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Del 11-M al caso Plus Ultra: la trayectoria de un presidente que dilapidó España.

  1. El Escenario: España en la primavera de 2004

Cuando José María Aznar anunció en el año 2000 que no concurriría a una tercera legislatura, demostró la prudencia política que sólo poseen los estadistas que comprenden que el poder es un instrumento, no un fin.

Su decisión contrastaba dolorosamente con la de Felipe González, quien, incapaz de soltarse del poder, quemó su capital político hasta las cenizas en medio de escándalos que todavía manchan la memoria socialista: los GAL, Filesa, Luis Roldán, el caso Rubio. Aznar, con ocho años de gobierno exitoso, se retiró a tiempo.

España, en el umbral de marzo de 2004, era una nación irreconocible respecto a la que había recibido el PP en 1996. El paro había bajado de más del 20% a entornos del 11%. El PIB crecía a ritmos del 3% sostenido, la inflación estaba controlada, y el país se había incorporado al euro como miembro fundador cumpliendo los criterios de Maastricht que Felipe González había dejado incumplidos.

España presidía foros internacionales, tenía protagonismo en la OTAN, en la UE y en la escena atlántica. Era, con toda propiedad, el mejor momento económico de la historia moderna española.

El candidato del PP, Mariano Rajoy, recibió el testigo con las encuestas a su favor. El sistema bipartidista de la época, con un independentismo testimonial y un escenario político ordenado, hacía previsible que quien ganase las elecciones lo haría con números cercanos a la mayoría absoluta. La victoria parecía asegurada.

Nada hacía presagiar lo que ocurriría tres días antes del 14 de marzo de 2004.

El 11-M y el asedio a Génova

El 11 de marzo de 2004, diez bombas explotaron en cuatro trenes de cercanías de Madrid, matando a 192 personas e hiriendo a casi 2.000. Fue el mayor atentado terrorista de la historia de España y uno de los más graves de Europa en el siglo XXI. La conmoción fue total

Lo que siguió fue, en términos políticos, una operación de manipulación informativa sin precedentes en la democracia española. El Gobierno de Aznar, que seguía una línea de investigación que apuntaba a ETA, comenzó a recibir presiones para reconocer la autoría islámica, cuya línea de investigación también avanzaba. La controversia sobre qué sabía el Ministerio del Interior y cuándo lo supo generó una tormenta que, combinada con la movilización organizada ante la sede del PP en la calle Génova durante la jornada de reflexión, consiguió revertir el resultado electoral en 72 horas.

«Algunos expertos concluyen que sin los atentados del 11-M el PP habría ganado las elecciones con la mayoría que le daban las encuestas una semana antes de los comicios.»

El PSOE obtuvo 164 escaños con el 42,59% de los votos. Zapatero llegó a La Moncloa, con gobierno en minoría, sin haber ganado con ninguna idea programática clara, sino cabalgando sobre la tragedia. Fue investido el 16 de abril de 2004 con los únicos votos del PSOE y la abstención de los grupos nacionalistas.

  1. El Gobierno: Siete Años de Despropósitos

La ‘nación discutida y discutible’ y la quiebra territorial

Zapatero llegó al poder con una concepción relativista de España que quedó sintetizada en una frase que hará historia: definió a la nación española como ‘un concepto discutido y discutible’.

En siete años de gobierno, sus políticas territoriales dinamitaron el consenso constitucional forjado en la Transición.

El nuevo Estatuto de Cataluña de 2006, negociado por Zapatero con el expresidente de la Generalitat Pascual Maragall en condiciones que el Tribunal Constitucional tardaría cuatro años en corregir parcialmente, abrió la caja de Pandora del procés independentista. La sentencia de junio de 2010 que recortaba el Estatuto fue el detonante del independentismo moderno de masas, pero la semilla la había plantado Zapatero con su afirmación de que apoyaría cualquier Estatuto que aprobase el Parlamento catalán.

