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Cuarta y Última Parte

Diario de una cuarentena día uno: La irresponsabilidad de la burguesía madrileña

Diario de una cuarentena día dos: La España del himno y del aplauso

Diario de una cuarentena día tres: Comienza la Debacle. A partir de la 0 hora de hoy se acabó el turismo en España

Diario de una cuarentena día cuatro: New deal, plan marshal o como quieran llamarlo para salvar el turismo

Diario de una cuarentena día cinco: Las compañías aéreas

Diario de una cuarentena día seis: Los hoteles

Diario de una cuarentena y al séptimo día descansó: Somos una sociedad enferma, preciada de si misma, egoísta, hipócrita pero políticamente correcta

 

Decidí resumir en esta cuarta y última entrega del repaso de lo que ocurrrió hace cinco años, con algunas reflexiones que me surgieron durante los siete días críticos del inicio de la pandemia, que podrán profundizar  en algunas de las 232 páginas de “El principio del fin del imperio turístico español. La debacle del turismo español vista por un corresponsal rioplatense”. Amazon 2021.

Y ahora como repetimos siempre “que salga el toro”

DIA UNO

La irresponsabilidad de la burguesía madrileña

MADRID – MAR 15, 2020

Madrid 15 de marzo de 2020. Diario de una cuarentena. Día uno. Comienzo hoy un relato para el PDA que he titulado “Diario de una cuarentena”, en el cual intentaré contarles no lo que me pasa a mi, que a nadie le interesa, sino las cosas que le van pasando al turismo, en esta época inédita que nos toca vivir, que me irán informando diariamente mis “espías berlineses”, célula que dejé activada en mi último viaje al Check Point Charlie.

El primer día de la cuarentena decretada por el Gobierno de España estuvo signado por la espera frente al televisor del anuncio de los detalles de las medidas que tenía que realizar el presidente del gobierno a las 14 horas, y que tardó siete horas en concretar. La razón de la demora fue la falta de acuerdo en la coalición de gobierno y sus socios parlamentarios vascos y catalanes, del alcance del Real de Decreto que por primera vez en la historia de la democracia declaraba el “Estado de Alarma” en todo el territorio español.

El único antecedente fue en 2010 cuando Rodríguez Zapatero lo declaró únicamente para los controladores aéreos que habían paralizado a tres millones de viajeros que salían de vacaciones por el “Puente de la Constitución”, con una huelga intempestiva y salvaje de la cual como siempre la víctima fue el turismo.

Recuerdo la noche de ese 3 de diciembre, estando en tránsito en Barajas pronto a abordar un vuelo a Montevideo, ver llegar los camiones del ejército, para controlar las instalaciones, entregándonos a los frustrados pasajeros mantas verde oliva, un botellín de agua mineral y una mini bandeja de jamón serrano con un pequeño pan, para hacer más confortable la espera.

En esta circunstancia, infinitamente más grave que la anterior, no todos esperaron frente al televisor para confirmar por boca del presidente las medidas que ya se habían filtrado 36 horas antes a la prensa.

Desde la noche del jueves, la irresponsable burguesía madrileña cargó sus autos con las maletas, algo de comida, los peques, el perro, el loro y partió raudamente a su “segunda residencia” en Andalucía, Murcia, Valencia, Cantabria, Galicia y cuanta playa se les pueda ocurrir en los litorales mediterráneo, atlántico y cantábrico.

A la abuela no la llevaron, ni se despidieron de ella, pues se encuentra confortablemente instalada en una residencia de ancianos, y desde hace una semana las autoridades de la Comunidad de Madrid prohibieron las visitas para evitar el contagio a ese grupo de riesgo, aunque igualmente no la hubieran llevado, “que se ocupen los del geriátrico que para eso les pagamos” se escuchó decir a algún exponente del “amor filial” de los hijos del 78.

Fue tal el desembarco de los improvisados turistas, que cundió la alarma en los pequeños pueblos costeros que, temiendo un contagio masivo, algunos de los alcaldes tomaron medidas restrictivas a la circulación.

