta. Esta vez con un anacronismo operativo y moral lamentable, queriendo resolver con drones, misiles y muerte, diferencias que se

traducen en cuotas de poder económico y comercial en el mundo, entre actores conocidos y otros recientemente llegados.

Roguemos a Dios para que, al menos al impulso de líderes individuales o en grupos sociales

eficaces, se logren aplacar chispas e incendios que las organizaciones internacionales -creadas para estos fines- son incapaces de ejecutar.

La tierra y sus ocho mil millones de habitantes se merecen un mejor trato y un real y sincero intento de aplicar justicia, solidaridad y caridad en pos de una vida humana más digna.

(*)

Ingeniero Agrónomo – Universidad Mayor – Montevideo – Uruguay Maestro del Lavoro – Gobierno italiano – Roma – Italia

Comunicador independiente – Portal Isequilla – Madrid – España