Esa frase equivalía a abdicar de la soberanía nacional en favor de un parlamento autonómico. Fue el principio del fin de la Constitución del 78 como marco aceptado por todas las partes. Zapatero lo aceptó como precio de los apoyos parlamentarios que necesitaba para gobernar en minoría.

El abandono de Occidente: la retirada de Irak y la Alianza de Civilizaciones

La primera decisión de gobierno de Zapatero fue ordenar la retirada inmediata de las tropas españolas de Irak, cumpliendo así una promesa electoral hecha sobre el cuerpo todavía caliente de las víctimas del 11-M. La decisión se tomó antes del plazo prometido del 30 de junio, y fue acompañada de un llamamiento al resto de países aliados para que también retirasen sus tropas.

El efecto en las relaciones transatlánticas fue demoledor. España pasó de ser un aliado privilegiado de Estados Unidos, la cumbre de las Azores de 2003 había situado a Aznar junto a Bush y Blair como líderes de la coalición occidental, a convertirse en un factor de debilitamiento del bloque democrático en plena guerra contra el terrorismo yihadista.

Zapatero intentó llenar ese vacío con una de las propuestas más naïf de la historia de la diplomacia española: la Alianza de Civilizaciones. Presentada en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2004, la iniciativa proponía una alianza entre Occidente y el mundo árabe musulmán como alternativa a la guerra contra el terror impulsada por Bush.

Encontró escaso respaldo internacional y fue considerada por muchos analistas como un plagio de la propuesta que el presidente iraní Jatami había lanzado ante el mismo foro en 1998.

«La Administración Trump consideró la Alianza de Civilizaciones ‘contraria a los intereses nacionales’ y anunció la retirada de EEUU. Israel la abandonó por servir de ‘plataforma para ataques contra Israel’.»  (El Debate)

La propuesta fue impulsada junto al presidente turco Erdogan, en lo que resultó una curiosa pareja: un socialdemócrata europeo aliado con el islamismo político turco para relativizar los fundamentos de la democracia occidental. Nada de esto impidió que Zapatero quedase pronto aislado cuando sus socios europeos, Schröder y Chirac, fueron reemplazados por Merkel y Sarkozy, quienes se reconciliaron con Estados Unidos y dejaron al presidente español sin sus referentes continentales.

Las negociaciones con ETA: el fracaso de la ‘paz’ de cartón piedra

La política antiterrorista de Zapatero fue quizás el capítulo más doloroso de sus dos legislaturas. Convencido de que podía lograr lo que ningún gobierno anterior había conseguido, la paz con ETA mediante el diálogo, rompió el Pacto Antiterrorista con el PP e inició contactos clandestinos con la banda, a través de emisarios que se reunieron en el caserío Txillarre de Elgoibar y posteriormente en Suiza.

La estrategia fracasó estrepitosamente. ETA no tenía intención de abandonar las armas sin conseguir sus objetivos políticos: el reconocimiento del ‘derecho de autodeterminación’ de Euskal Herria, incluida Navarra. Para presionar al gobierno, la banda intensificó la kale borroka y finalmente, el 30 de diciembre de 2006, víspera de Año Nuevo, hizo explotar una furgoneta bomba con entre 200 y 800 kilos de explosivos en el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas.

«El día anterior al atentado, Zapatero había llegado a asegurar que las negociaciones iban muy bien: ‘Dentro de un año estaremos mejor’.»  (Fundación para la Libertad)

Murieron dos ciudadanos ecuatorianos, Diego Armando Estacio, de 19 años, y Carlos Alonso Palate. Sus cuerpos aparecieron bajo los escombros días después. Zapatero anunció que suspendía el diálogo, pero en una entrevista concedida a El Mundo en enero de 2008 reconoció que había continuado negociando con ETA incluso después del atentado. Su propio ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, dejaría escrito en la revista orgánica del PSOE que el proceso “nunca despegó del todo”.

Años después, Zapatero se atribuiría el mérito de haber acabado con ETA. Un mérito que los propios protagonistas del proceso desmintieron: la disolución definitiva de la banda se produjo en mayo de 2018, gobernando Mariano Rajoy, siete años después de que Zapatero hubiera abandonado el poder.