Desbordaron los centros de información turística averiguando que actividades podían hacer con los niños, pensando que estaban de vacaciones en lugar de estar secuestrados en sus casas por una inconstitucional medida que tenía como excusa frenar la pandemia.  Las terrazas de los bares y las playas se llenaron, en un obsceno espectáculo de negligencia e indiferencia por la salud de la comunidad.

Por suerte, en las últimas horas las autoridades han tomado medidas en emergencias sanitarias, con recomendaciones de distancia social, higiene en manos y superficies que tengan contacto con las personas y el uso de mascarillas, esperando que la sociedad reaccione y todos juntos combatamos el virus siguiendo las estrictas recomendaciones de los responsables sanitarios.(tiempo después nos enteramos que muchas de las medidas eran políticas y no sanitarias en un gran despliegue de improvisación de personajes que no estaban a la altura de las circunstancias). 

En la madrugada nos llegaron noticias desde Uruguay que se habían suspendido las clases, y que van tomando medidas de precaución cuando todavía están a tiempo de mitigar los daños del coronavirus.

 

DIA DOS

Diario de una cuarentena día dos: La España del himno y del aplauso

MADRID – MAR 16, 2020

RESUMEN

Empezó Italia cantando el himno en las ventanas de sus casas, donde guardan estricta cuarentena, para darse ánimo en este difícil momento, continuó España las noches del sábado y del domingo, primero aplaudiendo a los funcionarios sanitarios, por su heroicidad y luego haciendo sonar el himno, no cantándolo, pues es uno de los pocos himnos del mundo que no tiene letra o por lo menos nadie la conoce.

DIA TRES

COMIENZA LA DEBACLE

Diario de una cuarentena día tres: A partir de la 0 hora de hoy se acabó el turismo en España

MADRID – MAR 17, 2020

En concordancia con lo resuelto en la reunión de los ministros de Interior y Sanidad europeos, el Gobierno de España ha resuelto cerrar las fronteras terrestres, las últimas que iban quedando, a todo aquel que no sea español, o residente en España o trabajador fronterizo, o sea que España hace ocho horas que no recibe ningún turista, es decir se acabó el turismo en España.

Tenemos noticias de hace un rato, que en el Rio de la Plata está sucediendo algo similar, hasta nos acaba de llegar un email de un transportista fluvial que habla de “repatriación”, palabra muy fuerte de escuchar.

Hace un par de días un prestigioso medio de comunicación decía: “Recesión, desempleo, déficit y deuda: los cuatro jinetes del Apocalipsis de la pandemia cabalgan desbocados sobre la economía mundial y la española”, hoy yo puedo agregar “los cuatro jinetes del apocalipsis le pasaron por encima al turismo”.

Dicho esto, sostengo, que las medidas tomadas para salvaguardar la salud de la población deben ser aceptadas a rajatabla, lo más importante es la salud y la vida, pero esto no es óbice para conversar sobre el daño letal que está padeciendo el turismo.

Raquel Bonilla en La Razón decía en una nota de ayer mismo que “La tormenta perfecta hunde el turismo”, informando que las cancelaciones de viajes superaban el 60%, poniendo en riesgo 350.000 puestos de trabajo.

Declaraciones de José Luis Zoreda: afirma que esta crisis, es aún superior a la de la quiebra de Lehman Brothers.

El miedo marca la conducta de los viajeros, y el miedo es irracional provocando decisiones en cadena con resultados imprevisibles.

Al cierre de nuestras fronteras se suma que más de 65 países restringen la entrada de españoles, hoy España está en la lista negra del turismo mundial.

Si la crisis llegara hasta Semana Santa, cuestión que hoy ya es un hecho, se perdería este año el 8% del ingreso anual de turistas. Imaginemos que sucedería si se extiende hasta después del verano, cada mes con las fronteras cerradas en alta temporada de verano se perderían cerca de 10 millones de turistas. (que ingenuos éramos en ese momento que pensábamos era cosa de cuarenta días)

El sector considera que las medidas anunciadas desde el gobierno, digo anunciadas, porque tomadas no hay ninguna, son totalmente insuficientes.

