Tercera Parte
Si el coronavirus no puede destruir el transporte aerocomercial, hay otro virus dispuesto a intentarlo.
Continuamos con los recuerdos de nuestras reflexiones durante la pandemia que reflejamos en artículos periodísticos en el Portal de América y en un ensayo que publicamos en Amazon en 2021 titulado “El principio del fin del imperio turístico español. La debacle del turismo español vista por un corresponsal rioplatense”.
En aquellos tiempos de preocupación y angustia la pandemia nos dejaba tiempo para tener otros desvelos, los ataques al turismo por parte del wokismo periodístico.
Si el coronavirus no puede destruir el transporte aerocomercial, hay otro virus dispuesto a intentarlo.
MADRID – FEB 24, 2020
Un medio digital español, que normalmente difunde las ideas de distintos grupos antisistema, con un staff, protagonista diario de las tertulias televisivas, tanto de las cadenas privadas como la pública, difundió una extensa nota, que nos hizo reflexionar, como decíamos la semana pasada, sobre la vulnerabilidad del turismo y de sus herramientas, como lo es sin duda el transporte aerocomercial.
Al turismo lo afecta, y lo afectará, las crisis económicas, las crisis políticas, las crisis sociales, las pestes, las guerras y el terrorismo, o sea todas aquellas circunstancias que provocan miedo en la gente y que la población percibe que no puede dominarlas. Pese a esto, también afirmábamos, que era tan grande la fortaleza del turismo, que siempre se recuperó y a una velocidad increíble.
Un nuevo factor, de un tiempo a esta parte, aparece en el horizonte cómo amenaza para el turismo, que es difícil de definir, pues sus orígenes y fronteras son difusos, hasta tal punto, que cuesta trabajo encontrarle un nombre, un factor que si bien siempre estuvo latente, hoy, en la Europa Occidental, rica y ociosa, se apoderó de una parte muy importante del “relato” con la complicidad de los grandes medios de comunicación y la irresponsabilidad de los políticos.
Una fuerte corriente de opinión, cuyo caldo de cultivo, es la primera generación europea con estudios universitarios, que no peleó ninguna guerra, no tuvo hambre y nunca le faltó nada, ha puesto en duda nuestra forma de vida, (que tampoco convengamos es muy ejemplar), aferrándose al mantra que el avión es el enemigo de la humanidad, se acuerdan lo que decían del ferrocarril y de la máquina de coser a fines del diecinueve.
Como dicen en mi barrio madrileño, “un grupo de niñatos”, opina con gran soltura de todo, que hasta ahí está todo bien, cualquiera tiene derecho a decir la estupidez que le dé la gana, pero ahí a que sea difundido, por fuertes grupos económicos dueños de los medios de comunicación como las grandes verdades de la humanidad sin ningún rigor análisis ni criterio, hay una distancia muy grande.
Textual 1 “Estos son los privilegios de la aviación, el medio de transporte más contaminante del planeta. La aviación representa el 2% del total de las emisiones a nivel mundial. Los viajes aéreos han crecido de manera exponencial en los últimos años, gracias a una serie de exenciones fiscales que permiten que los billetes se vendan a precios irrisorios en comparación con otros sectores menos nocivos como el ferroviario” (hasta que apareció Oscar Puente).
Textual 2 “La aviación disfruta, en la mayor parte del planeta, de exenciones fiscales promovidas por un acuerdo internacional, la Convención de Chicago, que se aprobó en 1944 (SIC) y que buscaba facilitar la expansión del sector en un momento de la historia en el que toda práctica económica empezaba a ser industrializada. Entre los acuerdos de este tratado destacaba la prohibición de impuestos al carburante y otras formas impositivas especiales”.
Textual 3 “Evitar que sólo vuelen los ricos. En torno al 90% de la población mundial nunca ha cogido un avión, denuncia el informe. En cierta medida, volar es una cuestión de clase. Encontramos, por un lado, una mayoría global que, debido a la pobreza, apenas tiene posibilidad de montar en un aeroplano en toda una vida. Pero luego, dentro del rango de viajeros, hay subcategorías que vienen determinadas por un servicio de primera, de segunda o de tercera. Una copita de champán, cortesía de la casa, o unas rodillas que, clavadas en un respaldo durante horas, evidencian que también en un avión hay clases sociales”. (cuando el resentimiento ralla en lo ridículo)
Las medidas que proponen tienen relación directa con la ligereza y la falta de rigor en el análisis, que no vale la pena discutir, pero sin embargo, la conclusión que sacamos, es que hay un virus que está dispuesto a atacar el turismo por medio de una de sus principales herramientas el Transporte Aerocomercial, repitiendo sus consignas hasta el cansancio, por los telediarios y los “influencers”, no sea cosa, que superemos el coronavirus pero tengamos que cruzar los océanos en “catamaranes gréticos”. (en aquella época Greta era “Gardel” hoy es una peligrosa antisemita).