  • La Crisis Económica: La Gran Mentira de los ‘Brotes Verdes’

Zapatero heredó la mejor economía de la historia moderna de España. La dejó en el peor estado de la democracia. Esta frase, que podría parecer un juicio de parte, está avalada por los datos.

 

Cuando llegó al poder en 2004, España crecía al 3% anual, la tasa de desempleo rondaba el 11% y el país gozaba de superávit presupuestario. Cuando abandonó La Moncloa en 2011, la tasa de paro superaba el 21%, más de 4,8 millones de desempleados, el déficit público rozaba el 10% del PIB, y España estaba al borde del rescate europeo que sólo se evitó, años después, con las dolorosas reformas que Rajoy implementó bajo presión de Bruselas.

La negación: ‘hablar de crisis es puro catastrofismo’

Lo más llamativo no fue que la crisis ocurriera, la española tenía causas estructurales que venían de lejos, agravadas por la burbuja inmobiliaria, sino la actitud del gobierno ante ella. Zapatero negó la evidencia durante más de un año.

«Hablar de crisis económica es puro catastrofismo.»  (José Luis Rodríguez Zapatero, enero 2008)

En agosto de 2007, cuando la crisis hipotecaria estadounidense comenzaba a sacudir los mercados globales, el gobierno socialista aseguró que no afectaría a España. En enero de 2008, Zapatero calificaba de ‘catastrofismo’ hablar de crisis.

En junio de ese mismo año, declaró que ‘es un tema opinable si hay crisis o no’. Mientras tanto, el desempleo subía de 2 millones a 4,8 millones de personas.

La secuencia de contradicciones fue documentada meticulosamente: prometió que el paro no llegaría a 4 millones y llegó a 4,7 millones; anunció ‘brotes verdes’ que nunca florecieron; negó que necesitaría recortes y después impuso un recorte del 5% del sueldo de los funcionarios.

El número de empleados públicos, lejos de reducirse, aumentó de 2,8 a 3,2 millones durante su mandato.

El economista Pedro Solbes, su propio ministro de Economía, fue quien pagó el precio de la honestidad: al exigir medidas de ajuste que Zapatero no quiso adoptar, fue reemplazado por Elena Salgado en la remodelación de gobierno de abril de 2009. El déficit ya se acercaba al 10% del PIB y la economía caería ese año un 3,7%, la mayor caída en dos décadas.

El legado: un país al borde del colapso

Zapatero abandonó el poder no tras una derrota electoral convencional, sino huyendo. Convocó elecciones anticipadas para noviembre de 2011 porque ya no controlaba los mercados, los socios europeos ni su propio partido. Se fue sin afrontar el debate, sin asumir los errores y, según el relato que se instaló en la opinión pública, como “un apestado”.

España tardó más de una década en recuperar los niveles de empleo de 2007. La crisis del euro casi provocó la quiebra del país entre 2010 y 2012. La prima de riesgo rozó los 700 puntos básicos. Y todo ello sobre una base estructural que Zapatero había debilitado con un gasto público descontrolado, una administración hipertrofiada y una apuesta por el sector del ladrillo que ignoró olímpicamente las señales de alarma.

  1. Venezuela: El Gran Negocio del Mediador

El comienzo: Morodo y los contratos de PDVSA

La relación de Zapatero con Venezuela comenzó en 2004, el mismo año en que llegó al poder. Nombró como embajador en Caracas al jurista Raúl Morodo, con la misión de “reconstruir” las relaciones con Hugo Chávez que el gobierno de Aznar había enfriado. Morodo era hombre de máxima confianza del expresidente, y su designación fue el primer eslabón de una cadena que décadas después terminaría en los juzgados.