Sólo se habla de financiación y postergación de impuestos, no de inyección real de dinero al mercado y condonación de impuestos, para que la coyuntura no se convierta en un problema estructural. La cifra de 400 millones es absurda, ya que habría que hablar de un piso de 5.000 millones de ayudas, teniendo en cuenta que sólo Thomas Cook se llevó 500 millones.

Se está poniendo en riesgo a medio millón de empresas, que aportan al PIB más de 150 mil millones de euros.

Empresas de gran envergadura como Paradores de España, que el gobierno quiere regalar a las autonomías embarcadas en el independentismo, han cerrado sus puertas, y en un gran acto de responsabilidad ha puesto a disposición sus camas, pudiéndose cumplir mi profecía, que el Hostal de los Reyes Católicos vuelva a su destino original de hospital de peregrinos.

Las aerolíneas suspenden sus vuelos, despidiendo a miles de trabajadores como el caso de SAS, y otras como TUI y Jet2 preparan la operación “salida de España” llevando a su país de origen a los pocos turistas que  nos quedan, estimándose que en las próximas 36 horas todos los hoteles normalmente utilizados por operadores estén cerrados.

Los turistas alemanes, belgas y británicos luchan por conseguir lugares en los aviones para abandonar España asustados por el aislamiento que los obliga las últimas medidas gubernamentales.

En lo estrictamente local y empresarial, las empresas Iberia, Air Europa, Globalia y Barceló, están a la espera de la autorización gubernamental de sus respectivas fusiones, que de no concretarse de inmediato tendría consecuencias catastróficas para las mencionadas y para todo el sistema.

Ryanair y Norwegian pueden colapsar de un momento a otro pues su modelo de negocio no es compatible con la crisis actual, las cancelaciones a las que se han visto obligados tiran abajo lo que era una actividad de gran éxito hasta hace apena un mes.

Pese a todo esto, no nos cansamos de afirmar que el turismo ha superado profundas crisis y lo hará también de esta, y con el fin de aportar algunas ideas para el día después, a partir de mañana comenzaremos a pensar en voz alta sobre el tema.

DIA CUATRO

RESUMEN

Diario de una cuarentena día cuatro: New deal, plan marshal o como quieran llamarlo para salvar el turismo

MADRID – MAR 18, 2020

Cuando estamos inmersos en la mayor crisis del turismo de su historia, producto de una pandemia, con graves consecuencias sanitarias, económicas, sociales y financieras de alcance mundial, no debemos lamernos las heridas ni llegar a la autocomplacencia, sino todo lo contrario, poner todos nuestros recursos intelectuales en movimiento, para ayudar en la búsqueda de estrategias para el día después.

por Ramón de Isequilla, desde Madrid

 

DIA CINCO

Diario de una cuarentena día cinco: Las compañías aéreas

MADRID – MAR 19, 2020

Ayer analizábamos la necesidad de motivar y devolver la confianza a los turistas, para que el día después, que lo ubicamos en el 9 de junio (¿optimismo o idiotez de mi parte?), vuelvan a pensar en viajar.

por Ramón de Isequilla, desde Madrid

Para ello, los distintos actores deben hacer una serie de deberes para poner en movimiento todo el mecanismo.

Los agentes de viajes, como puente profesional entre consumidores y productores de servicios turísticos, aparte de establecer una política comunicacional muy motivadora con sus clientes, deben negociar inteligentemente con los proveedores, especialmente los hoteles y las compañías aéreas, para poder trasladar, (no para mejorar sus márgenes), los beneficios que obtenga al consumidor final, que va a estar empobrecido, con muy poca capacidad de crédito y mucho miedo.

Las compañías aéreas, por un tiempo al menos, van a tener que mudar la idea de prescindir de las comisiones a los agentes de viajes, de maltratarlos y de ponerse “magníficos” con su inflexibilidad para con los pasajeros, enviando a “estudiar” de nuevo a sus efebos directores que ejercieron una tiranía los últimos años, volviendo a llamar a los viejos lobos de mar (más bien viejos lobos del aire) para que pongan orden y reconduzcan las empresas.

