Adif vuelve a retrasar la reapertura de la línea cortada del AVE a Málaga y no estará en funcionamiento en las vacaciones de Semana Santa
Silvia Moreno del El Mundo titula: “Un tsunami en el turismo por el corte del AVE a Málaga en plena temporada: pérdidas de 2.000 millones y más de 6.000 contratos en peligro”.
Ignacio Camacho de ABC reflexiona: “El bloqueo ferroviario de la Costa del Sol es un síntoma de ineptitud técnica, esclerosis funcional e irresponsabilidad política”.
Y yo me lamento: Este año el jueves Santo, no voy a poder ir a Málaga en un tren alta velocidad como lo hago todos los años a rezar al Cristo de Mena mientras La Legión entona el “Novio de la muerte”
El 18 de enero, el deterioro de la infraestructura ferroviaria, responsabilidad de Pedro Sánchez y Oscar Puente, se llevó la vida de 46 personas, en otro bochornoso espectáculo de la corrupción del gobierno del Partido Socialista Obrero Español, que desvió los fondos para el mantenimiento de las vías, para cubrir las necesidades de las “sobrinas de Ábalos” viejas costumbres que comenzaron con “Roldan”, siguieron con “Don Anselmo”, continuaron por “Don Sabiniano” haciendo escala en “Tito Berni”, con el PSOE siempre lo mismo: “putas, gambas y cocaína”.
La rotura de las vías no fueron suficiente, para obtener el Oscar de la ineptitud, (aunque Yolanda desfile por la alfombra roja de Los Ángeles la noche electoral de Castilla y León), al “mejor momento de la historia” del ferrocarril español, se le cayó un talud, continuando el aislamiento de nuestra querida Málaga, debiendo haber estado reparado para el 23 de marzo, pero resulta que once días antes de la Semana Santa, nos informa El Mundo que, “el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) aplazó la apertura hasta finales de abril por los retrasos que acumulan las obras en la zona. Por lo tanto, durante las vacaciones de Semana Santa, no habrá AVE a Málaga”.
El enfado del consejero de Turismo y Andalucía Exterior, Arturo Bernal, es mayúsculo ante la falta de información que, según la Junta, llevan sufriendo desde que se cortó el AVE a Málaga. «Si ellos sabían que la infraestructura ferroviaria no iba a estar a punto para la Semana Santa, nos tendrían que haber avisado para que hubiéramos buscado alternativas en los aeropuertos para incrementar la llegada de vuelos a la comunidad andaluza, pero ya es tarde».
“Esto en Cataluña no habría pasado», ha denunciado Bernal, que ha censurado el «destrozo importante» a la economía andaluza que está provocando el corte del AVE a Málaga. Porque esta paralización afecta también a las conexiones ferroviarias de Granada y Almería con el resto del país. A ello se une que, desde que ocurrió el accidente de Adamuz e incluso antes, la comunidad andaluza y buena parte del país están instalados en un caos ferroviario, en el que son frecuentes los retrasos y suspensiones en algunos trayectos, como el que conecta Sevilla con Madrid. Pero el ministro de Transportes, Óscar Puente, niega el caos y achaca los retrasos a las obras de mantenimiento que se están realizando en la red”.
El razonamiento de Ignacio Camacho en el ABC es imperdible:
“Ocupado en hacer oposición a Trump, a Von der Leyen, a Netanyahu, a Ayuso, a Feijóo y al lucero del alba –menos a los amigos de Zapatero que siguen controlando el régimen venezolano–, el Gobierno se ha olvidado de gobernar, ese aburrido trabajo que consiste en ayudar a la gente a resolver sus problemas cotidianos. Asuntos como la vivienda, el precio de la luz, de la gasolina, de los tomates y demás suministros básicos, la eficacia de los servicios burocráticos de la Administración del Estado o la gestión del tráfico ferroviario para que los trenes no lleguen con retraso. (Incluso para que simplemente lleguen a destino sin contratiempos trágicos). El grito contra la guerra, que está muy bien, no agiliza ninguno de esos trámites esenciales para la vida diaria de los ciudadanos, aunque nos hayamos acostumbrado a no protestar por pura resignación al colapso, por convicción de la inutilidad de quejarnos, por certidumbre estoica de que de cualquier modo nadie nos va a hacer caso”.
“El caos de la alta velocidad quizá sea el ejemplo más claro y deplorable de esa desidia tan normalizada, tan rutinaria, que ha dejado de ser noticia: un calvario de incidencias eléctricas, averías del material rodante y fallos en las vías. Pero dentro del escandaloso deterioro, símbolo de una gobernanza en ruinas, el aislamiento de Málaga y la Costa del Sol en el arranque de la temporada turística constituye un monumento a la incompetencia técnica, la esclerosis funcional y la desfachatez política. Porque además de no haber sido aún capaz de reparar un talud hundido hace más de cuarenta días, la cúpula de Transportes elude dar la cara ante una opinión pública lógicamente enfurecida. Ni el ministro Puente, tan farruco en las redes sociales, ni la vicepresidenta Montero, candidata socialista en Andalucía, se han dignado comparecer para dar las explicaciones que una de las metrópolis más dinámicas de España merece y necesita. Sobre la torpeza, irresponsabilidad, y sobre la ineptitud, cobardía”.
“Las autoridades sanchistas aprovechan la psicosis de inseguridad desencadenada por el accidente de Adamuz para camuflar su negligencia. El desbarajuste es por nuestro bien, aseguran, un ejercicio de prudencia que conlleva inevitables molestias –«disculpen las mejoras», ¿recuerdan?– mientras todo se arregla. Pero la catástrofe de Sierra Morena no fue más que un síntoma, una letal consecuencia de un modelo en quiebra completa. La inversión tecnológica más importante de las cuatro últimas décadas se ha hundido por una acumulación de dejadez, corrupción, clientelismo y pereza. Así, mientras la Guardia Civil y la comisión de expertos alertan sobre la opacidad de Adif a la hora de informar con detalle de la tragedia cordobesa, el litoral malagueño vive una epidemia de cancelaciones de reservas ante la ausencia de alternativas para un sector de enorme relevancia estratégica. Por mucho menos en Cataluña rodaron cabezas. Pero en este viejo país ineficiente (Gil de Biedma) hay territorios de segunda y de primera”.
No podíamos esperar otra cosa de un gobierno que odia al turismo, odia a Madrid, odia a Andalucía y “HODIA a España”.