«Morodo y su hijo recibieron más de 4,5 millones de euros de PDVSA mediante contratos ficticios de asesoría durante y después del mandato de Zapatero.»  (Hazte Oír, querella ante la Audiencia Nacional)

Raúl Morodo y su hijo fueron condenados por la Audiencia Nacional por un delito fiscal y por recibir pagos de “operaciones simuladas’”: facturas falsas a la petrolera estatal venezolana PDVSA por asesorías que no existían. La pena fue de 10 meses de cárcel y el pago de 1,4 millones de euros. Sin embargo, y aquí reside uno de los aspectos más indignantes del caso, llegaron a un acuerdo con la Fiscalía que les evitó el ingreso efectivo en prisión.

El embajador de Zapatero en Venezuela, condenado por cobrar dinero falso de la petrolera chavista, no pisó la cárcel. Morodo llamaba a la vicepresidenta Delcy Rodríguez “querida gacela” en sus cartas y Delcy llamaba a Zapatero “Mi príncipe”. El círculo bolivariano de Zapatero era, desde el principio, algo más que diplomático.

La mediación como negocio: el cartel de los soles y el oro de Venezuela

Durante los años siguientes, Zapatero construyó su figura de “mediador” en Venezuela con viajes frecuentes a Caracas, según testimonios documentados, dos o tres veces al mes en aviones privados y reuniones en el Palacio presidencial con Nicolás Maduro y con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta que en enero de 2020 llegó al aeropuerto de Barajas con maletas que nunca pasaron el control aduanero.

Las investigaciones judiciales en curso apuntan a que detrás de esa mediación había intereses económicos de primera magnitud: operaciones con petróleo venezolano vendido a China, negocios mineros y, según testimonios recogidos en la querella presentada por Hazte Oír ante la Audiencia Nacional, la supuesta asignación de una mina de oro al propio expresidente.

«Me dijo: ‘A todos nosotros nos dieron una mina de oro.'» (Ex senadora colombiana Piedad Córdoba, refiriéndose a Zapatero, en “Las 2 Orillas”, febrero 2020)

La querella también recoge datos sobre presuntos movimientos de 104 barras de oro por valor de 68 millones de dólares que habrían llegado a Caracas mientras Zapatero se reunía con Maduro y Delcy Rodríguez. Las investigaciones internacionales sobre el Cartel de los Soles, la red de narcotráfico en la que fuentes judiciales y de inteligencia sitúan a Maduro y a parte de su entorno, han llegado a involucrar al entorno zapaterista como posible facilitador.

El activista venezolano Lorent Saleh, torturado en la prisión del Helicoide, aportó uno de los testimonios más devastadores: «Zapatero tuvo el descaro de llamar a mi mamá para decirle que no denunciara lo que me pasaba, a regañarla porque mi madre denunciaba lo que pasaba en el Helicoide. Ha hecho de la tragedia y del sufrimiento venezolano un negocio.»  (Lorent Saleh, Onda Cero)

La traición a los presos políticos

Lo más execrable del papel de Zapatero en Venezuela no son los presuntos negocios, que están siendo investigados judicialmente, sino el silencio activo sobre la represión del régimen de Maduro. Mientras ciudadanos con doble nacionalidad española eran encarcelados, torturados y sometidos a procesos judiciales amañados en Venezuela, Zapatero guardaba silencio o, peor aún, ejercía de abogado del régimen ante la comunidad internacional.

Españoles como Alejandro González, Rocío San Miguel, abogada de derechos humanos, o Catalina Ramos permanecen o permanecieron presos en Venezuela mientras el gobierno de Sánchez, fiel al legado zapaterista, evitaba pronunciarse.

Las familias de los detenidos describían su abandono con una crudeza sin eufemismos: “Nos sentimos abandonados. Nadie nos defiende”.

«España no puede ser un país que entrega documentos con una mano y abandona a sus nacionales con la otra.» (El Nacional, septiembre 2025)

La impronta de Zapatero en la política venezolana de España ha sido, como describió acertadamente el analista de El Nacional, “convertir la equidistancia en doctrina y el apaciguamiento en estrategia”. El resultado es el descrédito internacional de España ante toda América Latina

  1. El Caso Plus Ultra: La Corrupción Destapada

 

El rescate de 53 millones: origen de la investigación

En marzo de 2021, en plena pandemia de COVID-19, el gobierno de Pedro Sánchez concedió un rescate público de 53 millones de euros a Plus Ultra, una pequeña aerolínea venezolana con escasa actividad en España.