Alguien no puede viajar en la fecha contratada, no importa, se la cambiamos. Otro no puede viajar definitivamente, no importa, le devolvemos el dinero deducido los gastos del trámite. ¿Que no se puede hacer? ¡Por favor, si lo hacíamos con lápiz y goma, cómo no van a poder hacerlo con los medios tecnológicos actuales!

Podrán decirnos que gracias a la dictadura pre virus, las empresas fueron rentables, el viejo modelo era inviable y bla bla bla. Ellos saben que no es cierto y lo único que defienden son sus abultados honorarios, sus bonus, las comisiones, su poder y sus millonarias vacaciones.

Si no quieren dar la cara, como hicieron cerrando oficinas, y no quieren contestar las consultas, dejen a los agentes de viajes darla por ustedes.

No es lo mismo el pasajero del sector negocios con gran experiencia y habilidades para lidiar con un viaje, que el simple turista, cuyo máximo expertise es la ilusión de viajar. El primero tiene que viajar de todos modos, ¿o no? Caramba, ¿no habrá cambiado de hábitos luego de la experiencia vivida con la cuarentena? Al segundo hay que transformarle la ilusión en experiencia.

Estos cambios y la falta de ventas de los últimos meses van a exigir créditos, inyecciones de capitales, ayudas de los estados y aprovechar el parque aéreo estacionado en desiertos convertidos en cementerios, que algún uso inteligente tendrán. El usar y tirar, que incluyó a nuestros ancianos, se lo llevó puesto el virus.

Poner en funcionamiento nuevamente la industria va a ser con la gente, con la común y corriente, o no pasará de ser el ejercicio de un máster, divorciado de la vida real.

 

DIA SEIS

Diario de una cuarentena día seis: Los hoteles

MADRID – MAR 20, 2020

Cuando era niño, hace unos meses, (bueno, hace muchos meses), para la existencia de un hotel, un buen hotel, se necesitaban tres factores, una ubicación singular, un visionario y dinero público.

por Ramón de Isequilla, desde Madrid

La ubicación singular, o primera línea, iba a condicionar el éxito o el fracaso, no sólo del establecimiento, sino de toda la localidad en la que se enclavaba. El ojo clínico del visionario decía “éste es el lugar”, y no era la ratio del costo de la tierra, el condicionante de la elección del predio.

El visionario podía ser un empresario o un político, y el dinero público sea como crédito o como inversión estatal, cubría las necesidades financieras de la obra en una región huérfana de mercado de capitales.

Esto funcionó con altibajos y variados matices, hasta que un día, los jóvenes personajes de la entrega II de este Diario de Cuarentena, cansados de hacer el mal a las compañías aéreas, vieron un “nicho de mercado” en la hotelería, principalmente en los centros urbanos, y nos llenaron de hoteles cuya “ubicación singular” era el costo de un terreno en oferta.

La visión, una magnífica carpeta, muchos renders y otra serie de palabras de moda, que pronosticaban éxito asegurado, ya que el papel lo resiste todo.

Por último, el dinero provenía de fondos de inversión, nacidos de una cueva de alquimista de algún pariente de los hermanos Lehman.

Decíamos ayer y anteayer, que para el día después de la cuarentena, debíamos motivar al cliente y domesticar al transportista. Hoy le decimos al hotelero que debe barajar y dar de nuevo.

La fórmula utilizada en la España de los 70, de la compra futura de camas por parte de los grandes operadores para construir hoteles, no volverá más, pues sobran hoteles y falta dinero. Esos otrora grandes del sector, hoy son liliputienses sobrevivientes.

Hay que aprovechar el stock ocioso de camas y llenar los hoteles con fórmulas mucho más flexibles a las que utilizamos hasta que empezó la cuarentena.

Los avances tecnológicos de los últimos años permitieron el ingreso al mercado de plataformas que revolucionaron la comercialización y marcaron una forma distinta de trabajar.

No más llenar la valija con nuestros folletos y visitar los centros emisores, no más negociar con operadores mayoristas, no más asociarnos con los receptivos de nuestro destino, no más pensar en el mercado y prever los deseos de nuestros clientes.