El rescate fue otorgado por el SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) a pesar de que la compañía tenía una deuda con la Seguridad Social y de que su tamaño no justificaba una operación de esa envergadura.

La investigación se inició formalmente en julio de 2024, cuando la Fiscalía Anticorrupción recibió dos comisiones rogatorias de Suiza y Francia sobre presuntas actividades de blanqueo de capitales vinculadas a los fondos del rescate. Las pesquisas revelaron que parte del dinero público había sido desviado hacia cuentas en Gibraltar, Suiza, Montenegro, el Reino Unido e Isla Mauricio a través de sociedades pantalla.

La imputación del expresidente: siete delitos

El 19 de mayo de 2026, el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama levantó el secreto de sumario y citó a declarar como imputado a José Luis Rodríguez Zapatero. El auto de 85 páginas es contundente: sitúa al expresidente como “núcleo decisor y estratégico” de una presunta ‘estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias’ orientada a obtener decisiones favorables de la Administración.

Los delitos imputados son tráfico de influencias, organización criminal, falsedad documental, blanqueo de capitales, contrabando y delito fiscal.

Según el auto judicial, Zapatero y su entorno habrían percibido cerca de 1,95 millones de euros: 1,52 millones para el expresidente y 423.779 euros canalizados hacia sus hijas Laura y Alba a través de su empresa de comunicación Whathefav S.L.

Las joyas de la caja fuerte y los contratos “de palabra”

El 19 de mayo de 2026, durante el registro en las oficinas que el PSOE prestaba a Zapatero en la sede de Ferraz, la Unidad de Delincuencia Económica y Financiera (UDEF) descubrió en una caja fuerte más de 100 artículos de lujo, relojes y joyas, junto con notas manuscritas de su testaferro, Julio Martínez Martínez, detallando transacciones con Venezuela. La joyería Ansorena tasó preliminarmente el hallazgo en 1,3 millones de euros.

«Entre los objetos hallados figuraba un collar de oro blanco con diamantes y dos esmeraldas naturales de Zambia que podría alcanzar los 278.000 euros.»

Ante el juez Calama, el 17 de junio de 2026, Zapatero admitió haber cobrado casi 500.000 euros de la empresa Análisis Relevante de su amigo Julio Martínez, “de palabra”, sin contratos escritos y se negó a declarar sobre las joyas, alegando que necesitaba más tiempo para “instruirse” sobre el peritaje. Negó haber ejercido influencia alguna en el rescate de Plus Ultra.

Paralelamente, se reveló que la agenda incautada a Martínez contenía referencias explícitas a PDVSA, operaciones mineras venezolanas, y anotaciones sobre la situación política de Venezuela que incluían nombres de presos políticos y comentarios sobre cómo “rehabilitar” a figuras chavistas caídas en desgracia.

La familia en el foco: hijas, esposa y el despacho de Ferraz

Laura y Alba Rodríguez Espinosa, hijas del expresidente, son investigadas como administradoras de Whathefav S.L., descrita por el juez como “elemento finalista del entramado” y “canalizador financiero de la red”. Su empresa recibió 239.755 euros de Análisis Relevante y 561.440 euros de Inteligencia Prospectiva, otra de las empresas investigadas.

La esposa del expresidente, Sonsoles Espinosa, es también señalada por Hazte Oír como cotitular de la cuenta bancaria a la que se transfirieron 490.780 euros entre 2020 y 2025. El PSOE, por su parte, reconoció con evidente incomodidad que ignoraba que Zapatero había instalado una caja fuerte en el despacho que el partido le prestaba en Ferraz.