La cosa pasó a ser muy fácil, poner a un individuo ducho en ordenadores, para administrar interfaces de distintos sistemas de reserva.

El entusiasmo que nos provocó el uso del yield traído de las compañías aéreas, la comodidad de Booking y sus similares, a los cuales luego puenteamos con la venta directa por internet para ahorrarnos la comisión, nos hizo sentir pilotos interestelares manejando “tableros de control”, sin darnos cuenta que nos habíamos olvidado de dos cosas, del cliente y de nuestro socio natural el agente de viajes, el verdadero, el que conoce el negocio, no el aterrizado con capital de otra industria, que arma un chiringuito de intermediación.

Sentarnos, escuchar, discutir, y negociar con los agentes de viajes, ser generosos y entender como facilitar que el cliente final cumpla con su ilusión.

Deberemos utilizar “tarifas de guerra”, siendo flexibles en las condiciones de contratación. No somos una compañía de seguros con “letra chica”, somos hoteleros “que dan albergue al caminante”, que entendemos a nuestro huésped y él nos conoce y nos valora. Esta crisis la arreglamos con lo humano que hay en nosotros y no con una APP.

Ya tendremos tiempo de recuperar la rentabilidad cuando el mundo vuelva a ordenarse. Hoy cubramos los costos, salvemos las fuentes de trabajo y cuando el sol de la mañana vuelva a entibiarnos el rostro, podamos decir “estamos vivos”, sabedores que recuperamos la mística de la hotelería.

Junto con lo expuesto, debemos exigir al Estado condiciones de reactivación, con flexibilización laboral, defensa verdadera de los intereses del trabajador, no con normas dictadas por burócratas cargados de ideologismo.

Lograr la eliminación de algunos impuestos, diferimiento de otros, rebaja de las desorbitadas tarifas de los servicios públicos, créditos a corto, medio y largo plazo, promoción en los centros emisores, estudios de mercado para entender al mundo del día después.

En otras palabras, lograr que el Estado sea un socio confiable en la tarea de construcción de un nuevo mundo turístico.

Nunca debemos olvidar que el rol del hotelero es satisfacer las necesidades del huésped, logrando una rentabilidad, que garantice la sostenibilidad del establecimiento y un ingreso digno para él y sus empleados y no convertirse en una herramienta que sólo sirve para engrosar las nóminas y los bonus de los directivos de fondos de inversión.

 

DIA SIETE

Diario de una cuarentena y al séptimo día descansó: Somos una sociedad enferma, preciada de si misma, egoísta, hipócrita pero políticamente correcta

MADRID – MAR 21, 2020

En nuestras entregas anteriores informábamos que este “diario de una cuarentena” lo único que pretendía era tirar sobre la mesa un par de temas para reflexionar y discutir, luego cada uno sacará sus propias conclusiones y actuará en consecuencia.

por Ramón de Isequilla, desde Madrid

 

Lo que si queremos transmitir, es que cuando se inicie la recuperación, aún antes, cuando se comience a pensar en ella, no habrá que mirar el coronavirus como el centro del problema, pues estaremos errando de diagnóstico.

La pandemia que padecemos, que tarde o temprano la globalización descontrolada nos iba a traer, nada tiene que ver con los problemas estructurales de nuestro sector turístico, sólo fue un detonante.

Los problemas que hay que encarar no hay que mirarlos en el microscopio de la ciencia, sino en el fondo de nuestra sociedad y en el fondo de nuestros corazones.

Somos una sociedad enferma, preciada de si misma, egoísta, hipócrita pero políticamente correcta, y nuestro problema es moral. Hemos banalizado hasta lo Sagrado y, el virus nos plantó frente a nuestras narices una verdadera Cuaresma, cuarenta días de reflexión hablando con Dios los Cristianos y hablando consigo mismo los no creyentes.

En estos tiempos al decir de Jaspers, estamos en un momento Axial de la historia. En todo el mundo, sin conexión aparente alguna, están ocurriendo cosas, como las acontecidas ocho siglos antes de Cristo, y su común denominador es la reflexión como consecuencia del sentimiento de fragilidad que acongoja al hombre.