  1. La Resurrección: Sánchez como Lazarillo de Zapatero

Cuando Zapatero abandonó el poder en 2011, lo hizo bajo el estigma del fracaso económico más devastador de la democracia española. Durante años fue una figura evitada incluso en su propio partido. La palabra “zapatero” se había convertido en sinónimo de irresponsabilidad económica y de gestión desastrosa.

Fue Pedro Sánchez quien lo resucitó. Al llegar a La Moncloa en 2018, el actual presidente del Gobierno reivindicó la figura de Zapatero como referente político e intelectual, le asignó un papel informal de “mediador” en Venezuela que le proporcionaba agenda internacional y relevancia, y se negó sistemáticamente a pronunciar una sola palabra crítica sobre sus actuaciones.

Cuando en mayo de 2026 se hizo público el auto de imputación de Zapatero, Sánchez salió a defenderle en términos que rozaban el absurdo institucional, calificando la investigación judicial de “lawfare” y de persecución política. El presidente del Gobierno defendía a un expresidente imputado por siete delitos incluyendo blanqueo de capitales y tráfico de influencias ante un juez de la Audiencia Nacional.

«Entre Maduro, Delcy Rodríguez y Zapatero existe, a nuestro juicio, una estructura organizada de intereses políticos y económicos con conexiones internacionales, especialmente con China.»  (Miguel Bernad, Manos Limpias, Revista Semana, mayo 2026)

La imagen que quedará para la historia es la de un partido que fue capaz de defender simultáneamente al mediador de un régimen dictatorial latinoamericano imputado por blanqueo de capitales, mientras proclamaba defender la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho en España. La contradicción no podría ser más elocuente.

El legado geopolítico: España, cómplice del chavismo

El daño que la línea Zapatero-Sánchez ha causado a la posición internacional de España en América Latina es incalculable. Un país que bajo Aznar había sido interlocutor privilegiado de Estados Unidos y referente democrático en la región, se convirtió bajo el influjo zapaterista en el socio europeo más indulgente con la dictadura venezolana.

Mientras Europa reforzaba sanciones, España ofrecía gestos de cercanía. Mientras los presos políticos venezolanos, algunos con pasaporte español, llenaban las cárceles y el Helicoide, Zapatero viajaba a Caracas y Sánchez callaba. Cuando el mundo reconoció el Nobel de la Paz de María Corina Machado, el gobierno español ni siquiera la felicitó.

La Administración Trump, por su parte, recibió de Manos Limpias documentación sobre las vinculaciones entre Maduro y Zapatero, e incluyó referencias a esta relación en la acusación contra el dictador venezolano. Las investigaciones internacionales avanzan. España, por primera vez en décadas, aparece en los márgenes de esos expedientes.

Conclusión: La Factura Pendiente

José Luis Rodríguez Zapatero accedió al poder sobre el dolor del 11-M. Gobernó siete años dejando a su paso una nación dividida territorialmente, una economía devastada, una política antiterrorista de fracaso documentado, un alineamiento con los enemigos de Occidente y los cimientos de lo que hoy parece una extensa red de intereses con el régimen venezolano. Abandonó el poder huyendo de la realidad que había creado.

Dos décadas después, la justicia española, con apoyo de investigaciones de Francia, Suiza y Estados Unidos, está empezando a desenredar la madeja. El caso Plus Ultra no es un accidente aislado: es el epílogo lógico de una trayectoria en la que el poder fue instrumentalizado en beneficio propio y de un círculo bolivariano que convirtió Venezuela en su caja registradora.

Lo que resulta verdaderamente alarmante no es sólo la conducta de Zapatero, sino que Pedro Sánchez haya elegido este personaje como mentor, lo haya defendido públicamente tras su imputación, y haya heredado y profundizado su política de complicidad con el chavismo. La factura de esta doble irresponsabilidad, la del expresidente y la del presidente en ejercicio, la están pagando los españoles, los venezolanos presos en las cárceles de Maduro, y la credibilidad de España como nación democrática comprometida con los valores de Occidente.

La Historia tiene una memoria más larga que los gobiernos. Y esta vez, a diferencia de lo que ocurrió en 2011, los jueces también la tienen.